El zigurat de Dur-Kurigalzu que los viajeros occidentales confundían con la Torre de Babel

El zigurat de Dur-Kurigalzu en 1920, foto de Ernest a.Wallis / foto dominio público en Wikimedia Commons

En el desierto iraquí, a unos 30 kilómetros al oeste de Bagdad, se alza una impresionante mole que, a primera vista, parece una simple roca erosionada por el viento a través de los siglos. Pero nada más lejos de la realidad, pues está hecha de ladrillos y lo que queda de ella fue en su día el núcleo de un zigurat de 60 metros de altura.

Vista aérea del zigurat en 1932 / foto dominio público en Flickr

Antes de que la antigua Babilonia fuera descubierta a unos 110 kilómetros al sur de la capital iraquí los viajeros que, desde la Edad Media, visitaban Bagdad creían que se trataba de la mítica ciudad bíblica e identificaban el zigurat de Dur-Kurigalzu con la Torre de Babel, dada su cercanía.

Pero Dur-Kurigalzu es mucho más antigua que Bagdad, unos 2.100 años separan la fundación de ambas, la primera por el rey casita Kurigalzu I hacia el año 1400 a.C. y la segunda por Al-Mansur en 761 d.C.

La Torre de Babel, cuadro de Pieter Brueghel el Viejo (1563) / foto dominio público en Wikimedia Commons

De la ciudad, que tenía varios templos y el palacio real, tan solo queda en pie la estructura central del zigurat. Y es que apenas dos siglos después de su fundación fue abandonada ante las invasiones elamitas y la caída de la dinastía casita. Tan solo el área de los templos se mantuvo parcialmente activa.

El zigurat, dedicado al dios Enlil, medía originalmente 69 por 67,6 metros en su base y más de 60 de altura. Se construyó con ladrillos secados al sol, no cocidos, y cada seis capas se dispuso otra hecha con esteras de caña, para facilitar el drenaje y mantener los ladrillos juntos. En el exterior se recubría con una capa de ladrillos cocidos, que según consta en una inscripción encontrada en uno de ellos, fue colocada por Kurigalzu II.

Detalle del zigurat / foto Jona Lendering en Vici

Precisamente el hecho de que se haya conservado en ese estado lo convierte en un ejemplo valioso para los historiadores, que pueden ver los detalles interiores del sistema de construcción empleado hace 24 siglos.

La primera descripción del monumento la realizó Claudius James Rich en su libro de 1811 Narrative of a Journey to the site of Babylon, en un momento en que todavía se creía que la antigua Babilonia había estado donde hoy se sitúa Bagdad.

Las primeras excavaciones arqueológicas se llevaron a cabo entre 1942 y 1945, en plena Segunda Guerra Mundial, a la que Irak no fue ajeno, como ya contamos en otro artículo, abarcando tanto el zigurat como tres de los templos y parte del palacio, en los que se hallaron más de cien tablillas cuneiformes de la época casita.

El zigurat en 2010 / foto US Army en Wikimedia Commons

En la década de 1970 Saddam Hussein inició obras de restauración que llevaron a la reconstrucción del primer nivel del zigurat. Pero durante la invasión estadounidense la zona sufrió daños que también afectaron a éste. Eso unido al crecimiento de la propia ciudad que lo va rodeando de estructuras industriales y suburbios, y a otros factores naturales como el agua subterránea, hacen que corra riesgo de seguir deteriorándose e incluso de colapsar si no se toman las medidas adecuadas.

Fuentes: Oxford Archaeology / Ancient Mesopotamia (Don Nardo) / A History of Babylon, 2200 BC – AD 75 (Paul-Alain Beaulieu) / The Routledge Handbook of the Peoples and Places of Ancient Western Asia (Trevor Bryce) / Wikipedia.