Cómo los sumerios nombraban reyes sustitutos durante los eclipses y la costumbre pervivía incluso en tiempos de Alejandro

Podía estar acompañado de una reina sustituta y tener una pequeña corte para entretenerse, y al verdadero rey se le llamaba, mientras tanto, granjero

Relieve babilonio / foto Andrea Izzotti – Shutterstock

Entre los años 1805 y 1799 a.C. (según la cronología corta) o 1868 y 1861 a.C. (según la cronología media) gobernó en la ciudad-estado sumeria de Isin, en el actual Irak (a unos 32 kilómetros al sur de Nippur) el rey Erra-Imitti.

Su nombre viene a significar algo como seguidor de Erra, que era un dios de la guerra, los disturbios y el caos político al que los babilonios llamaban el dios plaga.

Yacimiento arqueológico de Isin / foto dominio público en Wikimedia Commons

Tras ocho años de reinado, cierto día los sacerdotes le anunciaron que se aproximaba un eclipse. Así que Erra-Imitti, como era costumbre, buscó quien podía ocupar su trono mientras duraba el fenómeno, pues de lo contrario ello le supondría la muerte. Lo encontró en uno de sus jardineros llamado Enlil-bani.

El día señalado Enlil-bani fue coronado rey y se sentó en el trono esperando su fatídico destino, que no era otro que ser sacrificado al término del eclipse. Pero ocurrió algo inesperado. Mientras ocupaba el lugar de Erra-Imitti éste esperaba pacientemente tomándose un caldo de avena caliente. Y de pronto cayó muerto. Quizá a causa de un infarto, quizá por otra razón.

Pasó el eclipse y los sacerdotes conminaron a Enlil-bani a abandonar el trono, como era preceptivo. A lo que éste se negó, aduciendo que un rey ya había sido sacrificado y, puesto que él había sido coronado oficialmente para la ocasión, era el monarca legítimo. Los sacerdotes le dieron la razón, y reinó durante 24 años.

Las inscripciones cuneiformes en este cono fundacional mencionan la construcción del templo del dios Numushda en la ciudad de Kiritab por Enlil-Bani, rey de Isin / foto Osama Shukir Muhammed Amin FRCP(Glasg) en Wikimedia Commons

La historia, que solo se conoce por copias babilonias muy posteriores, es posible que no sucediera exactamente así. De hecho se trata de una leyenda, quizá apócrifa, pero cuyo trasfondo pone de manifiesto una práctica muy antigua, la del ritual del rey sustituto, costumbre reflejada en numerosos textos sumerios. Uno de ellos se halla en tres tablillas cuneiformes hoy en el Museo Británico, publicado en 1958 en el artículo A part of the Ritual for the Substitute King del asiriólogo Wilfred G. Lambert.

Porque, como decíamos antes, los asirios y los babilonios pensaban que si un mal presagio amenazaba al rey, otro (normalmente una persona de bajo origen, un prisionero o un esclavo) debía sentarse en el trono para recibir ese mal, quedando el verdadero rey a salvo.

Durante el tiempo que duraba la sustitución, al nuevo rey se le concedían algunas libertades, con el fin de enfatizar su suplantación, aunque no poder de gobierno efectivo. Podía estar acompañado de una reina sustituta y tener una pequeña corte para entretenerse, y al verdadero rey se le llamaba, mientras tanto, granjero (ikkaru).

El rey Asarhaddon de Asiria y su madre Naqi’a-Zakutu en el templo de Marduk. Relieve conmemorativo de la restauración de Babilonia por Asarhaddon. Bronce (originalmente chapado en oro), ca. 681-669 a.C. Museo del Louvre / foto dominio público en Wikimedia Commons

Volvemos a encontrar el uso documentado de un rey substituto entre los años 681 y 669 a.C. En ese período reinaba en el Imperio Neoasirio Asarhaddón, padre del que sería el último gran rey de Asiria, Asurbanipal. Tal y como cuenta el destacado egiptólogo británico I.E.S. Edwards en su Cambridge Ancient History, varias cartas de la época mencionan que Asarhaddón tuvo que recurrir a un rey sustituto al menos tres veces durante los últimos años de su reinado.

Curiosamente no solo por el tiempo de duración de un eclipse, sino que la sustitución se alargó por cortos períodos de tiempo, con mención expresa en las tablillas de una que duró 100 días.

Una de estas ocasiones tuvo lugar con motivo del eclipse lunar del 15 de Tebetu (mes equivalente a diciembre-enero) de 671 a.C. Las tablillas contienen además las instrucciones protocolarias a seguir, así como una descripción de eclipses de varios planetas y estrellas que podrían provocar la necesidad de un sustituto, y una alusión a la existencia de esta institución desde tiempos muy antiguos.

Tablilla WA K 2600, donde se explica el ritual del Rey Sustituto, Museo Británico / foto Stardust’s Shadow

Una de las tablillas contiene además una carta enviada por el representante real en Babilonia, informando de los disturbios acaecidos tras el sacrificio del rey sustituto y de su reina consorte. En aquella ocasión parece que el sustituto, llamado Damqî, no era alguien insignificante, sino el hijo del sacerdote principal de Esagila, el templo de Marduk en Babilonia. Había sido elegido para sustituir a Shamash-shum-ukin, hijo de Asarhaddon que gobernaba Babilonia, y la elección debió ser un medio de sembrar el pánico en los babilonios, que se resistían al gobierno asirio.

Casi dos siglos después, parece que los persas mantenían la costumbre, pues Heródoto cuenta como Jerjes, antes de invadir Grecia en 480 a.C. y acosado por terribles sueños, recurrió al mismo ardid, sentando en el trono a su tío Artabano. Curiosamente otro Artabano, comandante de la guardia real, fue quien acabó con la vida de Jerjes.

si es un dios el que envía la visión, y es de su agrado que haya esta expedición contra Grecia, ese mismo sueño se cierna sobre ti y ponga sobre ti la misma carga que sobre mí; y estoy persuadido de que es más probable que sea así si tomas mi atuendo y te sientas vestido así en mi trono, y luego te acuestas a dormir en mi cama

Heródoto, Historia VII-15

Aunque reticente, recordemos lo que implicaba ser rey sustituto, Artabano accedió a los deseos de Jerjes y ocupó el trono, como sigue diciendo Heródoto:

Diciendo esto, Artabano hizo lo que se le había ordenado, esperando probar que las palabras de Jerjes eran vanas; se vistió con las ropas de Jerjes y se sentó en el trono del rey. En ese momento, mientras dormía, vino a él el mismo sueño que había perseguido a Jerjes, y de pie junto a él, así habló: «¿Eres tú, pues, el que disuadiría a Jerjes de marchar contra Grecia, pensando así en protegerlo?»

Heródoto, Histotia VII-17
Jerjes en el Helesponto, cuadro de Adrien Guignet / foto Dominio público en Wikimedia Commons

Aunque este episodio no representa un ejemplo genuino del ritual, sí que contiene elementos que hacen pensar que puede ser una variación de la misma costumbre.

E incluso en época de Alejandro Magno ocurrió un hecho, para los griegos, absolutamente excepcional. Lo cuenta el historiador griego del siglo II d.C. Flavio Arriano en su Anábasis de Alejandro Magno:

El propio fin de Alejandro estaba ya cercano. Aristóbulo dice que el siguiente acontecimiento fue otro presagio de lo que estaba a punto de suceder: el rey estaba organizando el ejército que vino con Peucestas desde Persia, y los que vinieron con Filóxeno y Menandro de la costa, distribuyéndolos entre las líneas macedonias; y sintiendo mucha sed, se retiró de su asiento y dejó el trono vacío. A cada lado del trono había divanes con patas de plata, en los que sus Compañeros estaban sentados. Un hombre de oscuros orígenes–algunos dicen que era uno de los hombres mantenidos bajo custodia sin estar encadenados–, al ver el trono y los divanes vacíos, y los eunucos de pie alrededor del trono–porque los Compañeros también se levantaron de sus asientos detrás del rey cuando él se retiró–, caminó a través de la fila de eunucos, ascendió al trono y se sentó sobre él. Actuando de acuerdo con una ley persa, aquellos no lo echaron del trono, sino que rasgaron sus vestiduras y se golpearon el pecho y el rostro como si se tratara de una gran desgracia. Cuando Alejandro fue informado de esto, ordenó que el hombre que se había sentado en su trono fuese sometido a torturas, con miras a descubrir si había hecho esto de acuerdo con un plan concertado por conspiradores. Pero aquel hombre no confesó nada, excepto que se le había venido a la mente en el momento actuar como lo hizo. Por esta razón, los adivinos explicaron que este hecho no presagiaba nada bueno para él.

Flavio Arriano, Anábasis de Alejandro Magno VII-24 (traducción de Alura Gonz)

Ocurrió en mayo de 323 a.C., poco antes de que Alejandro dejase Babilonia para dirigirse a Arabia. Los griegos no entendían lo que había ocurrido, pero la explicación es sencilla: aquel hombre no intentaba usurpar el trono de Alejandro, todo lo contrario. Siguiendo la ancestral costumbre del rey sustituto intentaba atraer sobre sí cualquier mal que pudiera acechar al macedonio.

Probablemente los astrólogos babilonios habían anunciado un eclipse, haciéndose necesaria la figura del rey sustituto. Los eunucos estaban al tanto, sabían lo que había que hacer, y por ello no echaron al usurpador del trono. Sin embargo, los griegos no tenían ni idea de lo que estaba pasando.

La familia de Darío ante Alejandro (Charles le Brun)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Por último, el especialista en el Antiguo Testamento y profesor del Wheaton College, John H. Walton, cuya interpretación funcional del Génesis suscita controversia entre los creacionistas, también abordó el tema del ritual del rey sustituto en un artículo publicado en 2003 en Journal of Biblical Literature. En él afirma que los Cantos del Siervo, un conjunto de textos presentes en la Biblia en el Libro de Isaías que hablan de un siervo que padece sufrimientos con carácter redentor, pueden interpretarse a la luz de la antigua tradición mesopotámica:

Es mi tesis que la imaginería, el trasfondo y las ambigüedades del cuarto canto pueden resolverse adecuadamente cuando el pasaje es leído a la luz de la temática del ritual del rey sustituto, conocido desde Mesopotamia en época tan temprana como los comienzos del segundo milenio a.C.

Si tenemos en cuenta que en los Cantos del Siervo se denomina a este personaje como el Siervo de Yahvéh, y que la interpretación cristiana tradicionalmente aceptada aplica este conjunto de profecías a Jesús de Nazaret, la teoría de Walton, de ser correcta, podría tener implicaciones que van mucho más allá del Antiguo Testamento. Pero eso ya es otro tema.


Fuentes: The Concept and Reality of the Substitute King in Mesopotamia and Iran en Aspects of History and Epic in Ancient Iran (M. Rahim Shayegan, Universidad de Harvard) / The Solar Eclipse and the Substitute King (Sarah Graff, Metropolitan Museum) / Cambridge Ancient History (I.E.S. Edwards) / W.G. Lambert, A part of the Ritual for the Substitute, Archiv für Orientforschung, 18 (1957-1958), pp.109-112, jstor.org/stable/41637512 / John H. Walton, The Imagery of the Substitute King Ritual in Isaiah’s Fourth Servant Song, Journal of Biblical Literature vol.122, No.4 (Winter 2003), pp.734-743, doi:10.2307/3268075 / The Assyrian Substitute King Ritual (Biblical Scholar) / Anábasis de Alejandro Magno (Flavio Arriano) / Livius.