Tablilla de Ea-nasir, la primera reclamación documentada de la historia

Anverso, reverso y canto de la Teblilla de Ea-nasir/Imagen: British Museum

Que un cliente ponga una reclamación por estar disconforme con el producto recibido o incluso el trato en la transacción no es raro en nuestra época. Pero tampoco lo era en la Antigüedad, aún cuando no existiera el Defensor del Consumidor. Hay un documento que lo prueba; es mesopotámico, muy anterior a la invención del papel, y en él un hombre llamado Nanni se queja por escrito de la calidad del cobre que le intentó vender un comerciante. Nos referimos a la conocida como Tablilla de Ea-nasir.

Foto British Museum

Como se ve, el texto, que recubre las dos caras de la pieza e incluso el borde izquierdo, está redactado en escritura cuneiforme, un lenguaje pictográfico nacido en Sumeria a finales del cuarto milenio a.C. a partir de otro ideográfico y que se difundió por toda la región, siendo adoptado por otros pueblos como el acadio, el elamita, el hitita o el luvita, además de inspirar los alfabetos de Persia y Ugarit.

Transcripción del texto original en el anverso y el reverso

La palabra cuneiforme alude a que los signos se grababan en tablillas de arcilla con un punzón en forma de cuña. Y aunque de ese tipo de escritura teníamos constancia desde el siglo XVII, no se pudo descifrar hasta la segunda mitad del XIX, tras el descubrimiento de la inscripción de Behistún, de la que ya hablamos en otro artículo: un texto labrado en piedra en tres leguas, persa, babilonio y elamita, lo que facilitó su traducción de manera análoga a la de la Piedra Rosetta.

La Tablilla de Ea-nasir se encontró durante unas excavaciones en la ciudad sumeria de Ur, que se ubica cerca de la desembocadura del río Éufrates (unos 24 kilómetros al sur de Nasiriya, actual Irak). Fue adquirida en 1953 por el British Museum, que la expone en una de sus salas: es una placa de barro cocido de 11,6 centímetros de largo por 5 de ancho y 2 de grosor que, aún presentando algunos daños, puede leerse bien. Datada en torno al año 1750 a.C, apareció en lo que se cree que era la casa de Ea-nasir, un comerciante babilonio que se dedicaba a la compraventa de cobre entre el Golfo Pérsico y el resto de Mesopotamia.

Transcripción del borde/Imagen: British Museum

Al parecer, Ea-nasir lo adquiría en su Dilmun natal (un enclave situado en islas del actual Bahrein) y luego lo revendía en Ur con cierto margen de ganancia. Pero en una de esas transacciones un cliente llamado Nanni no quedó satisfecho con la calidad del metal, por lo que le envió una reclamación reprochándole de paso el trato que dispensó a su sirviente -que era quien iba a hacer el pago- y exigiendo la devolución del dinero. El mensaje está escrito en lengua acadia, en una época en la que las tablillas ya no limitaban su temática a la contabilidad e incluían narraciones de la vida cotidiana, como en este caso.

Gracias a Adolph Leo Oppenheim conocemos el contenido con detalle. Oppenheim, nacido en Viena en 1904 pero instalado en EEUU tras escapar con su madre de la persecución nazi (su padre no tuvo tanta suerte), fue un prestigioso asiriólogo de la Universidad de Chicago, experto en escritura cuneiforme y autor de un Diccionario Asirio en 20 volúmenes, entre otras obras sobre el tema.

La inscripción de Behistún/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Como además dominaba el acadio, en su libro Letters from Mesopotamia. Official, business, and private letters on clay tablets from two millennia (Cartas de Mesopotamia. Cartas oficiales, de negocios y privadas en tablillas de arcilla de hace dos milenios), publicado en 1967, incluyó una transcripción y traducción de la Tablilla de Ea-nasir. Dice así:

Dile a Ea-nasir que Nanni envía el siguiente mensaje:

Cuando llegaste, me dijiste lo siguiente: “Le daré a Gimil-Sin (cuando venga) lingotes de cobre de buena calidad”. Te fuiste entonces, pero no hiciste lo que me prometiste. Pusiste lingotes que no eran buenos ante mi mensajero (Sit-Sin) y dijiste: “Si quieres cogerlos, cógelos; si no quieres cogerlos, ¡vete!”

¿Por quién me tomas, que tratas a alguien como yo con tanto desprecio? He enviado como mensajeros a caballeros como nosotros para recoger la bolsa con mi dinero (que te había depositado), pero me has tratado con desprecio enviándolos de vuelta con las manos vacías varias veces y eso a través de territorio enemigo. ¿Hay algún otro comerciante de los que comercian con Telmun que me haya tratado de esta manera? ¡Solo tú tratas a mi mensajero con desprecio! A causa de esa (insignificante) mina de plata que te debo, te sientes libre de hablar de esa manera, mientras yo he entregado al palacio en tu nombre 1080 libras de cobre, y Umi-abum ha dado asimismo 1080 libras de cobre, aparte de lo que ambos hemos escrito en una tablilla sellada para guardar en el templo de Samas.

¿Cómo me has tratado por ese cobre? Has retenido mi bolsa de dinero en territorio enemigo; ahora depende de ti restaurar mi dinero en su totalidad.

Ten en cuenta que (a partir de ahora) no aceptaré ningún cobre que no sea de buena calidad. De ahora en adelante, seleccionaré y cogeré los lingotes individualmente en mi propio terreno y ejerceré contra ti mi derecho de rechazo porque me has tratado con desprecio.

Leyendo un poco entre líneas deducimos que en realidad ya había un contencioso previo entre ellos: Ea-nasir, que al parecer era el principal mercader de cobre de Ur (en su vivienda se encontraron otras muchas tablillas sobre su negocio) dispensó ese trato a su cliente porque el otro le debía cierta cantidad (una mina, equivalente a varios cientos de kilos) y éste, a su vez, hizo un pago en su nombre al palacio, quizá un impuesto, que ahora le recuerda. En fin, que ese refrán que reza «Pleitos tengas y los ganes» podría aplicarse mucho más atrás en el tiempo de lo que pensamos.

Fuentes:
Letters from Mesopotamia. Official, business, and private letters on clay tablets from two millennia (A. Leo Oppenheim)/The archaeology of the Arabian Gulf (Michael Rice)/Un intercambio espléndido. Cómo el comercio modeló el mundo desde Sumeria hasta hoy (William J. Bernstein)/The origins of globalization (Karl Moore y David Charles Lewis)/Mesopotamia (Georges Roux)/Wikipedia