Filthy Thirteen, la unidad paracaidista de la Segunda Guerra Mundial que inspiró la película “Doce del patíbulo”

Los Filthy Thirteen (Joel Iskowitz)/Imagen: seanlinnane.blogspot.com

¿Recuerdan Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967)? Lee Marvin interpreta a un mayor de la OSS (Office of Strategic Services, el precedente de la CIA) que, durante la Segunda Guerra Mundial, recibe el encargo de reunir un grupo de reos peligrosos para formarlos como guerrilleros con el objetivo de asaltar una mansión francesa donde se van a reunir altos mandos alemanes y acabar con el mayor número de ellos. Esos hombres no tienen nada que perder porque muchos cargan con largas condenas, incluso a pena capital, así que aceptan y vemos cómo, pese a su catadura moral, van redimiéndose.

Pues bien, por curioso que parezca, la película está inspirada en un cuerpo real que además tenía un nombre parecido, a medio camino ente el título de ese film y el de los Malditos bastardos de Trantino, que también tiene una trama levemente similar. Hablamos de los Filthy Thirteen (Sucios Trece), que en realidad constituían la 1ª Sección de Demolición del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista, encuadrado en la famosa 101ª División Aerotransportada estadounidense, y se encargaban de misiones un tanto especiales.

Cartel de la película Doce del patíbulo/Imagen: Dcine

Seguramente a muchos aficionados al tema les sonará también ese 506º Regimiento porque, igualmente, ha sido inmortalizado en la ficción. En este caso para la pequeña pantalla, ya que protagonizaba la miniserie televisiva Hermanos de sangre (Band of brothers). Sus distintivos eran un águila en la manga y un as de picas en el casco, recibiendo el apodo de Currahee por el nombre de la montaña que había en su campamento de Georgia; currahee es una palabra que significa “estar solo” y proviene de la lengua cherokee. Como veremos, no será la única relación con los nativos norteamericanos.

Bajo el mando del coronel Robert Sink, que tuvo la singularidad de ser el único que permaneció al mando de un mismo regimiento durante toda la guerra, el 506º alcanzó un alto grado de entrenamiento que le llevó, por ejemplo, a batir el récord mundial de marcha (el 1º Batallón recorrió los 190 kilómetros que separaban el campamento de Atlanta en 75 horas y 15 minutos) y a tomar parte en algunas de las acciones más destacadas de la contienda, como la Operación Overlord (donde sufrió la mitad de las bajas registradas esa campaña), la Operación Market Garden (en la que capturó cuatro de los cinco puentes asignados) o la Batalla de las Ardenas (resistiendo heroicamente en Bastoña).

La Easy Company de la 101ª en Carentan/Imagen: El Gran Capitán

Pero aquí vamos a referirnos sólo a la 1ª Sección de Demolición, destinada a realizar sabotajes tras las líneas enemigas y, por tanto, sometida a una dura disciplina que, en algunos aspectos, recordaba un poco a la espartana: por ejemplo, no se bañaban durante días porque guardaban el agua para, el fin de semana, darse un festín con piezas de caza obtenidas ilegalmente, a veces robadas a otros campamentos, durante su acantonamiento en Niessen (Inglaterra). No está claro si esa costumbre es la que les otorgó el sobrenombre de Filthy o éste se debió a la bronca naturaleza de sus misiones; quizá ambas cosas.

Cada unidad estaba formada por trece hombres, dos grupos de seis más un sargento cuyo nombre era James Elbert McNiece, alias Jake, a las órdenes del teniente Charles Mellen. McNiece nació en 1919 en Oklahoma y había adquirido experiencia en el manejo de explosivos trabajando en la construcción primero y en los bomberos después, antes de alistarse en 1942. Su carácter, bravo, rebelde e insubordinado, llevó a tratar de aprovecharlo de la mejor forma posible y le asignaron el cargo de suboficial en la 1ª Sección.

El sargento James Elbert McNiece/Imagen: Pinterest

McNiece tenía ancestros entre los choctaw y a él se atribuye la idea de dotar a la unidad de una imagen peculiar, con las cabezas rapadas dejando una cresta al estilo mohawk y poniéndose pinturas de guerra antes de entrar en combate. Eran cosas contrarias al reglamento pero es que varios de aquellos soldados eran de sangre indígena y además solían hacerlas poco antes de embarcar en los aviones, cuando ya no había vuelta atrás; por otra parte, se daba por hecho que los Filthy Thirteen eran tan incorregibles -más de una vez se liaron a golpes con la Policía Militar- como indispensables, empezando por su sargento.

Éste era el verdadero líder de la unidad y lo fue más a partir del 6 de junio de 1944, el célebre Día D, cuando los paracaidistas, integrados en el 3º Batallón del 506º, fueron lanzados sobre Normandía y el teniente Mellen murió en acción, dejándole al mando. Dada la naturaleza de su misión, capturar el puente del río Douve y tomar Carentan, en el corazón de la retaguardia alemana, los Filthy Thirteen registraron un índice de bajas enorme que obligaron a enviarles continuos reemplazos hasta prácticamente renovar del todo sus filas.

Rutas navales y aéreas de la invasión el Día D/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Por eso los soldados que más tarde participaron en Market Garden, en el río Dommel (Eindhoven), ya no eran los mismos; muchos de ellos tampoco sobrevivieron a los bombardeos germanos y de nuevo hicieron falta refuerzos. En esa operación, por cierto, McNiece recibió el ascenso a sargento de pelotón y su puesto anterior fue ocupado por Jack Womer que, procedente de los Rangers y entrenado por comandos británicos, sería el único Filthy original que sobreviviría junto a McNiece.

Después de su paso por los Países Bajos, McNiece se inscribió voluntariamente como instructor en los Pathfinders (Exploradores), cuerpo mixto americano-británico creado durante la contienda para señalizar los saltos, marcar las zonas de recogida, determinar los sitios de aterrizaje y otras acciones aerotransportadas. El sargento ya había tenido bastante ración de plomo y esperaba no volver a entrar en combate pero se equivocaba: los Pathfinders fueron lanzados sobre la localidad belga de Bastoña con la misión de contener la contraofensiva alemana en Las Ardenas.

Los Filthy Thirteen con su pintoresco aspecto/Imagen: Pinterest

La mitad de los Filthy Thirteen supervivientes habían seguido a su sargento, así que allí estaban, de nuevo en el frente, esta vez con un enemigo extra: el frío, que junto a la nieve, el barro, el aislamiento, la falta de suministros y los blindados teutones les puso en serios aprietos. Las bajas estadounidenses en Bastoña fueron espeluznantes, entre un 80 y un 90%, pero, insólitamente, los Pathfinders únicamente perdieron un hombre y cumplieron su misión con éxito porque la baliza CRN-4 que llevaban permitió a la aviación acudir en ayuda de la desesperada situación de la 101ª División Aerotransportada.

McNiece todavía tendría otra intervención, esta vez en 1945 y ya sobre una Alemania agónica, cerca de Prüm. Fue durante la llamada Operación Varsity, la última a gran escala de la Segunda Guerra Mundial y la mayor aerotransportada de toda la contienda, que tenía como finalidad asegurar el control del Rin. A pesar de algunos errores en su desarrollo y al elevado número de bajas, terminó con victoria Aliada y con el indomable sargento apuntándose otro hito en su currículum: el que era ya su cuarto salto de combate, algo poco habitual en un paracaidista.

James McNiece y Jack Agnew/Imagen: Airborne

Las proezas de los Filthy Thirteen fueron recordadas en varios artículos. Uno de ellos, publicado por la revista True Magazine, constituyó el punto de partida de la novela Doce del patíbulo, del escritor Erwin M. Nathanson, quien combinó aquella historia con otra que había oído sobre una unidad suicida formada por presos, aunque parece ser que, tras investigar sobre ella, no encontró nada y concluyó que se trataba de una leyenda.

En cualquier caso, la adaptación de la novela al cine dos años más tarde en aquella divertida superproducción que dirigió Robert Aldrich no desagradó a los supervivientes de la 1ª Sección y uno de ellos, Jack Agnew, explicó que una tercera parte de lo que contaba era más o menos fiel (especialmente en las borracheras y las peleas); las principales diferencias que destacó, argumento aparte, fue que ellos no eran convictos y que casi la mitad llevaban sangre nativa en sus venas, al contrario que los Doce, la mayoría de los cuales fueron encarnados por actores blancos (John Casavettes, Charles Bronson, Telly Savalas, Donald Shuterland…).

Licenciado en febrero de 1946, el sargento James Elbert McNiece entró a trabajar en el Servicio Postal. Se casó dos veces y tuvo tres hijos. En 1997, un historiador de su misma localidad natal, Richard E. Kilibane, empezó a recopilar grabaciones de las aventuras de McNiece contadas por él mismo y con ellas publicó en 2003 un libro titulado Los trece malditos bastardos, que recuperó la memoria de sus hazañas y las de sus compañeros hasta el punto de que Francia decidió concederles la Legión de Honor. Justo a tiempo porque falleció en enero de 2013; sólo le sobrevivió Jack Womer, que expiró once meses después.

Fuentes: Los trece malditos bastardos (Richard Killblane y Jake McNiece)/Fighting with the Filthy Thirteen. The World War II story of Jack Womer, ranger and paratrooper (Jack Womer y Steven C. DeVito)/First to jump. How the Band of Brothers was aided by the brave Paratroopers (Jerome Preisler)/US Paratrooper 1941-45 (Carl Smith y Mike Chappell)/Doce del patíbulo (Erwin M. Nathanson)/Wikipedia