La lengua de signos de las llanuras de Norteamérica, más antigua que las europeas y la otomana

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A menudo vemos en los westerns cómo los indios logran comunicarse entre sí o con el hombre blanco mediante una serie de gestos con las manos, a veces acompañados de una transcripción fonética con el tópico infinitivo que introdujo Fenimore Cooper en su novela El último mohicano. Dicha transcripción debería ser innecesaria, aunque se trata de una concesión al espectador para que entienda lo que pasa. Ahora bien, muchos se preguntarán: ¿existió realmente un lenguaje de signos entre las tribus norteamericanas? Y la respuesta es que sí, lo que hoy se conoce con las siglas PISL (Plains Indian Sign Language, es decir, Lenguaje de Signos de los Indios de las Llanuras), que se adelantó casi un siglo a las lenguas de signos europeas y otomana.

Hay que aclarar que las llanuras en cuestión eran las llamadas Interior Plains, esa vasta región que se extendía por América del Norte desde Texas hasta los Grandes Lagos (con una prolongación a través de Canadá que alcanzaba Alaska), encajada entre los Apalaches por el este y las Montañas Rocosas por el oeste. Un paisaje de extensas praderas que constituían el hábitat de ingentes manadas de búfalos tras las que se movían numerosos pueblos nómadas que vivían de ellos, pero también por un grupo de tribus semisedentarias. Entre los primeros estaban los lakotas, cheyennes, pies negros, comanches, crows, kiowas o arapahoes, por citar los más conocidos, mientras que de los segundos sonarán los pawnee, wichitas, arikaras, iowas, mandan…

Ilustración sobre signos en un periódico de principios del siglo XX / Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Esa variedad étnico-cultural, combinada con la extensión del territorio (más de dos millones y medio de kilómetros cuadrados), hacía que el número de lenguas que hablaban se multiplicara mucho, dificultando los contactos entre grupos aún cuando algunos de esos idiomas procedieran de troncos comunes y compartieran fundamentos filológicos. Como los indígenas no tenían un sistema de enseñanza reglado ni diccionarios, esa necesidad favoreció el desarrollo de un sistema de comunicación que sirviera para que pudieran entenderse quienes procedieran de sitios muy alejados entre sí.

Obviamente, dado que las tribus norteamericanas vivían en una cultura prehistórica, carecían de documentos escritos y, por tanto, no podemos saber en qué momento apareció el PISL. Hay que conformarse con los testimonios dejados por españoles como Alvar Núñez Cabeza de Vaca, un náufrago que convivió con ellos varios años, y Francisco Vázquez de Coronado, explorador del interior de los actuales EEUU y cuyo segundo, García López de Cárdenas, descubrió el Gran Cañón del Colorado. Ellos fueron los primeros europeos, durante la primera mitad del siglo XVI, en establecer relación con los indios recurriendo a un lenguaje gestual que resultó tan eficaz que no importó la falta de intérpretes.

Las Interior Plains o Grandes Llanuras, en rojo / Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Se cree que el PISL empezó a desarrollarse cuando se difundió el caballo. Los équidos se habían extinguido en América unos once mil años atrás, durante el Pleistoceno, por lo que los que usaban los indios eran descendientes de cimarrones, es decir, ejemplares que escaparon de los españoles y se asilvestraron. De hecho, la palabra con que se los designa, mustang, deriva del español mesteño. Coronado llevaba consigo cientos de caballos pero sólo dos yeguas, así que, puestos a buscar el origen, tendría más posibilidades la expedición de Juan de Oñate de 1592, quien llevaba una manada de yeguas y sementales. Aunque sabemos también que algunos indios pueblo del sudoeste huyeron del servicio impuesto por los españoles, llevándose caballos consigo.

Los nativos de vida nómada que reseñábamos antes aprendieron a atraparlos y montarlos, resultando fundamentales no sólo para favorecer su supervivencia en las grandes praderas sino también para imponerse a tribus rivales, como hicieron los comanches y los sioux. El otro grupo semisedentario probablemente heredó la tradición de domesticación hispana, como los citados pueblo. El caso es que, dada la escasez de depredadores y su capacidad reproductiva, para principios del siglo XVIII ya había manadas salvajes de equinos de cientos de ejemplares, tal como atestiguó el explorador francés Claude Charles du Tisne.

Dispersión del caballo por Norteamérica entre 1600 y 1775 / Imagen: LynnWysong en Wikimedia Commons

Entre los indios de las llanuras se hablaban casi una cuarentena de idiomas que se agrupaban en doce familias lingüísticas. Cada uno de esos grupos desarrolló su propio PISL, seguramente al principio como medio para cazar o practicar emboscadas en silencio, encontrándosele después utilidad para el comercio intertribal. Lo que se ignora es dónde surgió exactamente; la balanza suele inclinarse por una aparición meridional, a partir de la cual se extendió hacia el norte. Así, algunos estudiosos apuntan al entorno kiowa pero parece más probable la propuesta de otros hacia el norte de México (teniendo en cuenta que la frontera estaba bastante más al norte que ahora) o Texas, que era el centro comercial más importante y donde había una auténtica maraña de lenguas que constituía un obstáculo.

No obstante, si se suman los diversos elementos enunciados como esa región, la difusión del caballo y los testimonios de Cabeza de Vaca y Coronado, también habría que tener en cuenta la propuesta de algunos autores de vincular el origen de ese lenguaje gestual con la llegada de los españoles. En cualquier caso, decíamos, aunque el PISL se convirtió en una forma de lengua franca, adoptó características dialectales propias por regiones. Muchas se han perdido debido al desplome demográfico y a la aculturación, de modo que si antaño todos conocían el sistema de signos hoy en día son una minoría y ya sólo se usan como instrumento de transmisión de cuentos y leyendas, complementando la tradición oral.

Extensión de las lenguas de signos por América del Norte, incluyendo el PISL (en granate) y otras variantes dialectales como el Plateau Sign Languaje (en amarillo) / Imagen: Danachos en Wikimedia Commons

Un caso de extinción práctica es el del llamado Plateau Sign Languaje, un antecedente limitado al extremo noroeste de los actuales EEUU y creado por tribus de la Nación Crow. Otro sería el Chinook Wawa (Jerga Chinook), empleada en una zona litoral que abarca desde Oregón hasta Alaska y que, dado su tardío desarrollo decimonónico, incorporaba numerosos préstamos del inglés y el francés. Es decir, se aprecia claramente la tendencia a buscar algún tipo de forma de comunicación común, dado que, como explicábamos antes, estamos hablando de cuatro decenas de pueblos, cada uno de los cuales solía subdividirse en múltiples grupos y éstos en tribus.

Un ejemplo clásico para entenderlo: la nación siouxx estaba integrada por los dakota, los lakota, los assiniboine y los nakoda; y a cada uno de dichos grupos pertenecían, repartidos, los montana, minnesota, nebraska, manitoba, saskatchewan, oglala, brulé, hunkpapa, mineconjou, etc. En suma, una variedad tan enorme y distribuida por un territorio tan extenso que, inevitablemente, dio lugar a numerosas lenguas; resulta lógico que los lenguajes de signos también fueran variados y los investigadores han podido certificar una quincena de ellos, agrupables por familias lingüísticas: algonquino, atapasco, caddoano, cayuse, kutenai, numic, pimano, sahaptiano, salishano, siouano, tanoano, wyandot, yuma y zuñi.

Algunos signos del PISL / Imagen: Indian Sign Language

Se les podría sumar, como variantes dialectales, el lenguaje de señas de los navajos, que es muy específico (y, al parecer, derivado de una alta incidencia de la sordera en ese pueblo) y algún otro como el de los blackfoot (no confundir con los pies negros, pese a tener el mismo nombre), el de los cree y el de los ojibwas. Todos tenían en común el empleo gestual de las manos: su colocación espacial (frente a la cara, frente al pecho…), sus movimientos, la forma de poner los dedos y la orientación del hablante. Esos gestos se completaban con otros faciales que harían la misma función que la entonación al hablar, de manera que el PISL estaba constituido por un millar de signos básicos en total, si bien algunos diccionarios elaborados ahora llegan a duplicar o incluso triplicar el número.

Conviene aclarar que los signos tenían un significado más léxico que gramatical (una pregunta, por ejemplo) y era necesario algo de interpretación por parte del receptor, ya que no había un orden preestablecido para las palabras (aunque, lógicamente, se tendía al esquema sujeto + verbo + complemento). Y, a pesar de las diferencias de una lengua a otra, los practicantes podían entenderse.

Fuentes: Hand Talk. Sign Language Among American Indian Nations (Jeffrey E. Davies) / Indian Sign Language (William Tomkins) / Sign Talk of the Cheyenne Indians and Other Cultures (Ernest Thompson Seton) / Indians of the Plains (Robert H. Lowie) / The Plains Indians (Paul Howard Carlsson) / Pieles rojas. Encuentros con el hombre blanco (Victoria Oliver) / Hand Talk (PISL Research) /Proel/Wikipedia