Cómo dos monjes consiguieron llevar la técnica de fabricación y larvas de seda al Imperio Bizantino

Los monjes entregan a Justiniano los gusanos de seda traidos de China/Imagen: Pinterest

La seda es una fibra natural, producida por la secreción proteica de diversos tipos de artrópodos, cuyas cualidades de tacto, brillo y elasticidad la convirtieron en un producto de lujo para la fabricación textil. Tan apreciado era que su comercio y transporte dio origen ya en la Antigüedad a una ruta caravanera que atravesaba el continente asiático desde China hasta Europa, lo que repercutía en unos precios muy elevados que no tuvieron competencia hasta que en el siglo VI dos monjes consiguieron traer varias larvas del gusano de seda y los detalles de la técnica de fabricación, y cambiar el panorama.

De la seda se sabe que su producción empezó hacia el año 3000 a.C. en China. Tratándose de un producto caro y elitista su uso estaba reservado a la familia imperial, aunque luego fue extendiéndose a otros estamentos acomodados y exportándose primero a zonas del entorno (India, sudeste asiático) y luego hacia occidente (Oriente Medio, Egipto o el mundo mediterráneo). Así fue cómo, a partir del siglo I a.C. o quizá incluso antes, se desarrolló la citada Ruta de la Seda, que sirvió no sólo para transportar las telas homónimas sino también otros artículos, estimulando la economía y los intercambios culturales.

La Ruta de la Seda/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Y es que aquellas largas caravanas de camellos cargando todo tipo de mercancías atravesaban medio mundo aprovechando itinerarios previos como la ruta del Jade o conectando con otros, caso del Camino Real Persa, influyendo en el crecimiento de los sitios por los que pasaban: el Karakórum, el valle de Fergana, Susa, Samarcanda, Antioquía, Alejandría… Griegos y romanos se beneficiaron de la seda y los segundos hasta organizaron viajes aparte en su busca , como aquel que hizo Maës Titianus a través de Partia, según reseña Claudio Ptolomeo en su Geographia, a caballo entre los siglos I y II d.C.

Las dificultades por las que pasó el Imperio Romano, con la caída del de Occidente en el año 476 supuso el final de la demanda, al menos de manera importante. Aún sobrevivía el Imperio Romano de Oriente pero el comercio de la seda, ya entorpecido por el obstáculo que supuso la aparición del Imperio Sasánida, llevó a los bizantinos a intentar abrir rutas alternativas que evitaran cruzar por territorio persa.

Retrato en mosaico de Justiniano I/Imagen: Petar Milosevic en Wikimedia Commons

Fue Justiniano I quien creó una nueva que enlazaba con la Sogdiana, región ubicada al sureste del Mar de Aral, entre Samarcanda y Bactriana, donde se había situado una considerable producción de seda. Desde allí empezaban dos rutas, una septentrional que pasaba por Crimea y otra meridional que lo hacía por Etiopía. Sin embargo no dieron el resultado esperado y la importación de seda a Constantinopla continuó siendo escasa y, por tanto, cara. Todo cambió en el año 551 gracias a la astucia de dos monjes.

No han trascendido sus nombres ni prácticamente nada que permita su identificación, aunque por el contexto se puede deducir que pertenecían a la iglesia nestoriana. El nestorianismo fue una doctrina religiosa creada por Nestorio, obispo de Constantinopla en el siglo V, y apoyado por la escuela teológica de Antioquía, según la cual Cristo estaba formado por dos naturalezas totalmente diferentes al mismo tiempo, la divina y la humana. En el año 431, el Concilio de Éfeso determinó dar la razón a su oponente, Cirilo de Alejandría (quien abogaba por la unidad de ambas personas), así que depuso a Nestorio y declaró heréticas sus ideas.

El imperio de Justiniano/Imagen: Pinterest

No obstante, sus fieles se habían difundido por Oriente Medio, con arraigo especial en el Imperio Sasánida y los territorios que controlaba la dinastía mesopotámica Lájdica, por lo que no era infrecuente la presencia de religiosos en ellos, bien como destinos en sí, bien como lugares de paso hacia Asia, tal como vimos en el artículo dedicado a los Sutras de Jesús. Los dos monjes en cuestión habían estado predicando en la India, a donde la tradición contaba que llegó el apóstol Santo Tomás en el año 52 sufriendo martirio un par de décadas más tarde pero logrando enraizar en el sur (Kerala) una comunidad de cristianos (los nasranis).

El caso es que los monjes pasaron de la India a China y allí tuvieron ocasión de descubrir que la técnica de producción de la seda no era originaria del país que acababan de dejar, como se creía en occidente. Su estancia les permitió observar y aprender la complejidad del proceso de cría de los gusanos (Bombyx mori) y la posterior confección de la seda, que se guardaba como un secreto de estado. Se colocaban los huevos en un papel especial donde, al eclosionar, nacían las larvas que, un mes más tarde y ya de buen tamaño, empezaban a segregar una sustancia con la que hacían capullos para encerrarse e iniciar su pupación. A algunas se las dejaba concluir su metamorfosis en mariposas pero las otras se hervían, se retiraba el cuerpo de la oruga y se desenrollaban los capullos para obtener la fibra en bruto; ésta, debidamente estirada e hilada en un huso, se transformaba en hilo de seda.

Gusanos de seda/Imagen: Fastily en Wikimedia Commons

Contemplando todo el proceso, los monjes concibieron la idea de trasladarlo al Imperio Bizantino. Para ello necesitaban medios económicos, ya que comprar gusanos estaba prohibido y habría que recurrir al mercado negro, lo que, evidentemente, no sería barato, así que regresaron a Constantinopla y expusieron a Justiniano su plan de traer larvas o huevos para criarlos. El emperador les dio su aprobación y partieron de nuevo hacia Oriente. En realidad se ignora casi todo lo concerniente a esa misión salvo que los monjes, efectivamente, consiguieron gusanos y emprendieron el retorno con ellos escondidos dentro de cañas de bambú; una labor nada sencilla porque los animales resultaban muy delicados, requiriendo una temperatura adecuada y constante, así como un alimento específico (hojas de morera) que también era necesario llevar ante la improbabilidad de encontrarlo por el camino.

Consta, asimismo, que en Sogdiana adquirieron otra remesa de larvas, atravesando a continuación el Mar Caspio, la Transcaucasia y el Mar Negro. Dadas las enormes distancias y al hecho de realizar el camino a pie, la misión duró dos años, con lo que entraron otra vez en Constantinopla hacia el 554 d.C. Pudiera haber sido la solución para la demanda de seda en Europa pero no fue así. De pronto los bizantinos se habían hecho con una apreciadísima técnica que les podía brindar jugosos beneficios y no iban a desaprovecharlos, así que mantuvieron el secreto para asegurarse de que controlaban el monopolio de la seda en el mundo occidental.

Seda blanca/Imagen: Lauraaplettonsilkconcept en Wikimedia Commons

Y así fue. Los telares se instalaron dentro del palacio mismo, fabricando textiles con criterios exclusivistas, como las túnicas imperiales que se teñían de púrpura y cuyo uso estaba reglamentado por ley, de forma que sólo los dirigentes las vestían más los contados casos que se dejaban para regalos a dignatarios extranjeros; el resto de prendas de seda se comercializaba a precios prohibitivos, sólo al alcance de las élites. Después se abrieron fábricas en más sitios como Beirut, Antioquía, Tiro, y Tebas, todas ellas dominios de Justiniano.

Tafetán, damasquinado, lampás y tapiz, los tipos de tejido principales más la exquisita sarga, un tipo de brocado que usaba seis hilos, ejercieron en la práctica funciones de moneda, puesto que valían su peso en oro. Por eso conceder licencias de fabricación pasó a ser otra fuente de ingresos que algunas ciudades ricas estuvieron dispuestas a pagar, caso de Venecia o Génova por ejemplo; ambas con puerto marino y estrechas relaciones diplomáticas con Bizancio.

Una clámide de seda bizantina con escena bíblica/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

No obstante, la seda china se consideraba de calidad superior y por eso, cuenta el cronista bizantino Menandro Protector, los sogdianos intentaron otra vez abrir una ruta directa con Constantinopla unas décadas después, en tiempos de Justino II. Para ello enviaron una embajada a la corte sasánida (en realidad dos porque la primera fue envenenada) solicitando permiso de paso que finalmente fue concedido, iniciándose una nueva etapa en las relaciones entre oriente y occidente, con intercambio de embajadores entre el Imperio bizantino y China.

Fuentes: Historia del estado bizantino (Georg Ostrogorsky)/Bizancio (Rowenn Loverance)/The Byzantine Economy (Angeliki E. Laiou y Cécile Morrisson)/Silk and religion. An exploration of material life and the thought of people. A.D. 600-1200 (Xinru Liu)(The Silk Road. A very short introduction (James A. Millward)/Wikipedia