Cómo los arqueólogos encontraron el origen de la leyenda del rey Midas, que convertía en oro todo lo que tocaba

Una de las leyendas más conocidas de la Antigüedad es la del rey frigio Midas, quien convertía en oro todo lo que tocaba. Según Aristóteles, moriría de hambre ante la imposibilidad de tocar ningún alimento sin que se transformase en el preciado metal.

El problema es que existen al menos tres reyes con ese nombre. El primero es el de la leyenda, quien habría fundado con su padre la ciudad de Gordio, la capital frigia (hoy el yacimiento de Yassıhüyük a unos 80 kilómetros al suroeste de Ankara en Turquía). Ambos habrían sido los responsables de atar el famoso nudo gordiano que más tarde Alejandro Magno cortó de un tajo con su espada.

Vista aérea del yacimiento de la antigua Gordio / foto prdyapim – Shutterstock

Ambos, padre e hijo, habrían vivido hacia el II milenio a.C., esto es, antes de la guerra de Troya. Sin embargo, la Ilíada no menciona a ninguno de los dos y sí a otros reyes frigios. Heródoto parece dar a entender que ambos vivieron antes de la emigración de los frigios de Europa a Asia Menor, cuando situa en Tracia un jardín de Midas:

Yéndose, pues, los Teménidas a otro país de la Macedonia, fijaron su habitación cerca de aquella huerta que se dice haber sido la de Midas, hijo de Gordias, en la que se crían ciertas rosas de sesenta hojas cada una, de un color y fragancia superior a todas las demás, y añaden aún los macedonios, que en dicha huerta fue donde quedó cogido y preso Sileno: sobre ella está el monte que llaman Bermion, el cual de puro frío es inaccesible (Heródoto, Historia VIII-CXXXVIII)

El Túmulo MM, y a la derecha al fondo otros menores / foto Universidad de Pensilvania

Otro Midas gobernó Frigia a finales del siglo VIII a.C., suicidándose, según Estrabón bebiendo sangre de toro, cuando los cimerios arrasaron Gordio hacia el año 710 a.C., y que aparece en los textos asirios como Mita solicitando ayuda al rey Sargón II.

Los cimerios, a los cuales también llaman treres, o alguna de sus estirpes, hicieron incursiones muchas veces en los dominios orientales del Ponto y los contiguos a ellos, penetrando más veces en territorio de los paflagonios, otras en el de los frigios, en la época en que dicen que Midas, tras beber sangre de toro, marchó al destino que le correspondió (Estrabón, Geografía I–3.21)

La mayoría de historiadores opinan que este es el Midas que, según Heródoto, donó un trono al santuario de Delfos, siendo el primer extranjero en realizar una ofrenda.

De todos los bárbaros, al menos que yo sepa, fue Giges el primero que después de Midas, rey de la Frigia e hijo de Gordias, dedicó sus ofrendas en el templo de Delfos, habiendo Midas ofrecido antes allí mismo su trono real (pieza verdaderamente bella y digna de ser vista), donde sentado juzgaba en público las causas de sus vasallos, el cual se muestra todavía en el mismo lugar en que las grandes tazas de Giges (Heródoto, Historia I-XIV)

El Túmulo MM / foto prdyapim – Shutterstock

Y el tercer Midas es el que menciona Heródoto como abuelo de Adrasto, quien se refugió en la corte lidia de Creso tras matar accidentalmente a su hermano. Creso gobernó entre 560 y 546 a.C., lo que nos da una cronología hacia mediados del siglo VI a.C. para este Midas.

Concluida la ceremonia, y deseoso de saber quién era y de donde venía, le habló así: —«¿Quién eres, desgraciado? ¿de qué parte de Frigia vienes? ¿y a qué hombre o mujer has quitado la vida? —Soy, respondió el extranjero, hijo de Midas, y nieto de Gordio: me llamo Adrasto; maté sin querer a un hermano mío, y arrojado de la casa paterna, falto de todo auxilio, vengo a refugiarme a la vuestra. —Bienvenido seas, le dijo Creso, pues eres de una familia amiga, y aquí nada te faltará (Heródoto, Historia I-XXXV)

La localización de Gordio, la capital frigia, fue desconocida hasta finales del siglo XIX. Sería redescubierta en 1892 cuando los ingenieros que construían el ramal del ferrocarril Berlín-Bagdad encontraron en el lugar, que estaba siendo utilizado como cantera, numerosos túmulos artificiales con tumbas. Inmediatamente avisaron al filólogo Alfred Körte que se desplazó hasta allí e identificó correctamente el sitio. Ocho años más tarde, en 1900, volvió junto con su hermano Gustav, que era arqueólogo, dando inicio a las excavaciones. Tan solo estuvieron un año.

Los trabajos se paralizaron hasta que en 1950 se hizo cargo el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania, bajo la dirección de Rodney Young (que anteriormente había sido espía aliado en Grecia durante la Segunda Guerra Mundial). Las excavaciones continúan en la actualidad con el profesor de arqueología de la misma universidad C.Brian Rose al frente. Rose es también co-director de las excavaciones de Troya.

Túnel de entrada a la tumba / foto Valery Shanin – Shutterstock

En 1957 el equipo de Young encontró una tumba de cámara bajo un túmulo de 53 metros de altura y 300 de diámetro. No hubiera sido nada fuera de lo normal, ya que en el yacimiento de Gordio hay más de 100 túmulos de diferentes períodos y tamaños, salvo porque lo que descubrieron en su interior era realmente excepcional: un enterramiento real con los restos del banquete fúnebre y la mejor colección de vasos de la Edad del Hierro jamás descubierta.

La tumba era unusualmente grande, de 5,15 por 6,2 metros en superficie por 3,25 de altura. Sobre los restos de un sarcófago de madera había un esqueleto perteneciente a un hombre de 1,59 metros de altura y unos 60 años de edad, tendido sobre una gruesa pila de tejidos azules y púrpuras. Tenía el craneo deformado y alargado por la aplicación de vendas y tablas desde niño (una práctica que era símbolo de realeza). Era, según Rose, claramente una tumba construida para un rey, con los mejores carpinteros, los mejores ingenieros…la construyeron para que durara para siempre, y de alguna manera así fue, por lo menos durante más de 2.700 años. Así que, aunque no había ninguna evidencia documental, la llamaron Túmulo MM, la tumba de Midas.

El esqueleto del “rey” sobre la pila de tejidos / foto Universidad de Pensilvania

El piso era de cedro, las paredes interiores de pino y las exteriores de enebro. La datación de estas maderas por radiocarbono y dendrocronología indicó que había sido construida hacia el 740 a.C., unos 30 años antes de la muerte de aquel Midas que tuvo que hacer frente a los cimerios y se suicidó viendo caer su ciudad. Podría ser por tanto, según los expertos y casi con toda seguridad, la tumba de su padre.

En ella había una gran mesa con incrustaciones y otras catorce más pequeñas, en las cuales se disponían tres grandes vasijas decoradas, 167 tazones, cucharones y jarras de bronce. Algunos de los tazones llevan escrito el nombre de su propietario.

Objetos en el interior de la tumba / foto Universidad de Pensilvania

Por suerte para los arqueólogos, nunca se molestaron en lavar los platos. Ello permitió, ya a comienzos del siglo XXI, analizar los restos de comida con técnicas como la espectroscopia infrarroja, cromatografía líquida y gaseosa, y espectrometría de masas. Por primera vez en la Historia se pudo reconstruir toda una comida: guiso picante de cordero o cabra a la parrilla con lentejas y toques de miel y aceite de oliva. La bebida era una mezcla de vino, cerveza de cebada y aguamiel que, según Patrick McGovern, el director del Proyecto de Arqueología Biomolecular de la Universidad de Pensilvania que analizó las muestras, tenía un color intensamente amarillo, como el oro.

Restos de comida en el interior de la tumba / foto Universidad de Pensilvania

Pero hay más, porque del análisis de los restos de tejidos del sudario del esqueleto, y de otros fragmentos de ropajes encontrados en la tumba, los arqueólogos creen haber descubierto el origen de la leyenda de aquel primer Midas de que hablábamos al comienzo del artículo, el que convertía todo lo que tocaba en oro.

Y es que en los tejidos se encontró un pigmento de óxido de hierro llamado Goethita (α-Fe3+O(OH)). Se trata de un mineral subtranslúcido y opaco, con coloraciones pardo rojizas o amarillentas que muestra un brillo adamantino o sedoso, llamado así desde 1806 en honor al poeta Goethe.

Goethita / foto Eurico Zimbres en Wikimedia Commons

Según el profesor Rose esta puede ser la clave del legendario toque dorado de Midas. No es que los frigios tuvieran mucho oro, de hecho muy poco ha sido encontrado en el yacimiento, sino que literalmente lo llevaban puesto…prendas que parecían doradas mientras caminaban por las calles de la ciudad. Si esta costumbre de tratar las prendas era antigua, cualquier visitante extranjero, viendo las ropas de los frigios refulgir así, habría pensado que estaban hechas de oro. Y para explicar ese hecho tan fenomenal habría nacido la leyenda de Midas, una leyenda que los propios reyes habrían propiciado, adoptando el mismo nombre generación tras generación, incluso como título.

Los trabajos continuan en Gordio en busca de la auténtica tumba del rey Midas (ya vimos aquí en otro artículo otra tumba atribuida al mismo). Hasta ahora solo han sido excavados 44 de los 124 túmulos identificados, por lo que es posible que en los próximos años tengamos más sorpresas agradables.

Fuentes: Historia (Heródoto) / Geografía (Estrabón) / Beyond the golden touch / The Golden Touch of Midas (Patrick E. MacGovern) / The Gordion Archaeological Project / Wikipedia.