El Paso de Shipka y la batalla entre rusos y otomanos que supuso la independencia de Bulgaria

El Parque Nacional Bulgarka es un bucólico paraje situado en la parte septentrional de los Montes Balcanes, una extensión de la cordillera de los Cárpatos, de la que los separa el Danubio. Se trata de 22.000 hectáreas que forman parte de Bulgaria, tan ricas en flora y fauna como abruptas orográficamente y que están regadas con la sangre de miles de caídos en la cruenta Batalla de Shipka, desarrollada allí mismo y recordada por un memorial de forma especialmente emotiva, ya que fue fundamental para que el país obtuviera su independencia del Imperio Otomano.

El monumento se ubica en el Pico Stoletov. Consiste en una torre de piedra de 31,5 metros de altura en forma de pirámide truncada coronada por una terraza que ofrece imponentes panorámicas del entorno. Sobre la entrada descansa un gigantesco león de bronce junto a una figura femenina que representa la victoria. En el interior, en el primer piso, hay un sarcófago de mármol que contiene los restos mortales de soldados búlgaros y rusos, aliados ante el enemigo común. En otra planta se guarda una colección de réplicas de banderas y objetos de la época.

El Paso de Shipka/Imagen: www.vacacionesbulgaria.com en Wikimedia Commons

La torre se construyó en 1934 siguiendo el diseño del arquitecto Atanas Donkov en colaboración con el escultor Aleksandar Andreev, pero la batalla -o batallas, para ser exacto, pues fueron cuatro sucesivas- ocurrió muchas décadas antes, entre junio de 1877 y enero de 1878, en el contexto de la Guerra Ruso-Turca, también conocida como Guerra de Oriente.

Quien esté familiarizado con la historia del Imperio Ruso sabrá que uno de sus grandes objetivos estratégicos era conseguir una salida al Mediterráneo y eso suponía enfrentarse al Imperio Otomano, que era el que cerraba el paso en esa dirección. El enfrentamiento estaba servido, pues buena parte de los Balcanes estaba habitada por pueblos eslavos que deseaban verse libres del dominio musulmán y, por ello, aspiraban a entablar alianza con los rusos.

La torre-memorial del Paso de Shipka/Imagen: Klearchos Kapoutsis en Wikimedia Commons

El primer estallido de hostilidades había sido entre 1853 y 1856 con la Guerra de Crimea, que arrastró a Francia y Gran Bretaña, que no estaban dispuestas a tolerar el expansionismo ruso. La Paz de París puso fin a los combates pero dejó sin resolver la llamada Cuestión Oriental, el complejo problema que afectaba la relación geográfica y humana entre Rusia, el Imperio Otomano, los pueblos balcánicos y el control de enclaves estratégicos como el Bósforo o los Dardanelos.

De hecho, el problema no se solucionaría hasta que terminó la Primera Guerra Mundial, tras las considerables pérdidas territoriales turcas y el afianzamiento de estados independientes en los Balcanes. Antes de eso tuvieron que hablar las armas demasiado a menudo y una de esas veces fue en la citada Guerra Ruso-Turca, desatada cuando Moscú y el Imperio Austro-Húngaro pactaron acudir en apoyo de los movimientos insurreccionales de Bosnia y Herzegovina surgidos en 1875 al albur de la progresiva decadencia del Imperio Otomano y que se extendieron rápidamente a lo que hoy son Serbia, Montenegro y Bulgaria.

Abdul Hamid II fue el tercer sultán en un año/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El objetivo era repartirse los Balcanes tras expulsar a los otomanos pero éstos llevaron a cabo una represión brutal que escandalizó a las potencias occidentales, convocándose la Conferencia de Constantinopla para tratar de alcanzar un acuerdo que fijase las fronteras y autorizase la creación de provincias búlgaras autónomas. El gobierno turco respondió aprobando una nueva constitución que otorgaba derechos y libertades a las minorías étnicas, equiparándolas a las musulmanas y, dado que nadie quería resucitar los horrores bélicos de veinte años antes, eso apaciguó los ańimos.

Al menos hasta la primavera de 1877, en que Rusia se aseguró de la no intervención de Austria-Hungría para después declararle la guerra a los otomanos. Ambas partes presentaban fuerzas similares; los rusos movilizaron más hombres -unos 200.000 frente a 160.000- pero debían trasladarlos hasta la zona de operaciones y, mientras, los otomanos tuvieron tiempo de construir fortificaciones en las que atrincherarse. Aún así, las tropas que mandaba el general Mijaíl Skóbelev cruzaron el Danubio y en julio pusieron sitio a Pleven, en el norte de Bulgaria. Osmán Bajá, que dirigía la defensa turca, consiguió repeler los ataques hasta diciembre, en que tuvo que capitular ante la llegada de refuerzos rumanos para el enemigo.

Soldados rusos preparándose para un asalto durante el asedio de Pleven (Vasili Vereshchaguin)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Entretanto se produjo el episodio del que hablábamos al comienzo. Mientras Pleven era asediada, el mariscal Iosif Gurko decidió tomar los puertos de montaña para asegurarse los movimientos de tropas sin problemas. Uno de esos sitios era el Paso de Shipka, ubicado a 1.150 metros de altitud y que permitía comunicar las ciudades de Gabrovo y Kazaniak mediante una carretera de 13 kilómetros. Se convertiría en un difícil campo de batalla en el que se libraron cuatro combates en sólo siete meses. El primer choque se produjo en julio de 1877, nada más cruzar los rusos el Danubio, cuando el destacamento de Gourko empezó a ocupar los puertos; pero dos de sus divisiones fueron contundentemente rechazadas en el de Shipka por la guarnición enemiga de Suleimán Pasha.

Como éste apenas contaba con 5.000 hombres, al día siguiente prefirió evacuar la posición. Los rusos quedaron dueños de tres puertos pero ahora les tocaba defenderlos del previsible contraataque, que se produjo al mes siguiente. En ese entretiempo el general Stoletov mandó construir sistemas defensivos por los que repartió sus escasas fuerzas, 5.000 opalchentsi (voluntarios búlgaros) y 2.500 rusos, para hacer frente a los 38.000 otomanos con que regresaba Suleimán Pasha, que además contaba con artillería de montaña.

La defensa del Nido del Águila, en la primera batalla de Shipka (Alexei Popov)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Sin embargo, esta superioridad no hizo decaer el ánimo de los defensores, que aunque en su mayoría eran voluntarios no cedieron ni ante días de bombardeos ni ante las cargas enemigas. Éstas se estrellaron una tras otra contra los parapetos pero parecía cuestión de tiempo que terminaran por imponerse. Lo malo es que tiempo era precisamente de lo que carecían; la llegada de refuerzos rusos cuando ya se agotaban municiones y víveres (los defensores tuvieron que recurrir a arrojar piedras contra los otomanos e incluso se dice que usaron los cuerpos de los caídos como arma) puso fin a aquella segunda batalla.

Ahora bien, únicamente hasta mediados de septiembre. El asedio de Pleven continuaba absorbiendo el esfuerzo ruso y Suleimán Pasha sabía que tenía que aprovechar esa circunstancia, así que inició un nuevo bombardeo seguido de un ataque frontal que logró tomar la primera línea de trincheras. Sin embargo, fue finalmente rechazado por nuevos refuerzos que trajo el general Fyodor Radetzky, que permitieron realizar un contraataque cuyo impulso llevó a expulsar a los otomanos de la zona.

Posiciones rusas en el Paso de Shipka (Vasili Vereshchaguin)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Todo parecía haber acabado definitivamente y así fue durante cuatro meses. No obstante, en 1878 aún se libraría una cuarta batalla en el Paso de Shipka. Duró del 5 al 9 de enero y fue la más importante por el número de efectivos implicados, ya que una vez que capituló Pleven los rusos pudieron enviar fuerzas a las montañas y sumaron 65.000 soldados, teniendo por primera vez superioridad numérica frente a los 40.000 del contrario, esta vez dirigido por Ahmed Muhtar Pasha.

El plan de Gourko era cruzar el paso de Araba Konak y avanzar desde Sofía con el grueso de ese ejército para formar una pinza con la guarnición de Radetzky en Shipka. Así, sendas columnas al mando de los generales Mijaíl Skobelev y Nikolai Mirskii cortaron la retirada otomana mientras Radetzky atacaba de frente. Ésa era la teoría; la puesta en práctica resultó más difícil porque, si bien Radeztky lanzó su ataque, Skobelev y Mirskii, descoordinados, encontraron una tenaz resistencia del enemigo. Eso alargó la batalla cinco días pero al final los otomanos quedaron rodeados y tuvieron que rendirse. El balance de aquella serie de enfrentamientos fue de 13.500 bajas rusas, entre muertos y heridos, por unas 24.000 turcas (más 36.000 prisioneros).

Mijaíl Skobelev (Nikolái Dmítriev-Orenburgski)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Días más tarde Gourko reunió a sus tropas y marchó sobre Constantinopla y únicamente le quedaba un obstáculo por salvar, la ciudad de Plovdiv, donde se atrincheró Suleimán Pasha. La lucha se inició el 14 de enero y el 16 los rusos consiguieron abrir brecha en las defensas; un escuadrón de dragones penetró y sembró el pánico, descomponiendo el poco espíritu que les quedaba a los turcos y haciéndolos retirarse a la capital. Esta batalla, conocida también como de Philippopolis, dejaba expedito el camino para tomarla pero una vez más saltaron las alarmas en las potencias occidentales.

La Royal Navy se desplegó ante el litoral de Estambul dispuesta a impedir que los rusos la ocuparan. Sin embargo, éstos habían sufrido tantas bajas que Moscú prefirió parlamentar. Fruto de las negociaciones, el 3 de marzo se firmó el Tratado de San Stéfano por el que el Imperio Otomano reconocía la independencia de Bulgaria. Ese mismo verano se amplió con el de Berlín, que entregaba Bosnia-Herzegovina al Imperio Austro-Húngaro, Chipre a Reino Unido y Besarabia al Imperio Ruso, además de conceder la independencia a otras tres naciones: Serbia, Rumanía y Montenegro.

El mapa resultante de los tratados de San Stefano y Berlín/Imagen: Lo Que Pasó en la Historia

Como Bulgaria quedó insatisfecha al quitársele parte del territorio concedido antes, los otomanos tampoco quedaron contentos con el desmembramiento de sus dominios europeos y los bosnios renegaban de su sojuzgamiento por los austríacos, la semilla de la discordia seguía latente y explotaría en 1914.

Fuentes: Bulgaria (Jonathan Bousfield y Dan Richardson)/War in the East. A military history of the Russo-Turkish War 1877-78 (Quintin Barry)/War in the Balkans. An encyclopedic history from the fall of the Ottoman Empire to the breakup of Yugoslavia (Richard Hall, ed)/The Russo-Turkish War 1877 (Ian Drury y Raffaele Ruggeri)/Crisis of the Ottoman Empire. Prelude to collapse 1839-1878 (James J. Reid)/Wikipedia