Cuando los choctaw dieron todo lo que tenían para ayudar a los irlandeses durante la Gran Hambruna de 1847

Foto dominio público en pixabay.com

Irlanda es un destino muy apreciado por cierto sector de viajeros que buscan algo diferente al turismo clásico de sol y playa. Paisaje, mitología, música y literatura constituyen sus principales atractivos, por eso no será raro que más de un lector haya visitado Cork, una de sus ciudades más demandadas en ese sentido. Pues bien, a una veintena de kilómetros está Midleton, pequeña localidad en la que se ubican unas destilerías bicentenarias (hoy pertenecientes al grupo francés Pinord Ricard) donde se elaboran los famosos whiskys Jameson y Paddy. También allí hay un par de monumentos destacados. Uno, en memoria de los dieciséis activistas que fallecieron en el primer cuarto del siglo XX combatiendo a los británicos durante la Guerra de la Independencia Irlandesa. El otro, es realmente curioso porque se trata de una especie de tocado de plumas amerindio; de los Choctaw, para ser exactos, lo que inevitablemente lleva a preguntarse la razón por la que está allí.

Para ello hay que remontarse a 1831, año en que esa nación Choctaw vivió el momento más trágico de su historia. Lo vimos en el artículo dedicado al Sendero de las Lágrimas pero vamos a resumirlo sucintamente. Los choctaw formaban parte de lo que los blancos bautizaron como las Cinco Tribus Civilizadas, un grupo que integraban junto a semínolas, cherokees, creeks y chikasaws, al considerarlos más avanzados y cultos que los demás. Pero eso no fue óbice para que en 1830 la Indian Remove Act, promulgada por el presidente Andrew Jackson, los obligara a dejar sus tierras y trasladarse al recién creado Territorio Indio. Ese viaje, realizado a pie y en condiciones penosas, supuso la muerte de miles de nativos. Los primeros en irse fueron los cherokee; los siguientes, en 1831, los choctaw.

«Traslado de los choctaws» (Valjean Hessing)

No importó que no fueran especialmente belicosos ni que años atrás hubieran ayudado a Jackson en su guerra contra los creek. Tuvieron que dejar atrás su hogar, en los actuales estados de Mississipi y Luisiana, para instalarse en Oklahoma. El viaje supuso la muerte de dos millares y medio del total de 14.000 choctaws debido a que una pésima planificación en el reparto de alimentos, por parte de las autoridades, desembocó en hambre y una epidemia de cólera. Por supuesto, nunca vieron la indemnización que se les había prometido.

El sufrimiento experimentado en aquel episodio quedó grabado tan profundamente en la mentalidad colectiva de aquellos nativos que dieciséis años más tarde, cuando se enteraron de que otro pueblo también estaba pasando por una penalidad similar, no pudieron permanecer impasibles. Sólo que esta vez no se trataba de hermanos indios sino de blancos, gente que vivía a miles de kilómetros, al otro lado del océano, en una pequeña isla llamada Irlanda. Y aún así, acudieron en su auxilio.

Patatas infectadas por Phytophthora infestans/Imagen: diArk

Como en el caso anterior, también dedicamos un artículo a la hambruna irlandesa que de nuevo hay que resumir brevemente. La Great Famine, como se la conoció, empezó en 1845 como resultado de una grave plaga de Phytophthora infestans, un hongo parásito que causa lo que en España se llama mildiú o tizón tardío y allí late blight o potato blight porque afecta, fundamentalmente, a la patata. Y resulta que en esa primera mitad del siglo XIX un tercio de la población de Irlanda, mayoritariamente rural, se alimentaba casi exclusivamente de ese tubérculo porque trabajaba para grandes terratenientes en régimen de aparcería, sin cobrar salario y con cesión de la habitación de una finca rústica para su explotación a cambio de una parte de los beneficios, lo que obligaba a entregar la cosecha cerealística a los propietarios (generalmente ingleses) y dejar el pequeño huerto familiar de autoconsumo sólo para cultivar patatas (debido a a que las hay todo el año).

Cuando las patatas se perdieron una estación tras otra a causa de la plaga, tres millones de campesinos se vieron en una dramática situación: debían entregar el trigo pero, al no recibir dinero por él, no podían comprar alimentos alternativos. Se dio así la paradoja de que la patata, importada del Nuevo Mundo en el siglo XVIII como alimento ideal para los pobres, se convertía en la herramienta de su desgracia. Entre el hambre y las enfermedades asociadas murieron cerca de un millón de personas, mientras que una cantidad similar tuvo que abandonar su hogar y emigrar a América sin que el gobierno de Su Graciosa Majestad supiera reaccionar (y cuando lo hizo resultó contraproducente porque facilitó el desahucio de los aparceros por impago).

La Gran Hambruna de Irlanda, 1846/Imagen: Laboratory Equipment

La gravedad de la situación trascendió las fronteras insulares y lo que no hicieron los británicos lo hicieron otomanos… y choctaws. Éstos a una escala mucho más humilde y modesta, evidentemente, pues no podían ni acercarse a las 9.000 libras en comida que envió el sultán Abdulmayid I (a despecho del gobierno de John Russell, que trató de impedir su llegada porque la reina Victoria sólo había aportado 2.000). Pero aún así, en 1847 organizaron una colecta y recaudaron 170 dólares, una cantidad ínfima pero que para ellos, pobres hasta la miseria, resultaba enorme, casi todo de lo que disponían. Equivaldría a unos 5.000 dólares actuales.

168 años más tarde, en 2015, esta emotiva historia llegó a oídos del artista Alex Pentek, que precisamente es irlandés. Subyugado por el generoso y desinteresado gesto de los choctaws, decidió homenajearlos con una escultura -su especialidad- que inauguró en junio de 2017, en un acto oficial que tuvo considerable cobertura mediática y al que asistieron como invitados una veintena de miembros del Consejo Choctaw con su jefe Garry Barton a la cabeza. La obra, que lleva por título Kindred Spirits (Espíritus Afines), consiste en nueve plumas de águila hechas de acero inoxidable a gran escala (cada una mide 6 metros de altura), todas diferentes entre sí y dispuestas en círculo de modo que aparentan ser un metafórico tazón de comida.

El jefe choctaw Garry Barton y el artista Alex Pentek, con otros invitados en el Kindred Spirits/Imagen: The Irish Times

Para realizar el monumento, cosa que llevó a cabo en su estudio Sculpture Factory, Pentek contó con la ayuda de estudiantes de arte del Crawford College of Art and Design. Así que si alguien visita Cork puede acercarse hasta la vecina Midleton y en el Ballick Park encontrará este bello homenaje a la solidaridad humana.


Fuentes: The Indian Removal Act: Forced Relocation (Mark Stewart)/ The Removal of the Choctaw Indians (Arthur H. De Rosier)/ Historia de Irlanda (John O’Beirne Ranelagh)/Historia resumida de Irlanda (Bruce Gaston)//Choctaw Nation/Alex Pentek/