Los siete viajes de la Flota del Tesoro: una epopeya naval china en el siglo XV

Los siete viajes de la Flota del Tesoro: una epopeya naval china en el siglo XV 13 mayo, 2018

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de viajes y turismo desde 2009 en Viajeros. Editor de La Brújula Verde. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

Zheng He al mando de su flota (Zhang Hongnian)/Imagen: Nevsepik

Hace tiempo dedicamos un artículo a la figura de Zheng He, un navegante chino que abrió nuevas rutas mercantiles en la primera mitad del siglo XV llegando hasta África (y a América, según algunos, aunque no hay ninguna prueba y jamás navegó en esa dirección). He comandaba la Flota del Tesoro, llamada así porque algunas de las naves que la componían eran los colosales baosuchuanes (Barcos del Tesoro), los mayores jamás construidos en madera, y al frente de esa insólita escuadra realizó siete viajes entre 1405 y 1433 para el emperador Yongle de gran importancia cartográfica, comercial y diplomática. Ésta es su historia.

El verdadero nombre de Yongle era Zhu Di; el otro no es más que un apodo que significa Eterna felicidad. fue el tercer emperador de la dinastía Ming y bajo su mandato China alcanzó su máxima expansión territorial al reunir un poder absoluto que le dejó las manos libres para reformar en profundidad las estructuras estatales, dotándolas de una administración eficiente que permitió recuperar la economía, maltrecha tras una guerra civil. Pero probablemente su actividad más intensa fue la diplomática, estableciendo relaciones con multitud de reinos.

El emperador Yongle/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ello se debió a la iniciativa de los eunucos, cuyo papel en el gobierno había restablecido Yongle tras una etapa de proscripción, desafiando así el tradicional aislamiento chino que promulgaba el confucianismo. Fue precisamente un eunuco el protagonista de aquella política de apertura: Ma He, llamado por los chinos Ma Sambao, un musulmán de la etnia hui que fue capturado durante una razia en la provincia de Yunnan. Adiestrado como soldado, ascendió en el escalafón gracias a su participación en la guerra contra los mongoles hasta convertirse en un veterano militar que se ganó el derecho a tener un nombre chino. Y le pusieron Zheng He.

El anterior emperador, padre de Yongle, había construido una considerable flota que, a partir de 1403, su hijo amplió aún más hasta millar y medio de unidades, dotándola de 300 de los citados baosuchuanes, acordes a la condición de megalómano que se le atribuye. Aunque los había de varios tipos y tamaños, se cuenta que los más grandes alcanzaban 137 metros de eslora y 55 de manga, enarbolando hasta 9 mástiles. Hay expertos que rebajan esas medidas porque de ser reales resultarían barcos muy difíciles de gobernar y porque creen que no se debe interpretar las fuentes originales al pie de la letra.

Corte de un baosuchuán de la flota del Tesoro (Stephen Biesty)/Imagen: Stephen Biesty-Illustrator

En cualquier caso, todas aquellas embarcaciones eran necesarias por una curiosa razón: Yongle quería buscar a su predecesor, Jianwen, del que la leyenda decía que se había exiliado tras morir en un incendio con su mujer e hijo y no hallarse nunca el cadáver. Una especie de sebastianismo que en realidad tenía causas más mundanas: China sufría problemas de abastecimiento debido al bloqueo terrestre a que estaba sometida desde tiempos de Tamerlán, así que se imponía la necesidad de buscar salidas por mar. Superando las reticencias de buena parte de la corte, los eunucos proyectaron una gran expedición naval con la llamada Xiafan Guangjun (Armada Expedicionaria Extranjera), más conocida hoy como Flota del Tesoro, en alusión a los 62 baosuchuanes que tenía.

Era una extraña combinación de 317 buques de guerra, mercantes y auxiliares, construidos casi todos en los descomunales astilleros de Longjiang y puestos bajo el mando de uno de los suyos, Zheng He, a quien Yongle entregó pergaminos en blanco con el sello imperial para poder improvisar órdenes. Con él viajaban unos 28.000 hombres, entre marineros, soldados, artesanos y otros oficios diversos considerados de utilidad. En la primavera de 1405 se promulgó un edicto, confirmado en julio, indicando la inminente partida. El emperador despidió a sus capitanes con un gran banquete y ese otoño los barcos zarparon de Nankín, por entonces la capital.

Otra visión de la flota del Tesoro (Anthony Lyon)/Imagen: Pinterest

Navegaron organizados en grupos en dirección a Taiping, donde iban a fondear para pasar la temporada del monzón. Luego se hicieron a la mar de nuevo por el Índico. Pasaron por Fujian, Champa, Java, Malaca, Aru, Semudera, Lambri, Ceilán, Quilon y Calicut, aunque antes de llegar a Ceilán se separaron y algunas unidades se acercaron a las Islas Andamán. En Calicut (actual Kozhikode, en el extremo sudoeste de la India) estuvieron cuatro meses y después emprendieron el regreso a China, entablando combate por el camino con la flota del pirata Chen Zuyi, dueño del Estrecho de Malaca, al que derrotaron contundentemente ejecutándole junto con buena parte de los suyos.

El 2 de octubre de 1407 arribaron a Nankín llevando consigo grandes riquezas y, lo más importante, embajadores extranjeros dispuestos a ser tributarios de China. Además, el emperador premió a Zheng He y sus capitanes, Wang Jinghong y Hou Xian, por la victoria ante Chen Zuyi. Pero aquel éxito no hizo sino acrecentar su interés, por lo que ese mismo mes dispuso que se preparase una segunda expedición. Zarpó a finales de año o principios del siguiente, no estando claro si con He al frente o no pero sí que era algo menor, de 68 unidades.

La Torre de Porcelana de Nankín, construida con los beneficios del tercer viaje; fue destruida durante la Rebelión Taiping/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Recorrió un itinerario similar al anterior, aunque esta vez no fue a Ceilán; se centró en Calicut, con cuyo rey Mana Vikraan se había firmado una alianza. También se llevó a cabo una operación de castigo contra Java, enemistada con China desde tiempo atrás, que aceptó pagar una jugosa indemnización para evitar llegar a la guerra, y se guardó en las bodegas un gigantesco cargamento de incienso obtenido en las Andamán ya durante el retorno. Este finalizó con el desembarco en Nankín en el verano de 1409.

Antes, en febrero, se había dictado una orden a Zhen He para preparar otro viaje, de ahí la confusión sobre si formó parte del segundo o no. En cualquier caso, sí iba al mando de la flota de 48 naves que partió ese otoño hacia la misma zona. El episodio que caracterizó esta tercera singladura ocurrió, al igual que antes, durante el regreso. También hubo parecido en que se trató de una operación punitiva, en este caso contra Alakeshvara, rey de Kotte (un reino de Ceilán), que solía apadrinar incursiones piratas contra China. Zhen He derrotó a su ejército, tomó la capital y le apresó, llevándoselo cautivo a Nankín. Llegó en junio de 1411 y el emperador terminó liberándolo porque, entretanto, se había aupado al poder otra dinastía más empatizante hacia los chinos.

El apresamiento de Alakeshvara por Zheng He/Imagen: Pinterest

El cuarto viaje zarpó del mismo puerto a finales de 1413 con una doble misión: devolver a sus países a los delegados diplomáticos que habían firmado acuerdos con China y sobrepasar el punto máximo alcanzado hasta entonces, que era Calicut. Así fue cómo aquella flota de 63 barcos llegó a las Islas Maldivas, Java y Sumatra, lugar este último donde los chinos depusieron por las armas a Sekandar, el usurpador del trono de Semudera (un sultanato musulmán) para reponer al legítimo Zain al-‘Abidin, más favorable a sus intereses. El 12 de agosto de 1415 estaban otra vez en Nankín y entregaron a Sekandar al emperador, que ocupado en la guerra contra los mongoles no quiso perder tiempo y mandó ejecutarlo.

Yongle volvió a la capital en noviembre de 1416 para despedir a otra veintena de embajadores y, por tanto, ordenar un quinto viaje que empezó el 12 de abril de 1417 con un primer alto en Quanzhou para cargar porcelanas y otras mercaderías, ya que se pretendían abrir nuevos mercados. Prueba de ello es que se han encontrado algunas de esas piezas en el litoral de Oriente Medio y el continente africano: Ormuz, Yemen, Mozambique, Somalia, Kenia… En alguno de esos sitios los chinos tuvieron que hacer demostraciones de fuerza al no ser bien recibidos.

La Flota del Tesoro arriba a una playa indonesia (Anthony Lyon)/Imagen: Fine Art America

El regreso tuvo lugar en el verano de 1419 y una vez más se llevaron 16 embajadores, que se presentaron ante el emperador con exóticos regalos; entre ellos una amplia colección de fauna africana variada que causó gran sensación en la corte, especialmente una jirafa. Paralelamente, Zheng He siguió acumulando recompensas imperiales y enriqueciendo su patrimonio. Pero también su prestigio, de ahí que se le designara una vez más para el viaje que debía devolver cortesía a esos delegados de tan lejanos reinos, enviándoles esa riqueza exclusiva y secreta que eran las confecciones de seda.

Para ahorrar tiempo, la flota se dividió en varias escuadras más pequeñas y los embajadores se repartieron en ellas por zonas de procedencia. Luego se reagruparon en Calicut para hacer juntas la ruta de retorno, haciendo una escala en Siam. Estaban en China el 3 de septiembre de 1422 con enviados de ese reino sin imaginar que, en mayo del año anterior, el emperador había decidido poner fin a los viajes de la Flota del Tesoro para centrar atención y recursos en la guerra contra los mongoles, que continuaba activa. Los barcos se destinaron así a cuestiones defensivas.

El emperador Yongle admirando una jirafa traída de África/Imagen: Pinterest

Yongle falleció en agosto de 1424 y le sucedió su primogénito Gaozhi, más conocido como Hongxi, que no confiaba en los eunucos y los relegó, por lo que con ellos quedaron postergadas aquellas aventuras marítimas. Además, su deseo era trasladar la capital de Nankín a Pekín, por lo que la primera quedó como una ciudad más con la flota sirviendo de guarnición, a cuyo mando puso a Zheng He. Pero Hongxi reinó poco; un ataque al corazón puso fin a su vida en mayo de 1425 y el trono fue ocupado por Xuande, que restituyó a los eunucos. Volvía a abrirse la puerta al mar.

Y, en efecto, en 1430 el emperador encargó a He el que sería el séptimo y último viaje, destinado a renovar las relaciones diplomáticas con los reinos y territorios anteriores. La Flota del Tesoro al completo, tres centenares de buques, zarpó el 19 de enero de 1431 y fue tocando los puertos que había conocido en las otras singladuras: Java, Malaca, Sumatra, Ceilán, Calicut, Ormuz… El 9 de marzo de 1433 emprendió la vuelta, en la que se accedió de forma directa (recalando en sus puertos) o indirecta (enviando misiones por tierra) a nuevos sitios como las Islas Laquedivas, La Meca o Bengala. Sin embargo, Zheng He falleció antes, siendo sepultado en la mar, así parece confirmarlo que su tumba de Nankín esté vacía.

Zheng He navegando /Imagen: Pinterest

El 22 de julio de 1433 sus oficiales se presentaron en Pekín ante el emperador, que los colmó de regalos y premios, aparte de recibir a 11 nuevos embajadores. La China Ming se había convertido en una potencia naval, atrayendo un buen número de tributarios, extendiendo una red comercial que enriqueció su economía y colocando su pabellón en tierras inéditas hasta entonces pero ya no hubo más viajes, por lo que la presencia de los chinos en el Océano Índico se mantuvo ya sólo en el ámbito de marinos y comerciantes privados, dejando libre el paso a los wako (piratas orientales).

La Flota del Tesoro no volvió a navegar como tal sin que se sepa la razón, aunque sin duda influyó la recuperación del poder de los funcionarios civiles en perjuicio de los eunucos. Se los culpó de la derrota ante los mongoles y la consiguiente captura del emperador Jungtong en 1449, por desviar recursos a sus aventuras marítimas, retomándose el ancestral aislacionismo confucianista. Una de las teorías que los historiadores consideran más probable es que toda la flota fuera destruída intencionadamente, para evitar nuevas aventuras.

Los siete viajes de la Flota del Tesoro/Imagen: SY en Wikimedia Commons

Fuentes: En torno al renacimiento de China (Eugenio Bregolat)/Civilización. Occidente y el resto (Niall Ferguson)/Zheng He’s voyages down the western seas (Gobierno Popular de la Provincia de Junian, ed)/1421. The year China discovered the world (Gavin Menzies)/When China ruled the seas. The Treasure Fleet of the Dragon Throne, 1405–1433 (Louise Levathes)/Wikipedia

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