Cayo Apuleyo Diocles, el auriga invencible que está considerado el deportista mejor pagado de la Historia

Foto Historia romana y bizantina

Casi seguro que ellos no lo sabrán pero Fernando Alonso, Michael Schumacher, Ayrton Senna y todos los campeones automovilísticos, ya sean de Fórmula 1 o de otras especialidades, tuvieron un predecesor histórico que les superaba a todos en triunfos y fama, y además con muchísima amplitud. Nos referimos a Cayo Apuleyo Diocles, el auriga más célebre de la Antigüedad, un hispano que levantaba auténtica pasión entre los aficionados a las carreras. Y sin necesidad de retransmisión televisiva.

No sabemos mucho de él y las fuentes para obtener los pocos datos disponibles son únicamente dos, sendas inscripciones epigráficas procedentes de las ruinas de Palestrina y Roma. La primera es una estela hallada en el santuario de Fortuna Primigenia, ubicado en ese municipio del Lazio y construido en el siglo II a.C. -se cree que bajo el mandato de Sila- sobre un lugar de culto anterior (parte de su superficie fue ocupada luego por el Palazzo Barberini). La diosa Fortuna era muy peculiar, hija y madre a la vez de Júpiter, por lo que había una gran devoción hacia ella entre todos aquellos que necesitaran de la suerte para algo. Se entiende que los aurigas acudieran a ella en busca de favor para su arriesgado oficio.

Reconstrucción del santuario de Fortuna Primigenia en el Museo Arqueológico de Palestrina/Imagen: MM en Wikimedia Commons

Cayo Apuleyo Diocles lo hizo a menudo, seguramente. Sin embargo, la inscripción corresponde al último período de su vida, cuando ya se había retirado de las carreras para disfrutar de sus bien ganadas riquezas y su prestigio social. El texto dice:

C(AIO) APPVLEIO DIOCLI
AGITATORI PRIMO FACT(IONE)
RVSSAT(O) NATIONE HISPANO
FORTVNAE PRIMIGENIAE
D(onVm) D(edit)
C(aius) APPVLEIVS NYMPHIDIANVS
ET NYMPHYDIA FILII

Se puede traducir como «Presente ofrecido a Fortuna Primigenia por Cayo Apuleyo Diocles, el primer auriga del equipo rojo, hispano de nación. Sus hijos Cayo Apuleyo Nimfidiano y Nimfidia«. Queda explícito el origen de Diocles, al igual que averiguamos el nombre de sus dos vástagos, que fueron quienes encargaron una estatua en honor a su padre de la que esa estela era la basa. Un honor póstumo a quien les había legado una fortuna y que no se sabe cómo ni en qué circunstancias falleció. Si acaso, se aventura que el óbito ocurrió con posterioridad al 146 d.C., lo que significaría que vivió unos cuarenta y dos años, ya que la fecha de nacimiento se sitúa circa 104 d.C. Precisamente la otra fuente documental, asimismo hecha a su muerte con toda probabilidad, habla de 42 años,7 meses y 23 días.

Localización del Circo de Nerón bajo la Basílica de San Pedro (incluye la planta de la basílica medieval)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ese segundo documento también es epigráfico, decíamos: una lápida de mayor tamaño que, por tanto, contiene mucha más información biográfica. Estaba en una pared del Circo de Nerón, el estadio privado que empezó a construir Calígula en la colina Vaticana (por entonces extramuros), en la villa perteneciente a su madre, Agripina la Mayor, pero que terminó su sobrino. El circo, decorado con un obelisco traído de Egipto (el mismo que hoy está en la Plaza de San Pedro, ya que la basílica se construyó encima), era de carácter privado, aunque a veces se abría al público y por eso los aficionados levantaban allí placas en honor de sus aurigas favoritos. En realidad, la de Diocles se ha perdido y lo que tenemos hoy son copias de su contenido. Pero tiene un valor enorme, dado que constituye uno de los testimonios más directos sobre las carreras de carros en general y sobre este personaje en particular.

Texto de la lápida de Diocles, en Wikipedia

¿Y qué es lo que nos cuenta? En primer lugar le identifica como hispano-lusitano, lo que resulta algo inconcreto y por eso unos sitúan su nacimiento en Lamecum (actual Lamego, Portugal) y otros -en alguna novela, más bien- en Emérita Augusta (actual Mérida, España), con más probabilidad para la primera porque él era apodado el Lamecus (de hecho, allí se le ha dedicado una estatua), si bien es posible que iniciase su vida profesional en la urbe hispana, capital de la provincia lusitana (otros apuntan, sin embargo a Ilerda, Lérida). Como Diocles es un nombre de origen griego (no necesariamente de la Grecia continental), acaso descendiera de una familia de libertos (su padre era un transportista menor), algo frecuente entre los deportistas de su época. En cualquier caso, el texto dice que se estrenó en el mundo de las carreras siendo cónsules Acilio Aviola y Cornelio Pansa, en el 122 d.C., cuando tendría unos 18 años; una edad razonable porque se solía empezar muy joven -más incluso-, aunque no ganó su primera competición hasta dos años después, durante el consulado de Manio Acilio Glabrión y Cayo Belicio Torcuato.

Carrera de carros (Jean Léon Gérôme)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En aquellos comienzos militaba en la facción blanca. La estela se esfuerza en detallar para qué equipo corría en cada etapa de su vida porque era importante, ya que cada una de las factiones, identificada con un color (blanco, azul, verde y rojo: en tiempos bizantinos se añadirían dos más efímeramente), arrastraba tras de sí a grandes masas de simpatizantes, incondicionales y exaltados hasta el extremo: furor circensis, se denominaba a las peleas en que solía terminar esa rivalidad. En el 128 Diocles se pasa al verde pero no será hasta el 131, formando parte ya del rojo, cuando empiece a encadenar una victoria tras otra. Dado que la estela de Palestrina sólo menciona su militancia en la facción roja, es posible que se refiera únicamente a su etapa más exitosa o bien que en la otra inscripción no hablen de equipos sino de patrocinadores, como propuso el historiador y jesuita Juan Francisco Masdeu en 1790.

Dice el texto que estuvo 24 años conduciendo cuadrigas, es decir, carros tirados por cuatro caballos, tomando la salida  4.257 veces y ganando nada menos que en 1.462 ocasiones, quedando el resto básicamente en segunda posición o, en su defecto, entre los cuatro primeros. 110 de esos triunfos fueron a pompa, o sea, en las primeras carreras hípicas que se disputaban cada jornada, las de mayor prestigio (y mejor pagadas). Igualmente, se detalla que 1.064 de sus victorias las obtuvo en carreras singulares, aquéllas en las que sólo tomaban parte los mejores, uno por cada equipo, a veces sustituyendo la cuadriga por la siga (carro de seis caballos); de hecho, se describe que condujo vehículos de hasta siete animales.

Cuadrigas en una carrera romana (Ulpiano Checa)/Imagen: Poniol en Wikimedia Commons

A tenor de lo que indica la inscripción, Diocles pasó por las otras factiones, ganando con todas cuantiosas sumas y haciendo famosos tanto a ilustres adversarios a los que derrotó (por ejemplo Avilio Terencio, de su propio equipo) como a algunos équidos que usó (caso de uno al que hizo ducenarius, es decir, campeón en 200 carreras, aunque no ha trascendido su nombre; pero sí el de los cinco a los que una vez unció juntos para una de sus victorias más brillantes: Pompeyano, Abigeio, Lúcido, Cotino y Gálata).

También ganó carreras saliendo en última posición y remontando, algo que hacía deliberadamente en aras del espectáculo. Todo esto le hizo pasar a la posteridad por sus «proezas y marcas nunca antes registradas», entre ellas ganar dos veces en el mismo día. Todo un mérito eso último, teniendo en cuenta que cada prueba suponía jugarse la vida y la mayoría de los aurigas fallecían pronto, ya que la velocidad alcanzada y el poco peso del carro hacía frecuente el naufragium (vuelco) y como los aurigas llevaban enrolladas las riendas alrededor del torso, solían acabar arrastrados por los caballos en su alocado galope sin tener tiempo de usar el cuchillo que portaban para cortarlas (el casco y los vendajes de brazos y piernas no eran más que una precaria protección).

Cayo Apuleyo Diocles en escultura/Imagen: Zemanta en Wikimedia Commons

Así, Diocles superó a otras leyendas de las carreras como el azul Poncio Epafrodito o el verde Pompeyo Musculoso (quien registró más victorias pero de menor categoría) y acumuló una riqueza fabulosa cuyo total rondaría los 35 millones de sestercios. Según cálculos, hoy equivaldrían a unos 15.000 millones de dólares y, en cualquier caso, eran suficiente para pagar el suministro anual de cereal a toda la ciudad de Roma o costear una quinta parte de su presupuesto militar durante un año. Sin duda, el deportista mejor pagado de todos los tiempos.


Fuentes: Historia crítica de España y de la cultura española (Juan Francisco Masdeu)/Días geniales o lúdricos (Rodrigo Caro)/Breve historia de Hispania (Jorge Pisa Sánchez)//El circo romano (Ludwig Friedlaender)/Life, death, and entertainment in the Roman Empire (David Stone Potter y D. J. Mattingly)/Greatest of all time. Lifestyles of the rich and famous Roman athletes (Peter T. Struck)/Wikipedia.