Kohima, la agónica batalla que impidió a los japoneses invadir la India

“Caminante, ve y dile a Esparta que sus hijos yacen aquí por cumplir sus leyes”. Esa espléndida frase de Simónides que, en sus múltiples traducciones, constituye el epígrafe del monumento a Leónidas en las Termópilas, es demasiado jugosa como para no aprovecharla en otros memoriales bélicos con los cambios correspondientes. Es lo que pasa, por ejemplo, con el que figura como epitafio en honor de los 1.420 caídos de la 2ª División Británica cuyos restos descansan en un cementerio de guerra de la India y que reza así: “Cuando regreses a casa, cuenta de nuestra parte que por su mañana dimos nuestro hoy”. Recuerda la dura Batalla de Kohima.

En la primavera de 1944 Japón, al igual que Alemania, estaba perdiendo terreno continuamente ante el implacable avance Aliado. Desde las contundentes derrotas en el Mar del Coral y Midway, auténtico punto de inflexión, perdió el control del mar y del aire. En tierra, la infantería aún era capaz de batirse por su extraordinario espíritu combativo y por eso mantendría su presencia en el sudeste asiático hasta septiembre de 1945.

Memorial de Kohima en Nagaland/Imagen: Isaxar en Wikimedia Commons

Sin embargo, los británicos estaban empeñados en recuperar Birmania y lanzaron una ofensiva desde dos puntos: el norte, con ayuda de la X-Force china, y el sur. Los japoneses se resistieron denodadamente y contaron con la ayuda del monzón pero era cuestión de tiempo que terminaran perdiendo lo ganado, así que diseñaron un ambicioso plan que no sólo debería frenar al enemigo sino desviarlo de su objetivo. Se llamó Operación U-Go y consistía en invadir la India para mantener ocupado al IV Cuerpo Británico y, paralelamente, animar al Azad Hind Fauj (Ejército Nacional Indio) a iniciar una insurrección independentista.

El INA, como también se lo conocía, se había fundado durante la invasión nipona de Birmania y se consideraba el brazo armado del Arzi Hukumat-e-Azad Hind, es decir, el Gobierno Provisional de la India Libre. Lo lideraba el nacionalista Subhas Chandra Bose, de quien ya hablamos aquí en el artículo dedicado a Saraswathi Rajamani, la espía más joven de la Historia, y estaba formado por unos 12.000 prisioneros de guerra indios caídos en manos de los japoneses y equipados por éstos; no muy bien y por eso nunca pasaron de practicar acciones guerrilleras menores.

Subhas Chandra Bose con Gandhi en los años 30/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La Operación U-Go se basaba en atacar Imfal y Kohima, capitales de los estados de Manipur y Nagaland respectivamente. La captura de esas dos urbes, puntos estratégicos clave en las comunicaciones entre la India y Birmania, interrumpiría de paso el abastecimiento estadounidense a Chiang Kai Sek. El encargado de ponerla en práctica fue el teniente general Renya Mutaguchi, comandante del 15º Ejército y veterano de la guerra contra el Ejército Rojo en Siberia que además había sido agregado militar en Francia y gobernador militar de Pekín, antes de tomar parte en la invasión de Malasia, Filipinas y Birmania.

Pero Mutaguchi amplió el plan a una posible invasión de la India que animase a los nacionalistas locales a levantarse en armas. Aunque la idea no gustó a todo el Estado Mayor, finalmente fue aprobada a principios de 1944, destinándose a ella la 31ª División (formada por los regimientos 58º, 124º, 38º y 31º de Artillería de Montaña) que mandaba el teniente general Kotoku Sato. Este militar, que también había combatido a los soviéticos, no sólo no estaba contento con el papel que había tenido hasta entonces en la guerra sino que se hallaba enfrentado a su superior y consideraba que la Operación U-Go tenía todos los números para acabar en fracaso.

Renya Mutaguchi (segundo por la izquierda) con varios oficiales/Imagen: Amazon

De todas formas, obedeció las órdenes. Su misión era tomar Kohima, empujando a los británicos hacia el norte, a Dimapur. Así, el 15 de marzo la 31ª División cruzó el río Chindwin y avanzó a través de la selva durante casi un centenar de kilómetros para luego desplegarse en tres alas. La izquierda, que estaba a cargo del general Shigesaburo Miyazaki, se encontró con la 50ª Brigada Paracaidista india del brigadier Maxwell Hope-Thompson, entablando batalla durante seis días y forzando su retirada con cientos de bajas por ambas partes. Pese a la victoria, aquello supuso un retraso de una semana hacia su objetivo, que era Kohima.

Los británicos estaban enterados de los planes japoneses por unos documentos capturados pero pensaban que, dada la frondosidad selvática, el enemigo sólo enviaría un regimiento, cuando, como hemos visto, se trataba de toda una división. Ése fue el desagradable descubrimiento que hizo sobre el terreno el teniente general William Slim, que apenas contaba con un batallón, un regimiento y varios pelotones sueltos de paramilitares. Apresuradamente, pidió refuerzos para proteger Imfal; únicamente recibió parte de la 5ª División de Infantería India, pues la 161ª Brigada y el 24ª de Artillería de Montaña se atrincheraron en Dimapur, ciudad considerada más importante.

Kotoku Sato y Shigesaburo Miyazaki/Imagen: 1-Nippon News – 2-Forum Valka

De hecho, consideraban que el ataque a Kohima sólo se trataba de una diversión y que el principal objetivo era Dimapur, por lo que Slim sólo tendría que enfrentarse a un destacamento menor. Sin embargo, Sato puso sitio a Kohima el 6 de abril desoyendo la orden de Mutaguchi de continuar hacia Dimapur y Slim, que había enviado a buena parte de sus hombres de refuerzo a Imfal y se encontró en manifiesta inferioridad numérica. Los intentos de enviar ayuda fracasaron al dominar los nipones las alturas del entorno y Slim tuvo que afrontar la situación con apenas 2.500 efectivos, de los que un millar ni siquiera eran soldados.

William Slim en Birmania, 1945/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La artillería japonesa machacó con dureza la posición y la infantería capturó los depósitos de agua, por lo que los defensores sólo podían aprovisionarse por la noche, en un manantial cercano. Los combates fueron brutales, con las trincheras tan cerca unas de otras que se podían arrojar bombas de mano directamente en ellas, obligando a los nipones a ganar cada metro a un alto coste, a veces en lucha cuerpo a cuerpo; por ejemplo, la Batalla de Tennis Court se llamó así porque ambos bandos estaban separados sólo por una cancha de tenis. No extraña que a Kohima se la conociera luego como el Stalingrado de Oriente.

También se comparó la batalla con la de Rorke’s Drift de 1879 ante los zulúes, por la feroz y tenaz defensa entre cadáveres en descomposición, de la que buena muestra podría ser la actuación heroica del cabo John Harman: pese a tener sólo diecinueve años, liberó sin ayuda los hornos -punto estratégico vital para evitar la caída de la posición- y acabó con 44 atacantes antes de ser también alcanzado y perder la vida, recibiendo la Cruz Victoria póstumamente. Todos cumplieron abnegadamente la orden de su comandante en jefe de no rendirse, conscientes de que la derrota significaba una puerta abierta a la invasión de la India.

Tennis Court arrasado por los combates/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Estuvo cerca. Por suerte, el 11 de abril llegaron refuerzos para Slim que igualaron las fuerzas y permitieron no sólo aliviar la presión enemiga y relevar a los defensores sino también lanzar un contraataque. La noche del 26 de abril se recuperó la importante posición de Garrison Hill y a continuación la ayuda de la RAF fue determinante, tanto para bombardear al enemigo como para avituallar a los suyos y meter efectivos (hasta 12.000 hombres). Miyazaki construyó búnkeres y tuvo a su favor que la selva y el barro (había empezado el monzón) obligaban a los tanques del adversario a moverse con lentitud, pero ya había perdido la iniciativa.

Los papeles se invirtieron y ahora fueron los británicos los que tuvieron que recuperar terreno a precio de sangre. No obstante, a lo largo de una semana fueron cayendo una tras otra las crestas que ocupaban los japoneses. De nuevo la cancha de tenis se convirtió en la tierra de nadie que, ante el fracaso de su conquista al asalto, tuvo que ser arrasada a cañonazos por un tanque, desalojando a sus defensores el 13 de mayo. Los testigos contaron que el espectáculo era dantesco, con cadáveres destrozados, pasto de ratas y moscas, más un suelo quemado y lleno de socavones que recordaba a un paisaje de la Primera Guerra Mundial.

La Batalla de Koshima (Terence Tenison Cuneo)/Imagen: Art UK

Y siguieron llegando refuerzos para apuntalar la contraofensiva mientras los japoneses se atrincheraban en Naga Village y Aradura Spur. Allí resistieron hasta finales de mayo, cuando la carencia de provisiones resultó decisiva: se suponía que debía ser una campaña relámpago, por lo que a Sato únicamente se le entregaron víveres para tres semanas, debiendo completarlos con lo arrebatado a los británicos; pero éstos, percatándose de la jugada, bombardearon sus propios almacenes cuando cayeron en manos niponas.

Los convoyes de abastecimiento enviados por Mutaguchi sólo llevaron municiones y Sato consideró que sus superiores no eran conscientes de la dramática situación por la que pasaban, así que considerando que les habían dejado abandonados a su suerte, desobedeció la orden -para él absurda- de incorporarse a las fuerzas que atacaban Imfal y optó por la retirada el 1 de junio. Eso dejaba al descubierto a Miyazaki, que también tuvo que retroceder penosamente, volando puentes tras de sí.

Las defensas británicas en Kohima/Imagen: Warfare History Network

A medida que, perseguidos por los indo-británicos, volvían sobre sus pasos esperando encontrar las líneas de suministros organizadas previamente, se toparon con una terrible realidad: las unidades habían consumido todo lo disponible, tanto en comida como en medicinas. Así, las bajas japonesas ascendieron a 5.764 hombres sólo en combate, sin contar los heridos muchos de ellos rematados por sus compañeros ante la imposibilidad de darles tratamiento médico, en cumplimiento del bushido– y enfermos que murieron después de malaria y beriberi. El enemigo registró una cantidad importante también: un total de 4.064 soldados. La toma de Kohima había fracasado y el cerco de Imfal se rompió el 22 de junio; el resultado de la Operación U-Go fue un desastre, tal como había pronosticado Sato.

Éste fue depuesto por Mutaguchi, que le acusó de traición premeditada y le entregó inequívocamente un revólver y una banda blanca. Sato, indignado, se negó a suicidarse, aduciendo que había salvado a sus hombres de “una aniquilación sin sentido” y exigiendo un consejo de guerra en el que esperaba justificarse y denunciar la torpeza de los mandos. No pudo porque el teniente general de la 31ª División, Masakazu Kawabe, ordenó que le declarasen incapacitado por colapso mental a principios de julio. Le devolvieron al servicio activo meses después y, al acabar la guerra, se dedicó a ayudar a los hombres que tuvo a sus órdenes. Miyazaki, en cambio, fue ascendido y puesto al frente de la 54º División.

Eaquema de la operación U-Go/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En cuanto a Mutaguchi, las enormes pérdidas de la Operación U-Go, tanto humanas como materiales (no pudo salvar un solo tanque ni un cañón) provocaron el efecto contrario al esperado y precipitaron la caída de Birmania en 1945. La derrota, considerada la mayor de la historia de Japón (incluso provocó la dimisión del primer ministro Tojo), llevó a su destitución, siendo obligado a un retiro forzoso en diciembre de 1944, si bien luego se le puso al frente de una academia militar. Al término de la contienda le extraditaron a Singapur para ser juzgado por crímenes de guerra; cumplió tres años de prisión, saliendo libre en 1948. Falleció en 1966.

Finalmente, cabe reseñar que Slim, muy apreciado por sus soldados, logró que los indios se mantuvieran leales y obtuvo una victoria brillante que él atribuía en parte a la falta de entusiasmo de Sato (incluso contaba con sorna que prohibió bombardear su puesto de mando para que siguiera vivo). Participó en la reconquista de Birmania, fue ascendido a general y luego nombrado Jefe de Estado Mayor, colmándosele de honores, entre ellos el ser Caballero de la Gran Cruz del Imperio Británico y Caballero de la Orden del Baño. Se retiró de la vida militar en 1952 pero aún sería gobernador de Australia (con una oscura denuncia de abusos sexuales a niños) hasta su jubilación definitiva. Murió en 1970.

Fuentes: La tormenta de la guerra (Andrew Roberts)/Kohima (Arthur Swinson)/The Burma Campaign. Disaster into triumph, 1942-45 (Frank McLynn)/Burma victory. Imphal, Kohima and the Chindits March 1944 to May 1945 (David Rooney)/Fighting through to Kohima. A memoir of war in India and Burma (Michael Lowry)/The trees are all young on Garrison Hill (Gordon Graham)/Not ordinary men. The story of the Battle of Kohima (John Colvin)/Wikipedia