El Monolito de Kurkh, primera alusión documental a Israel y a los árabes

Retrato de Salmanasar III en el Monolito de Kurkh/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Una de las piezas arqueológicas más curiosas, interesantes y controvertidas que conserva el British Museum es el llamado Monolito de Kurkh. Se trata de una estela asiria bastante grande que lleva inscritas sendas descripciones del rey Salmanasar III. La información que aporta resulta fundamental para conocer las campañas militares del soberano pero también es importante porque contiene las primeras menciones documentales a los árabes y a Israel, esta última con cierta polémica, como veremos.

«… Tuve la suerte de descubrir una losa de piedra con la efigie de un rey asirio y cubierta por ambos lados con largas inscripciones en caracteres cuneiformes, a menos de dos pies de su base, que deliberadamente había quedado al descubierto». Así describió el hallazgo del monolito en 1861 su descubridor, John George Taylor, un agente de la British East Indian Company y funcionario del Foreign Office que compatibilizaba sus deberes administrativos como cónsul británico en el Kurdistán (un eyalato o provincia del Imperio Otomano) con su otra gran afición, la arqueología.

Las campañas de Salmanasar III/Imagen: John D. Croft en Wikimedia Commons

De hecho, siendo vicecónsul en Basora siete años antes, ya había participado en las excavaciones de Ur y Eridu a las órdenes de Henry Rawlinson, el padre de la asiriología. Ahora estaba trabajando en la ciudad de Kurkh, la actual Üçtepe turca, que su mentor Rawlinson identificaba con la antigua Tushan aunque otros especialistas consideran hoy que quizá sería Tidu. En cualquier caso, en la orilla del río Tigris; allí, Taylor se topó con la estela en cuestión, un bloque de piedra caliza de 2,21 metros de alto por 87 centímetros de ancho y 23 de grosor con la parte superior redondeada.

En su frente se aprecia la figura del rey asirio Salmanasar III rodeado de cuatro símbolos divinos: el disco alado que representaba a Asur, una estrella de seis puntas que hacía lo mismo con Ishtar, la corona de tres cuernos de Anu y la media luna de Sin. Asimismo, el monarca porta varios amuletos en su collar y levanta su mano derecha en un gesto que unos interpretan como ritual y otros como de autoridad.

El Monolito de Kurkh, también conocido como Estela de Salmanasar/Imagen: British Museum

El resto de la estela está cubierta de signos cuneiformes que describen las citadas campañas de Salmanasar por Mesopotamia y Siria. En la parte final se narra la Batalla de Qargar, en la que combatió a una alianza de once reyes dirigida por Irhuleni de Hama (una ciudad sirio-aramea) y Hadadezer de Aram-Damasco (otro estado arameo desarrollado en torno a la actual capital siria), de la que también formaban parte el reino arameo de Bit Adini, el neohitita de Karkemish, el israelita del rey Ajab y un contingente egipcio enviado por el faraón Osorkon II.

El choque se produjo en el año 853 a.C. en el valle del Orontes (el mismo donde se libró otra famosa batalla, la de Kadesh) y participaron decenas de miles de efectivos y casi 6.000 carros de guerra. Las tropas asirias cruzaron el Tigris y el Éufrates, para avanzar y tomar Alepo, continuando luego su expansión hacia el este. El resultado de la contienda fue incierto porque, en la estela, Salmanasar se jacta de haber causado 14.000 bajas al enemigo pero sabemos que los asirios omitían las derrotas en sus inscripciones y, en cualquier caso, resulta significativo que los reinos arameos mantuvieran su independencia unos años más.

Un jinete asirio disparando su arco contra camelleros árabes durante la Batalla de Qarqar (Angus McBride)/Imagen: Pinterest

Dicho de otro modo, muchos historiadores creen hoy que en realidad se trató de una victoria aliada y una prueba sería que Irhuleni mantuvo luego una buena relación con Asiria. Pero eso es algo secundario. Lo verdaderamente sorprendente del Monolito de Kurkh es que, entre los miembros de la coalición, cita a los reyes Ajab de Israel y Gindibu de Arabia, este último aportando un millar de camellos. Esas referencias han levantado polvareda por ser seminales en las fuentes y no haber conseguido la aceptación de todos los investigadores, dado que algunos dudan de la traducción.

Y es que el texto habla de «A-ha-ab-bu Sir-ila-aa», que el asiriólogo franco-germano Julius Oppert tradujo como «Acab de Israel» (Histoire des Empires de Chaldée et d’Assyrie, 1865). Siete años después otro prestigioso orientalista alemán, Eberhard Schrader, reseñó en su libro Die Keilinschriften und das Alte Testament (Inscripciones cuneiformes y Antiguo Testamento) que el nombre de Sir-ila-a-a para referirse a Israel era algo inédito en las inscripciones de la época, algo que muchos aprovecharon para cuestionar su veracidad y proponer a cambio que la traducción correcta para A-ha-ab sería «rey»; es lo que opinaron especialistas como George Smith y Daniel Henry Haigh o incluso algunos más recientes como Werner Gugler o Adam van der Woude.

Ajab, rey de Israel, combatiendo en Qarqar (John Shumate)/Imagen: Pinterest

Sin embargo, Schrader concluyó dándole la razón a Oppert al argumentar que Ahab Sir’lit podía ser Ajab de Israel si se tenía en cuenta que en otras inscripciones aparecían los nombres de los monarcas asociados a su país, algo que incluso quedaba patente en esa estela con Ben-hadad de Damasco. Pero eso no convenció a los críticos, que además aducían que el tamaño de las fuerzas de Ajab descritas en el monolito (10.000 infantes y 2.000 carros de guerra) eran excesivas para un reino de las dimensiones que tendría entonces Israel.

Un Israel que, encima, en aquella época no aparece nombrado así en ningún sitio sino como la Tierra de Omri o incluso Samaria. Claro que tampoco era raro que a un mismo lugar se lo conociera de dos maneras diferentes, así que la cuestión siguió enredándose, incluso en la propia estela de Salmanasar III. Lo cierto es que hasta entonces se trabajaba sólo con transcripciones parciales del texto y la primera completa no llegó hasta 1887, obra del erudito James Alexander Craig. Ello permitió estudiarlo más a fondo y surgieron nuevas teorías.

Julius Oppert /Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Una de ellas sugiere que los escribas pudieron cometer un error al hacer la inscripción, poniendo un cero de más en el número de carros y resultando así 2.000 en vez de 200, que sería una cifra más lógica. Lo refrendarían otros errores hallados en la redacción, como haber escrito Gu-a-a (la ciudad neohitita de Que) en vez de Gu-bal-a-a (la fenicia Biblos, por entonces tributaria de Asiria), lo que resulta un absurdo geográfico porque la primera está muy lejos, en Cilicia. Claro que también pudo ser una exageración deliberada para ensalzar el mérito de Salmanasar al hacer frente a un enemigo tan grande.

Otra errata considerable sería que, según el texto, el rey asirio se enfrentó a una alianza de doce monarcas cuando deberían ser once. La diferencia está en que quizá el escriba confunde su nombre -dice textualmente «Ba’sa el hombre de Bit-Ruhubi, el amonita- con Beth-Rehob, una localidad de Siria meridional y Ammon, otra situada en Transjordania.

Estatua de basalto de Salmanasar III/Imagen: Bjørn Christian Tørrissen en Wikimedia Commons

¿Cuál es la explicación correcta? Pues en realidad no la hay por ahora, ya que la cuestión sigue sin aclararse. Mientras, se considera que el Monolito de Kurkh contiene una de las primeras alusiones explícitas a Israel (junto con las de las estelas de Merneptah, Tel Dan y Mesha), acaso contando ya con estados vasallos como Moab, Edom y Judá. También es primigenia la que hace a los mil camellos del árabe Gindibu. Por cierto, Salmanasar tuvo que renunciar a seguir avanzando pero en el 845 a.C. los asirios derrotarían a la coalición y convirtieron a Israel en un reino tributario para después apoderarse de Anatolia, sentando las bases del poderoso imperio que vendría después.

Fuentes: Los imperios del antiguo oriente. La primera mitad del primer milenio (Elena Cassin)/The crisis of Israelite religion: transformation of religious tradition in Exilic and Post-Exilic times (VVAA)/The Israelites in History and Tradition (Niels Peter Lemche)/Ancient Syria: A Three Thousand Year History (Trevor Bryce)/The Great Armies of Antiquity (Richard A. Gabriel)/Black Obelisk of Shalmaneser II (Mcadams.posc.mu.edu)/Wikipedia