Offa’s Dyke, la muralla medieval de tierra que separaba los reinos ingleses de los galeses

Si hablamos de una famosa muralla construida en Gran Bretaña para cerrar el paso a enemigos, inevitablemente se nos va a venir a la mente el Muro de Adriano, erigido en el siglo II d.C. con el objetivo de defenderse de las incursiones pictas. Puede que alguien recuerde también el Muro de Antonino Pío, dos décadas posterior. Pero hubo una tercera muralla -no romana sino medieval- que en 2010 fue presentada a la UNESCO para incorporarse al Patrimonio de la Humanidad, aunque no lo logró: la conocida como Offa’s Dyke.

Bromeando un poco, podríamos decir que Donald Trump es un fiel estudioso de la Historia cuando propone levantar un muro que impida a los inmigrantes latinoamericanos entrar en EEUU, puesto que de ese sistema de bloqueo a forasteros hay unos cuantos ejemplos si echamos la vista atrás: el que construyó Israel en Cisjordania, el que hizo Marruecos en el Sahara, el famoso Muro de Berlín (que en este caso era para impedir salir), las murallas croatas de Ston (Croacia), la celebérrima Muralla China…

Localización de las murallas de Adriano y Antonino Pío/Imagen: Basquetteur en Wikimedia Commons

Si la mayoría de los casos citados se extienden por territorios muy vastos (aparte de los 21.000 kilómetros chinos, el muro marroquí alcanza otros 2.720, por ejemplo), más sentido tendrían en Gran Bretaña, donde además estaban favorecidos por un relieve menos abrupto. Así, el Muro de Adriano medía unos 117 kilómetros desde el golfo de Solway hasta el estuario del río Tyne, dividiendo la isla en dos mitades. El de Antonino Pío, paralelo al anterior, alcanzaba 160 kilómetros y dejaba el limes ya en Caledonia (Escocia).

Pero el Offa’s Dyke revistió unas características diferentes. Primero, porque no se empleó piedra en su construcción sino adobe. Segundo, porque no lo hicieron los romanos sino el reino de Mercia, uno de los que formaban la Heptarquía anglosajona en el siglo VIII junto con Essex, Northumbria, Wessex, Sussex, Kent y Anglia Oriental. Y tercero, porque en vez de discurrir de este a oeste lo hacía de norte a sur, estableciendo la frontera de Mercia con el reino galés de Powys, que no era anglosajón sino britano, de origen celta.

Los reinos de Gran bretaña en el siglo VII/Imagen: Hel-hama en Wikimedia Commons

Medía unos 240 kilómetros de longitud por 20 de ancho y 2,4 de alto, extendiéndose desde la bahía de Liverpool hasta el estuario de Severn, quedando los dominios mercianos al este y los galeses al oeste. Una separación conveniente porque, según recoge el escritor y viajero George Borrow en su Wild Wales (un relato de su viaje por Gales en 1854 que incluye aspectos folklóricos e históricos además de los geográficos y que fue publicado en 1862):

“Era costumbre que los ingleses cortaran las orejas a todos los galeses que se encontraban al este del dique, y que los galeses colgaran a todos los ingleses que se encontraban al oeste.”.

Razones poderosas para dejar claros los lindes, sin duda, y de hecho la frontera actual sigue un trazado similar. No obstante, esa demarcación no fue de mutuo acuerdo. Los restos del muro muestran que tenía un foso en el lado occidental, lo que indica que se levantó como sistema defensivo, presuntamente contra incursiones galesas.

El reino de Mercia en su máximo esplendor. En rojo, el Offa’s Dyke/Imagen: Rushton2010 en Wikimedia Commons

El nombre significa Muro de Offa, en alusión al monarca de Mercia que impulsó su construcción entre los años 757 y 796 d.C. Fue un personaje importante, no sólo por llevar la corona sino también porque él introdujo el penique como moneda. Pero, sobre todo, por llevar a su reino a dominar la mayor parte de la Inglaterra meridional al sur del río Humber, hasta el punto de que se le conoció como Rex Anglorum (Rey de los anglos), que era casi tanto como decir de todos los ingleses; algo destacable si tenemos en cuenta que la unificación del país no se llevaría a cabo hasta el siglo X. Asimismo, mantuvo relaciones diplomáticas con Carlomagno (ambos negociaron el matrimonio de sus hijos, aunque sin éxito).

Offa entabló batalla con los galeses en Hereford en el año 760 y emprendió otras campañas contra ellos en el 778, el 784 y el 796. Las limitaciones de testimonios hacen difícil conocer bien su reinado pero debió ser lo suficientemente poderoso como para reunir los recursos necesarios y la mano de obra que requería la construcción del muro. En ese sentido, probablemente los trabajadores, siervos, tuvieron que someterse a una prestación laboral obligatoria y gratuita, típica del feudalismo, denominada corvea.

Un penique de plata acuñado por Offa/Imagen: The Portable Antiquities Scheme/ The Trustees of the British Museum en Wikimedia Commons

Ahora bien, una cosa es que el muro lleve el nombre de Offa y a él se le considere su autor y otra que eso sea cierto. Es lo que se pensaba tradicionalmente pero los análisis de radiocarbono practicados en 1999 a algunas muestras de tierra apuntan a que quizá se trate una obra anterior a lo que se creía, al menos en parte, adelantando la fecha considerablemente: al año 446 d.C. Nuevos análisis practicados en 2014 en otras zonas también dieron resultados muy tempranos, entre los años 541 y 651, siendo el más antiguo de todos del 430.

De hecho, algunos investigadores consideran que la descripción que el historiador romano Eutropio dejó hacia el año 369 d.C. del muro de Septimio Severo (que en realidad no es tal sino trabajos de refuerzo en el de Antonino Pío) en su obra Historiae Romanae Breviarium correspondería en realidad a la fase primigenia del Offa’s Dyke. La mayoría de los arqueólogos no están de acuerdo porque eso adelantaría todavía más la datación (el período de Severo fue del 193 al 211). Sí parece razonable que cuando Beda el Venerable (que vivió a caballo entre los siglos VII y VIII) habla del Muro de Severo en su Historia eclesiástica del pueblo de los Anglos se refiera en realidad al de Offa, pues dice que era de tierra, no de piedra, coronado por una empalizada de madera y con un foso.

Corte en sección del Offa’s Dyke mostrando el foso en la parte galesa y el muro inglesa (encima iría una empalizada de madera, probablemente)/Imagen: NotFromUtrecht en Wikimedia Commons

En cualquier caso ¿cómo explicar esa cronología tan temprana? Hay dos posibilidades: una, que ya los romanos construyeran algo allí; y dos, que el resto seguramente sería iniciativa de sucesivos reyes mercianos, no sólo de Offa. Lo que lleva a preguntarse por qué se atribuye entonces la muralla a ese monarca. Hasta ahora se utilizaban las fuentes historiográficas para datarla y explicar su contexto histórico. La principal es la Crónica Anglosajona, del siglo X, que tiene el problema de que hay varias copias manuscritas y discordantes en algunos puntos.

Pero quien atribuyó el muro a Offa fue John Asser, un monje galés que vivió en la segunda mitad del siglo IX y trabajó de traductor en la corte de Alfredo el Grande de Wessex para, ya a finales de esa centuria, convertirse en obispo de Sherborne. Asser escribió una de las obras fundamentales para conocer el reinado del monarca, Vida del rey Alfredo (que luego amplió con un anexo sobre la historia de Inglaterra) y en ella atribuye el muro a Offa:

“Hubo en Mercia, en un tiempo bastante reciente, cierto rey vigoroso llamado Offa que aterrorizó a todos los reyes vecinos y provincias de los alrededores y que tenía un gran muro construido entre Gales y Mercia de mar a mar”.

Facsímil de la primera página de una de las copias de la Vida de Alfredo el Grande, de Asser/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Desde los años cincuenta del siglo pasado, historiadores como Cyril Fox y Frank Stenton empezaron a cuestionar la veracidad de esas palabras. Admitían que el muro fuera “de mar a a mar”, aunque no de forma continua sino sólo en los sitios donde la orografía no constituyera una defensa natural por sí misma, y dudando de que el autor fuera Offa. Otros, como Frank Noble o David Hill, matizan esas dudas sugiriendo que las zonas sin construir quizá habían estado dotadas de empalizadas de madera, material que no suele conservarse.

En cambio, Hill no cree que el Offa’s Dyke fuera de mar a mar sino que sería más corto, o puede que constituyera el núcleo principal de más tramos de muralla construidos por otros monarcas (el predecesor de Offa en el trono, Ethebaldo, habría erigido un tramo denominado Muro de Wat), quedando todos conectados entre sí. Igualmente, hay quien considera, como John Davies, que sí se debió consultar a los galeses porque el trazado parece evitar ciertos rincones, como si se pretendiera ceder esos terrenos al vecino. Es difícil saberlo con seguridad, ya que al tratarse de una obra de tierra y no de piedra, el paso de los siglos la ha erosionado tanto que apenas queda rastro.

Uno de los tramos mejor conservados del Offa’s Dyke/Imagen: English Heritage

Así, algunos tramos permanecen enterrados y se ha evitado su excavación para no deteriorarlos por ahora. Otros se pueden visitar con facilidad gracias al llamado Offa’s Dyke Path, un sendero turístico-cultural abierto al público que se inauguró en 1971 y es uno de los más largos de Gran Bretaña, con cerca de 283 kilómetros, desde el citado estuario de Severn, en Sedbur (cerca de Chepstow), hasta Prestatyn, en la costa norte de Gales. También hay un centro de visitantes en Knighton, donde se ubican los restos más vistosos del muro.

Fuentes: Offa’s Dyke: Landscape and Hegemony in Eighth Century Britain (Keith Ray y Ian Bapty)/Warfare, Raiding and Defence in Early Medieval Britain (Erik Grigg)/Warriors, Warlords and Saints: The Anglo-Saxon Kingdom of Mercia (John Hunt)/Ecclesiastical History of the English People (Beda el Venerable)/The Anglo-Saxon Chronicle (Michael Swanton, ed)/Life of king Alfred the Great (Asser)/Britania. Los siglos oscuros (Carlos de Miguel)/La transición del esclavismo al feudalismo (VVAA)/Offa’s Dyke Path (Mike Dunn)/Wikipedia