El misterio de la desaparición de la más valiosa planta medicinal de la antigüedad

Restos de la antigua Cirene / foto tourdottk – Shutterstock

La antigua ciudad griega de Cirene (en la actual Libia), donde nació Eratóstenes, fue fundada por colonos de Tera (Santorini) siguiendo el consejo del Oráculo de Delfos hacia el año 632 a.C. Pronto prosperó y llegó a convertirse en una de las ciudades más ricas del Mediterráneo.

En ello tuvo mucho que ver una planta, cuyo comercio Cirene dominó durante siglos. Era su principal producto, de tal importancia en la economía de la ciudad que incluso las monedas llevaban su imagen. La llamaban Silfio (Σίλφιον) y la primera referencia de su hábitat nos la da Heródoto:

Confinan con estos los Giligamas, situados hacia Poniente hasta la isla Afrodisiada. Frontera del medio de este país viene a caer la isla Platea, que poblaron los Cireneos. En su continente se halla el puerto de Menalao y también la región de Miris en que los Cireneos habitaban. Desde allí comienza el Silfio, que desde la isla de Platea se extiende basta la boca o entrada de la Sirte. El modo de vivir de estos pueblos es el mismo que el de los primeros

Heródoto, Historia IV.169

Su empleo comenzó en la prehistoria y se extendió por todas las culturas mediterráneas, hasta el punto de que tanto egipcios como minoicos disponían de un símbolo o glifo específico para ella en sus sistemas de escritura. Se utilizaba como condimento alimenticio, perfume, afrodisíaco y medicina. Los romanos la llamaron laserpicio por su savia, deliciosa al gusto y al olfato, y la consideraban tan valiosa como el oro y la plata.

Anverso y reverso de una moneda de Cirene (h.300-282 a.C.) con la imagen del silfio / foto CNG Coins en Wikimedia Commons

Sus tallos se comían asados o hervidos, sus raíces frescas en vinagre, y si se daba de comer a las ovejas, la carne de estas resultaba extremadamente tierna. Sus flores se rallaban como condimento de todo tipo de comidas. Como medicina era una panacea que servía para casi todo. Plinio el Viejo dice que era buena contra las hemorroides, las mordeduras de animales y las heridas en general. Como afrodisíaco pudo haber sido el primer anticonceptivo eficaz de la historia, y se cree que la forma de corazón de sus semillas son la razón por la que este símbolo se asocia con el amor.

El laserpicio llama nuestra atención, una planta muy remarcable, conocida por los griegos como silfio, y originaria de la provincia de Cirenaica. El jugo de esta planta se llama laser, y está muy de moda para fines medicinales y de otro tipo, siendo vendida al mismo precio que la plata

Plinio el Viejo, Historia Natural XIX.15
Moneda de Cirene con la imagen de una semilla de silfio / foto Kurt Baty en Wikimedia Commons

El problema es que hoy nadie sabe qué planta era el silfio. La conocemos porque los autores antiguos la mencionaron muy a menudo en sus obras, principalmente los romanos. Se sabe que Julio César guardaba unos 680 kilogramos de ella en el tesoro oficial de la ciudad de Roma. Pero poco más de un siglo después de su muerte, Plinio el Viejo escribió que durante su vida solo se había encontrado un tallo en Cirene, que fue arrancado y enviado al emperador Nerón en algún momento entre 54 y 68 d.C.

Sin embargo en los últimos años no se ha encontrado en Cirenaica, ya que los granjeros tienen la idea de que es más rentable dejar pastar a las ovejas en sus tierras. En la generación actual un solo tallo es todo lo que se ha encontrado allí, que fue enviado como curiosidad al emperador Nerón

Plinio el Viejo, Historia Natural XIX.15

Continua diciendo Plinio que desde mucho tiempo atrás el silfio ya no se traía de Cirene, sino de Persia, Media o Armenia, donde crecía en abundancia considerable, pero muy inferior a la de Cirene. También que la calidad dejaba mucho que desear, pues llegaba adulterada con goma o habas machacadas.

Otra moneda de Cirene con la imagen del silfio / foto AHO en Wikimedia Commons

La mayoría de especialistas opina que la planta se extinguió, de hecho Plinio (que nunca llegó a verla) dice que era silvestre e imposible de cultivar, pues de intentarse, dejaba la tierra desolada y estéril. También indica como reconocerla:

Si uno de los rebaños, al pastar, se encuentra con un brote, el hecho es fácilmente comprobable por los siguientes signos: las ovejas, después de comerlo, inmediatamente se duermen, mientras que a las cabras les entra un ataque de estornudos

Plinio el Viejo, Historia Natural XIX.15

No obstante la mayoría de expertos cree que esta es una historia absurda que Plinio debió inventarse, a saber por qué. Pero el caso es que para mediados del siglo I d.C. el silfio prácticamente había desaparecido. La razón principal pudo ser la sobreexplotación desde que Cirenaica se convirtió en provincia senatorial romana, y el abandono del estricto control anterior sobre su recogida.

Algunos autores opinan que esta pintura de una vasija Laconia hallada en Vulci representa la preparación del silfio / foto Marie-Lan Nguyen en Wikimedia Commons

A pesar de las descripciones de la planta por Teofrasto y otros autores antiguos, y de las numerosas representaciones en las monedas de Cirene, el silfio nunca ha podido ser satisfactoriamente identificado.

Una de las teorías actuales es que el silfio era un híbrido natural, y por eso cuando los griegos intentaron cultivarlo a partir de semillas el resultado pudo haber sido apenas reconocible. Muchas plantas híbridas no crecen a partir de semillas, sino asexualmente extendiendo sus raíces, y la segunda generación puede ser bastante diferente de la original.

En cualquier caso, no se han realizado muchos estudios sobre la diversidad de la flora en Libia, por lo que algunos expertos creen que el silfio todavía puede estar ahí, oculto en algún remoto lugar, el único problema es que nadie sabe como es exactamente lo que está buscando. La descripción más precisa es la de Teofrasto:

El silfio tiene una gran cantidad de raíces gruesas; su tallo es como del tamaño de un codo, y es casi tan grueso; la hoja, que ellos llaman maspeton, es como el apio: tiene un fruto ancho, que es como la hoja, por así decirlo, y le llaman phyllon.

Teofrasto, Historia de las plantas VI-III.5

Teofrasto comparaba el silfio con la férula asafétida (probablemente el silfio que Plinio decía traerse de Persia) que crecía en Siria y las laderas del Parnaso, asimilando ambas al hinojo. Los científicos creen que por ahí pueden ir los tiros, que el silfio puede ser igual que la asafétida una variedad de férula, plantas que crecen como malezas en el norte de África. Una de estas plantas, la ferula tingitana, todavía existe en Libia. Es la que la mayoría de expertos cree que puede ser el silfio.

Ferula tingitana / foto Ruben0568 en Wikimedia Commons

Pero hay más, porque el historiador Flavio Arriano, que escribió su Anábasis de Alejandro Magno en el siglo II d.C. dice esto al relatar cómo Alejandro atravesó el Hindu Kush (al que los romanos llamaban Cáucaso Índico):

Aristóbulo cuenta que en la referida parte del Cáucaso nada crecía, salvo arboles de encina y silfio; no obstante lo cual estaba habitada por muchos campesinos, y allí pastaban bastantes rebaños de ovejas y bueyes, porque los ovinos son muy aficionados al silfio. Si una oveja huele la planta desde lejos, corre a la misma y se alimenta de la flor; también excavan con sus pezuñas para desenterrar las raíces, las que se comen igualmente. Por esta razón, en Cirene suelen apacentar sus rebaños, en la medida de lo posible, fuera de los lugares donde crecen plantas de silfio; otros incluso encierran los plantíos con una cerca, de modo que si las ovejas logran acercarse no puedan meterse dentro del recinto. Para los habitantes de Cirene, el silfio es muy valioso

Flavio Arriano, Anábasis de Alejandro Magno XXVIII

Unos 200 años antes de que Alejandro se aventurase por aquellos lugares buena parte de la población de la ciudad cirenaica de Barca había sido deportada por los persas a Bactriana. ¿Podría ser posible que estos barceos llevaran consigo semillas de silfio?:

Los prisioneros Barceos, traídos como esclavos al Egipto, fueron desde allí enviados al rey Darío, quien les dio un lugar después para su establecimiento de la región Bactriana. Dieron ellos a su colonia el nombre de Barca, población que hasta hoy día subsiste en la Bactriana

Heródoto, Historia IV.204
Cachrys ferulacea / foto Mapio

A principios de la década de 1990 el arqueólogo italiano Antonio Manunta, de la Universidad de Roma, encontró en Cirenaica especímenes de Cachrys ferulacea, también conocida como basilisco común. Los beduinos de la zona, que pensaban que se trataba de la misma planta que el silfio, llevaron a Manunta a un valle donde crecía en abundancia y donde supuestamente había florecido el silfio en la antigüedad. El arqueólogo confirmó que el aceite de las semillas de esta planta tiene un olor agradable, lo que coincide con la afirmación de Dioscórides de que el silfio libio no tenía el fuerte olor de la asafétida. Según Manunta, de todas las semillas de plantas que se han propuesto para ser el silfio, esta es la única cuyas semillas tienen, como aquella, forma de corazón.

No obstante, sigue habiendo dudas al respecto, principalmente porque Cachrys ferulacea es idéntica a la que los antiguos griegos conocían como Magydaris, y las fuentes distinguen perfectamente entre ésta y el silfio.

Hoy por hoy los investigadores siguen buscando el silfio, convencidos de que se oculta a plena vista y ante nuestras propias narices.

Fuentes: Historia Natural (Plinio el Viejo) / Historia de las plantas (Teofrasto) / The Silphium of the Ancients: A Lesson in Crop Control (Alfred C. Andrews) / Silphium (Chalmers L. Gemmill), Bulletin of the History of Medicine 40, no. 4 (1966): 295–313 / Devil’s Dung: the world smelliest spice / Silphion: multis iam annis in ea terra non invenitur… (Monika Kiehn) / Wikipedia.