Scáthach, la mítica guerrera escocesa que enseñó a luchar al héroe Cú Chulainn

Una visión artística de Scathach/Imagen: Ancient-Origins

Hace años, viajando por Escocia, la falta de tiempo me impidió visitar a fondo la isla de Skye. No obstante, encontré un par de horas para al menos pisarla, ya que no me lo quería perder ¿La razón? Pues que la mitología céltica sitúa en ese lugar la Dún Scáith o Fortaleza de las Sombras, residencia de Scáthach. Puede que a alguien le suene el nombre, si acaso, al del personaje que interpretaba Lady Gaga en la serie American Horror Story: Roanoke. En realidad era la maestra de armas del héroe Cú Chulainn quien quizá resultará familiar a muchos lectores, así que entremos en materia.

Cú Chulainn es el protagonista del llamado an Rúraíocht o Ciclo del Ulster, un conjunto de relatos de los Uláid, es decir, los antiguos pobladores del Ulster (la parte septentrional de Irlanda), aunque también forman parte del folklore escocés. Cuentan, unos en prosa y otros en verso, las andanzas de sus héroes tradicionales, de los que el más importante es el citado. De hecho, se ha establecido cierto paralelismo en su historia, contada en el libro Táin Bó Cúailnge (El robo del toro de Cuailnge), con el héroe aqueo Aquiles, debido a que los dos eran grandes guerreros y a ambos se les profetizó su fama y su pronta muerte.

Cú Chulain da muerte al perro de Culann (Stephen Reid)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Es más, si el griego era hijo del rey Peleo y la ninfa Tetis, además de bisnieto de Zeus, Cú Chulainn también tenía ascendencia real y divina, pues su padre era el dios supremo Lug y su madre la reina Dectera, hermana del soberano del Ulster. Precisamente ese origen ocasionó su cambio de nombre, ya que al nacer le pusieron Setanta pero Cathbad, el primer druida del Ulster y tutor suyo, se lo cambió por Cú Chulainn, que significa el perro de Culann; éste era el herrero que le adoptó y cuya perra fue muerta en defensa propia por el joven, quien se ofreció en lo sucesivo a ocupar su lugar como guardián hasta que el cachorro del animal creciera.

Dectera era hija del rey Conchobar, en cuya corte fue criado Cú Chulainn. Al cumplir la mayoría de edad debía recibir, junto a otros jóvenes, las armas que le acreditaban como adulto y fue entonces cuando escuchó la profecía del druida: aquel que recibiese las armas ese día se convertiría en un gran héroe, aunque de corta vida. Cú Chulainn, en un alarde de astucia, corrió a pedir al rey las armas y las rompió; solicitó entonces otras y repitió la acción; así hizo varias veces hasta que sólo quedaron las últimas para él, designándole como el elegido.

Cú Chulainn solicita armas al rey (Stephen Reid)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Establecido en el castillo de Murthemney, los demás hombres le buscaron una esposa temiendo que sedujera a las suyas o a sus hijas, tales eran su apostura y su afición a las féminas. Escogieron a Emer pero el padre de ésta, el jefe Forgall Monach, exigió que su futuro yerno hiciera méritos antes y como éste no tenía formación militar sugirió que le entrenase Scáthach, la guerrera más famosa de Alba (Escocia en gaélico; incluía la actual Eire). En realidad lo que esperaba era que ella le matase porque con quien quería casar a su hija era con el rey de Munster (que declinó la oferta al saber quién era el otro candidato).

Cú Chulainn aceptó la propuesta y viajó en busca de Scáthach acompañado de ilustres amigos como el príncipe Conchobar (hijo del druida Cathbad), Connall Cernach (un guerrero que luego se casaría con la hija de Conchobar) y Lóegaire (un contrapunto cómico). Les recibió primero otro luchador mítico, Domnall (de quien tomarían nombre muchos reyes irlandeses), pues Scáthach sólo aceptaba como alumnos a quienes ya poseían formación previa. Por cierto, Domnall tenía una hija no muy agraciada que se enamoró perdidamente de Cú Chulainn y que cuando éste la rechazó juró vengarse.

Cú Chulainn regañado por Emer (H.R. Millar)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Donmall les enseñó el arte de combatir pero llegado a cierto punto consideró que estaban listos para continuar con Scáthach (o Sgàthach, en gaélico escocés), conocida también por alias como Dama Guerrera o la Sombría. La historia de sus enseñanzas a Cú Chulainn figura en el citado libro Táin Bó Cúailnge; concretamente en el episodio titulado Tochmarc Emire (El cortejo de Emer), si bien hay dos versiones, una corta escrita en gaélico irlandés (la más antigua de las lenguas goidélicas celtas, que incluyen también los gaélicos de Escocia y la isla de Mann y se sitúan cronológicamente entre los siglos VI y X) y otra tardía y más amplia escrita en irlandés medio (el que sucedió al anterior entre los siglos X y XII).

El joven héroe llegó acompañado de Ferdiad, su hermano adoptivo, a Dún Scáith, la inexpugnable fortaleza que mencionábamos al principio. La puerta estaba guardada por Uathach, la hija de Scáthach, que también acreditaba sobrada destreza como guerrera. El caso es que su madre les aceptó después de que Cú Chulainn lograra atravesar de dos saltos el traicionero puente que salvaba el foso de lava ardiente, pasando así a entrenarles a lo largo de un año en artes marciales diversas: entre ellas figuraban algunas tan inauditas como el salto con pértiga -considerada de utilidad para el asalto a las almenas-, la lucha bajo el agua o el manejo de un arma de su invención, una lanza de siete puntas.

Cú Chulainn ante Scathach (Cary McAulay)/Imagen: Redbubble

Esa última fue la enseñanza más destacada para Cú Chulainn, quien a su término recibió como regalo la emblemática Gáe Bulg. Se trataba de una azagaya hecha de hueso del Coinchenn (un monstruo marino fallecido en lucha con otro, el Curruid), de la que se decía que resultaba siempre letal porque tenía la particularidad de abrirse en una treintena de puntas cuando penetraba en la carne, aunque algunas fuentes explicitan que eso era sólo en determinadas condiciones mientras que otras dicen que simplemente era una jabalina de siete puntas, al estilo de algunos arpones.

En cualquier caso, sus características hacían necesario abrir el cadáver para recuperar el arma y la mitología deja ejemplos espeluznantes de ello: Cú Chulainn tuvo que hacerlo con Ferdiad, al que se había enfrentado en un combate singular, pero es que más tarde tendría que repetir hasta con su propio hijo, Connla. Claro que lo de matar gente más o menos cercana fue una constante en la vida de ese personaje. Estando aún en Alba se enamoró de Uathach, la hija de Scáthach, pero en un momento de pasión desbocada le rompió un dedo y ella no pudo reprimir un grito de dolor, desencadenando una tragedia.

Cú Chulainn llevando el cuerpo de Ferdiad (Ernest Wallcousins)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Y es que, al oír sus lamentos, acudió a toda prisa Cochar Croibhe, el novio de Uathach… para encontrar a su amada en una situación comprometida con Cú Chulainn y no sólo por el accidente. Indignado, el despechado amante retó a duelo a su rival y acabó muerto a manos suyas con cierta facilidad porque no era rival para él… que se quedó definitivamente con los favores de ella. O eso pensaba Scáthach, que debió de alegrarse porque dio su consentimiento sin exigir la dote masculina que se acostumbraba. Así se incorporó a aquella familia de la que aún falta un miembro por presentar.

Se trata de Aífe, la hermana de Scáthach, a la que a veces se describe como gemela suya. Ambas eran hijas de Árd-Greimne, rey de Alba, aunque en otras fuentes lo ponen reinando sobre Lethra, la península que hoy abarca Bretaña, el noroeste del país del Loira y la totalidad del litoral de Normandía, y que antaño era conocida con el nombre de Armórica; una de las regiones tradicionales del arco atlántico celta. Aífe y Scáthach no se llevaban precisamente bien y terminaron declarándose la guerra. Temiendo por la seguridad de su pupilo -ahora yerno-, Scáthach le dio una poción que había de dormirlo mientras durase la inminente batalla. Se trataba de un sedante capaz de dejar inconsciente a un hombre durante un día entero pero, claro, Cú Chulainn no era como los demás.

Aífe (John Duncan)/Imagen: Stephencdickson en Wikimedia Commons

Como cabe imaginar, se despertó apenas una hora después, con tiempo para tomar parte en el combate y ayudar a su suegra y maestra a derrotar a la hueste enemiga. Para evitar mayor derramamiento de sangre, Aífe y Scáthach pactaron un combate singular, sólo que Cú Chulainn convenció a la segunda para que le permitiera representarla. Y venció mediante un truco: con su espada rota y estando a punto de ser atravesado por la de Aífe, le gritó que su carro de caballos se caía por un acantilado; cuando ella se volvió la desarmó, obligándola a rendirse.

Antes de la lucha, Cú Chulainn le había preguntado a Scáthach qué era lo que más amaba su hermana en el mundo y la respuesta fue su carro y sus caballos. De esta manera, se confirmaba aquella astucia que ya le había hecho asumir la profecía del druida y que se situaba al mismo nivel de destreza que su habilidad para la lucha. También que su lascivia; hay que insistir en ella, ya que en ese momento de triunfo se olvidó tanto de Emer como de Uathach y aprovechó su situación para disfrutar de Aífe.

Cathbad estaba considerado el primer druida (Andrej Alekseevič Šiškin)/Imagen: Pinterest

Después regresó a Irlanda para contraer matrimonio con Emer, cosa que tuvo que hacer por las malas dado que su padre seguía negándose a dar su autorización (por las malas quiere decir matándolo a él con sus hombres y secuestrándola a ella). Irónicamente, la prueba impuesta por Forgall Monach para quitarse de en medio a aquel pretendiente de su hija se le volvió en contra, al volver convertido en un guerrero excepcional. Pero faltaba solucionar un feo detalle y era que el rey Conchobar tenía derecho de pernada. Y, aunque no se atrevía a ejercerlo por miedo al temible Cú Chulainn, todos aceptaron la solución propuesta por el druida Cathbad: el monarca dormiría con Emer la noche de bodas… pero con el druida entre ambos.

Cú Chulainn se había ido de Dún Scáith dejando a Aífer embarazada pero entregándole un anillo de oro que debería regalar a su hijo cuando cumpliera siete años, enviándolo luego a Irlanda a reunirse con él pero con la orden expresa de no revelar a nadie su identidad. El Tochmarc Emire deja la historia en suspenso pero la retoma otro libro, Aided Óenfhir Aífe (La muerte del hijo único de Aífe), en el que el niño, en efecto, marcha en busca de su padre arribando a Irlanda en un bote de bronce con remos de oro. El nombre de ese vástago es Connla.

Cú Chulainn en batalla (J.C. Ledeyeker)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Como extranjero del que nadie sabe nada, el joven es recibido con recelo por la gente y termina enfrentándose a Connall Cernach, aquel guerrero que había acompañado a su padre a Alba, venciéndole. Cú Chulainn, enterado y sin saber la identidad del intruso, decide vengar a Conall, derrota a Connla con su mortífera lanza… y al despedazarlo para recuperarla descubre el anillo, comprendiendo de pronto que ha asesinado a su propio hijo. Es posible que a alguien le suene esta historia pero trasladada a otras culturas; buen ejemplo de ello sería la persa, donde ocurre algo parecido con el héroe Rostam y su hijo Sohrab, y hay otros casos.

La historia de Cú Chulainn no termina ahí. Aún viviría unas cuantas aventuras más narradas en el citado Ciclo del Ulster y, por supuesto, mataría a más gente, lo que le haría ganar muchos enemigos. Uno de ellos, Lugaid, le venció aprovechando que su espíritu quedó debilitado por romper el juramento hecho de no comer carne de perro; lo hizo por no desairar la invitación de una anciana pero recordemos que había una profecía anunciando su muerte joven. Cú Chulainn se mantiene en pie atado a una piedra para defenderse hasta que los cuervos revoloteando alrededor indican que ha fallecido. Entonces Lugaid le decapita; Conall Cernach le vengará pero todo eso se sale ya del ámbito de este relato.

La tradición dice que este monolito situado en Rathiddy es la piedra a la que se ató Cú Chulainn/Imagen: Kieran Campbell en Wikimedia Commons

¿Y Scáthach? Obviando que alguna versión también le atribuye un romance con Cú Chulainn, en lo sucesivo centró su atención en la magia -tenía dotes clarividentes- y terminó por ser asimilada como diosa celta de los muertos, siendo la encargada de facilitar el paso de las almas de los caídos en combate a Tír na nÓg, la Tierra de la Juventud Eterna, una isla donde residen los dioses y el tiempo está detenido que más tarde se asimilaría a otras leyendas, entre ellas la de San Brandán (un monje que se habría embarcado Atlántico adentro en busca del Paraíso Terrenal); reseñamos esto brevemente en el artículo dedicado a Juan Caboto.

Dun Sgathaich (Dunscaith Castle)/Imagen: Peter Trant en Wikimedia Commons

Para terminar, es inevitable señalar que en la isla escocesa de Skye hay unas ruinas que reciben el nombre de Dun Sgathaich (Dunscaith Castle) y que la leyenda identifica con Dún Scáith. Pero la mitología sitúa a Scáthach en torno al siglo III a.C. mientras que ese lugar fue construido en el Medievo por el clan MacDonald de Sleat. Como casi siempre, el mito era más divertido.

Fuentes: Myths & Legends of the British Isles (Richard W. Barber)/Celtic Mythology (John Arnott MacCulloch)/Celtic Myth and Legend (Charles Squire)/Cuchulain of Muirthemne: The Story of the Men of the Red Branch of Ulster (Lady Gregory)/Bard Mythologyes /Wikipedia