Cuando el ejército de Estados Unidos lanzaba pianos en paracaídas a sus tropas

Foto The Victory Vertical Project

Hay una escena que, al menos en su época, fue mítica para quienes vimos Un puente lejano (A bridge too far, 1977), la película que contaba la Operación Market Garden (el intento de los Aliados de tomar una serie de puentes en los Países Bajos para facilitar el camino hacia Alemania durante la Segunda Guerra Mundial). En ella, los paracaidistas británicos consiguen apoderarse de una posición que tienen que defender ante el contraataque de la Wehrmacht.

En esa desesperada situación, casi sin munición, muchos mueren intentando alcanzar un saco de suministros que les lanzan desde un avión… y que al final se abre accidentalmente dejando que el viento se lleve su decepcionante contenido: boinas de repuesto. ¿Un envío raro? Puede ser, dadas las circunstancias, pero lo cierto es que parece el más normal del mundo comparado con otro que se arrojó a menudo en el frente: pianos.

Cartel de la película Un puente lejano

Ese singular porte se concibió para proporcionar a las tropas estadounidenses un entretenimiento en pleno frente que les mantuviera elevada la moral, distrayéndoles de la dureza de la guerra. Steinway & Sons era -y sigue siendo- una empresa norteamericana dedicada a la fabricación de pianos. Veterana además, pues la fundó en 1853 un inmigrante llegado a Nueva York y llamado Heinrich Engelhard Steinweg. Irónicamente, era alemán (adaptó su nombre y apellido para que sonase más anglosajón).

La vida de Steinweg fue digna de una novela. Nacido en 1797, se quedó huérfano a los quince años de edad después de que un rayo matara a sus padres y hermanos, viéndose obligado a trabajar para poder salir adelante. Lo hizo como aprendiz de un fabricante de órganos de Goslar (una ciudad de la Baja Sajonia), donde además aprendió a tocar ese instrumento. Combatió en la Batalla de Waterloo y en 1835, establecido en Brunswick, abrió su propio taller, que en 1851 legó a su primogénito, Theodor, cuando decidió irse a América con su mujer y el resto de vástagos que tenía. Apenas tardaron un par de años en conseguir abrir otro taller en la calle Varick de Manhattan, el ya citado Steinway & Sons, que siguió trabajando incluso después de la muerte del padre en 1871, hasta hoy. Su primera pieza vendida se conserva en un museo.

Heinrich Engelhard Steinweg, rebautizado Henry Steinway/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La especialidad de Steinway era el piano rectangular, aunque no se trataba de un invento suyo, pues la paternidad del instrumento se reparte entre el germano Silbermann y el italiano Freferici, con mejoras posteriores de Petzold y Babcock. Consistía en un modelo más pequeño que el clásico, pensado para poder tenerlo en una casa normal, con las cuerdas dispuestas transversalmente en la caja de resonancia. Ello hacía que su sonido no fuera tan exquisito como el de los pianos de cola -que también fabricaba-pero, a cambio, resultaba muchísimo más barato y, en consecuencia, tuvo un considerable éxito comercial. Steinway & Sons le añadió un toque especial de la casa, un revestimiento de metal que aumentaba su tamaño, que se sumó a otras mejoras (centenar y cuarto de patentes).

Todo eso convirtió a la compañía en una referencia mundial, con ventas a personajes importantes y miembros de la realeza, recibiendo premios en exposiciones internacionales. Se abrieron salas de conciertos con su nombre y se pusieron en marcha talleres en varios sitios. No era extraño, pues, que cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y se decidiera enviar pianos a los soldados se eligiera precisamente esta compañía. Hubo, eso sí, un motivo extra: dadas las restricciones gubernamentales a materiales habituales como el hierro, el cobre o el latón, que Steinway & Sons usaba en sus instrumentos, ésta había tenido que detener su producción para participar en el esfuerzo bélico nacional fabricando otras cosas como los planeadores de madera que usaban las divisiones aerotransportadas para aterrizar tras las líneas enemigas; también ataúdes.

Los Victory Vertical en el taller/Imagen: Steinway & Sons

Ahora tenían un nuevo encargo: hacer dos millares y medio de pianos pequeños, ligeros, que se pudieran levantar entre cuatro hombres y lanzar con paracaídas. Los bautizaron sardónicamente como Victory Vertical o GI Steinway y fueron saliendo del taller que la empresa tenía en Queens. Por supuesto, se le concedió poder emplear esos materiales restringidos y debían pintar los instrumentos de color verde oliva, gris o azul, según el cuerpo al que fueran destinados; algunos se instalaron incluso en submarinos. El primero estuvo listo en 1941, año en que fue lanzado en el frente europeo -también estuvieron en el Pacífico- con sus piezas de repuesto y herramientas para ajustarlo. Asimismo, iba acompañado de partituras, la mayoría de temas woogie-boogie, el estilo más popular en los años cuarenta.

Los pianos fueron alegremente recibidos por la tropa, lo que demostraba que quien tuvo la idea acertó de pleno. Los Victory Vertical proporcionaron esos momentos de ánimo y calidez que tan bienvenidos son en medio del horror y las penurias de una contienda, además de incrementar la camaradería. Un soldado contaba en una carta a su familia la sorpresa que se llevaron cuando vieron llegar al campamento un Jeep arrastrando un pequeño remolque con un piano:

«Todos nos pusimos de acuerdo y nos divertimos mucho después de la comida, cuando nos reunimos alrededor del piano para cantar… Me dormí sonriendo e incluso hoy estoy tarareando algunas de las canciones que cantamos».

Un Victory Vertical que estuvo en Okinawa, expuesto en el escaparate de un comercio/Imagen: San Diego Air & Space Museum

Resulta curioso que, paralelamente, aquel taller que Steinway había dejado en Alemania a su hijo también salió adelante y amplió sus instalaciones con una fábrica en Hamburgo, hasta estallar el conflicto y ver limitada su producción por la escasez de materiales. Finalmente, tuvo que interrumpirla totalmente cuando el gobierno nazi exigió que entregase toda la madera que tenía almacenada. De todas formas, en los últimos compases de la guerra un bombardeo aéreo sobre la ciudad destruyó el taller, reconstruido posteriormente con ayuda del Plan Marshall. Actualmente, Steinway & Sons es uno de los fabricantes de pianos más importantes del mundo.

Fuentes: Steinway & Sons / The Victory Vertical Project / Wikipedia