La historia del lema «Plus ultra» y otras divisas heráldicas

Según la mitlogía, Hércules creó el Estrecho de gibraltar separando la orilla europea de la africana. Monumento en Ceuta (Ginés Serrán Pagán)/Imagen: Diego Delso en Wikimedia Commons

Confieso la fascinación que me despiertan los lemas familiares. Me parecen una versión genial de las greguerías de Gómez de la Serna adaptadas a la heráldica histórica y disfruto con ese conceptismo escueto que expresa tanto con tan pocas palabras. Por eso una de las cosas que más me gustan de Juego de tronos es precisamente la variedad genial de divisas (Se acerca el invierno de los Stark, Oye mi rugido de los Lannister, Nosotros no sembramos de los Greyjoy…). Ahora bien, en Historia hay muchísimas interesantes, desde el Tu in ea et ego pro ea («Tú en ella y yo por ella», en alusión a la patria) de los Álvarez de Toledo al Fiel pero desdichado (así, en español) de los Churchill. Aunque puestos a citar hay uno que resulta inevitable para nosotros por su representatividad: Plus ultra, que figura en el escudo de España desde hace más de cinco siglos.

Los linajes ilustres siempre han contado con un lema que completaba su escudo de armas. Era algo habitual desde la Edad Media y solía adoptarse una frase en latín, que no sólo se trataba de la lengua culta sino la que se usaba en cuestiones oficiales en una época en que aún no habían nacido las nacionales. Funcionaban como aforismos, casi siempre referentes a cuestiones de honor y virtud, que en otros tiempos solían ir vinculadas a la guerra: pongamnos el Mole sua stat («Su grandeza truena») de los Colonna, el Austriae est imperare orbi universo («El destino de Austria es gobernar el mundo») de los Habsburgo hispanos o el Virtutis fortuna comes («La virtud favorece al bravo») de Wellington.

Escudo de armas de la familia Spencer-Churchill/Imagen: Heralder en Wikimedia Commons

Otros, divertidos pero algo soberbios, se refieren al orgullo de estirpe, caso del Non descendemos de reyes, que reyes descienden de nos, del que presumían los Lara (los Manrique tenían uno parecido, Nos non venimos de reyes, que reyes vienen de nos) o el Después de Dios, la casa de Quirós, del apellido homónimo (los Quirós de Castro tenían Antes que Dios fuese Dios y los peñascos, peñascos, los Quirós eran Quirós y los Castro eran Castro). También el de los Rohan franceses: Roi ne puis, prince ne daigne, Rohan je suis («No puedo ser rey, no me digno a ser príncipe, soy un Rohan»).

Muchos, acordes a su época, tienen la religión como tema; es el caso de los Windsor y su Je me fie-en-Dieu (en francés «Yo confío en Dios»), Talleyrand-Périgord y su Re que Diou (también en galo «Nada más que Dios»), los Hohenzollern con Nihil sine Deo («Nada sin Dios») los Mendoza con Ave María Gratia plena («Ave María, llena de Gracia», utilizado por muchas familias) o los Fernández de Córdoba con Sine ipse factum est nihil («Sin Él nada se ha hecho»).

Escudo de armas de los Hohenzollern con su divisa Nihil sine Deo/Imagen: Emerson Kent

Algunos relacionan su divisa con el deber, como Por la católica ley y por servir a mi rey vida y estado pondré de José de San Martín, el Palmam qui meruit ferat («Quien lo ha merecido se lleve la palma») de Nelson, el Audes juvat («La fortuna favorece a los audaces») de los Della Rovere o un caso que conocemos bien: Primus circumdedisti me («Fuiste el primero en circundarme») concedido a Elcano por completar la primera vuelta al mundo iniciada por Magallanes.

Y resultan curiosos los que tienen cierto toque poético o filosófico, como los Médici con Festina lente («Apresúrate lentamente»), los Aroca con Morsus serpentum non laedit sepentes, homo homini lupus («La mordedura de la serpiente no daña a la serpiente, el hombre para el hombre es un lobo»), los Mancini con Lucia stirps claris olim lucebat alumnis («El ilustre linaje de luces que ilumina un tiempo los descendientes») o los Zorrilla, por supuesto en verso: Vivir se debe la vida de tal suerte, que viva quede en la muerte.

Escudo de armas y divisa de Horatio Nelson/Imagen: The Heraldry Society

¿Y Plus ultra? Se trata de una inversión de la expresión que el mundo romano clásico empleaba para referirse a lo que había al otro lado de las Columnas de Hércules, es decir, del Estrecho de Gibraltar, donde el mítico héroe griego había plantado dos pilares, uno a cada lado, para marcar el límite al que podían llegar los marinos. Non plus ultra decían, o sea, «No más allá»; o Nec plus ultra, «Nada más allá». Ya sabemos que para ellos el mundo giraba en torno al Mediterráneo y por eso lo conocían como Mare Nostrum; no faltaron expediciones en la Antigüedad que se aventuraron por el Atlántico -recordemos al focense Piteas, por ejemplo, o al cartaginés Himilcón– pero casi siempre de cabotaje, sin adentrarse en aquel proceloso y temible océano que por el norte también tenía su linde en Finis terrae (Finisterre).

Todo cambió radicalmente cuando Cristóbal Colón rompió el misterio atravesando la inmensidad y llegando a América (por cierto, A Castilla y León nuevo mundo dio Colón fue la divisa que se le otorgó al navegante). De pronto los horizontes conocidos se ensanchaban y al consolidarse la presencia española allende las aguas a partir del siglo XVI, bajo el reinado de Carlos I, la frase romana quedaba obsoleta. Cuando el monarca, nieto de los Reyes Católicos, llegó a tomar posesión de sus reinos en 1517, ya venía con el lema mencionado en ese sentido: Plus ultra, «Más allá».

Actual escudo de España con las columnas de Hércules y el lema Plus ultra/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Se lo había propuesto el año anterior Luigi Marliano, un humanista milanés que estaba a su servicio como médico y consejero, seguramente con motivo del decimoctavo capítulo de la Orden del Toisón de Oro en la Catedral de Santa Gúdula (Bruselas), donde Carlos fue nombrado Gran Maestre porque alcanzaba la mayoría de edad. Era una forma de exaltar la audacia de sus nuevos súbditos al expandir sus fronteras y llevar la fe cristiana al Nuevo Mundo cumpliendo el sueño de Colón y la reina Isabel, pero también de dejar patente la voluntad de extender la Reconquista al norte de África.

Por esa última razón, cuando en febrero de 1520 Carlos hizo su solemne y aclamada entrada en Burgos de camino a Santiago de Compostela, donde había convocado Cortes para conseguir financiación en su objetivo de alcanzar la corona del Sacro Imperio Romano Germánico (en ese momento era Rey de Romanos, el título previo), fue recibido con un arco triunfal que en un lado llevaba la inscripción Plus ultra y en el otro Toda África llora porque sabe que tienes la llave y eres su maestro. La llave era una referencia metafórica a Gibraltar.

Carlos en 1516 como Rey de Romanos (Bernaerd van Orley)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Al joven monarca le gustó la sugerencia de Marliano -al que hizo obispo de Tuy- y mandó grabar Plus ultra en su silla catedralicia de Bruselas, siendo así el primer e insólito documento en el que aparece. Originalmente, la frase se acuñaba en francés, el idioma que se hablaba en la corte flamenca, pues al fin y al cabo el condado de Flandes dependió de la casa de Borgoña hasta su transmisión a los Habsburgo y además esa lengua era la considerada culta en su tiempo. Por tanto, el lema era Plus oultre. Por supuesto, la animadversión que se produjo en España contra los ministros que Carlos trajo consigo hicieron más prudente cambiarlo al latín (la ciudad belga de Binche sigue usándolo).

La expresión de la idea no fue sólo con palabras. La iconografía hercúlea se hizo frecuente y el artista Pedro Machuca la incorporó a la decoración del palacio renacentista de la Alhambra, igual que luego se puso en la del Salón de Reinos y el Casón del Palacio del Buen Retiro e incluso a otros ámbitos ajenos a los palaciegos, como la Casa de la Panadería madrileña, entre otros sitios. En su escudo de armas, Carlos añadió sendas columnas de Hércules a cada lado del águila bicéfala sustituyendo la leyenda Tanto monta de sus abuelos por la nueva, lo que, junto con el Toisón y las aspas borgoñonas, simbolizaba la realidad del nuevo imperio ultramarino (por eso en 1926 se bautizó Plus ultra al hidroavión que hizo la primera travesía aérea entre España y América).

Escudo de armas de Carlos V con el lema Plus oultre en el Libro del Toisón de Oro (Bayerische Staat Bibliothek)/Imagen: Los Soldados del Rey

Su hijo, Felipe II, lo cambió notablemente porque, al no ser emperador, eliminó el águila y sustituyó el modelo de corona. También quitó la frase Plus ultra para colocar su propia divisa, Non sufficit orbis («El mundo no es suficiente»), que en realidad venía a expresar el mismo concepto pero con una dimensión aún mayor, ya que tenía alcance global; al fin y al cabo, en sus territorios no se ponía el sol. Tiene su gracia que también fuera el lema elegido por la familia de Bond, James Bond.

Las columnas con la divisa Plus ultra se han mantenido en los sucesivos escudos nacionales de forma más o menos visible (incluidos los dos períodos republicanos), a veces compartiendo presencia con otros lemas como A solis ortu usque ad occasum («Desde la salida del sol hasta el ocaso»), un salmo bíblico adoptado por Carlos III que además añadía la tradicional invocación a Santiago, o Una, grande y libre del franquismo. El actual se rige por la Ley 33/1981 que dice textualmente:

«Acompañado de dos columnas de plata, con la base y capitel de oro, sobre ondas de azur o azul y plata, superada la corona imperial la diestra, y de una corona real la siniestra, ambas de oro, y rodeando las columnas una cinta de gules o rojo, cargada de letras de oro, en la diestra «Plus» y en la siniestra «Ultra», (del latín Plus Ultra, Más Allá)».

Real de ocho acuñado en Potosí en 1770, durante el reinado de Carlos III/Imagen: José Fuertes en Wikimedia Commons

Lo cierto es que Plus ultra no es una frase exclusiva del escudo nacional, pues también la ostentan, por ejemplo, los de ciudades como Cádiz, Badajoz o San Fernando (Melilla lo hace pero con el Non plus ultra), al igual que diversas unidades militares. De hecho, no sólo en España; también se puede ver hoy en los blasones de los estados mexicanos de Veracruz y Coahuila, la ciudad peruana de Trujillo, la boliviana de Potosí y la estadounidense de San Diego, así como en varias localidades belgas. Otros que lo utilizan son la Armada Colombiana, las universidades de San Marcos, México y Shepherd… Y, como curiosidad, cabe reseñar que el filósofo inglés Sir Francis Bacon la adoptó para su apellido en época isabelina.

Por último, señalar la curiosa ironía de que las Columnas de Hércules hayan hecho literal la divisa de su cinta de gules. Fueron elegidas como símbolo del real de a ocho o peso fuerte, una moneda acuñada en España desde 1497 (aunque su apogeo llegó a partir de finales del siglo XVI) que no sólo se convirtió en una de las más apreciadas de la Historia sino también en la primera de uso mundial, utilizándose en Europa, América y Asia. Tanto así que, junto con el tálero austríaco, fue de curso legal en EEUU hasta 1857, en que las sustituyó el dólar tomando el nombre de aquél y la decoración del español: la característica S atravesada por dos rayas verticales no es más que las dos columnas herculanas tumbadas con la cinta. Y el dólar es hoy otra moneda mundial así que Plus ultra, en efecto.

Fuentes: Símbolos de España y de sus regiones y autonomías (Juan José Sánchez Badiola)/-Carlos I de España y V de Alemania en Burgos y provincia (Gonzalo Miguel Ojeda)/Ley 33/1981, de 5 de octubre, del Escudo de España (B.O.E)/La evolución del escudo de España desde los Reyes Católicos hasta el Estado Español (Heráldica Hispana)/Wikipedia