Por qué Reino Unido es el único país del mundo al que se le permite no poner su nombre en los sellos

Una tirada de Penny Black/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

¿Por qué Reino Unido es el único país del mundo al que se le permite no poner su nombre en los sellos? La respuesta es muy simple y se reduce a un nombre: Victoria. No el común, sinónimo de triunfo, sino el propio, de la reina y emperatriz más famosa de su historia. Britannia rules over the waves. Bastaba con su inconfundible perfil para reconocer la procedencia de la estampilla original, que ha pasado a la Historia como Penny Black.

El concepto de sello es muy antiguo y se remonta a unos cuatro mil años a.C., a las civilizaciones mesopotámicas, si bien entonces, al no haber papel aún, se utilizaba un modelo inciso al presionar un cilindro en relieve sobre la arcilla fresca de las tablillas. Esto evolucionó luego a la impresión sobre cera o lacre mediante cuño y troquel, dejando atrás otro tipo frecuente en la Baja Edad Media como el sello de plomo colgante. Y finalmente, al aparecer la imprenta, se llegó a la estampación en tinta con un tampón.

Sello cilíndrico mesopotámico y su impresión en arcilla/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Sin embargo, el uso general era en diplomática oficial. A medida que la alfabetización fue creciendo y se extendió el envío de correspondencia fue necesario crear un nuevo tipo de sello, el postal, para financiar los envíos de una manera eficiente, sustituyendo el pago que hacía el receptor y cambiando la tasación por kilometraje por la del peso del envío. Como casi siempre, fueron los británicos los precursores (aunque algunos apuntan a antecedentes en Grecia, Suecia o el Imperio Austro-Húngaro) y hay una anécdota con protagonismo a cargo del hombre que cambiaría el panorama, un maestro cuyos restos reposan hoy en la Abadía de Westminster.

Se llamaba Rowland Hill y estaba en una posada cuando vio cómo la dueña devolvía una carta por carecer de dinero para pagarla. Él se ofreció a ayudarla y así supo que, en realidad, no era tan pobre sino que se comunicaba de esa manera con sus familiares, devolviendo las misivas al saber que estaban todos bien si no cambiaban el tipo de letra, tal como habían pactado previamente y ahorrándose unos y otros los costes de los envíos, que eran bastante elevados. Al parecer la anécdota es falsa, como él mismo aclaró, pero lo que sí fue cierto es que el servicio de correos aceptó la idea que les remitió en su proyecto Post Office Reform, en el que proponía un sello postal adhesivo con franqueo previo.

Rowland Hill en 1879/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La Cámara de los Comunes dio el visto bueno en noviembre de 1837 y el Gobierno asumió la responsabilidad de emitir los primeros sobres timbrados y la correspondiente tirada de nuevos sellos. Se convocó un concurso para el diseño pero, pese a que se presentaron más de dos millares y medio de trabajos, nadie se llevó las seiscientas libras del premio porque fue declarado desierto, así que el propio Hill se encargó usando el perfil de la reina Victoria con la palabra Postage (Franqueo) arriba y el valor One penny (Un penique) debajo.

El modelo que usó para el retrato fue un camafeo que el artista William Wyon había realizado ese mismo año con motivo de la visita real a Londres, plasmado en pintura por Henry Corboull y grabado por Frederick y Charles Health. Lo imprimió Perkins Bacon añadiendo en cada esquina una letra; combinadas indicaban el lugar que ocupaban en las hojas de impresión, una información muy útil hoy para los coleccionistas filatélicos. A ese sello se lo conoce con el nombre de Penny Black, fruto de combinar dicho valor con el color negro del fondo.

El perfil de una joven reina Victoria en Penny Black/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Se puso en circulación el 6 de mayo de 1840 y un par de días más tarde salió el de dos peniques, que era igual pero azul. La primera tirada ascendió a sesenta mil ejemplares pero hasta que fue retirado de circulación en 1841 se emitieron sesenta y ocho millones de sellos (un millón y medio aún se conservan en colecciones). La reforma postal de Hill, que fue nombrado director del servicio de correos británico, implicaba que el franqueo -un penique por cada media onza de peso (unos catorce gramos)- lo costeaba el remitente en vez del receptor, lo que incentivó la correspondencia hasta triplicarla en sólo una semana, buena muestra de la aceptación que tuvo la estampilla adhesiva.

Faltaba solucionar el posible problema de la reutilización y se logró con una marca que harían los empleados postales sobre los sellos al recibir las cartas en las oficinas; lo que hoy conocemos como matasellos. Como la tinta roja que se usó inicialmente resultaba difícil de ver sobre el fondo negro y podía disimularse, en 1841 se invirtieron los colores pasando los sellos a ser rojos y el matasellos negro. Hay un detalle muy curioso respecto a todo esto: como la mayoría de la gente es diestra, se exigía que los sellos se colocaran en la parte superior derecha de la carta para facilitar a esos empleados el proceso de anulación con rapidez cuando se juntaba mucha correspondencia.

Una carta con el sello colocado en su sitio y matasellado en rojo/Imagen: Tricahyo123 en Wikimedia Commons

El sistema supuso un enorme éxito y se copió en otros países, generalizándose en todo el mundo. El Penny Black se mantuvo vigente durante cuarenta años con cambios mínimos incluso después del fallecimiento de la reina Victoria, con su heredero Eduardo VII. Cuando diseñó el sello, Rowland Hill pensó que el retrato de la soberana bastaría para saber la procedencia, de ahí que no escribiera también el nombre del país. No lo consideraba necesario, bien es cierto que tampoco imaginaba el alcance que tendría su invento.

En 1874 la Unión Postal General, posteriormente rebautizada como UPU (Union Postale Universelle, es decir, Unión Postal Universal), una organización internacional creada en 1863 con sede en Berna (Suiza), decretó que todos los sellos debían llevar el nombre de su país emisor pero eximiendo de ello a Reino Unido como homenaje, por haber sido la nación que acogió la primera emisión.

Fuentes: Moon living abroad London (Karen White)/100 headlines that changed the world / Sir Rowland Hill. The story of a great reform (Eleanor C. Smyth) / The story of the Penny Black and its contemporaries (Anthony Gordon Rigo de Righi)