5 obras literarias, perdidas en los últimos 5 siglos, que pudieron haber sido excepcionales

Libros perdidos / foto Cristina Conti – Shutterstock

En muchos artículos hemos hablado de obras de la Antigüedad perdidas, solo conocidas hoy por los fragmentos citados por autores posteriores. Es el caso de los trabajos de Onesícrito, Megástenes o Evémero de Mesina, pero también de algunas obras de Aristóteles, Diodoro de Sicilia, Arquímedes, Julio César, Eratóstenes, Tito Livio, Plinio el Viejo o Suetonio, entre otros muchos. Algunos emperadores romanos como Augusto, Claudio o Septimio Severo, también escribieron obras que no se han conservado. El caso de Claudio es especialmente triste porque escribió un diccionario de lengua etrusca que, de haber llegado hasta nosotros habría permitido comprenderla mucho mejor. De hecho se considera que Claudio fue la última persona capaz de leer etrusco.

Pero, como hemos dicho, algunas de esas obras perdidas han sobrevivido en mayor o menor parte a través de las citas y fragmentos copiados por otros autores. Más difícil lo han tenido los trabajos perdidos en los siglos más recientes. Puede parecer contradictorio, pero de la mayoría de obras perdidas desde el siglo XVI no queda ni rastro. La progresiva desaparición de los escribas que copiaban los textos a causa del desarrollo de la imprenta, y la aparición incipiente del concepto de derechos de autor a partir del siglo XV fueron condenando la copia manual de textos al olvido.

Eso unido a las destrucciones deliberadas o accidentales, ya sea por parte de su autor o por terceros, o al desinterés de editores y herederos por conservar algo que en su momento parecía no tener valor, ha privado al mundo de algunas obras que (no vamos a decir que fueran magistrales, porque no las hemos leído y parece difícil que alguien pueda hacerlo en el futuro) habrían sido cuando menos interesantes…

Veamos cinco de esas obras literarias modernas y contemporáneas que la humanidad ha perdido para siempre (a menos, claro, de que se produzca un descubrimiento en el futuro).

Monumento a Shakespeare en Londres / foto Claudio Divizia – Shutterstock

1. Ur-Hamlet, atribuida a William Shakespeare

Ur-Hamlet, que en alemán significa Hamlet primordial, es el nombre que se da a una obra teatral, de titulo desconocido, que se representó en Londres en 1587 en The Burbages Shoreditch Playhouse. El escritor isabelino Thomas Lodge, por quien sabemos de su existencia, escribió que el protagonista era un personaje llamado Hamlet y que en ella aparecía también un fantasma. Los expertos atribuyen la obra, de la que no ha sobrevivido ni una línea, a William Shakespeare o a Thomas Kyd. En el caso de que fuera de Shakespeare, podría haber sido una primera versión de su Hamlet.

Hasta hace pocos años, otra obra de Shakespeare escrita junto a John Fletcher, también se consideraba perdida. Se trata de la Historia de Cardenio, basada en un personaje del Quijote de Cervantes. La obra fue reconstruida en 2007 a partir de fragmentos encontrados en el libro Double Falsehood de Lewis Theobald, escrito en 1727.

Monumento a Lord Byron en Roma / foto Cris Foto – Shutterstock

2. Memorias, de Lord Byron

Cuando lean mis memorias comprenderán los males, tanto morales como físicos, de la verdadera disipación. Pudo asegurarle que mi vida es muy entretenida y muy instructiva le dijo Lord Byron a Thomas Medwin, poeta y tío de Percy B. Shelley.

Lamentablemente nunca podremos comprobar si tenía razón, aunque yo apostaría que sí, porque tras su muerte sus amigos Thomas Moore, John Murray, John Cam Hobhouse y otros, preocupados por su reputación, quemaron el manuscrito original y la única copia conocida en 1824. Los ingleses afirman que este ha sido el mayor crimen literario de la historia.

Rimbaud / foto Everett Historical – Shutterstock

3. La Cacería Espiritual, de Rimbaud

Este es un caso extraño porque nadie, salvo Verlaine, llegó a ver jamás el poema La Chasse spirituelle (La cacería espiritual) de Rimbaud. Verlaine decía que era una obra maestra, y que se había olvidado el manuscrito en su casa de París en julio de 1873, donde su esposa lo descubrió junto con algunas cartas de Rimbaud. Se sabe que ella utilizó las cartas para ganar su demanda de separación en 1874, pero del poema nunca más se supo. Probablemente pudo destruirlo posteriormente junto con las cartas.

Lo más extraño de todo es que Verlaine no recordaba ni un solo verso del poema, ni tan siquiera su título. Una versión fue publicada por Pascal Pia en 1949, que inmediatamente fue considerada una falsificación por André Breton y el resto de expertos.

Herman Melville / foto dominio público en Wikimedia Commons

4. La Isla de la Cruz, de Herman Melville

Tras los fracasos comerciales de Moby Dick y Pierre, Melville se dedicaría principalmente al relato corto y la poesía. O al menos eso es lo que la mayoría de sus biógrafos dicen. Pero uno de ellos, Hershel Parker, afirma que Melville escribió La Isla de la Cruz (Isle of the Cross) en 1853, una novela protagonizada por una mujer de Nantucket llamada Ágata que había cuidado de un marinero náufrago.

Melville habría oido la historia en una visita a Nantucket y trabajó en el manuscrito durante la segunda mitad de 1852. Cuando se lo llevó a sus editores de Nueva York, Harper & Brothers, en junio de 1853, lo rechazaron temiendo acciones legales por parte de la familia de Ágata Hatch.

En 1922 el escritor Meade Minnigerode encontró varias cartas de la familia Melville en la Biblioteca Pública de Nueva York, en las que se incluían referencias fechadas en 1853 a una obra importante no publicada del autor. Parker identificó esta obra como La isla de la cruz. Se desconoce que ocurrió con el manuscrito.

Philip K. Dick / foto IMDB

5. Nicolás y las alturas, de Philip K. Dick

Antes de convertirse en el famoso escritor de ciencia-ficción que hoy conocemos, Philip K. Dick lo intentó con obras más realistas como Un momento para George Stravos y El Peregrino en la Colina, escritas entre 1955 y 1956.

Nicolás y las alturas, también de la misma época, es la primera de sus novelas en la que intentó mezclar la ficción literaria con la ciencia-ficción. Todas ellas fueron rechazadas por las editoriales, y nunca se ha vuelto a saber de los manuscritos originales.

Fuentes: Lost Plays Database / Books and writers / The Burning of Byron’s Memoirs: New and Unpublished Essays and Papers (Peter Cochran) / A propos de «La chasse spirituelle» attribuée à Arthur Rimbaud / Herman Melville’s The Isle of the Cross: A Survey and a Chronology.