El extraño caso de Esopo, el famoso fabulista de la Antigüedad cuya existencia y fealdad son dudosas

Esopo contando sus fábulas, cuadro de Johann Michael Wittmer, 1879 / foto dominio público en Wikimedia Commons

Todos las hemos leído, hemos oido o visto alguna vez una obra de arte o de animación basada en una de las fábulas de Esopo. La cigarra y la hormiga, La gallina de los huevos de oro, o La liebre y la tortuga son solo algunas de las más conocidas historias donde los animales son protagonistas atribuidas al famoso fabulista griego Esopo.

El problema es que, a parte de lo que dicen las fuentes clásicas (y hay un montón de referencia, como veremos), no hay ninguna evidencia de que alguien llamado Esopo, inventor o recopilador de fábulas, haya existido. No queda ninguno de sus escritos y los autores que lo mencionan sitúan su nacimiento en Tracia, Sardes, Frigia o Samos, sin que se pueda reconciliar un origen exacto.

Estatua en Nueva York representado la carrera entre la liebre y la tortuga, una de las fábulas de Esopo / foto Joseph Sohm – Shutterstock

Lo que si parece coincidir son las fechas en que pudo vivir, todas ellas en torno al año 540 a.C. Es el año que dan el comediógrafo ateniense Aristófanes, que nació aproximadamente un siglo después, y Heródoto, quien argumenta que debió ser esclavo basándose en la leyenda de la muerte de un Esopo en el santuario de Delfos:

Esta mujer fue natural de Tracia, sierva de Jadmon de Samos, hijo de Efestopolis, y compañera de esclavitud del fabulista Esopo, quien fue sin duda esclavo de Jadmon, como lo convence el que habiendo los naturales de Delfos, prevenidos por su mismo oráculo, publicado repetidas veces el pregón de que si alguno hubiese que quisiera exigir de ellos la debida satisfacción por la muerte allí dada a Esopo, estaban prontos a pagar la pena; nadie se presentó con tal demanda, sino un cierto Jadmon, nieto de otro del mismo nombre, a cuyo joven se satisfizo en efecto aquel agravio. Lo que declara que Esopo había sido esclavo de Jadmon

Heródoto, Historia II-134
Busto romano de la colección Villa Albani, Roma, que podría representar a Esopo / foto dominio público en Wikimedia Commons

Otras fuentes, siguiendo a Heródoto, lo sitúan igualmente en Samos como esclavo o liberto en un primer momento, para entrar, ya libre, al servicio del rey Creso de Lidia. La leyenda, citada por Heródoto, dice que Esopo acudió a Delfos con abundantes riquezas para hacer ofrendas en nombre de Creso, pero que tras una disputa con los delfios, que le acusaban de sacrilegio, decidió enviarlas de vuelta al rey, lo que provocó que le despeñasen desde las rocas Fedriadas. Cuando se convencieron de que su acusación era falsa, los delfios ofrecieron una compensación económica por la muerte de Esopo a quien tuviera derecho a reclamarla, y curiosamente solo se presentó su antiguo amo.

Apenas nada más se sabe de su vida, y lo poco que sabemos es dudoso. Platón afirma que Sócrates se sabía de memoria las obras de Esopo y solía recitarlas en verso. Sócrates había nacido hacia 470 a.C., pero las fábulas no fueron recopiladas (que sepamos) hasta el siglo siguiente por Demetrio de Falero, aunque esta recopilación no ha llegado a nuestros días. Si la estimación de la vida de Esopo en torno a 540 a.C. es correcta habría pasado casi un siglo hasta la época de Sócrates.

Aristóteles también le cita, dando a entender que vivía en la isla de Samos:

Esopo, al defender en Samos a un demagogo que estaba siendo juzgado por su vida, relató la siguiente anécdota. «Una zorra, mientras cruzaba un río, fue conducida a un barranco. Al no poder salir, durante mucho tiempo estuvo en un estado de angustia y varias pulgas de perro se aferraron a su piel. Un erizo, vagando por ahí, la vio y, movido por la compasión, le preguntó si debía quitarle las pulgas. La zorra se negó y cuando el erizo preguntó la razón, ella respondió: Ya están llenos de mí y sacan poca sangre; pero si me las quitas, vendrán otras que tienen hambre y drenarán lo que me queda”. Vosotros de igual manera, oh samios, no sufriréis más daño de este hombre, porque es rico; pero si lo matáis, vendrán otros que son pobres, que robarán y malgastarán vuestros fondos públicos.

Aristóteles, Retórica 2.20
Esopo, cuadro de Velazquez (1638) en el Museo Del Prado / foto dominio público en Wikimedia Commons

Antes de su muerte en Delfos Plutarco lo sitúa en Corinto, en una reunión con los Siete Sabios de Grecia, entre los que se encontraba su amigo Solón a quien había conocido en Sardes. Nada de esto parece consistente con la cronología del reinado de Creso, por lo que muchos estudiosos a partir de Ben Edwin Perry, que puso en duda estas leyendas en 1965, opinan que no son más que ficción literaria. Otros indican que una posible misión diplomática para Creso puede haber sido posible. La cosa se complica si tenemos en cuenta que Fedro (quien tradujo las fábulas a latín) sitúa a Esopo en Atenas en época de Pisístrato, décadas después de su presunta muerte.

Una pista sobre la existencia real, o no, del fabulista nos la puede dar el llamado Romance de Esopo. Se trata de una biografía, claramente ficticia, escrita en el siglo I d.C. Como era una obra anónima que pasó a formar parte del folclore griego, cada escritor que la copiaba la rehacía a su gusto añadiendo y quitando cosas. Por ello existen múltiples versiones, todas ellas contradictorias. Pero los investigadores creen que, antes de ponerse por escrito, la historia ya circulaba desde hacía varios siglos de boca en boca, y de hecho hay elementos en ella cuyo origen se puede rastrear hasta el siglo IV a.C.

En lo que coinciden todas las versiones del Romance de Esopo es que era un esclavo frigio en la isla de Samos, y que además era extremadamente feo:

de aspecto repugnante…panzudo, deforme de cabeza, de nariz desairada, moreno, enano, de patas de gallo, de brazos cortos, de ojos entrecerrados, labio leporino, una monstruosidad portentosa

Aunque el Romance es ficción, esta descripción de Esopo arraigó en la imaginación popular hasta tal punto que Planudes, erudito bizantino del siglo XIII, suponía que Esopo debía haber sido de origen etíope. Numerosos autores apoyaron esta suposición y lo siguen haciendo en la actualidad, basándose en la evidencia del gran número de animales africanos presentes en las fábulas. Driberg, por ejemplo, llega a decir que algunos afirman que era frigio, pero la opinión más general es que era africano. Y si no lo era, debería haberlo sido. Y en 1971 una serie de televisión norteamericana sobre las fábulas fue protagonizada por Bill Cosby en el papel de Esopo.

Pero, ¿escribió Esopo sus fábulas? Tampoco eso es seguro. Heródoto le califica de escritor, mientras que Aristófanes habla de leer a Esopo y otros autores le citan como el creador de las fábulas. Lo más probable es que se tratase de una serie de historias populares y moralizantes, recopiladas posteriormente por diversos autores, a las que se atribuía un origen común en la figura indefinida de alguien a quien se llamó Esopo ya en el siglo VI a.C. Principalmente porque todas tenían elementos similares: animales y objetos inanimados que hablaban y poseían características humanas. Algo así como si dentro de mil años se atribuyesen todos los dibujos animados de la historia al mismísimo Walt Disney.


Fuentes: Fábulas de Esopo / Life of Aesop (Laura Gibbs) / The Trial of the Satirist (Todd Compton) / La estructura de la Vida de Esopo: Análisis funcional (Consuelo Ruiz-Montero, Mª Dolores Sánchez Alacid) / De Esopo al Lazarillo (Francisco Rodríguez Adrados) / Wikipedia.