Cómo un campesino griego encontró la estatua más famosa del mundo

Venus de Milo / foto Galina Barskaya – Shutterstock

Uno de los más sensacionales descubrimientos de la arqueología y el arte ocurrió el 8 de abril de 1820 en la isla de Melos. O al menos esa es la versión oficial. Porque lo cierto es que el hallazgo de la estatua de Afrodita, que pasaría a la Historia con el nombre de Venus de Milo, y su posterior llegada a Francia, están envueltos en numerosos misterios e interrogantes.

Lugar del descubrimiento / foto Afar

La fecha del descubrimiento

Ya el mismo instante y los detalles de su descubrimiento, así como su autoría, son diferentes según las fuentes. Ni siquiera la fecha es absolutamente exacta. El arco temporal posible se extiende entre febrero y abril de 1820, aunque los historiadores generalmente aceptan el día 8 de abril como el más probable.

El descubridor

Tampoco hay consenso en el nombre de su descubridor. Se atribuye a un campesino griego de la isla de Melos llamado Giorgos (Yorgos) Kentrotas. O Giorgos Botonis. En algunas versiones le acompañaba su hijo Antonio. En otras el descubridor habría sido Theodoros Kentrotas (o Kendrotas) y la confusión con su hijo Giorgos habría hecho recaer en éste la atribución del hallazgo.

Afrodita de Melos – Venus de Milo / foto Mattgirling en Wikimedia Commons

Cómo se descubrió

La versión oficial dice que Kentrotas estaba extrayendo piedra de unas ruinas que había en su terreno para construir un cercado cuando encontró una cavidad en uno de los muros, en la que había escondidas varias piezas de estatuas de mármol e inscripciones.

Los franceses que casualmente andaban por allí

Unos seis años antes se había descubierto en la isla el teatro romano, y el hallazgo de artefactos antiguos, monedas, cerámica, joyas y esculturas había atraído a Melos, que por entonces estaba bajo dominio otomano, a numerosos occidentales en busca de antigüedades.

Tumba de Olivier Voutier (“descubridor” de la Venus de Milo, héroe de la independencia griega) / foto Esby en Wikimedia Commons

Precisamente en aquel mismo momento en que Kentrotas desenterraba las piezas de la estatua, andaba por allí el arqueólogo y teniente de la armada francesa Olivier Voutier. Casualidad o no, Voutier, uno de los muchos que ya habían rebuscado entre las ruinas del teatro, estaba explorando la isla en busca de objetos antiguos con dos de sus ayudantes y justo estaba muy cerca de Kentrotas. ¿Cómo de cerca? Lo más probable es que estuviera inspeccionando las mismas ruinas donde Kentrotas se aprovisionaba de mampostería.

El campesino, que debía ser plenamente consciente del valor de lo que había encontrado, intentó ocultarlo a la vista de los franceses. Según una versión éstos se percataron de que algo ocurría y acudieron a ver, mientras Kentrotas intentaba echar tierra y piedras para esconderlo.

Los franceses insistieron en interesarse por lo que había allí y ayudaron a Kentrotas a retirar de nuevo la tierra y los escombros. Lo primero que vieron fue el rostro de la estatua, desenterrando a continuación el torso. Al caer la noche habían extraído las dos (o tres) partes de una estatua que, en total, pesaba unos 900 kilos (según otra versión una parte se dejó in situ por no poder desenterrarla). Inmediatamente la guarecieron en el establo de Kentrotas, mientras Voutier enviaba a sus ayudantes con mensajes para los embajadores y cónsules franceses de Constantinopla y Esmirna, y el vicecónsul en Melos.

En palabras escritas por el propio Voutier:

Un campesino estaba sacando piedras de las ruinas de una capilla sepultada. Al verlo parar y mirar hacia el fondo del agujero fui hacia él. Había desenterrado la parte superior de una estatua en muy buenas condiciones. Le ofrecí un pago para que continuase excavando. Y, de hecho, luego encontró la parte inferior, pero no encajaba con la otra. Después de buscar con más cuidado, encontró la pieza central

Cómo los franceses se hicieron con la Venus de Milo

Louis Brest, el vicecónsul francés en Milo intenta a principios de mayo negociar la adquisición de la estatua, haciendo una oferta inicial de 400 piastras (la moneda empleada en el Imperio Otomano) a Kentrotas. Pero justo se la acababa de vender a un monje armenio, que la había adquirido para el dragomán (intérprete o traductor) del arsenal otomano Nicolas Mourosi.

Jules Dumont D’Urville / foto Jérôme Cartellier en Wikimedia Commons

El día 20 de mayo, justo en el momento en que la estatua estaba siendo cargada en un mercante otomano con destino a Constantinopla el alférez naval Jules Dumont D’Urville junto con el vizconde Marcellus, secretario del embajador francés, llegan al punto de embarque para impedirlo y convencer al pachá local de anular la transacción y hacerse con el botín.

Según otra versión D’Urville arregló la compra con el monje armenio (o griego), con el fin de eludir a las autoridades turcas. En cualquier caso el resultado fue que la Venus es cargada en un buque de guerra francés que sale de Milo el 23 de mayo. Llega a Constantinopla el 24 de octubre y el día 20 de diciembre a Toulon. A mediados de febrero de 1821 el embajador francés, Charles François de Riffardeau, marqués de Rivière, entra en París acompañando triunfalmente a la estatua.

¿Y que ocurrió con los brazos, la manzana y el plinto?

Junto a las partes de la estatua se encontraron dos placas con inscripciones dedicatorias, así como el plinto sobre el que pudo estar colocada originalmente y en el que aparece el nombre de un escultor: Alejandro de Antioquía. La inscripción decía:

(Agés)andros, hijo de Ménides, de Antioquía del Meandro, hizo la estatua

Este nombre ha aparecido en otras inscripciones antiguas, como en una estatua de Alejandro Magno encontrada en Delos y que también está hoy en el Louvre.

Grabado de Frédéric Clarac publicado en 1821 que muestra la estatua con el plinto y la inscripción antes de ser expuesta al público por primera vez / foto dominio público en Wikimedia Commons

El plinto y la inscripción se conocen por dibujos realizados durante la época del hallazgo, pero ambos desaparecieron poco tiempo después de los almacenes del Louvre, por lo que nunca se ha podido comprobar si eran parte de la estatua o no.

En cuanto a los brazos de la Venus, hay consenso entre los historiadores en que Kentrotas encontró también posteriormente fragmentos del antebrazo izquierdo, así como una mano izquierda que sostenía una manzana o una granada (ésta era demasiado rudimentaria como para pertenecer a la estatua, según afirmó el vizconde Marcellus). Pero los dibujos realizados por Voutier muestran a la estatua tal y como la conocemos hoy, sin brazos.

D’Urville dejó también una descripción de la estatua, que ciertamente suscita algunos interrogantes y sugiere que al igual que Voutier, la había visto al poco de ser extraída:

La estatua estaba en dos pedazos, firmemente mantenidos juntos por grapas de hierro. El campesino griego, temeroso de perder el fruto de su trabajo, había escondido la parte superior en un establo, junto con dos estatuas de Hermes. La otra mitad aún estaba en su nicho. Medí las dos partes por separado; la estatua mide aproximadamente seis pies de altura; es la representación de una mujer desnuda, sosteniendo una manzana en su mano izquierda elevada, mientras que la mano derecha sostiene sus vestiduras cuidadosamente cubiertas, que caen de las caderas hasta los pies; ambos brazos estaban dañados y, en realidad, estaban separados del cuerpo. El único pie visible está descalzo; las orejas están perforadas y deben haber sido adornadas con pendientes. Todas estas características sugieren que la imagen sea de Venus en el juicio de París; pero, en este caso, ¿dónde estarán Juno, Minerva y el hermoso pastor?

Amable Matterer, que era primer oficial de La Chevrette, el barco en el que servía Voutier, curiosamente no confirma la historia de éste (es decir, el relato de su encuentro con Kentrotas y el descubrimiento). Pero, para enredar más las cosas, sí dejó una declaración sobre la estatua que añade más misterio al asunto:

Cuando vi la estatua … el brazo izquierdo estaba unido al torso y (la mano) sostenía una manzana sobre el nivel de la cabeza

Y por si fuera poco, existe un boceto realizado en 1820, supuestamente de la estatua en los establos de Kentrotas al poco del descubrimiento, que la muestra con ambos brazos, manzana incluida, aunque no hemos podido confirmar su autenticidad.

Dibujo anónimo realizado en 1820, supuestamente muestra la estatua en el establo de Kentrotas / foto dominio público en Wikimedia Commons

Una teoría dice que cuando D’Urville y Marcellus llegaron al mercante turco para hacerse con la Venus, los otomanos opusieron resistencia, se organizó una pequeña batalla y en el tira y afloja la estatua golpeó contra las rocas destrozando ambas extremidades. Casi nadie da crédito a esta historia.

No obstante, cuando en 1870 Louis Adolphe Thiers fue nombrado presidente de Francia, le encomendó al embajador en Grecia, Jules Ferry, que viajase a Melos para investigar sobre la estatua. Ferry consiguió localizar a un hijo y un sobrino de Kentrotas, y ambos afirmaron que cuando fue encontrada la estatua todavía tenía brazos.

Y en 1960 Turquía solicitó a Francia su devolución, bajo acusaciones de haberla robado. Según el gobierno turco la estatua pertenecía al Imperio Otomano (aunque para ese año 1960 hacía más de un siglo que la isla de Melos, donde se encontró, era griega).

Sorprendentemente Turquía afirmaba que si Francia la devolvía, le restaurarían los brazos originales, cuya ubicación solo tres familias turcas conocían. Por supuesto Francia se negó, considerando tal afirmación como un chantaje.

La Venus de Milo en el Louvre / foto LexyK – Shutterstock

El Louvre siempre ha defendido que los brazos originales nunca fueron hallados, ni mucho menos llegaron a Francia. Sin embargo, algunos de los fragmentos recuperados por Kentrotas y cuya pertenencia a la estatua siempre ha sido controvertida, como partes de antebrazos o la mano con la manzana, siguen olvidados en los almacenes del museo.

Desde que llegó al Louvre, la Venus de Milo ha pasado por múltiples avatares, principalmente durante las dos guerras mundiales. Para lo que no hubo que esperar mucho tiempo fue para que se convirtiera en la estatua más famosa del mundo, algo de lo que se encargó la propaganda francesa, que convirtió a esta escultura de 2,03 metros de altura realizada en algún momento entre los años 130 y 100 a.C., en el paradigma de la belleza.

Fuentes: Once Upon a Time / Professor Buzzkill / Les Secrets de la Vénus de Milo (Jean-Luc Martinez) / The Cyclades: Discovering the Greek Islands of the Aegean (John Freely) / Elginism / Greek Reporter / Wikipedia.