Georg Gärtner, el soldado alemán que escapó de un campo de prisioneros en EEUU y pasó en ese país el resto de su vida sin ser descubierto

Categories HistoriaPosted on
Georg Gärtner con uniforme de sargento de la Wehrmacht/Imagen: Militar Historia

El 30 de enero de 2013 falleció en Loveland, Colorado (EEUU), un anciano de noventa y tres años años. Se llamaba Dennis F. Whiles y había combatido en la Segunda Guerra Mundial. Hasta ahí todo entraba dentro de la normalidad. Pero lo extraordinario estaba en que llevaba cuatro décadas en la lista de los prófugos más buscados por el FBI, ya que su nacionalidad original era alemana y se había escapado de un campo de concentración estadounidense en 1945, adoptando una nueva identidad y fundando una familia. Su verdadero nombre era Georg Gärtner.

Hay que aclarar que no se trataba de uno de esos nazis huidos al desmoronarse el III Reich sino de un simple soldado que, capturado por los Aliados en Chipre en 1943, fue trasladado a EEUU, donde se le recluyó en un campo de prisioneros. A lo largo y ancho del territorio estadounidense se construyeron muchos campos de ese tipo, unos para los nisei o ciudadanos de origen japonés, como ya vimos en un artículo, y otros para los prisioneros de guerra germanos. El número de éstos ascendía a más de cuatrocientos mil, que se repartieron por medio millar de instalaciones.

Campos de prisioneros en EEUU a partir de 1944/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Gärtner nació en Schweidnitz (actual Świdnica), una ciudad de la Baja Silesia que hoy forma parte de Polonia pero que en 1920, cuando él vino al mundo, pertenecía al Estado Libre de Prusia y que después, en 1938, se fusionó con la Alta Silesia para formar una única provincia integrada en la Alemania hitleriana. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Gärtner se alistó en la Wehrmacht. Tenía diecinueve años y fue destinado al Afrika Korps, por lo que participó en la campaña norteafricana, desarrollada entre junio de ese año y mayo de 1943.

Ese episodio bélico, muy conocido por el enfrentamiento entre Rommel y Montgomery, terminó con la derrota teutona y la rendición a los aliados de un cuarto de millón de hombres al mando de Hans-Jürgen von Arnim en el Cabo Bon, Túnez; Gärtner, que había ascendido a sargento, fue uno de ellos. Como decía antes, se le trasladó a EEUU y más concretamente al campo de concentración de Deming, donde la vida no resultaba demasiado incómoda. Más tarde contó que él y sus camaradas se sorprendieron de dos cosas: una, haber hecho el viaje en tren pero no en vagones de ganado, como esperaban; y dos, las enormes distancias recorridas, pues Deming estaba en Nuevo México (la Convención de Ginebra estipulaba que debía alojarse a la gente en lugares de clima parecido al de su lugar de origen y, al fin y al cabo, habían sido capturados en Túnez, una región de clima desértico).

Retrato de Gartner en aquella época/Imagen: Old Magazine Articles

En cuanto a la confortabilidad, los campos disponían de agua caliente, espacio de sobra, alimentación adecuada y un buen trato, con acceso a estudios universitarios y hasta trabajos remunerados, a cambio de tener que asistir a cursos de desnazificación. En general los presos vivían incluso mejor que muchos estadounidenses (por eso en Texas se llamaba Fritz Ritz a aquellos campos) y ni siquiera se les sometía a una vigilancia estricta porque a priori parecía absurdo evadirse estando en pleno centro de Norteamérica y estando próximo el fin de la guerra. Pero, precisamente por eso, a Gärtner le preocupaba mucho su porvenir.

El programa de reeducación aplicado a los prisioneros tenía como objetivo conseguir futuros ciudadanos alemanes ajenos a la ideología nazi que cuando terminase la contienda y fueran liberados constituyeran la generación sobre la que reconstruir su país. Eso implicaba que en breve -el curso de las operaciones estaba cada vez más claro- Gärtner sería repatriado a su Schweidnitz natal y el problema estaba en que esa ciudad se hallaba ocupada por el Ejército Rojo. La perspectiva de regresar a un sitio bajo control soviético siendo un excombatiente alemán le aterraba, así que tomó la drástica decisión de fugarse.

Prisioneros alemanes en el programa de desnazificación

La guerra terminó el 2 de septiembre de 1945 y veinte días más tarde, tras ahorrar algo de dinero y conseguir un mapa, Gärtner se arrastró por debajo de la doble línea de alambradas y salió del recinto sin demasiada dificultad. Ahora bien, Deming era un pequeño pueblo del condado de Luna, un área de siete mil setecientos kilómetros cuadrados de desierto sin un solo curso fluvial y una escasísima densidad de población. Un punto en medio de la nada donde no podía quedarse, por lo que se las arregló para saltar a bordo de un tren de mercancías cuyos horarios había estudiado previamente.

El destino de convoy ferroviario fue otro estado, California, lo que le facilitó ponerse a salvo de la persecución de los soldados encargados de la vigilancia del campo. Como en éste había aprendido algo de inglés, encontró trabajos diversos no cualificados como peón, friegaplatos o leñador (ocupación en la que sufrió un accidente y tuvo que huir del hospital cuando le pidieron identificarse), que le dieron dinero suficiente para moverse por varias ciudades de la costa Oeste, borrando aún más su rastro. De esta forma fue perfeccionando el idioma y logró obtener una tarjeta de la Seguridad Social con el nombre de Dennis F. Whiles.

Localización de Deming en EEUU/Imagen: Google Maps

Se abrió así un nuevo capítulo en su vida porque pudo asentarse en la ciudad de Norden, en el condado de Nevada (California), y trabajar en empleos mejor remunerados; entre ellos profesor de esquí en invierno -había aprendido en su país natal- y comercial de ventas en verano. Más aún, durante un baile de la YMCA (Young Men’s Christian Association, una organización cristiana para jóvenes muy popular entonces porque su presidente, John Mott, había recibido el Nóbel de la Paz en 1946), conoció a una mujer llamada Jean Clarke con la que se casaría en 1964 adoptando a los dos hijos que tenía de un matrimonio anterior.

No obstante, Gärtner (o Whiles) no era un ciudadano cualquiera, aunque lo pareciera. No sólo por su origen alemán sino porque desde 1947 ya no le perseguía sólo el ejército de EEUU sino el mismísimo FBI, que había asumido su búsqueda distribuyendo carteles con su foto en sitios públicos como estaciones y oficinas de correos. De hecho, se habían escapado otros cinco alemanes de Deming pero todos fueron detenidos de nuevo menos él, que trataba de alejar el fantasma de un arresto que reaparecía en ocasiones, como cuando, viviendo en San Francisco, se encontró con un viejo camarada de armas que le reconoció y empezó a hablarle en alemán en lo que él describiría luego como “una experiencia espeluznante”.

La ficha de Gärtner elaborada por el FBI/Imagen: Scanning WWII

Por cierto, la ciudad del Golden Gate pudo haber resultado doblemente peligrosa para su secreto, ya que se sumó como voluntario a una expedición de rescate enviada a Sierra Nevada para liberar un tren atrapado en medio de una ventisca de nieve (recordemos que era profesor de esquí), con el problema de que la revista Life publicó una foto del grupo de rescatadores y Gärtner figuraba entre los retratados. Un riesgo ocurrido en 1952 pero que, por suerte para él, no tuvo consecuencias.

Su vida transcurría con bastante placidez, más allá de los esporádicos cambios de residencia y profesión -ahora regentaba una escuela de tenis- o de la intriga que consumía a Jean ante su negativa a contarle nada de su pasado. No lo hizo hasta el año 1984, cuando ella le amenazó con dejarle; al enterarse de la historia le convenció para que hiciera pública su situación y Gärtner terminó aceptando, para lo cual se puso en contacto con el historiador Arnold Krammer, autor de una obra titulada Nazi prisoners of war in America (Prisioneros de guerra nazis en América). Juntos publicaron en 1985 el libro Hitler’s last soldier in America (El último soldado de Hitler en América) y apareció en varios programas televisivos y entrevistas.

El libro conjunto/Imagen: Amazon

Gärtner no las tenía todas consigo, temiendo qué podía pasar. Fue entonces cuando pudo respirar: el ejército había dejado de buscarle en 1963, mientras que tanto el FBI -que cerró el caso en 1975- como el INS (Immigration and Naturalization Service, es decir, Servicio de Inmigración y Naturalización; la agencia federal encargada de la deportación de inmigrantes ilegales que precedió a la actual Immigration and Customs Enforcement) anunciaban que no tenían interés en deportarle. La razón era de doble naturaleza, humana y jurídica: por un lado, el tiempo transcurrido y los cambios sociopolíticos mundiales; por otro, no se trataba de un inmigrante ilegal puesto que le habían llevado a EEUU obligado y tampoco se había evadido en sentido estricto porque de todas formas estaba previsto enviarle de vuelta a Europa.

Georg Gärtner ya plenamente como Dennis Whiles en 2009/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En suma, no había cometido ningún delito ni infringido la ley, de manera que la revelación de su estatus no sólo no le supuso los problemas que temía sino que sirvió para que le ofrecieran una indemnización por el tiempo que estuvo preso y la ciudadanía estadounidense de forma oficial. Eso sí, los trámites burocráticos se fueron alargando y la cosa no se materializó hasta 2009. Antes, en 1986, tuvo ocasión de viajar a Alemania y reencontrarse con su hermana (no con sus padres, que murieron sin saber que su hijo seguía vivo). La visita tuvo sabor agridulce porque estando fuera recibió la notificación de divorcio de su mujer, lo que no deja de resultar curioso teniendo en cuenta que llevaban cuarenta y cinco años casados y él sumaba ya ochenta y nueve.

En suma, la odisea personal de Georg Gärtner ha quedado como uno de los cinco únicos casos de prisioneros de guerra germanos en suelo estadounidense fugados con éxito y nunca recapturados de un total de dos mil ochocientos tres que lo intentaron. Los otros cuatro fueron Kurt Richard Westfhal (evadido del campo de Bastrop, Los Ángeles, en 1945), Werner Paul Lueck (del campo Las Cruces, Nuevo México, 1945), Harry Girth (de Fort Dix, Nueva Jersey, 1946) y Kurt Rossmeisl (de Butner, Carolina del Norte, 1945).

Fuentes: 100 historias secretas de la Segunda Guerra Mundial (Jesús Hernández)/Hitler’s lost soldier in America (Arnold Krammer y Georg Gärtner)/Andra världskrigets siste krigsfånge (Svante Sandblom en Militar Historia)/Five Escaped Nazi P.O.W.s Who Were Never Re-Captured (Collier’s en Old Magazine Articles)/Wikipedia

Send this to a friend