Cómo las Fuerzas Expedicionarias de Siam participaron en la ocupación de Alemania tras la Primera Guerra Mundial

Cómo las Fuerzas Expedicionarias de Siam participaron en la ocupación de Alemania tras la Primera Guerra Mundial 16 abril, 2018

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de viajes y turismo desde 2009 en Viajeros. Editor de La Brújula Verde. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

La Fuerza Expedicionaria Siamesa desfilando en 1919 bajo el Arco del Triunfo parisino/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La Primera Guerra Mundial no recibe ese nombre porque sí ni se trata de una hipérbole. En aquella contienda participaron oficialmente, es decir, se proclamaron beligerantes, nada menos que 38 países de todos los continentes: una veintena de ellos aliados (más otros 9 que los apoyaron sin participar militarmente) por 22 de las potencias centrales. Más o menos porque algunos tenían un status peculiar clientelar (emiratos, sultanatos…) y otros se integraban en formaciones supranacionales. Hoy vamos a echar un vistazo al papel que jugaron las Fuerzas Expedicionarias Siamesas.

Siam fue el nombre que tuvo Tailandia hasta 1939, en que se cambió por el de Prathet Thai (País Libre), que una década después se trocó de nuevo por el actual en alusión a la etnia nacional mayoritaria, la thai. En 1914 era una especie de estado tapón entre la Indochina francesa y las posesiones británicas de Birmania e India. De hecho, Siam tenía una curiosa característica: no era ni había sido colonia -de hecho, se trataba del único país del sudeste Asiático que no lo fue-, aunque se consideraba afín al Imperio Británico.

Ubicación de Siam en el Sudeste Asiático y el mundo/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El estallido de la guerra llevó a muchas de esas pequeñas naciones a alinearse con sus hermanas mayores, pero una cosa era mostrar solidaridad o incluso sumarse a los aliados y otra aportar tropas. Por ejemplo, China, Costa Rica, Cuba, Guatemala, Liberia, Haití, Honduras, Nicaragua y Panamá, por orden cronológico, se sumaron a la causa aliada e incluso declararon la guerra a Alemania pero sin llegar a intervenir. En cambio, si tomaron las armas otros países a priori sorprendentes como San Marino, Brasil o Nepal; el Reino de Siam también lo hizo, el único de la zona que entró por voluntad propia.

La razón principal para ello fue demostrar al mundo el grado de desarrollo que había alcanzado y el compromiso del rey Vajiravudh con el Derecho internacional. Por supuesto, también había factores puramente estratégicos, como situarse en una posición ventajosa de cara a un hipotético reparto postbélico y recuperar así los territorios que había perdido ante las potencias coloniales entre 1889 y 1909 (Laos, Camboya y sus cuatro provincias meridionales), pero nada más, puesto que Siam quedaba muy lejos del área de influencia de las colonias germanas en esa parte del planeta.

El rey Vajiravudh (Rama VI) en 1920/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Vajiravudh era hijo del prestigioso Chulalongkorn, un monarca que había hecho historia por modernizar su reino mediante una política reformista que se plasmó en la abolición del feudalismo y la esclavitud, una reestructuración administrativa moderna, la introducción del ferrocarril y de un sistema monetario actualizado, la implantación de la libertad religiosa, la adopción del calendario occidental, el fomento de la enseñanza mediante la creación de escuelas, la construcción de hospitales públicos, etc. Aquí le conocemos, sobre todo, por haber estudiado bajo la supervisión de una institutriz inglesa llamada Anna Leonowens, relación que popularizó el cine.

Su heredero, que había subido al trono en 1910 con el nombre de Rama VI, trataba pues de continuar esa labor y por eso se puso de parte de los aliados, buscando afianzar su posición ante sus súbditos para estar a la altura de su padre y recuperar su fuerza tras el intento de golpe militar sufrido en 1912. Se dice que tomó la decisión siguiendo la sugerencia del gobierno francés de que los siameses residentes en Europa, estudiantes la mayoría, se encargasen de conducir ambulancias y otros vehículos de abastecimiento, pudiendo además acceder a las escuelas de vuelo para ser pilotos o mecánicos. Siempre en situación de voluntariado, no por obligación.

Evolución de la bandera tailandesa. A la derecha, la mixta que se llevó a la I Guerra Mundial/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El caso es que Rama (o Vajiravudh) aceptó la propuesta y el 22 de junio de 1917 declaró la guerra a los imperios Alemán y Austro-Húngaro, expulsando a los ciudadanos de esos países que ejercían cargos en el Railway Department y el Siam Commercial Bank, además de confiscar sus barcos y propiedades. Hasta cambió la bandera, sustituyendo la de bandas horizontales rojas y blancas, introducida en 1916 en vez de la clásica diseñada por su abuelo Mongkut (de color carmesí con un elefante blanco), por la actual Thong Trairong (Tricolor), aunque a Europa se llevó una mixta (tricolor con elefante). Todo ello enardeció el nacionalismo de su gente, tal como pretendía, favoreciendo el apoyo de la opinión pública a la entrada en guerra.

Ahora bien una cosa era la teoría y otra la práctica. Siam podía haber dado pasos de gigante en modernización pero su ejército distaba mucho de estar preparado para afrontar un conflicto como aquel. Primero, por sus carencias materiales, casi sin artillería, vehículos y otros equipamientos; segundo, por la falta de experiencia en esas lides y menos aún en un clima y paisaje tan diferente como el europeo. En cambio, si poseía oficiales bien entrenados en la guerra moderna y una fuerza aérea prácticamente única en su latitud. Las limitaciones de la aviación de la época hacían que, en ese aspecto, los siameses no estuvieran atrasados.

El mundo durante la I Guerra Mundial En verde, los aliados; en naranja, las potenciales centrales; en gris, los países neutrales/Imagen: Thomaswang en Wikimedia Commons

La mayoría del pueblo refrendó con entusiasmo la decisión del rey y su gobierno. Apenas hubo oposición al declarado belicismo y la poca que se manifestó en ese sentido lo hacía más bien por inclinarse hacia el otro bando, repitiéndose pues la dicotomía entre aliadófilos y germanófilos que hubo en las naciones neutrales, aunque también el estamento religioso budista se mostró contrario. No obstante, el llamamiento ad hoc que hizo el ministro de guerra en septiembre de 1917 pedía únicamente voluntarios y con los que se presentaron se formó un cuerpo de 414 mecánicos de aviación y otro de 870 conductores, mecánicos en general, sanitarios y otros auxiliares.

La organización de la fuerza expedicionaria, con su correspondiente proceso de entrenamiento, vacunaciones, etc, duró varios meses. El 20 de junio de 1918 la fuerza expedicionaria se embarcó hacia Marsella a bordo del S.S. Empire, siendo despedidos por una vibrante multitud. Eran 1.284 hombres bajo el mando del general Phraya Phya Bhijai Janriddhi, un veterano militar nacido en 1877 y formado en Bélgica y Francia que, lógicamente hablaba francés. Tras hacer escalas en Singapur, Colombo y Port Said, el buque llegó a su destino en cinco semanas.

Soldados siameses recién desembarcados en Marsella/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El contingente fue recibido por el primer ministro Georges Clemenceau e incluso por el rey británico Jorge V, que limpiaron así los errores cometidos al principio: uno fue creer que aquellos recién llegados eran soldados reclutados en Indochina; el otro ignorarlos prácticamente mientras, paralelamente, sólo se prestaba atención a las tropas estadounidenses, que también desembarcaban en Francia esos días. Luego, el contingente de aviación fue enviado a los aeródromos de Istres, Le Crotoy, La Chapelle-la-Reine, Biscarosse, Piox, Avord y Pau; el de transporte, a un campamento de Lyon para tras dos meses más de prácticas, trasladarse al frente.

Un primer destacamento dirigido por Phya Bhijai Janriddhi se destinó a principios de agosto a engrosar los efectivos que iban a frenar la ofensiva alemana librando la llamada Segunda Batalla del Marne. A mediados de septiembre, los restantes miembros del cuerpo de transporte motorizado se dirigieron a la Champaña y Meuse-Argonne, operando en las inmediaciones de Chalons. Los aviadores, en cambio al necesitar más tiempo de entrenamiento, no llegarían a tiempo de terminarlo para poder subir a los aviones y enfrentarse al enemigo.

Avances alemanes en el Marne durante la ofensiva de verano de 1918/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Como cabía esperar, las diferencias culturales se tradujeron en tensión entre los siameses y los oficiales de enlace franceses, eclosionando en el campo de batalla: los problemas de comunicación debido a la insuficiencia de intérpretes y la actitud de superioridad de los galos, que tendían a ignorar a sus homólogos asiáticos para dirigirse directamente a la tropa, terminaron por explotar y saltaron incluso al terreno diplomático hasta el punto de que el gobierno de Siam se planteó ordenar el regreso de los suyos.

No fue necesario porque el 11 de noviembre se firmó el armisticio y eso relajó las cosas. El Ministerio de Asuntos Exteriores francés vio entonces la ocasión de solucionar aquella desagradable situación incluyendo al cuerpo de transportes siamés entre las tropas de ocupación que entraron en Alemania. Acertó de pleno; los siameses se sintieron halagados y el propio rey manifestó su orgullo el día en que sus soldados pisaron territorio germano, presentándose a sí mismo como rey guerrero que había unido al país en una causa común. La fuerza expedicionaria se acantonó en Neustadt, Renania-Palatinado, en diciembre de 1918 y permaneció allí hasta julio del año siguiente, mes en el que participó en la serie de desfiles de la victoria celebrados en París, Londres y Bruselas para deleite de la corte y el ejecutivo de Siam.

Tropas siamesas en 1919/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El regreso a Siam se hizo en dos fases. Primero lo hizo el cuerpo de aviación, que no llegó a tomar parte en ningún combate y arribó a Bangkok antes de esos desfiles, en mayo. Los demás lo hicieron en septiembre y al llegar se encontraron una bienvenida apoteósica, con cuatro días de fiesta nacional y unos fastos oficiales que incluían el homenaje a los caídos en templos, más la erección en 1921 de un memorial público en su recuerdo en el centro de la capital. No fueron muchas las bajas, debido al trabajo desempeñado y a que apenas estuvieron un mes en el frente; ninguna por fuego enemigo: 19 muertos, la mitad de accidentes y la otra mitad de gripe (el invierno europeo resultó muy duro para gente acostumbrada al clima tropical).

Los soldados, a quienes se concedió la Croix de Guerre, fueron premiados por el rey con la Orden de Rama. Siam se ganó así el derecho a un asiento en la firma del Tratado de Versalles y, por tanto, fue uno de los países fundadores de la Sociedad de Naciones (un organismo que debía vigilar la paz y las relaciones internacionales para evitar una nueva guerra), pero no recuperó los territorios perdidos y tuvo que conformarse con la adjudicación de varios barcos alemanes mercantes.

Fuentes: The World’s War (David Olusoga)/Siam and World War I (Stefan Hell)/The history of Thailand (Patit Paban Mishra)/A note on the military participation of Siam in the First World War (Keith Hart)/The inscriptions on the First World War Volunteers Memorial, Bangkok (Brendan y Suthida Whyte)/Wikipedia

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