Saxhorno, saxotuba, saxotrompa y los otros instrumentos poco conocidos creados por el inventor del saxofón

Saxhorno bajo / foto dominio público en Wikimedia Commons

Aunque, más o menos, creemos conocer todos los instrumentos musicales, en realidad no es así. A lo largo de la Historia ha habido muchos, muchísimos, sólo que buena parte de ellos cayeron en el desuso y fueron relegados al olvido; aquí hemos visto alguno que otro por su rareza. Pero no nos referimos sólo a otras épocas sino también a ésta. En tiempos tan recientes como el siglo XIX hubo un músico belga que tuvo la feliz idea de sustituir la madera por el metal e inventar nuevos instrumentos, de los que uno hizo fortuna y pervive hasta hoy, el saxofón. ¿No se han preguntado nunca por qué se llama así? Pues por su creador, Adolphe Sax.

Antoine-Joseph Sax, que tal era su verdadero nombre (Adolphe sólo era un apodo), nació en Dinant, una bonita ciudad situada a orillas del río Mosa, en 1814. El mismo año en que Goya pintó sus famosos Fusilamientos del 3 de Mayo, George Stephenson presentaba su locomotora y las tropas francesas abandonaban España, permitiendo regresar a Fernando VII, mientras Napoleón era desterrado a Elba y la América Hispana hervía en sus primeros movimientos emancipadores.

Casa natal de Sax en Dinant (Bélgica), dedicada ahora a Museo del Saxofón / Imagen: Zeitblick en Wikimedia Commons

Sus padres, Charles y Marie-Joseph, eran fabricantes de instrumentos musicales, así que fueron ellos quienes inculcaron la afición a su hijo que por cierto, no era único porque sería el primogénito de nada menos que diez hermanos. Antoine-Joseph -Adolphe sólo era un apodo- empezó a trabajar en el taller muy pronto demostrando ser un digno sucesor. Los Sax tenían cierto prestigio por haber aportado algunos cambios en el cuerno francés, nombre que entonces se daba a lo que hoy llamamos trompa, además de introducir nuevos materiales en la fabricación, como el latón. Una docena de patentes y varias exposiciones avalaron esa creatividad.

Antoine-Joseph dio sus primeros pasos en la creación ideando un par de flautas y un clarinete cuando aún estaba en la adolescencia, ya que había estudiado ambos en el conservatorio y al tocar notaba ciertas imperfecciones que se empeñó en subsanar. Usando marfil para hacer instrumentos de viento, descubrió que sonaban mejor y eso le otorgó un éxito precoz en la Exposición de Bruselas, dándole confianza para seguir adelante y redoblando unos ánimos plenos de dinamismo que ya le habían hecho pasar por muchos apuros.

Retrato anónimo de un Sax treintañero / Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Y es que de niño estuvo al borde de la desgracia unas cuantas veces, hasta el punto de que su propia madre, a la que se le habían muerto siete de sus hijos, quedó convencida de que algún día le perdería a él también. No es de extrañar, teniendo en cuenta que se tragó alfileres y cristales, tuvo quemaduras por una explosión, tuvieron que rescatarlo semiahogado de las aguas del Mosa y cayó desde un tercer piso, entre otras tremendas vicisitudes a las que, obvia y asombrosamente, sobrevivió.

El caso es que tantos avatares debieron estimularle y haciendo gala de ese brío, a los veinticuatro años registró su primera patente, de un clarinete bajo. Dos más tarde presentó varios instrumentos de su invención en una exposición nacional que no sólo le hicieron acreedor al aplauso unánime sino a la medalla de oro, que sin embargo no le concedieron por ser demasiado joven, entregándole la de plata; él, airado, la rechazó.

El taller de Sax en París / Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En esa efervescente etapa llegó 1841, fecha que debería ser histórica porque estaba trabajando en un nuevo tipo de instrumentos de metal y en ese contexto fue cuando fabricó y presentó públicamente el saxofón, que había ideado ya en 1838, patentándolo en 1846. Esa línea de trabajo no la terminaría en Bélgica sino en París, a donde se mudó con su padre al pasar la familia una mala racha financiera. Instalaron su taller en un lugar modesto, un simple cobertizo de la Rue Saint-Georges 50, donde Antoine-Joseph fue sacando más modelos que tuvieron un considerable éxito entre los músicos profesionales y fueron conocidos genéricamente como saxhornos o saxcornos.

Los saxhornos combinaban viento y metal y se caracterizaban por tener una boquilla, tres válvulas y acabar en forma de copa. Guardaban cierto parecido con los fiscornos y las bombardinas, siendo los predecesores de las actuales tubas y trompas. Sax los patentó en 1845 pero otros fabricantes reclamaron haberlos ideado antes, lo que derivó en una larga sucesión de demandas y juicios que le amargaron la vida y le llevaron a la quiebra tres veces, en 1852, 1873 y 1877. Pero siempre se rehacía y a la larga terminó ganando todos los procesos. Buen ejemplo es cómo transformó su humilde taller en una gran empresa con un centenar de empleados.

Saxhorno, saxofón y saxotuba / Imágenes: MET en Wikimedia Commons

Aunque los saxhornos estaban concebidos para bandas más que para orquestas y fue el célebre Distin Quintet (un quinteto compuesto por la familia británica homónima) el que los popularizó, primero en una gira europea, después en EEUU, también algunos compositores se dejaron seducir por su suave y novedoso tono. Los más destacados fueron Jacques Fromental Halévy y, sobre todo, Hector Berlioz. El primero estaba deseando incorporar el saxofón a la orquesta y fue quien recomendó a Berlioz, uno de los grandes maestros del Romanticismo musical, que contactara con Sax. Efectivamente, se entrevistaron y al día siguiente el músico publicó un elogioso artículo de prensa sobre el saxofón. Firmándolo quien lo hacía, tuvo notable repercusión y el apellido Sax se transformó en una referencia del sector.

Claro que el saxofón no era hijo único, ya que le acompañaron otros tres hermanos: la saxotrompa, la saxotuba y la saxotromba, que se diferenciaban en el grosor de las válvulas de pistón y fueron patentándose entre 1845 y 1852. Esa familia de metal tuvo diversas variantes -según el número de válvulas- pero, en general, ninguno de sus miembros gozó de tanta aceptación como el saxhorno o el saxofón y apenas se conservan ejemplares originales. Si bien la orquesta de la Ópera de París usó estos instrumentos entre 1847 y 1892, cuando Sax fue su director musical, fueron las bandas militares las principales usuarias.

Saxotrompas / Imagen: chibicode en Wikimedia Commons

Ello fue posible, en parte, porque el Ministerio de Guerra organizó un concurso de bandas cuyo resultado debía determinar si se cambiaba la instrumentación a los modelos de Sax o se conservaba la antigua. El evento tuvo lugar en el Campo de Marte en la primavera de 1845, con Sax dirigiendo a una treintena de músicos frente a los cuarenta y cinco de su oponente, Michele Carafa, un compositor de ópera italiano. Los veinte mil espectadores aclamaron al primero y desde entonces el ejército francés cambió musicalmente hablando, al igual que luego lo hizo también el británico.

Aquello supuso el triunfo de los saxhornos que, junto con el saxofón, entraron en las orquestas y un alto grado de responsabilidad en ello lo tuvo Berlioz. El compositor galo los incorporó a partir de 1844 en varios conciertos y en 1858 (paralelamente al nombramiento de Sax como director del Conservatorio Superior de París) estrenó la ópera Les troyens, en la que los saxcornos tienen un papel destacado, especialmente en la Marche troyenne. También Wagner les reservaría algunos momentos de El anillo del nibelungo y El oro del Rin.

Hector Berlioz en 1863 / Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

No obstante, aunque el saxofón se convirtió en un instrumento habitual, en 1870 fue proscrito de la enseñanza y no se recuperaría hasta los años cuarenta del siglo XX. Entretanto, Sax continuó inventando instrumentos y perfeccionando los que ya había hecho: aplicación de llaves y pistones para diversificar el timbre de los de metal, cromatización mediante cilindros… Más sorprende que su capacidad imaginativa no se limitase a ese campo sino que se extendiese a la música en sentido amplio (en materias diversas como acústica, notación, composición, etc.) e incluso fuera de ella (un inaudito sistema de limpieza de establecimientos públicos).

En otra de aquellas desgracias que tanto habían asustado a su madre durante su infancia, entre 1853 y 1858 padeció un cáncer labial al que, cómo no, logró derrotar; de hecho, tuvo una larga vida de ochenta años, algo poco usual en la época. A pesar de su currículum y de sus premios (entre ellos la Legión de Honor), falleció en 1894 sumido en la pobreza, siendo enterrado en el Cementerio de Montmartre junto a sus familiares. La empresa quedó en manos de su hijo Adolphe-Eduard y hoy sigue existiendo, aunque con otro nombre.

Instrumentos para banda creados por Sax / Imagen: Frank Kovalchek en Wikimedia Commons

Fuentes: Adolphe Sax and his saxophone ( Leon Kochnitzky) / From the Clarinet D’Amour to the Contra Bass. A History of Large Size Clarinets 1740-1860 (Albert R. Rice) / The saxophone (Stephen Cottrell) / The history of the flugelhorn (Greg Brass en Greg’s Brass History Page) / Wikipedia