Cuando Liechtenstein pudo comprar Alaska

Firma del tratado de compra de Alaska (Emanuel Leutze, 1868) / foto dominio público en Wikimedia Commons

Hubo un tiempo en que Alaska era territorio ruso, algo de lo que apenas queda rastro hoy en día, salvo algunas iglesias y una población que profesa mayoritariamente la religión ortodoxa rusa.

En 1867 los rusos le vendieron Alaska a los Estados Unidos, pareciéndoles un mejor negocio que dejar que cayera en manos británicas sin recibir nada a cambio. En aquel momento Rusia tenía serias dificultades financieras y los Estados Unidos pensaron que la compra podía ser una forma de ayudar al zar, que había sido un buen aliado de la Unión en la Guerra Civil, al tiempo que presionaban a los británicos para una futura venta de Canadá.

Al final la operación se concretó por un importe de 7.200.000 dólares y el traspaso de soberanía se produjo el 18 de octubre de 1867. Como ya contamos en un artículo anterior, ese día era viernes, pero cuando los habitantes de Alaska se levantaron de la cama al día siguiente, también era viernes.

No obstante las cosas pudieron ser completamente distintas. En 2015 un periódico alemán, Welt am Sonntag, publicaba un curioso artículo en el que afirmaba que, antes de decantarse por la opción estadounidense el zar de Rusia Alejandro II le había ofrecido Alaska (que en aquel momento no se llamaba Alaska sino simplemente territorio ruso en América del Norte) a Liechtenstein. Una vez que el príncipe de Liechtenstein la rechazó, le fue ofrecida a Estados Unidos.

¿Que evidencias hay de que esto realmente sucediera? En noviembre de 2018 un documental emitido por la televisión pública suiza SRF volvía a afirmar el hecho y levantó tanto revuelo en el pequeño país centroeuropeo que el propio príncipe de Liechtenstein, Hans-Adam II, tuvo que salir al paso del asunto. Y para sorpresa general lo que hizo fue confirmarlo. La posibilidad de adquirir Alaska fue un asunto discutido en el seno de la familia real, aunque todavía no se han encontrado documentos en los archivos.

Castillo de Vaduz, sede del príncipe de Liechtenstein / foto Michael Gredenberg en Wikimedia Commons

Liechtenstein, situado entre Austria y Suiza, es el sexto país más pequeño del mundo, con apenas 37.000 habitantes, sin aeropuerto ni autopistas. Gobernado por los príncipes desde 1719 como una monarquía constitucional, es tan pequeño que el día de la fiesta nacional aquellos invitan a todos los habitantes a un aperitivo en el jardín del castillo de Vaduz, residencia oficial principesca.

¿Qué motivo podía tener el príncipe de Liechtenstein para rechazar una oferta tan tentadora como Alaska? Parece que en aquel momento no le pareció que el territorio tuviera ningún valor, salvo el de las pieles con que comerciaban los rusos. Pero probablemente influiría también la lejanía, la imposibilidad de defender un territorio a esa distancia con los escasos medios disponibles en el principado, y la inevitable dependencia de terceros países con acceso al mar para el contacto y los transportes.

Según una carta enviada por el príncipe Hans-Adam II a la prensa del país, su familia lamentó posteriormente no haber aceptado la oferta de compra, en vista de los depósitos de oro encontrados poco después de la adquisición por los Estados Unidos. Según escribe, algunos miembros de la familia real opinaban que el desarrollo de Alaska habría sido muy difícil en vista de la gran distancia y la dureza del clima.

Hans-Adam II, príncipe de Liechtenstein / foto GuentherZ en Wikimedia Commons

Sobre la oferta en sí, indica que, en aquel momento el príncipe Francisco (de Liechtenstein) mantenía muy buenas relaciones con el zar, era extremadamente rico y hablaba ruso, lo que lo convertía en el candidato ideal para la venta de Alaska.

En cuanto al hecho de que no se hayan encontrado documentos al respecto, Hans-Adam II cree que se debe a que la oferta se hizo solamente de manera oral, y no quedó registrada de manera oficial en ningún sitio. O bien a que los documentos, si existieron, se perdieron cuando parte del archivo familiar fue enviado a Moscú por las tropas soviéticas tras la Segunda Guerra Mundial.

Fuentes: Welt am Sonntag / Liechtensteiner Vaterland / Liechtensteiner Volksblatt.