Jasper Maskelyne, el mago que burló a los alemanes con sus trucos en la Segunda Guerra Mundial

Jasper Maskelyne en El Cairo, 1942 / foto Jasper Maskelyne

En 1983, el famoso mago David Copperfield causó sensación al hacer desaparecer la neoyorquina Estatua de la Libertad en una retransimisión televisiva en directo. Es curioso que casi cuarenta años antes, en plena Segunda Guerra Mundial, otro ilusionista también llevó a cabo una hazaña mágica de grandes proporciones, aunque en su caso no se trató de una desaparición sino de todo lo contrario: la creación de toda una ciudad, algo que luego amplió originando un ejército de la nada. Se llamaba Jasper Maskelyne.

Nació en Londres en 1902 ya con la sangre de mago en las venas, puesto que su progenitor, Nevil, y el padre de éste, John Nevil, ya se dedicaban a esa profesión. El abuelo descubrió su vocación asistiendo a los espectáculos de los célebres hermanos Davenport, unos espiritistas estadounidenses que atribuían sus trucos a poderes del más allá aprovechando la moda de ese tema que empezaba a generalizarse en la Inglaterra victoriana (con ellos colaboró Harry Kellar, al que dedicamos un artículo).

John Nevil Maskelyne/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El caso es que, en un espectáculo que organizó en 1865, John Nevil reveló al público que el truco más popular de la pareja, el de la caja de música, no tenía nada de sobrenatural -siempre combatió lo que consideraba una mera superstición- y lo demostró recreándolo él mismo con tanto éxito que dejó el 10º Cotswold Rifle Corps, del que formaba parte junto a su ayudante, para dedicarse al mundo de la farándula.

De alguien así, inventor de muchas ilusiones (entre ellas la levitación, que sublimó un célebre colaborador, Robert-Houdin, aunque Kellar les robó la idea sobornando a un empleado) pero también de cosas más prácticas como baños públicos con cerradura mediante monedas (que originaron el eufemismo gastar un centavo para aludir a la satisfacción de las necesidades fisiológicas), no cabía esperar sino que su hijo siguiese sus pasos y así fue. Nevil, nacido en 1863, heredó la empresa artística de su padre, Maskelyne’s Ltd. Quizá no alcanzó tanto éxito como mago pero sí como inventor, siendo uno de los pioneros de la telegrafía sin cables y enfrentándose a Marconi, cuyas demostraciones trató de sabotear.

Nevil Maskelyne hacia 1903/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

No obstante, publicó varios libros sobre magia, como Our Magic: The Art in Magic, The Theory of Magic, The Practice of Magic y On the Performance of Magic. Por eso tras casarse con Ada Marie Adley y tener tres hijos, parecía inevitable que alguno siguiera la tradición familiar dedicándose al ilusionismo. Lo hicieron los dos menores, siendo el más joven el que tuvo mayor éxito: Jasper. Al igual que su padre, en 1936 también escribió un tratado, The Book of Magic (El libro de la magia), en el que reseñaba un montón de trucos, unos de juegos de manos, otros con cartas y varios de escala más grande, basados en la subjetividad de las percepciones, que prefiguraban el que iba a ser su gran logro profesional.

En 1937 hasta protagonizó una película de Pathé (un grupo empresarial cinematográfico fundado en 1896 por los hermanos Charles, Émilie, Théophile y Jacques Pathé), The Famous Illusionist, en la que Jasper aparecía comiendo cuchillas de afeitar. Fueron años boyantes pero en el horizonte se perfilaban los negros nubarrones de la guerra y, cuando por fin estalló, se alistó en los Royal Engineers (Ingenieros Reales), pues pensaba que sus conocimientos podrían ayudar en cuestiones de camuflaje. No era petulancia, como veremos; pero, si hacemos caso a la leyenda, no pudo persuadir a los oficiales de su escepticismo hasta que, recurriendo a espejos y una maqueta, les dejó atónitos viendo un buque de la Kriegsmarine navegando por el Támesis.

Jasper Maskelyne en Año Nuevo de 1937/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Si es verdad esa historia, resultó tan convincente que en 1940 le destinaron a Farnham Castle, un castillo del siglo XII ubicado en Surrey, cuyos 20.000 metros cuadrados servían de sede para el Camouflage Development and Training Centre (Centro de Desarrollo y Entrenamiento de Camuflaje). Allí coincidió con otros artistas, todos ellos buenos representantes del surrealismo, como Roland Penrose (historiador y poeta cuáquero, autor de Home Guard Manual of Camouflage), Stanley William Hayter (pintor y grabador) y Julian Trevelyan (poeta y grabador).

Jasper declararía más tarde que fue un período aburrido porque sobre el arte de ocultar y simular había aprendido mucho más en los escenarios que allí. Por su parte, Trevelyan contó que su compañero había fracasado en el intento de camuflar pillboxes (un tipo de búnker hecho con bloques de hormigón), aunque reconoció que les entretenía por las noches con sus juegos de manos.

Torreón renacentista del Castillo de Farnham/Imagen: BabelStone en Wikimedia Commons

Entonces entró en escena el brigadier Dudley Clark, creador de los British Commandos, que había recibido de un antiguo superior, el general Archibald Wavell, el encargo de desarrollar una sección de inteligencia cuya especialidad fuera el camuflaje, con vistas a aplicarla en la campaña norteafricana que tenía al mando. Jasper se desplazó a El Cairo, donde Wavell había creado la A Force y dejó que el mago reuniera un grupo de catorce hombres de diversas especialidades a los que se conoció como The Magic Gang, la Banda Mágica. Él debía enseñar a los soldados técnicas de evasión y diseñar pequeñas herramientas que pudieran ocultarse en objetos cotidianos, como sierras en bates de cricket o mapas en cartas aparentemente normales.

En noviembre de 1941 se incorporó al Middle East Command Camouflage Directorate, la unidad del teniente coronel Geoffrey Barkas, un ex-cineasta que había escrito manuales sobre técnicas de camuflaje de vehículos con redes, además de hacer que uno de sus oficiales, el artista Steven Sykes, que tenía en su currículum la decoración de una capilla de la Catedral de Coventry, fabricara un tren falso que desviara la atención de los bombarderos enemigos del verdadero tendido ferroviario, el que enlazaba la costa con Misheifa, una ruta fundamental para la llegada de suministros.

Archibald Wavell, entre Bernard L. Montgomery y Claude Auchinleck/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Pero esa etapa fue breve porque luego pasó a la Camouflage Experimental Section de Abbassia, también en Egipto, y en febrero de 1942, dado que esa sección fue disuelta, le destinaron a entretener a la tropa con sus trucos de magia. Quedan en el tapete las dudas sobre el grado de participación y responsabilidad que tuvo en determinadas acciones que, a la postre, fueron las que le dieron la fama. La primera, la protección del puerto de Alejandría contra ataques aéreos, para lo cual se construyó una ciudad de atrezzo unos kilómetros más allá, en la localidad de Maryut Bay, en el verano de 1941. Asimismo, los reflectores de iluminación del Canal de Suez se utilizaron para dificultar la labor de los pilotos alemanes al hacer reflejar los haces luminosos en espejos estroboscópicos giratorios.

Más sonada habría sido la citada colaboración con Steven Sykes en la Operación Bertram, un plan para engañar a Rommel haciéndole creer que había un ejército que en realidad no existía. Para ello se fabricaron seiscientos tanques y se colocaron miles de maniquíes, además de erigirse barracones, depósitos y hasta un oleoducto de pega, todo ello con materiales improvisados y acompañado de señales de radio que imitaban el barullo propio de la actividad para confundir al Afrika Korps. Increíblemente, la trampa dio resultado e influyó en el desarrollo de la Batalla de El Alamein, pues, como le confesó luego el general Wilhelm Josef Ritter von Thoma a Montgomery, pensaban que había una división blindada escondida para atacarles desde el sur.

Mapa de la Operación Bertram/Imagen: Chiswick Chap en Wikimedia Commons

Aunque en su libro Magic Top Secret, publicado en 1949, Jasper se autoconcede un papel fundamental en ese engaño, parece ser que en realidad no tomó parte directa y que únicamente su efímero paso bajo las órdenes de Barkas habían hecho a éste recordar algunos trucos que les había planteado, que fueron en los que se inspiraron los aplicados finalmente. Al menos es lo que hoy opinan muchos autores que han revisado el tema, alguno de los cuales le acusa de pretender «haber ganado la guerra en solitario».

Ahora bien, es interesante otra teoría que dice que el mago exageró su protagonismo por orden de Clarke, para proteger de la contrainteligencia alemana a los verdaderos artífices de la Operación Bertram, así como para resaltar la importancia que tenían esas técnicas, hasta entonces tomadas no demasiado en serio por los mandos aliados (para la Operación Overlord, en cambio, tomaron buena nota y crearon un ejército fantasma). La verdad sobre Jasper probablemente no se sabrá hasta 2046, año en que se desclasificarán los archivos que aún siguen bajo secreto.

Maskelyne y su troupe en una gira africana que les llevó de Nairobi a Ciudad del Cabo en 1950/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En cualquier caso, al acabar la contienda el mago volvió a los escenarios y fue nombrado presidente de la Wessex Magical Association. Pero los tiempos habían cambiado y ni esos espectáculos atraían tanto como antes por la competencia televisiva ni su hijo Alistair quiso continuar el oficio. Pese a que le quedó el apodo de War Magician (Mago de la Guerra), su papel nunca fue reconocido oficialmente, lo que le entristeció e hizo caer en el alcoholismo. Falleció en Kenia, a donde se había retirado huyendo de las deudas para terminar regentando una autoescuela, en 1973.


Fuentes: White magic. The story of Maskelynes (Jasper Maskelyne)/The War Magician. The man who conjured victory in the desert (David Fisher)/Churchill’s wizards: The british genius for deception 1914-1945 (Nicholas Rankin)/Dazzled and deceived. Mimicry and camouflage/(Peter Forbes)/La palmera y la esvástica. La odisea del Afrika Korps (Carlos Canales Torres y Miguel del Rey)/Wikipedia