Operación Countenance, la invasión anglo-soviética de Irán durante la Segunda Guerra Mundial

Soldados soviéticos y británicos en Irán/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Desde los años treinta el uso de automóviles y camiones se había generalizado ya tanto que el petróleo pasó a ser una de las fuentes de riqueza para la economía y, consecuentemente, al estallar la Segunda Guerra Mundial constituía un factor estratégico fundamental para casi todo tipo de vehículos, ya fueran terrestres, aéreos o navales. Esa necesidad de asegurarse el suministro de combustible originó más de una campaña por parte de ambos bandos contendientes y una de las más curiosas, al tratarse de un precedente de algo que se repetiría décadas después, fue la Operación Countenance, que llevó a un ejército combinado de británicos y soviéticos a invadir Irán para acceder a sus yacimientos petrolíferos y mantener una vía de suministro a la URSS.

Reino Unido y la Unión Soviética eran aliadas desde que Alemania inició la Operación Barbarroja atacando territorio de la segunda y las dos contemplaban con preocupación la posibilidad de que un Irán oficialmente neutral pero simpatizante del Eje permitiera el acceso a éste al petróleo producido en Abadán, región de la desembocadura del Éufrates rica en petróleo desde su descubrimiento en 1909 y cuya explotación -unos ocho millones de toneladas en 1940- estaba en manos de una compañía anglo-iraní.

El ferrocarril transiranio, elemento estratégico/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Por otra parte, el ferrocarril trans-iraní, que unía el Golfo Pérsico con el Mar Caspio, se había convertido en la única alternativa para los envíos de material que los Aliados enviaban a la URSS, dado el peligro que suponían los submarinos germanos para un transporte marítimo y las limitaciones que se presentaban ante la ocupación por tierra. Doble motivo, pues, para poner los ojos en tierra iraní, agravado por un tercero: la aspiración de Moscú de incorporar algunas de sus regiones, como parte del Azerbaiyán y de Turkmenistán.

Así pues, aunque el sha Reza Khan no apoyaba la política antisemita de Hitler (las embajadas iraníes en Europa salvaron a miles de judíos) sí era un declarado admirador del régimen; al fin y al cabo, durante los años prebélicos, el país se había modernizado (hasta cambió de nombre; antes era Persia) gracias a la presencia de numerosos técnicos teutones y desde 1939 Alemania era su principal socio comercial. Asimismo, se había distanciado de Reino Unido desde que en 1931 canceló la llamada Concesión D’Arcy, que entregaba el 90% de los beneficios del petróleo de Abadán a Londres.

Reza Sha en su palacio en 1941/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Por tanto, Reza Khan empezó a recibir presiones y en el verano de 1941 se le exigió que expulsara de Irán al aproximadamente millar de residentes alemanes que consideraba ejercían un papel importante en puestos estratégicos. Teherán se negó y empezaron a sucederse manifestaciones germanófilas, si bien el gobierno procuraba mantener cierto equilibrio, consciente de que en el vecino Irak había acantonadas numerosas tropas británicas, las conocidas como Iraq Command (o Iraqforce). Pero del asunto de los teutones en suelo iraní se hizo casus belli y el 25 de agosto empezó la invasión.

Lo hizo precisamente en Abadán, cuyo puerto -con sus barcos- fue bombardeado por el destructor HMS Shoreham para cubrir el desembarco anfibio y paracaidista de dos batallones de la 24ª Brigada India que se adueñaron de las instalaciones de la refinería petrolífera esa misma tarde mientras otra fuerza combinada soviética, británica e india protegida por la Royal Navy ocupaba sin gran resistencia otra ciudad portuaria, Bandar-e-Shahpur, importante porque allí terminaba -o empezaba- el citado ferrocarril transiranio.

Irán en 1941/Imagen: Kirrages en Wikimedia Commons

Paralelamente, la RAF atacó bases y comunicaciones y otros batallones indios entraron en Irán desde diversos puntos conquistando una localidad tras otra con el doble objetivo de tomar los campos de petróleo de Naft-i-Shah y asegurar el paso de Pai Tak, que garantizaba que el corredor ferroviario no sería interrumpido. Fue una operación más difícil, debido al terreno montañoso. Asimismo, fuerzas soviéticas penetraron desde Transcaucasia y Turkmenistán, tomando el Azerbaiyán iraní y avanzando en dirección sur hasta enlazar con sus aliados en Sanandaj y Qazvin. En apenas dos días se cumplieron todos los objetivos y se lanzaron octavillas sobre una Teherán aislada instando a la rendición, de manera que el Sha, que había pedido sin éxito a EEUU que intercediese, tuvo que parlamentar el 29 de agosto.

Un tanque soviético patrullando las calles de Trebiz/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La Iraqforce había pasado a rebautizarse como Paiforce y estaba formada por tres divisiones y dos brigadas de infantería indias más una brigada de caballería acorazada británica; en total unos 200.000 hombres con carros de combate, artillería y aviación que estaban al mando del teniente general Edward Quinan. Los soviéticos enviaron tres ejércitos (44º, 47º y 53º), dirigidos por el general Dmitry Timofeyevich Kozlov, que sumaban un millar de tanques; sólo hallaron oposición real en el puerto Bandar Pahlavi del Mar Caspio pero la aviación acabó con ella.

Enfrente, Irán movilizó nueve divisiones de infantería, dos de ellas motorizadas (con tanques franceses obsoletos y medio centenar de panzers alemanes), pero sin fuerza aérea y con escaso entrenamiento, pues hasta entonces el Sha sólo había empleado a sus tropas contra el pueblo, en tareas de represión, y además su proceso de modernización estaba a la mitad. El ataque aliado fue tan fulminante que no dio tiempo a organizar una defensa eficaz, sin contar con que el Sha no quiso seguir la recomendación de sus generales de destruir la red viaria, que tanto había costado hacer.

Convoy de suministro británico encabezado por un BA-10 soviético/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El colapso fue total: los mandos y oficiales iraníes en realidad simpatizaban con los británicos, los soldados huían de sus puestos ante la fama del Ejército Rojo y resultaba imposible cualquier plan, así que Reza Khan -que estuvo a punto de matar a golpes al jefe de sus fuerzas armadas, salvándolo el príncipe a cambio de mandarlo a prisión- tuvo que parlamentar el 29 de agosto tras evacuar a su familia a Isfahán.

Destituido el primer ministro Ali Mansur por pro-británico, su sustituto, Mohammad Alí Foroughi, asumió el papel de negociador de la rendición. Curiosamente, Foroughi era un ex-opositor represaliado cuyo hijo había sido fusilado, así que se le presentó una inmejorable oportunidad de vengarse: a cambio de que los invasores no entrasen en la capital, expulsaría a todos los ciudadanos de países del Eje (alemanes, italianos, rumanos y húngaros), entregando a sus diplomáticos a británicos y soviéticos (lo que para muchos de ellos suponía una condena a prisión segura o peor).

Mohammad Alí Foroughi/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Esto último no llegó a producirse porque el Sha organizó rápidamente su huida pero ello le costó la entrada en Teherán del Ejército Rojo a mediados de septiembre, provocando la desbandada y su consecuente abdicación; moriría en el exilio, en Sudáfrica, antes de acabar la guerra. Los británicos sopesaron restaurar a la dinastía Qajar, que les era favorable, pero había un problema: el representante de ésta, Hamid Hassan Mirza, se había criado en Gran Bretaña y no hablaba persa. Así que al final fue el hijo de Reza Khan el que subió al trono; se llamaba Mohammad Reza Pahleví y permanecería en el poder hasta su derrocamiento por la Revolución de los Ayatolás que encabezó Jomeini en 1979.

Cumpliendo lo pactado, las tropas invasoras abandonaron la capital el 17 de octubre pero se repartieron el país, con la mitad septentrional controlada por la Unión Soviética y la otra por Reino Unido; eso sí, con el compromiso de irse seis meses después de finalizar la guerra. Como contrapartida, el Sha declaró la guerra a Alemania en septiembre de 1943, lo que le avaló para se admitido en la recién creada ONU y pasar de ser un país ocupado a un aliado más. Todo ello permitió, tratado mediante, usar el corredor persa para enviar cerca de cinco millones de toneladas de material a los soviéticos, además de abrir vías de suministro al ejército británico destinado a Oriente Medio.

El nuevo sha, Reza Pahleví, recibido por Foroughi en el Parlamento/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Los alemanes trataron de interrumpir ese flujo de transportes y crear un movimiento de resistencia con tres intentos. El primero, la financiación de una organización fascista denominada Melnune Iran que careció de fuerza real al no contar con apoyo del gobierno iraní ni de la mayoría de la población. El segundo fue la Operación Francois, diseñada por la Abwehr y desarrollada en el verano de 1943 por paracaidistas del 502º Batallón Jäger SS que lideraba Otto Skorzeny (que en breve se haría famoso rescatando a Mussolini del Gran Sasso). Consistía en sabotear los convoyes tomando como punto de operaciones la localidad de Qashqai pero fracasó por insuficiencia de fuerzas y equipo.

El tercero fue la Operación Salto de Longitud, cuyo objetivo era atentar contra los tres grandes líderes aliados, Roosevelt, Stalin y Churchill, durante la Conferencia de Teherán, en la que se reunieron por segunda vez (en realidad fue un epílogo de la primera, celebrada en El Cairo unos días antes). De nuevo se le encargó la misión a Skorzeny y de nuevo resultó imposible al ser descubierta y desarticulada por agentes soviéticos a las órdenes de un joven oficial de diecinueve años llamado Guevork Vartanián.

Otto Skorzeny en 1945/Imagen: Bundesarchive, Bild, en Wikimedia Commons

La Conferencia de Teherán se había convocado para completar la anterior, cumplimentando la actitud colaborativa del Sha y rematando asuntos pendientes como la apertura de un segundo frente en Europa occidental, la renovación del compromiso de respeto territorial al país anfitrión y el envío de ayuda económica para su recuperación, ya que, al resultar destruidas sus infrestructuras y perdidas las cosechas, la escasez (incluyendo una inflación del 450%) había provocado disturbios populares, solventados con la ley marcial -que acabó con varios muertos-.

Ese año también vio la llegada de un considerable contingente estadounidense al corredor persa, de forma que por esa ruta pasó más de un tercio del material enviado a la Unión Soviética (y al propio Irán) en virtud de la Lend-Lease Act, la Ley de Préstamo y Arriendo que autorizaba el envío de armas, petróleo y víveres a los países aliados a cambio de bases en ellos y que se mantuvo hasta agosto de 1945. La presencia norteamericana también calmó los ánimos de quienes no se fiaban de la palabra anglo-soviética de irse cuando llegara la paz.

Stalin, Roosevelt y Churchill posando para la prensa ante la embajada rusa durante en la Conferencia de Teherán/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Pero fue una confianza ingenua. Como decíamos antes, la URSS ambicionaba Azerbaiyán y el Kurdistán, zonas del noreste iraní, así que durante la ocupación organizó el Tudeh, un partido comunista local que se ocupó de difundir propaganda prerrevolucionaria entre la clase arrendataria contra los arbabs (terratenientes), originándose violentos enfrentamientos de los que, dos meses después de terminar la Segunda Guerra Mundial, surgió la República Popular de Azerbaiyán con respaldo de Moscú. Poco después nacía también la República Popular Kurda sin que los iraníes pudieran impedirlo porque los nuevos países estaban protegidos por el Ejército Rojo.

El 2 de marzo de 1946, seis meses después de acabar la contienda, los británicos cumplieron lo pactado e iniciaron la marcha de Irán. Los soviéticos, en cambio, no se fueron hasta mayo, después de que Irán presentara una queja ante el Comité de Seguridad de la ONU, que no hizo nada. Unos y otros siguieron repartiéndose el petróleo iraní.

Ubicación de los pozos petrolíferos iraníes y reparto de zonas de influencia entre británicos y soviéticos en 1946/Imagen: Drybrush en Wikimedia Commons

Fuentes: August 1941. The Anglo-Russian occupation of Iran and change of Shahs (Mohammad Gholi Majd)/Dealing with the Devil. Anglo-Soviet Intelligence Cooperation in the Second World War (Dónal O’Sullivan)/The British Empire and the Second World War (Ashley Jackson)/Iran. A modern history (Abbas Amanat)/Russians in Iran. Diplomacy and the politics of power in the Qajar Era (Rudi Matthee y Elena Andreeva, eds)/Wikipedia