Hippika gymnasia, los torneos de caballería romanos

Recreación moderna de ejercicios de hippika gymnasia / foto Adsek en Wikimedia Commons

Estamos acostumbrados, gracias a la literatura y al cine, a la imagen de jinetes medievales enzarzados en torneos de caballería. Si bien este tipo de competiciones y sus reglas son exclusivamente de invención medieval, en realidad ejercicios parecidos existían ya mucho antes, como el que practicaba la caballería romana probablemente por influencia griega.

Se denominaba hippika gymnasia, del griego ἱππικὰ γυμνάσια (ejercicios de caballería) y, al igual que los torneos medievales, tenía un componente de espectáculo y otro de habilidad. Servía para que los jinetes practicasen sus habilidades en el combate, la ejecución de maniobras en ocasiones complicadas, y al mismo tiempo para impresionar a amigos y enemigos por igual.

Recreación moderna de hippika gymnasia / foto MatthiasKabel en Wikimedia Commons

La caballería de élite romana debía realizar complejas maniobras que requerían un entrenamiento intensivo. Formaban parte principalmente de las tropas auxiliares (equites alares), reclutados entre galos, alamanes, ibéricos y tracios, tradicionalmente hábiles y experimentados en la lucha a caballo, y por ello estaban mejor pagados que los jinetes de las cohortes (equites cohortales).

Usaban cota de malla y cascos parecidos a los de la infantería, pero con mayor protección, y un escudo ovalado o hexagonal, además de portar una lanza, jabalina o arco y la espada (spatha), de mayor longitud que el gladius y pensada por tanto para combatir a caballo.

El rol de la caballería es descrito profusamente por el historiador griego Flavio Arriano (h.86-175 d.C.) en su obra Ars Tactica, donde detalla la práctica de la hippika gymnasia. Arriano, que fue cónsul en la Bética, procónsul de Capadocia y comandante de las legiones en la frontera con Armenia, destacó por su habilidad táctica al repeler una invasión de alanos en 135 d.C., batalla que él mismo describe en Plan de movilización contra los alanos.

Casco romano con máscara, del siglo I d.C. / foto Wolfgang Sauber en Wikimedia Commons

Los jinetes romanos usan lanzas, y chocan, al igual que Alanos y Sauromatas, con espadas largas y anchas, que portan como bandolera, escudos oblongos, cascos de hierro, cota de malla, y botas pequeñas. Algunos de ellos están armados con jabalinas, adecuadas para lanzar y cargar. Sin embargo, la espada es el arma que más usan en el combate cuerpo a cuerpo.

Flavio Arriano, Ars Tactica 32

Los participantes en la hippika gymnasia iban ataviados con coloridas túnicas cimerias rojas o violetas sobre sus armaduras, con yelmos provistos de máscaras plateadas o doradas y con largos penachos y estandartes escitas con colas de tela de vivos colores que se hinchaban al cabalgar, todo ello con el fin de impresionar:

Los jinetes entran completamente armados, y los de alto rango o superior en equitación llevan cascos dorados de hierro o bronce para llamar la atención de los espectadores. A diferencia de los cascos de servicio activo, estos no sólo cubren la cabeza y las mejillas, sino que se adaptan a toda las cara de los jinetes con aberturas para los ojos. De los cascos cuelgan plumas amarillas, una cuestión tanto de decoración como de utilidad. A medida que los caballos avanzan, la más mínima brisa se suma a la belleza de estos penachos. Llevan escudos oblongos de un tipo más ligero que los utilizados en acción, ya que tanto la agilidad como la participación inteligente son los objetos del ejercicio y mejoran la apariencia de sus escudos mediante el embellecimiento. En lugar de corazas, los jinetes llevan túnicas cimerias ajustadas bordadas en escarlata, rojo o azul y en otros colores. En las piernas llevan pantalones ajustados, no holgados como los de los partos y armenios. Los caballos tienen frontales hechos a medida y también tienen armadura lateral.

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Casco romano Crosby Garrett encontrado en Inglaterra, del siglo I-III d.C. / foto Portable Antiquities Scheme en Wikimedia Commons

Las excavaciones arqueológicas han recuperado numerosos ejemplos de este material deportivo, como armaduras, cascos y máscaras fabricados en diferentes aleaciones y metales, casi siempre decorados con relieves y grabados de figuras mitológicas alusivas a la guerra.

Los cascos con máscara son uno de los elementos más singulares y curiosos. Por varias razones. La primera es que los había masculinos y femeninos. Estos últimos presentan elementos como diademas, joyas, cintas y peinados distintivos. Se utilizaban para distinguir en la competición a los griegos de las amazonas. Y la segunda es que su origen es incierto, aunque algunos autores dan como lugar de procedencia las provincias orientales del imperio.

También se utilizaban en combate, ya que uno apareció en el lugar de la batalla del Bosque de Teutoburgo, donde en el año 9 d.C. fueron aniquiladas tres legiones romanas. Y en el yacimiento sirio de Dura Europos, que en el año 257 d.C. los romanos perdieron tras un terrible asedio persa, aparecieron armaduras de caballos, lo que coincide con lo escrito por Flavio Arriano:

las jabalinas caen inofensivamente sobre los lados de los caballos, sobre todo porque los lados están protegidos en su mayor parte por la armadura de los caballos

Flavio Arriano, Ars Tactica
Recreación moderna de hippika gymnasia / foto MatthiasKabel en Wikimedia Commons

No obstante las armas empleadas en la hippika gymnasia no eran letales, pues se trataba más que nada de una exhibición en la que participaban dos equipos, uno atacante y otro defensor, prestándose los defensores a recibir las andanadas del contrario.

Es en este punto donde se necesita especialmente una buena equitación para poder lanzar simultáneamente a los que están cargando y para dar a la mano derecha la protección del escudo. Cuando cabalga paralelo a su objetivo, el jinete debe girarse hacia la derecha para lanzar; cuando hace un giro completo, debe tirar en la forma llamada, en la lengua gala “petrinus”, que es la más difícil de todas. Porque debe girar a la derecha tanto como le permita la flexibilidad de los costados, de cara a la cola del caballo, para lanzar hacia atrás lo más recto posible, y una vez hecho esto, debe girar rápidamente hacia adelante y traer su escudo para cubrir su espalda, ya que si gira sin protección, expone un blanco vulnerable al enemigo.

Flavio Arriano, Ars Tactica 39
Maniobra gala llamada petrinos según Ann Hyland / foto Ann Hyland, Training the Roman Cavalry: from Arrian’s Drs Tactica, 1993

Otro de los ejercicios habituales consistía en perseguir al enemigo, intentando por todos los medios que no se reagrupase.

Avanzan primero con picas niveladas a la defensiva y luego como si estuvieran adelantando a un enemigo que huye. Otros, como si fueran contra otro enemigo, cuando sus caballos giran, mueven sus escudos sobre sus cabezas a una posición detrás de ellos y giran sus picas como si estuvieran enfrentándose al asalto de un enemigo. Esta maniobra se llama en galo “toloutegon”. También desenvainan sus espadas y hacen una variedad de golpes, mejor calculados para adelantar a un enemigo en fuga, para matar a un hombre que ya ha caído, o para lograr cualquier éxito por medio de un movimiento rápido a lo largo de los flancos. Y no es todo: demuestran de la manera más variada posible el número de formas que se pueden dar al acto de saltar sobre un caballo. Finalmente demuestran cómo un hombre con su armadura puede saltar sobre un caballo cuando está corriendo. Algunos lo llaman el “salto del caminante”.

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La Carga Cántabra según Ann Hyland / dibujo Marcus Junkelmann, Reiter wie Statuen aus Erz (1996)

Después de realizar el petrinus y el toloutegon, ambas maniobras características de los celtas, junto al xynema o testudo (términos técnicos tomados del lenguaje militar galo que conservaron su nombre en el seno del ejército romano), los equipos realizaban la famosa maniobra de los pueblos del norte de Hispania llamada Cantabricus densus (también cantabricus impetus o cantabricus circulus), un tipo de carga que incluía el uso a distancia y al galope de armas arrojadizas.

En esto se realiza una “Carga Cántabra”, llamada así, en mi opinión, de los cántabros, de linaje ibérico, que de allí hicieron suya los romanos. Es como sigue: El ala prominente de los jinetes está dispuesta en formación cerrada en la parte izquierda en el sentido de la marcha, a excepción de los dos jinetes encargados de recibir los dardos disparados sobre ellos. Y se lanzan desde el lado derecho, como antes, inclinados sobre el venablo, y mientras avanzan tiene lugar otra carga iniciada en el lado derecho de la marcha, girando en círculo. Estos jinetes no hacen uso todavía de sus dardos ligeros sino de sus picas pulidas, no de hierro, ya que por su peso no son fáciles de llevar por los disparadores ni peligrosas para aquellos contra los que se disparan. Se ordena al respecto no apuntar sobre los cascos de los que cabalgan a su lado, sino que antes de volverse el jinete dejando al descubierto parte del costado o quedando descubierto al mostrar la espalda, disparar con todas sus fuerzas apuntando al escudo mismo. La precisión de esta maniobra se basa en que, al acercarse al máximo de los que cabalgan cerca, el jinete situado dentro de este círculo dispara su venablo lo más cerca posible al centro del escudo y al caer sobre aquél resuena o incluso lo atraviesa de parte a parte; el siguiente gira a continuación y así el tercero y los que van siguiéndose en la fila en este orden. El estruendo aterrador hace bajar la guardia, y el despliegue en giro en esta maniobra resulta vistoso; viene a ser un ejercicio militar de destreza y fuerza en el disparo para unos, de seguridad y salvaguardia contra los atacantes para los demás. Además de esto, la práctica de seguridad del disparador así como su demostración no se ejecuta por todos los jinetes -pues no todos son idóneos para tal destreza- sino por aquellos que destacan en el arte de la equitación. Estos conducen sus caballos teniendo a su derecha un talud en pendiente desde el que, haciendo avanzar suavemente al caballo hasta lo alto, tienen que disparar sin cesar y lo más lejos y dispersamente posible, al tiempo que blanden el venablo. Y es el mejor el que consigue disparar 15 jabalinas antes de retirar su caballo de este emplazamiento. Más justamente se elogiará a quien supera las 20. Por encima de estos no se tiene precisión si no es engañando a la multitud aparentando al máximo la estabilidad del caballo como si estuviera firme, para así lograr lanzar antes dos o tres disparos más y franquear la cima del talud. No obstante, yo elogio mucho más al que, de acuerdo con el reglamento, actúa empleando incluso recursos de habilidad para admiración de los espectadores

Flavio Arriano, Ars Tactica 40 (traducción de Eduardo Peralta Ferrer)
Posible representación de la carga cántabra en la estela de un instructor de caballería encontrada en Cherchell (Argelia) / dibujo de Eduardo Peralta, foto Michael P. Speidel en Roman Cavalry Training and the Riding School of the Mauretanian Horse Guard (1996)

Según explica Eduardo Peralta Labrador en Los auxiliares cántabros del ejército romano y las maniobras de la caballería romana la carga cantábrica era un tipo de carga particular en la que se ejecutaba un movimiento de doble giro. El más difícil era el giro a la izquierda que obligaba al caballo a un cambio de la pata delantera en la marcha y al jinete a seguir sosteniendo el escudo con la mano izquierda desplazándolo hacia la derecha para proteger su costado expuesto ante el enemigo, al tiempo que seguía lanzando jabalinas con la mano derecha y defendiéndose de las que le lanzaban. Por ello, solo eran capaces de hacerlo un puñado de jinetes muy experimentados. El ejercicio, realizado en la hippika gymnasia, consistía en obtener una sincronización perfecta entre la progresión circular, la rotatio de los escudos de los jinetes y el lanzamiento de jabalinas.

En combate los jinetes ejecutaban la carga cantábrica aproximándose en fila y al trote hacia la infantería enemiga. Una vez estaban a pocos pasos, las turmas giraban hacia la derecha, presentando el flanco izquierdo protegido por el escudo y lanzando gran número de venablos. Los jinetes continuaban galopando hacia la derecha, evolucionando en círculo para volver a pasar frente a las líneas enemigas una y otra vez hasta que éstas se desorganizaban por el ataque.

El objetivo de todos estos ejercicios, además del impresionante espectáculo dado a dignatarios y representantes de pueblos sometidos, era evidentemente el entrenamiento de los jinetes. Se les enseñaba a montar desde ambos lados del caballo llevando la armadura completa y todas las armas, a montar mientras el caballo estaba al galope, a controlar la montura solo con las rodillas y las piernas. El encargado de dirigir la hipikka gymnasia se denominaba campidoctor (de donde procede el sobrenombre Campeador de Rodrigo Díaz de Vivar), y conocemos el nombre de algunos, como Tito Aurelio Décimo, centurión de la Legio VII Gemina en Hispania durante el reinado de Cómodo.


Fuentes: Peralta Labrador, Eduardo, Los auxiliares cántabros del ejército romano y las maniobras de la caballería romana, Hispania Antiqva. Revista de Historia Antigua XLII (2018), doi.org/10.24197/ha.XLII.2018.123-198 / The Roman Army: A Social and Institutional History (Pat Southern) / Blood of the Provinces (Ian Haynes) / Ars Táctica (Flavio Arriano, texto francés) / Wikipedia.