Laconismo, el origen espartano de una forma de expresión

Representación artística de la Batalla de las Termópilas / foto Cleber.knfire en Wikimedia Commons

Cuando Jerjes volvió a enviar el mensaje entrega tus armas, le escribió en respuesta: ven y tómalas

Plutarco, Moralia 225D

Molon labe (ΜΟΛΩΝ ΛΑΒΕ, ven y tómalas) fue la respuesta de Leónidas a Jerjes antes de la batalla de las Termópilas en 480 a.C. ante la insistencia de aquel en que los espartanos rindieran sus armas. La frase sería pronunciada por muchos otros generales ya en tiempos modernos, y adoptada como lema por el ejército griego. En las últimas décadas su traducción inglesa se asocia con las organizaciones, principalmente estadounidenses, que defienden el derecho a poseer armas.

Emblema del desaparecido I Cuerpo del Ejército Griego / foto Wikimedia Commons

Pero volviendo a la Antigüedad, la expresión no constituía un intento de Leonidas por hacerse el gracioso con Jerjes. Desde pequeño, al igual que a todos los espartanos, se le había educado para hablar poco, con concisión y sin rodeos. La locuacidad se consideraba frívola e impropia, además de una pérdida de tiempo.

Dice Sócrates en el Protágoras de Platón acerca de esta cualidad espartana de hablar lo justo:

…dicen no tener ningún interés en [la filosofía] y hacen esta gran demostración de ser idiotas….porque…quieren que la gente piense que su superioridad se basa en pelear batallas y ser varoniles…. Se puede decir que lo que digo es cierto, y que los espartanos son los mejor educados en filosofía y argumentación, por lo siguiente: si uno se asocia con el espartano más inferior, al principio lo encuentra algo inferior en el habla; pero luego, en algún momento de la discusión, hace una observación digna de ser notada, breve y concisa, como un tirador hábil, de modo que la persona con la que está hablando no parece ser mejor que un niño

Platón, Protágoras 342b,d-e

Es evidente que los espartanos no fueron los primeros en utilizar esta forma de expresión, pero posiblemente sí lo fueron en promoverla como un rasgo identitário del espíritu y de lo que significaba ser espartano. Por ello hoy se la conoce como laconismo (de los habitantes de Laconia, es decir, los espartanos).

Otros ejemplos de este laconismo espartano los recoge también Plutarco:

Filipo envió un mensaje en el momento en que entró a su país, preguntando si deseaban que viniera como amigo o como enemigo; ellos respondieron: ninguno de los dos

Plutarco, Apophthegmata Laconica 233e

El macedonio, irritado, les amenazó entonces con invadir sus tierras y expulsarlos:

Filipo les escribió: si invado Laconia os echaré; ellos respondieron: si [nos invades]

Plutarco, De garrulitate 17

Consiguientemente ni él ni su hijo Alejandro intentaron nunca conquistar la ciudad. Plutarco continúa con más ejemplos al respecto, contando cómo la reina Gorgo le preguntó a su esposo Leónidas, antes de partir hacia las Termópilas, lo que debía hacer. Él respondió: cásate con un buen marido y ten buenos hijos.

En ocasiones el laconismo espartano podía tener toques desafiantes o humorísticos:

cuando el rey Demetrio se molesto y gritó ¿me han enviado los espartanos un solo embajador?, el emisario respondió sin dudar: uno para uno.

Plutarco, De garrulitate 17

O la respuesta de Dieneces en las Termópilas al tracio que se quejó de que había tantos arqueros persas que con sus flechas bloquearían el sol: bien, lucharemos a la sombra. Lo cuenta Heródoto, para quien la frase era un chiste gracioso:

Y siendo así que todos aquellos lacedemonios y tespienses se portaron como héroes, es fama con todo que el más bravo fue el espartano Dieneces, de quien cuentan que como oyese decir a uno de los traquinios, antes de venir a las manos con los medos, que al disparar los bárbaros sus arcos cubrirían el sol con una espesa nube de saetas, tanta era su muchedumbre, dióle por respuesta un chiste gracioso sin turbarse por ello; antes haciendo burla de la turba de los medos, díjole: —que no podía el amigo Traquinio darle mejor nueva, pues cubriendo los medos el sol se podría pelear con ellos a la sombra sin que les molestase el calor. Este dicho agudo, y otros como éste, dícese que dejó a la posteridad en memoria suya el lacedemonio Dieneces

Heródoto, Historia VII-CCXXVI
Busto de hoplita del siglo V a.C., quizá Leónidas de Esparta, en el Museo Arqueológico de Esparta / foto Benutzer:Ticinese en Wikimedia Commons

Como decíamos al principio, la educación espartana fomentaba el laconismo, de hecho se puede decir que era obligatorio. Dice Paul Cartledge en su libro Spartan Reflections que entre los siete y los doce años un niño espartano estudiaba prácticamente las mismas materias que uno ateniense: lectura y escritura, musica, danza y ejercicio físico. Con una diferencia, en Esparta el estudio era obligatorio, y superar esa fase de la agoge era una condición imprescindible para poder acceder a la ciudadanía a los 20 años. Sin embargo, un niño ateniense tenía la ciudadanía garantizada por nacimiento.

Es más, sigue Cartledge, las condiciones en que estudiaba un niño espartano eran bastante más duras, ya que incluían todo tipo de castigos imaginativos, como por ejemplo que el profesor les mordiera un dedo sin no daban una respuesta lo suficientemente lacónica.

Que los espartanos se tenían por mejores que cualquiera otros es evidente. Pero sus mujeres tampoco eran precisamente modestas, aunque igual de lacónicas, como nos vuelve a contar Plutarco:

Cuando una mujer extranjera le preguntó [a Gorgo, esposa de Leónidas]: por qué las mujeres espartanas son las únicas que gobiernan a sus hombres, ella respondió: porque somos las únicas que damos a luz hombres

Plutarco, Vida de Licurgo 14
Ruinas de Esparta / foto Nickthegreek82 en Wikimedia Commons

Por último recordar la frase, igualmente lacónica, con la que supuestamente se despedía a los espartanos que iban a la guerra: vuelve con tu escudo o sobre él. Lo que quería decir que volvieran vivos o muertos, pero nunca abandonasen su escudo para huir. La explicación de esto la dio el rey espartano Demarato al ser preguntado por qué no era honorable volver sin el escudo pero sí sin el yelmo:

porque [el yelmo] se lo ponen para protegerse a sí mismos, pero el escudo por el bien de todos

Plutarco, Moralia 220

Fuentes: Apophthegmata Laconica-Moralia (Plutarco) / Spartan Reflections (Paul Cartledge) / Spartan Education (Jean Ducat) / Wikipedia