El proyecto saudí para excavar un canal que convertiría a Qatar en una isla

Litoral del Golfo Pérsico/Imagen: mohsen barazandeh ah en Wikimedia Commons

Si echamos un vistazo a la Historia veremos que, a veces, el enfrentamiento entre dos países o regiones que no se manifiesta a través de la guerra puede hacerlo mediante una separación radical entre ambos, un obstáculo que puede ser conceptual (por ejemplo, cuando la reina Victoria decretó la “inexistencia” de Bolivia) o, más frecuentemente, físico. En este segundo caso lo habitual es la construcción de muros (el Telón de Acero alemán, el de Israel en Cisjordania, el marroquí en el Sáhara…) pero lo que ha planteado Arabia Saudí respecto a Qatar es una modalidad más sofisticada: excavar un canal que lo aísle; literalmente.

El origen de tan insólita idea está en la denuncia que algunos estados del entorno del Golfo Pérsico (aparte de Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Egipto y Baréin; posteriormente se sumaron Yemen, Libia y las Islas Maldivas) han hecho contra el gobierno catarí, al que acusan de promover el terrorismo e interferir en sus asuntos internos con el apoyo de Irán. Aunque el acusado lo ha negado, el pasado mes de junio los otros adoptaron una serie de medidas dirigidas, tanto diplomáticas como económicas, que incluyen el cierre de fronteras.

Los recursos económicos de la región del Golfo/Imagen: Goran-tek en Wikimedia Commons

Doha respondió estrechando lazos comerciales con otros vecinos como Omán y Turquía, (aparte de Irán, claro), de manera que la repercusión de las sanciones árabes ha ido reduciéndose poco a poco. Qatar, por otra parte, es un país rico gracias a sus reservas de gas natural (que explota precisamente con su socio iraní), así que mantuvo el envite. A los árabes no les quedaba otra que replantearse la táctica pero, por lo visto, parecen apostar por seguir en la misma línea. Y la última propuesta ha sido separar a Qatar del continente convirtiéndolo en una isla, con todos los problemas que eso conllevaría para sus habitantes.

Si alguien no comprende bien la idea basta con que mire el mapa. Qatar es una pequeña península integrada en otra mayor, la Arábiga, la cual se sitúa entre el Golfo Pérsico, el Golfo de Adén, el Mar Arábigo y el Mar Rojo. La catarí consiste en un saliente elíptico de unos 160 kilómetros de longitud por un máximo de 90 de ancho que suma 11.437 kilómetros cuadrados de superficie. Es casi completamente llana y aunque alrededor tiene algunas isla minúsculas (como las Hawar, que se disputa con Baréin), en esencia se trata de una lengua de tierra de la citada Península Arábiga, de la que la separa una estrecha franja.

Mapa de Qatar/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Dicha franja es la única frontera terrestre y sólo hay un paso, al menos sólo uno legal, que es el Puesto Fronterizo de Saiwa. El cierre de éste pretendía estrangular a los cataríes, ya que por ahí importaban casi la mitad de los alimentos para sus 2,7 millones de habitantes (en cambio sí se permitía el paso de peregrinos de camino hacia La Meca) pero ya vimos que no dio el resultado esperado. Ahora lo que se ha propuesto es transformar esa divisoria terrestre en otro marino.

El Golfo de Baréin sirve de linde natural con el país homónimo y continúa hacia la costa árabe por el Canal de Saiwa. El proyecto consistiría en excavar a partir de ahí en dirección sureste hasta el Estuario de Udayd, al otro lado, quedando Arabia y Qatar separados por una prolongación de dicho canal. Éste tendría una longitud de 60 kilómetros, una anchura de dos centenares de metros y una profundidad de 20, de sobra para hacerlo navegable para los grandes buques petroleros y cargueros.

Mapa del resultado final. En rojo, la franja que se reserva Arabia Saudí/Imagen: Newsonia

Lo haría además con proyección estratégica porque se aseguraría de dejar en la nueva isla una franja propia en el extremo meridional (o el septentrional de su país, para ser más exactos), de aproximadamente un kilómetro de extensión, donde instalar una base militar y un cementerio de residuos nucleares para la central de energía nuclear que Riad planea construir. Para amortizar más fácilmente los gastos se urbanizaría ese nuevo litoral dotándolo de complejos turísticos con hoteles, un par de puertos (habilitados para que anclen cruceros), playas artificiales, etc.

Y es que el coste del faraónico proyecto rondaría los 2.800 millones de riales saudíes (al cambio, unos 608 millones de euros) que financiaría el Estado con colaboración de Emiratos Árabes Unidos, encargándose de las obras un consorcio formado por 9 empresas saudíes. Todo ello suponiendo que realmente haya intención de llevarlo a cabo y no se trate de un pulso más.

Vía: Gulf News