Las Cataratas del Rin, el mayor salto de agua de Europa

En Europa no hay cataratas tan grandes como las americanas y africanas pero eso no significa que el viejo continente carezca de saltos de agua importantes y de gran belleza. El de mayor tamaño está originado por el Rin a su paso por Suiza; concretamente por las localidades de Neuhausen am Rheinfall y Laufen-Uhwiesen, cercanas a la norteña ciudad de Shaffhausen (entre el cantón homónimo y el de Zúrich), que es la que le da nombre a la postre.

Se trata de un fuerte torrente de montaña que apenas salva una altura de veintitrés metros pero que entre primavera y verano, cuando se produce el deshielo, alcanza un caudal medio de setecientos metros cúbicos por segundo, lo que le otorga a la corriente una enorme fuerza; además, abarca la considerable anchura de ciento cincuenta metros.

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Y es que este fenómeno fluvial, denominado indistintamente Cataratas del Rin (Rheinfall) o Cascadas de Schaffhausen, es de origen glaciar, formado hace unos diecisiete mil años debido a la oclusión parcial del cauce por acumulación de grava. Algo que les viene muy bien a las poblaciones de los alrededores porque, como cabe imaginar, el salto atrae a numerosos turistas que sustituyen como motor económico a las antiguas ferrerías y cuya abundante afluencia ha evitado que el entorno se estropee con la construcción de una central eléctrica propuesta décadas atrás.

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Así, no faltan las típicas excursiones en barca (tanto desde Suiza como desde Alemania) hasta la base de la cascada -algunas incluso con posibilidad de subir por unas escaleras a lo alto de la roca que hay en medio del río-, como tampoco las pasarelas y miradores erigidos en las riberas para contemplar el panorama. Éste se completa con la silueta del castillo medieval de Wörth -ahora restaurante- al borde del agua o el torreón de Munot, en el casco histórico de Schaffhausen.

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Numerosos artistas de la época romántica encontraron en ese lugar una excepcional fuente de inspiración, desde el pintor William Turner al escritor Goethe -que se lo describió a Schiller porque éste quería situar allí alguna escena de su obra Guillermo Tell-, pasando por el poeta Edward Mörike.