Oropolítica, el uso del montañismo con fines políticos

Soldados indios en Siachen

“La guerra es la continuación de la política por otros medios”, sentenció el militar prusiano Carl von Clausewitz en su tratado teórico Vom kriege (De la guerra). Lo escribió inmediatamente después de las Guerras Napoleónicas, aproximadamente en el primer cuarto del siglo XIX, y lo que nunca imaginó es que siglo y medio más tarde aparecería un nuevo concepto para definir una variante de su máxima adaptada a los nuevos tiempos y a un entorno muy concreto: lo que podríamos formular como “el montañismo es la continuación de la política por otros medios”. O, en una sola palabra, la oropolítica.

Aunque lo parezca, no se trata sino de una mera extensión del uso de ese deporte específico como propaganda sino de una idea que tuvo la fortuna de plasmarse en ese término gracias, eso sí, a un alpinista. Se trata de un veterano pionero en abrir rutas inéditas, ecologista militante y poeta por añadidura que, asimismo, es un prestigioso ensayista: un hombre llamado Joydeep Sircar, nacido en la India en 1947 y autor de varios libros sobre el mundo montañero.

Resulta que Sircar también es experto en asuntos militares, habiendo escrito un par de biografías de héroes indios de la Segunda Guerra Mundial y análisis de armamento diverso, especialmente en aviación. Él fue quien acuñó en 1982 la palabra oropolítica, en un artículo para el diario de Calcuta The Telegraph, que, para ser exactos, constituía sólo un breve resumen del original, más amplio. En él, combinaba dos de sus grandes pasiones: la montaña y la geoestrategia.

Carl von Clausewitz/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ese original lo republicó luego en toda su extensión la revista especializada Himalaya Sameeksha. Se titulaba así precisamente, Oropolitics, y fue lo suficientemente apreciado como para que el Alpine Journal londinense lo presentara también en sus páginas en 1984. No fue por casualidad, ya que ese año se intensificó la perenne tensión entre su país y Pakistán por sus respectivas reivindicaciones fronterizas en torno a Cachemira: el ejército indio ocupó posiciones en el deshabitado glaciar Siachen (Operación Meghdoot) y el Karakórum se tiñó de sangre (millar y medio de muertos aproximadamente).

El conflicto no terminó hasta 2003, con un acuerdo de alto el fuego que otorgó a India una ganancia territorial de mil kilómetros cuadrados pero que, sobre todo, estableció delimitaciones en la región que hasta entonces no se habían concretado formalmente. Ahora bien, lo importante aquí no es la Guerra de Sianchen, como se bautizó a este episodio, sino el hecho de que puso sobre el tapete la cuestión propuesta por Sircar, la oropolítica. Porque los combates se desarrollaron en zonas de alta montaña pero también porque ese entorno geográfico pasaría a ser escenario de toda una serie de acciones, unas cruentas, otras no, pero con intención estratégica asimilable a dicho concepto.

Lo cierto es que la India no fue la única en dar a aquellas montañas el valor de extensión de su política; Pakistán lo empezó a hacer en los años cincuenta, al poco de conseguir su independencia, pues como todo estado naciente no tenía bien definidas sus fronteras y la posesión sobre el citado glaciar Siachen siempre constituyó una reivindicación. Por eso en la década de los setenta se organizaron varias expediciones a los picos que lo flanquean, como el Saltoro Kangri o el Teram Kangri, por parte de ambos bandos.

El glaciar de Siachen (en blanco)/Imagen: Planemad en Wikimedia Commons

Sin embargo, la oropolítica no es una exclusiva de esos dos países. Las cadenas montañosas suelen constituir fronteras naturales cuya posesión es especialmente codiciada porque permite controlar accesos, vigilar al rival y, en caso de ir un paso más allá, disponer de una posición ventajosa. De ahí que no sean pocos los ejemplos que se podrían citar de oropolítica, en unos casos de forma más o menos subrepticia pero en otros abierta y propagandística. Bernadette McDonald, autora de varias obras sobre historia del alpinismo, recuerda cómo los gobiernos del mundo comunista financiaban expediciones por prestigio (aunque ignoraban que, a veces, aquellas cumbres acogían actividades tan subversivas como divertidas, como cuando el famoso escalador polaco Wanda Rutkiewicz animaba a sus colegas soviéticos a gritar desde allá arriba “¡Brézhnev se ha ido!”).

Un clásico de esta última podría ser la expedición china al pico Tien Shan de 1977, al que los soviéticos llamaban Pik Pobedy y cuya territorialidad reclamaban también. Los chinos publicaron un patriótico relato de su aventura titulado Colocando la bandera de las cinco estrellas en el monte Tomur, del que se deducía -falsamente- que sólo ellos lo habían coronado hasta entonces. Por cierto, lo irónico es que al disolverse la URSS la montaña se repartió entre China, Kazajistán, Kirguistán y Uzbekistán, cada uno dándole su propio nombre.

No todos los casos son tan publicitarios, ya que en algunos lo que conviene precisamente es la discreción. Véanse si no las expediciones conjuntas que hicieron indios y estadounidenses al Himalaya en 1965. El objetivo era situar equipos electrónicos para monitorear la actividad nuclear china, para lo cual eligieron Nanda Devi (el segundo pico más alto de India y el mayor de los que están íntegramente en su territorio) y el Nanda Kot (vecino del anterior). Eran los tiempos de la Guerra Fría y la Crisis de los Misiles, con Cuba y la Unión Soviética, había tenido lugar apenas tres años antes.

El Nanda Kot/Imagen: Capnraib en Wikimedia Commons

Lamentablemente, una tormenta destrozó la instalación ubicada en el segundo pico y provocó la desaparición del generador termonuclear que lo hacía funcionar. Nunca se encontró y existe la posibilidad de que hubiera tenido pérdidas, con la consiguiente contaminación radiactiva en la nieve (que al fundirse y bajar por los torrentes llegaría hasta el Ganges), así que se optó por desmantelar también el del Nanda Devi. La historia no se desveló hasta 1978 pero esa zona del planeta parece especialmente pródiga porque ha acogido más casos.

Así, en la década de los noventa los indios volvieron a protagonizar un ascenso al Nyegyi Kangsang, un pico de 7.047 metros, y al cercano Kangto, de 7.090, situados ambos en el estado de Arunachal Pradesh, en el extremo noreste del país, separándolo de China. Ésta reclama la mayor parte de dicho estado para integrarlo en la Región Autónoma del Tíbet, de ahí que la presencia de los montañeros en el lugar fuera acompañada de una serie de actividades más cercanas a la propaganda que al alpinismo; de hecho, parece que ni siquiera llegaron a hacer cumbre porque lo que importaba de verdad era la demostración pública de posesión del lugar.

División administrativa de China y reclamaciones territoriales/Imagen: Wikimedia Commons

Las enormes dimensiones de China y su larguísima frontera hacen que haya tenido roces también con Bután a costa del Kula Kangri. Es ésta una montaña de 7.554 metros que fue coronada por primera vez en 1986. Por una expedición china precisamente, de ahí que la consideran parte de sus Himalayas mientras que los butaneses aseguran que está en su territorio y suelen describirla como el techo nacional. La controversia ha llevado a que su gobierno haya prohibido en alguna ocasión el paso a los montañeros que inicien la ascensión a ése y otros picos desde el país vecino.

Por ahora, que yo sepa, la teoría oropolítica sólo se ha vinculado con el norte del subcontinente indio, si bien es obvio que el concepto podría aplicarse también a otros relieves calientes del mundo; al fin y al cabo hay un buen puñado de reclamaciones territoriales sobre sitios así, como los Altos del Golán, el montañoso Kosovo o el campo de hielo Patagónico Sur, aunque es cierto que en general no se trata de grandes elevaciones e ignoro si se llevan a cabo en ellas acciones como las descritas. Hará falta un Sircar en cada caso.

Fuentes: Oropolitics. A dissertation on the political overtones of mountaineering in the East-Central Karakoram, 1975-82 (Joydeep Sircar en Alpine Journal)/The Mountain: A Political History from the Enlightenment to the Present (Bernard Debarbieux y Gilles Rudaz)/Securing the heights: The vertical dimension of the Siachen conflict between India and Pakistan in the Eastern Karakoram (Ravi Baghel y Marcus Nusser)/Wikipedia