Giovanni della Porta, el sabio renacentista que encriptaba mensajes dentro de huevos para eludir el control de la Inquisición

Hemos publicado aquí unos cuantos artículos sobre códigos cifrados, tanto de nuestra época como de otros tiempos, ya que se trata de algo casi tan antiguo como la propia existencia de la escritura. Lo que a continuación vamos a ver es la figura de un sabio renacentista que, entre otras muchas disciplinas que practicó, dedicó una atención especial a la criptología, ideando técnicas tan insólitas como escribir mensajes secretos dentro de huevos. Se llamaba Giovanni Battista della Porta.

Nació en noviembre de 1535 en Vico Equense, un municipio del Reino de Nápoles que desde 1504, por el Tratado de Lyon, pertenecía a la Corona de Aragón y con la subida al trono de Juana la Loca fue transformado en virreinato, permaneciendo en poder español hasta 1704. Giambattista, como solían llamarle, era el tercer hijo de una familia noble, lo que le permitió recibir una exquisita educación, aumentada porque su padre, Nardo Antonio della Porta, siempre había mostrado gran avidez de conocimientos.

Vista actual de Vico Equense / Imagen: Valerio Capello en Wikimedia Commons

Por tanto, su casa era frecuentada por artistas, filósofos y gente de cultura, que no sólo generaban un ambiente propicio para la formación de los niños sino que algunos incluso ejercían de maestros y tutores. Era la plasmación de ese famoso espíritu renacentista, nacido precisamente en Italia, que buscaba un conocimiento amplio y completo en todos los campos y cuya máxima expresión fue Leonardo da Vinci. Las clases acomodadas incorporaron ese concepto a su vida identificándolo con el ideal del perfecto caballero y sus integrantes aprendían canto, baile, poesía, matemáticas, filosofía y lenguas clásicas, además de equitación y el oficio de las armas.

Los Della Porta se convirtieron en un modelo. Aunque estudiaron música en la Scuola di Pitagora, donde realmente destacaron fue en ciencias y, más concretamente, Giovanni lo hizo en materia matemática e ingeniería, escribiendo sus primeros textos con apenas quince años. No es que se dedicara a ellas en exclusiva, ya que demostró tener don literario y publicó casi medio centenar de obras de teatro entre dramas, comedias, tragedias y hasta piezas litúrgicas (todas ellas escritas no en el estilo imperante de la commedia dell’arte sino en otro más culto denominado commedia erudita). Pero sus méritos literarios quedan hoy a la sombra de contemporáneos como Maquiavelo, Baltasar de Castiglione, Ludovico Ariosto o Torquato Tasso y lo que nos interesa de él son otras cosas.

Portada de una edición de 1589 de Magiae naturalis / Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Sus trabajos de investigación favorecieron importantes avances tecnológicos en distintos campos, desde el militar al agrónomo, pasando por el astronómico, el óptico, el meteorológico… Fruto de ello fueron la invención de un sistema hidráulico y la fabricación de instrumentos diversos, de los que cabría destacar el perfeccionamiento de la cámara oscura y la linterna mágica, inventadas respectivamente por el musulmán Alhacén y el jesuita alemán Atanasio Kircher, describiendo sus experiencias al respecto en un tratado de 1558 titulado Magiae naturalis (en el que, por cierto, hablaba también de la tinta invisible).

Asimismo, en 1586 publicó De humana physiognomonia, en el que se sumaba al interés que despertaba la anatomía y la biología del Hombre en su época. En esa línea fue autor también de un tratado de botánica, Phytognomonica, en el que reseñó por primera vez sus estudios sobre hongos, abriendo camino a la micología. Cabe añadir que pudo haber hecho el primer telescopio, aunque no hay forma de saberlo con seguridad porque el libro donde lo explicaba, De telescopiis, quedó inconcluso al fallecer durante su elaboración, quedando la fama para contemporáneos suyos como Hans Lippershey y Galileo Galilei.

Páginas de De humana physiognomonia/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Como había formado su propio museo en casa, en 1560 fundó la Academia Secretorum Naturae (Academia de Secretos de la Naturaleza), considerada una de las primeras sociedades científicas y cuyos miembros se autodesignaban otiosi (ociosos), debiendo presentar algún descubrimiento natural para poder ingresar. Aquello resultó demasiado sospechoso para la Inquisición, que abrió un proceso porque las investigaciones sobre alquimia y la búsqueda de la piedra filosofal, si bien entonces formaban parte de la Ciencia, a menudo caminaban por el borde del ocultismo.

Della Porta fue finalmente exculpado, ya que su religiosidad estaba a toda prueba hasta el punto de que se haría hermano laico de la Compañía de Jesús. Pero una cosa era la persona y otra la institución, que seguía levantando recelo, de ahí que en 1578 el papa Gregorio XIII le ordenase cerrarla. Fue sustituida por la Accademia dei Lincei, fundada en el Palazzo Corsini de Roma (el mismo donde residiría la reina Cristina de Suecia) por el naturalista Federico Cesi y cuyo miembro mas ilustre, aparte de Della Porta, era Galileo (como éste también fue procesado por el Santo Oficio y la academia le apoyó, terminó igualmente disuelta).

El Palazzo Corsini de Roma / Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Para acabar, sólo nos falta hablar de los trabajos del erudito napolitano sobre códigos cifrados, tema en el que se le considera la gran referencia de su época. Sus conocimientos al respecto quedaron reflejados en títulos como De furtivis literarum notis, Taumatologia e criptologia y De occultis literarum notis. En el primero introdujo el primer concepto documentado de cifrado de sustitución, un método en el que las unidades de texto, ya sean letras o grupos de ellas, son sustituidas de forma más o menos compleja, asignando a cada signo uno diferente pero conservando el orden del conjunto. En su versión más avanzada, el cifrado de sustitución fue el que emplearon los alemanes en la Segunda Guerra Mundial con su máquina Enigma.

Una clave cifrada en el De furtivis literarum notis / Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Pero no cabe duda de que lo más asombroso en este asunto es lo que comentábamos al principio del artículo, el método ideado por Della Porta para escribir mensajes ocultos en el interior de huevos. Lo irónico es que la Inquisición jugó un papel fundamental en ello, pues había encarcelado a varios colegas suyos de la Academia Secretorum Naturae para someterlos a juicio y la única forma que encontró el napolitano para comunicarse con ellos -ya que a los reos en esas circunstancias se los aislaba de todo contacto- fue enviarles mensajes escritos a través de la comida. Ahora bien, ésta era minuciosamente registrada por los guardias y sólo había una cosa que podía pasar indemne: los huevos.

¿Cómo los aprovechaba? Empleando una tinta especial que él mismo elaboraba con pigmentos vegetales y alumbre (un sulfato de aluminio que cristaliza en agua y servía de fijador). Della Porta escribía en la cáscara, que al ser semiporosa dejaba penetrar la tinta. Una vez secaba, se hervía el huevo y el agua caliente borraba el escrito exterior pero no el interior, de modo que el preso podía romper la cáscara y leerlo impreso en la clara.

A pesar de ser exculpado, Della Porta siguió teniendo problemas con la Inquisición y viendo censurados muchos de sus libros, probablemente por su relación amistosa con Paolo Sarpi, un religioso de la orden de los Siervos de María, teólogo pero también científico, que se ganó la enemistad de Paulo V al defender ante él los intereses de Venecia (y que sería excomulgado por promulgar la separación de la Iglesia veneciana de la de Roma e incluso sufriría un grave atentado). No obstante, en 1598 se acabó esa incómoda situación y pudo trabajar en paz, si bien dedicado a escribir teatro, hasta su muerte en Nápoles en 1615.

Fuentes: De furtivis literarum notis (Giovanni Battista della Porta)/Magia naturalis (Guiovanni Battista della Porta)/ Giambattista Della Porta, dramatist (Louise George Clubb)/Giambattista della Porta (JJ O’Connor y EF Robertson)/Wikipedia