Los monumentos megalíticos de Europa pueden tener un origen común en Bretaña

Los monumentos megalíticos, como Stonehenge, que encontramos distribuidos por la mayor parte del continente europeo, desde Italia hasta las costas del Báltico pasando por la Península Ibérica y las Islas Británicas, podrían tener un origen común según un estudio publicado por la doctora Bettina Schulz Paulsson, de la Universidad de Gotemburgo.

La mayoría de los más de 35.000 monumentos milenarios europeos se encuentran situados cerca de las costas, lo que llevó a los expertos a deducir que los secretos de su construcción se habían originado en algún lugar de Oriente Medio, y expandido luego a través de las rutas comerciales por el Mediterráneo y el Atlántico.

Paulsson examinó los datos de datación por radiocarbono de 2.410 monumentos megalíticos en toda Europa, con el fin de reconstruir una línea de tiempo arqueológica. Las fechas no proceden de los monumentos en sí, sino de los restos humanos enterrados en los yacimientos junto a ellos.

Encontró que los más antiguos son los del noroeste de Francia, incluyendo las famosas piedras de Carnac, que datan de alrededor de 4700 a.C., una época en que la zona estaba habitada por una cultura de cazadores-recolectores que también se dedicaba a la pesca, ya que la mayoría de grabados en las piedras muestran también especies marinas.

Dólmen de Sa Coveccada en Cerdeña / foto Bettina Schulz Paulsson

Además esa región de la Bretaña francesa es la única en que se han hallado complejas tumbas de la misma época, lo que según Paulsson es una de las pruebas de que la construcción de este tipo de monumentos se originó allí y luego se extendió al resto del continente y las islas.

En el estudio indica que los primeros megalitos eran pequeñas estructuras cerradas o dólmenes construidos con losas de piedra y cubiertos por un montículo de tierra, modelo que evolucionó después al tipo de círculos de piedra que marcaban eventos astronómicos. Para el 4300 a.C. los megalitos se habían extendido ya por zonas costeras del sur de Francia, el Mediterráneo y la costa atlántica de la Península Ibérica. Durante los siglos siguientes el proceso de expansión continuó en tres oleadas distintas, alcanzando también las Islas Británicas, donde los megalitos más antiguos se remontan al 4.000 a.C. (Stonehenge se erigió hacia 2400 a.C.).

La aparición de tumbas megalíticas de corredor en zonas costeras, pero rara vez en el interior, sugiere que la difusión fue realizada a través de rutas marítimas, lo que de ser así retrasaría la aparición de la navegación avanzada en Europa en unos 2.000 años:

El resultado presentado aquí, basado en análisis de 2.410 fechas de radiocarbono y cronologías altamente precisas para los yacimientos megalíticos y contextos relacionados, sugiere la movilidad marítima y el intercambio intercultural. Abogamos por la transferencia del concepto megalítico sobre las rutas marítimas procedentes del noroeste de Francia, y por la tecnología marítima avanzada y la navegación en la era megalítica

Los resultados del estudio sugieren que las tumbas megalíticas surgieron dentro de un breve intervalo de tiempo, de 200 a 300 años en la segunda mitad del quinto milenio a.C. en noroeste de Francia, el Mediterráneo y la costa atlántica de Iberia, siendo el modelo de difusión marítima la explicación más probable de su expansión.

Mapa que muestra la ruta hipotética de la expansión megalítica en tres fases principales (rojo-verde-amarillo), períodos de estasis megalítica (marrón-blanco), y episodio de un renacimiento megalítico mediterráneo (naranja) en el segundo milenio a.C., con el inicio estimado de tumbas megalíticas en las diferentes regiones europeas con un 95% de probabilidad (68% entre paréntesis) / foto Bettina Schulz Paulsson

La última oleada de expansión megalítica se habría producido en la segunda mitad del cuarto milenio, en el norte de Alemania y al sur de Escandinavia. En el Mediterráneo hay un renacimiento megalítico en el segundo milenio a.C. en las Islas Baleares, Apulia y Sicilia, ya asociado a la Edad del Bronce o a la cultura del Vaso Campaniforme.

El estudio concluye que los movimientos megalíticos deben haber sido poderosos para propagarse con tanta rapidez en las diferentes fases, y las habilidades marítimas, el conocimiento y la tecnología de estas sociedades deben haber estado mucho más desarrollados de lo que se suponía hasta ahora. Esto lleva a una reevaluación radical de los horizontes megalíticos e invita a abrir un nuevo debate científico sobre la movilidad marítima y la organización de las sociedades neolíticas, la naturaleza de estas interacciones a través del tiempo y el auge de la navegación marítima.

Fuentes: Radiocarbon dates and Bayesian modeling support maritime diffusion model for megaliths in Europe, B. Schulz Paulsson, doi.org/10.1073/pnas.1813268116 / Science.