Arqueólogos descubren el cuerpo del señor de la guerra chino Cao Cao

Arqueólogos descubren el cuerpo del señor de la guerra chino Cao Cao 7 abril, 2018

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de viajes y turismo desde 2009 en Viajeros. Editor de La Brújula Verde. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

Una recreación de Cao Cao/Imagen: Action Figure District

Dentro de la vasta historia de China ocupa un lugar especial, por su singularidad, la figura de Cao Cao. No puede considerarse de otra forma a alguien que tras ser uno de los primeros ministros más destacados de la etapa de la dinastía Han y protagonista indiscutible del período conocido como Tres Reinos, experto en artes marciales y poeta, originaría el futuro reino de Wei y acabaría nombrado emperador póstumo con el nombre de Wu de Wei. Pues bien, la tumba de este hombre fue descubierta en 2009 pero no había aparecido su cuerpo… hasta hace unos días, en que arqueólogos chinos encontraron unos restos mortales que han identificado como los suyos.

Cao Cao nació en Qiao (lo que hoy es Bozhou) en el año 155 d.C. Su familia estaba bajo la protección de uno de los eunucos más poderosos de la corte, Cao Teng, quien legó su nombre a su padre, que al parecer era primo de dos prestigiosos militares. El joven Cao Cao demostró muy pronto una astucia pareja a cierta falta de escrúpulos, algo que asumió encantado cuando un célebre augur se lo confirmó relacionándolo con un futuro brillante en la política aunque algo descuidado en la guerra.

Cuando ya adulto ingresó en el ejército como capitán aplicó una disciplina de hierro a sus tropas sin hacer distinciones de clase, lo que le avaló para ser enviado a Yingchuan en el 184 a reprimir la llamada Rebelión de los Turbantes Amarillos (una revuelta campesina originada por una hambruna y de carácter taoísta frente al confucianismo imperante). Cumplió con efectividad implacable, ganándose el nombramiento de Gobernador de la Comandancia de Dong. Allí había estado ya varios años antes hasta su destitución por tener vínculos familiares con la emperatriz Song, que había caído en desgracia.

Área de incidencia de la Rebelión de los Turbantes amarillos/Imagen: SY en Wikimedia Commons

Al morir el emperador Ling cinco años más tarde brotaron las tensiones latentes hasta entonces entre la casta militar y los eunucos, que junto a la viuda He eran los que tenían el poder en la sombra; contra ellos Cao Cao escribió un informe. La situación derivaría en el asesinato de algunos generales e incluso en el derrocamiento del heredero por parte de Dong Zhuo, gobernador de Liangzhou. Zhuo colocó en el trono a Xian Di, un gobernante títere, pero Cao Cao se negó a aceptar el golpe de estado y tras un infructuoso intento de negociación abandonó la capital para establecerse en Chenliu y organizar un ejército contra los usurpadores.

Gracias al apoyo de varios señores de la guerra la coalición logró imponerse a Dong Zhao, que fue asesinado en el año 192 por su hijo adoptivo, dispuesto a ocupar su lugar. China quedó envuelta en una guerra civil que, no obstante, sólo se manifestaba en contiendas regionales durante las cuales Cao Cao fue acrecentando su poder. Finalmente, dos años después, consiguió asentarse en la corte y manejar a Xian Di igual que antes lo hiciera su oponente, arrancándole el cargo de jefe del ejército y un título nobiliario.

Distribución del territorio chino entre señores de la guerra a finales de la dinastía Han/Imagen: SY en Wikimedia Commons

Al finalizar aquel siglo I otro prestigioso general, Yuan Shao, marchó sobre la nueva capital, Xuchang, para liberar al emperador del pseudo-secuestro en que estaba. Yuan Shao disponía de cien mil hombres ante los que Cao Cao únicamente pudo oponer veinte mil pero con dos ventajas: una, la creación de la shijia, una escala militar jerarquizada y bien entrenada; otra, que supo elegir el terreno que más le convenía para la batalla, la de Guandu, junto al río Amarillo, sobreponiéndose a esa inferioridad numérica para obtener una inaudita victoria. Shao, enfermo, murió poco después y el testigo lo tomaron sus hijos, aunque no se pusieron de acuerdo en la herencia y Cao Cao aprovechó hábilmente esa disputa para derrotarlos por separado y sucesivamente.

De esa manera quedó libre de enemigos y se hizo con el poder absoluto en la práctica, si bien nunca aspiró al trono imperial. Pero sí a unificar China. Al adueñarse de la parte septentrional del país, donde estableció un eficaz sistema agrario llamado tuntian, amplió además esos dominios más allá de la frontera, siempre en nombre del emperador: por el norte hacia Corea y por el sur cruzando el Yangtsé. Esa parte era territorio de algunos rivales que, ante la amenaza que suponía Cao Cao, se aliaron y le vencieron en la batalla de Achibi, también conocida como De los Acantilados Rojos.

Otra versión de Cao Cao/Imagen: Yoshitoshi en Wikimedia Commons

Se dirimió en el invierno del año 208 enfrentando a los ejércitos combinados de los señores Liu Bei y Sun Qan con el de Cao Cao. Se desconoce el punto exacto del choque, si bien hay cierta unanimidad en que fue entre las ciudades de Wuhan y Baqiu (actual Yueyang). Cao Cao contaba con superioridad numérica, aunque sus efectivos no eran tantos como se encargaba de difundir para provocar temor en el adversario (decía disponer de 800.000 hombres pero los historiadores creen que serían la cuarta parte) y además muchos de ellos eran de dudosa fidelidad, reclutados entre las fuerzas del derrotado gobernador de Jing, Liu Bao. Enfrente, el enemigo oponía 50.000 efectivos.

Un primer encuentro en los acantilados que dan nombre al episodio, inesperado por ambos bandos, le fue adverso a Cao Cao porque los suyos venían de una agotadora marcha y muchos estaban enfermos. Tuvieron que retirarse a Walin, en la ribera norte del Yangtsé, pero un comandante enemigo se percató de las dificultades que tenían en la operación al haber pocos marinos y, simulando una rendición, mandó contra ellos varios brulotes provocando una catástrofe. Eso permitió a los aliados aprovechar para lanzarse al ataque y obtener la victoria.

Esquema de la Batalla de los Acantilados Rojos/Imagen: Sémhur en Wikimedia Commons

Cao Cao optó por la retirada, que fue desastrosa porque las lluvias habían convertido los campos en cenagales y los soldados se atascaban en el barro siendo presa fácil para sus perseguidores o muriendo aplastados por sus propios compañeros. Cao Cao, que había perdido a su mejor estratega, Guo Jia, antes de la contienda, no aceptó de buen grado la responsabilidad de la derrota: “Fue solo por la enfermedad por lo que quemé mis naves y me retiré. Está fuera de toda razón que Zhou Yu se quede con todo el crédito para sí mismo”.

Después de aquello, en China quedó cierta rivalidad secular entre la zona norte y la sur. Ahora bien, pese a todo, Cao Cao conservó su poder y lo aumentó acumulando dignidades y feudos hasta el punto de que en 216 fue nombrado rey de Wei, uno de los tres estados en que se estructuró el territorio chino originando el período conocido como de los Tres Reinos: Wei, Shu y Wu. Enmarañados en luchas mutuas, ninguno fue capaz de imponerse a los demás y en el año 220 se produjo la muerte de Cao Cao y su sucesión por su hijo Cao Pi, que depuso al último emperador Han y se colocó en su lugar inaugurando una nueva dinastía, la Wei. A su difunto padre se le nombró entonces Emperador Wei a título póstumo.

Un menchong, el tipo de barco fluvial a remo utilizado en la batalla/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Cao Cao murió en Luoyang con 65 años y fue enterrado en Xigaoxue, provincia de Henan, en un lugar ignoto por expresa voluntad suya: el día de su funeral se inhumaron 72 ataúdes en otros tantos sitios diferentes y se ejecutó a los porteadores que los llevaron para garantizar el secreto. Sin embargo Cao Pi no quiso que su progenitor cayera en el olvido y le construyó un gran mausoleo que, pese a todo, permaneció incólume hasta su hallazgo porque más tarde temió que los ladrones saquearan el sepulcro y mandó destruir todo rastro arquitectónico sobre la superficie.

En 2009 unos peones extraían barro para hacer ladrillos cuando apareció la tumba, grande como correspondía a alguien de su relieve, de unos 740 metros cuadrados. Una tablilla con la inscripción Rey Wu de Wei orientó sobre la identificación del sitio. El yacimiento arqueológico proporcionó dos centenares y medio de piezas entre orfebrería, cerámica, pinturas, armas y similares; otra tablilla llevaba inscrita la leyenda Esto es lo que usaba el rey Wu de Wei, en referencia a una espada y otros objetos que confirmaron a quién pertenecía el complejo.

Entrada al mausoleo de Cao Cao/Imagen: Rolfmueller en Wikimedia Commons

Pero faltaba el cuerpo. Los arqueólogos tuvieron que seguir excavando con lentitud y paciencia en aquel enorme complejo hasta que a finales de marzo de 2018, tras encontrar un túnel subterráneo, localizaron una cámara funeraria con los restos mortales de un hombre de unos 60 años acompañado de dos mujeres. El escepticismo inicial con que se recibió la noticia ha sido acallado por el Instituto Provincial de Patrimonio cultural y Arqueológico de Henan, que ha corroborado la alta probabilidad de que esos restos correspondan a Cao Cao. No sólo eso sino que otro cuerpo masculino que también estaba inhumado quizá sea de su primogénito, Cao Ang.

Al parecer, las autoridades han iniciado la construcción de un museo local en el sitio mismo para exponer al público el contenido de la tumba. Calculan que se podrá inaugurar en tres años.

Fuentes: China (Flora Botton Beja)/Breve historia de la China milenaria (Gregorio Doval Huecas)/El Romance de los Tres Reinos I, II, III, IV y V (Luo Guanzhong)/Wikipedia

Más artículos sobre Arqueología · Historia · · · ·

Send this to a friend