Dios le habló a Moisés en el Monte Sinaí, diciéndole que se dirigiera a los israelitas y les dijera: “cuando vengáis a la tierra que os doy, la tierra debe tener un período de descanso, un día de reposo para Dios. Durante seis años podéis plantar vuestros campos, podar los viñedos y recoger las cosechas, pero el séptimo año es el sábado de los sábados para la tierra. (…) Todos los cultivos serán comidos por los animales domésticos y salvajes que estén en vuestra tierra”.

Es en este texto, correspondiente al Levítico (uno de los libros del Pentateuco y la Torá), donde aparece por primera vez la expresión año sabático, ese sueño que tiene todo trabajador que pueda permitírselo y consistente, al menos teóricamente, en tomarse trescientos sesenta y cinco días de descanso al margen de responsabilidades laborales. La expresión deriva, como es obvio, del sabbath, la jornada semanal destinada al asueto y la oración instituida en recuerdo del día empleado por Dios para descansar tras la Creación, tal como describe el Génesis; asimismo, originó la palabra sábado, aunque en el cristianismo occidental sus características se pasaron al domingo.

Por razones evidentes, el año sabático recibe el nombre de shmita (descanso) o shǝvi’it (séptimo) en hebreo y consiste, como indica el citado texto del Levítico, en dejar la tierra descansar durante un año tras un ciclo agrícola de seis. Durante doce meses, la tierra queda en barbecho y se proscribe cualquiera de las actividades propias de la agricultura, desde arar a sembrar pasando por podar y cosechar; esa prohibición se extiende a otras acciones complementarias que sólo se admiten si se realizan para prevenir, no para propiciar el crecimiento de plantas (por ejemplo, regar, fertilizar o desbrozar).

La shmita implica que todo fruto de la tierra que crezca durante ese año carece de propietario y puede llevárselo cualquiera; de hecho, algunas leyes de la halajá (el corpus legislativo religioso judío que regula la vida cotidiana) impiden la comercialización de dichos productos y hasta su consumo a partir de determinado momento que veremos. Sólo se hace una excepción con la agricultura hidropónica, es decir, la que cultiva en invernaderos usando disoluciones minerales en lugar de tierra, porque así las plantas no están en contacto directo con el suelo; los propios jaredíes (ultraortodoxos) la admiten.

Resulta difícil situar cronológicamente el origen de esta costumbre. En la Biblia hay numerosas referencias, como en los libros del Éxodo, Deuteronomio, Jeremías, Nehemías, Reyes o Crónicas. Este último, por ejemplo, recuerda cómo los hebreos presos en Babilonia observaban la costumbre por fuerza, ya que sus campos quedaron abandonados. En ese sentido habla también otro pasaje del Levítico que dice:

Te esparciré entre las naciones, y mantendré la espada desenvainada contra ti. Tu tierra quedará desolada, y tus ciudades en ruinas. Entonces, mientras la tierra esté desolada y tú estés en la tierra de tus enemigos, la tierra disfrutará de sus días de reposo.

El Creciente Fértil/Imagen: Rowanwindwhistler en Wikimedia Commons

Claro que el Libro de Jeremías va más atrás y relaciona la tradición con la liberación de esclavos en Egipto ordenada por Dios al término de siete años. Y es que hay que situarse en el Creciente Fértil, ese área en forma de media luna que se extendía desde el reino faraónico hasta Mesopotamia a través de la franja sirio-palestina y que acogía los imperios agrarios surgidos gracias al riego de ríos como el Nilo, el Tigris y el Éufrates. Por eso hay historiadores que opinan que la shmita nació a imitación de los ciclos agrarios que mencionan los textos de la época: los asirios, por ejemplo, rotaban cultivos cada cuatro años y es posible que el séptimo fuera de barbecho, aunque no hay unanimidad respecto a cómo era exactamente ese ciclo.

Más aún, la cosa se complicó en el 701 a.C., cuando, según el Libro de Isaías, se hicieron dos años sabáticos seguidos, caso único en la Historia: a continuación de la shmita vino un yobel o jubileo. Era éste un año jubilar que se celebraba cada medio siglo, resultado de contar siete semanas de años (siete veces siete, pues), sumando cuarenta y nueve años y santificando el siguiente, que así también era sabático. En este caso, el contexto fue el asedio de Jerusalén por Senaquerib y se supone que, por cumplir el yobel, Dios intervino para hacer que los asirios levantaran el sitio. Claro que otra explicación podría ser que, antes de irse, consumieron la cosecha de ese año obligando a los judíos a subsistir de los restos.

Senaquerib en un relieve de Nínive/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Como cabe imaginar, no cultivar durante todo un año era duro para las familias, aún cuando la shmita implicara otros aspectos complementarios más agradables; por ejemplo, todas las deudas individuales quedaban anuladas (salvo las de los gentiles) junto con las demandas derivadas de ellas. Y había otra opción para hacer más llevadera la shmita, que era -y es- cultivar en tierras no judías. Ello ha llevado a un debate sobre si los productos obtenidos así pueden aceptarse o no; hay corrientes opuestas al respecto.

De esta forma, en esencia sólo se pueden consumir productos del año anterior y no hay posibilidad de vender los de la shmita… a no ser que se carezca de recursos o no se practique una estricta observancia religiosa, algo cada vez más extendido en el Israel actual porque existe una controversia en cuanto a su aplicabilidad general o sólo eventual. Los jaredíes son defensores de lo primero y sus rabinos suelen argumentarlo, entre otros casos, contando el de Komemiyut, un pueblo de reciente creación que fue de los pocos que practicó la shmita en 1952 y al año siguiente tuvo una abundante cosecha frente a sus vecinos. ¿Por qué? Porque siempre está ahí la promesa divina de premiar al cumplidor, compensándole por sus sacrificios.

Una Torá/Imagen: Merlin en Wikimedia Commons

Asimismo, los ortodoxos exigen al campesino esa observancia para poder formar parte de un tribunal rabínico; por cierto, estos tribunales crearon y supervisaron un sistema denominado otzar beit din, por el que se cultivaba de manera comunal con trabajadores contratados, guardando los productos en un almacén para su reparto a la comunidad. Pero la administración civil israelí no es tan puntillosa, consciente de que muchos ciudadanos no son practicantes ortodoxos y que durante el año sabático el rendimiento económico del campo baja notablemente, obligando a incrementar las importaciones.

En cualquier caso, los productos sujetos a la ley de la shmita se conocen como shevitt y, al igual que pasa con los kosher, deben manipularse debidamente sirviendo sólo para consumo personal, no pudiendo venderse ni desecharse sin más, etc. Todo esto presenta detalles curiosos: es aplicable exclusivamente a las plantas de aire libre, no a las de interior; durante ese séptimo año hay que dejar acceso libre a los campos…

El rabino Yitzchak Elchanan Spektor/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Para salvar todos estos obstáculos, un prestigioso rabino ruso del siglo XIX, Yitzchak Elchanan Spektor, recuperó de la Tosefta (una de las fuentes de la literatura rabínica junto a la Mishná y el Talmud) un sistema tan complicado como cínico: vender en fideicomiso las tierras a un gentil durante ese séptimo año. Al no ser judío, el nuevo propietario estaría exento de cualquier obligación religiosa y podría cultivar, repartiéndose la cosecha entre la comunidad, como en el otzar beit din (la gente le pagaría por los servicios, no por los bienes, salvando así la prohibición); al término de doce meses la propiedad volvería a manos de su dueño original.

A esto se la llama Heter mechira y se basa en no sembrar sino en cuidar o cosechar lo que ya hay, por lo que se aplica a cultivos más o menos perennes (huertos, viñedos…), ya que en los otros no puede obviarse el hecho de que cuando los animales consumen las últimas plantas del campo es obligatorio hacer el buir (deshacerse de los shevitt almacenados dando la oportunidad de que alguien los aproveche). Más tarde, en el primer tercio del XX, otro ilustre rabino, Abraham Isaac Kook, matizó el Heter mechira admitiéndolo sólo en caso de gran necesidad; no obstante, algunos ortodoxos lo utilizan hoy como una manera de adaptarse a la vida moderna, a despecho de las autoridades religiosas.

El rabino Abraham Isaac Kook/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

A lo largo del artículo hemos mezclado pasado y presente porque en el Israel actual sigue habiendo shmita. La primera desde su independencia en 1948 llegó en 1951 y se repitió cíclicamente cada siete años hasta la última, celebrada en 2014; consecuentemente, la próxima será en 2021 (que en el calendario hebreo corresponde al 5782).

Fuentes: Shmita Revolution: The Reclamation and Reinvention of the Sabbatical Year (David Krantz)/Gateway to Shemittah: A Comprehensive and Practical Guide to the Halachos of Shemittha (Rabbi Dovid Marchant)/Genesis, Covenant, Jubilee, Shmitah and the Land Ethic (Rabbi David Seidenberg en Jewcology)/The Oxford Dictionary of the Jewish Religion (Adele Berlin, ed)/Shmita 5768 (Rabbi Simcha Smolensky)/Wikipedia

Send this to a friend