El nudo gordiano y el origen del yugo y las flechas como símbolos de los Reyes Católicos

La expresión nudo gordiano se utiliza con frecuencia para referirse a un problema complejo y, a veces, relacionado con él pero acompañado del verbo cortar, a una solución tan ingeniosa como drástica para solucionarlo. El origen de tan curioso término se remonta a uno de esos emblemáticos episodios que adornaban la biografía de Alejandro Magno y que se vinculaba con una leyenda clásica del rey frigio Gordias.

Hay que remontarse, claro, a la Antigua Grecia. Concretamente al siglo IV a.C., cuando el famoso héroe macedonio llegó a la ciudad de Gordio (o Gordium), capital del viejo reino de Frigia (en la actual península turca de Anatolia) transformada en una satrapía homónima del Imperio Persa tras su conquista en el año 547 a.C. Era un enclave importante desde un punto de vista estratégico, ya que se ubicaba en la ribera del río Sangario, controlando su vado, y además una rama del camino real que comunicaba Sardes con Susa pasaba por allí (aún se conservan restos de esa calzada, aunque corresponde a la que los romanos construyeron encima).

Asia Menor (Anatolia) y sus diversas regiones con la localización de Frigia/Imagen: Caliniuc en Wikimedia Commons

Se entiende pues que Alejandro incluyera Gordio en su lista de objetivos. La tomó en el 334 a.C. pero ese interés que tenía el lugar per se, resultaba aún más apetecible para él porque allí se custodiaba el célebre nudo gordiano, tan enmarañado que resultaba imposible deshacerlo; según profetizaron los oráculos, quien lo consiguiera se convertiría en dueño de toda Asia. Era lógico, pues, que el macedonio viera en ello una oportunidad propagandística de oro para sus ambiciones expansionistas.

Es imposible saber si el nudo en cuestión existió físicamente o sólo era una símbolo de la realeza local, una metáfora para justificar los cambios dinásticos que experimentó Gordio en aquellos turbulentos tiempos. De hecho, la tradición frigia era ajena al sistema monárquico y por eso milenios después se adoptaría el gorro típico de esa región para tocar a Marianne, la figura femenina que representaba a la República Francesa en la era revolucionaria y hasta la actualidad (aunque, al parecer, los revolucionarios adoptaron el gorro frigio por error, ya que su idea original era el pileo, símbolo de la manumisión de esclavos en Roma).

Marianne representada en el cuadro La libertad guiando al pueblo (Delacroix)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El caso es que los frigios no tuvieron rey hasta que en el siglo IX a.C. se proclamó como tal al citado Gordias. Éste, en realidad, no era de sangre azul sino un simple labrador que entró en la urbe conduciendo su carro de bueyes pero el oráculo de Telmiso (capital de la vecina Licia) había augurado que el primer hombre que apareciera en Gordio de esa forma debería ceñir la corona. A Gordias la cosa no le resultó demasiado sorprendente porque, antes, un águila se había posado sobre su arado hasta que desunció a los animales y los adivinos lo interpretaron en ese sentido. La ciudad se fundó como tal con su nombre, que junto al de Midas fue habitual en sus descendientes.

Fue precisamente su hijo Midas, el célebre mandatario al que el dios Dionisos, en agradecimiento por la hospitalidad mostrada a su compañero Sileno, le había concedido la facultad de convertir en oro todo lo que tocase, el que originó la leyenda del nudo. Midas, cuya cronología resulta confusa porque la Historia le sitúa entre los años 740 y 696 a.C., por tanto algo posterior al capítulo mitológico, ofrendó el carro de su padre a Sabacio, el dios telúrico frigio que se asimilaba ora a Zeus ora a Dionisos. Lo ató al yugo con que uncía a los bueyes usando una gruesa soga hecha de corteza de cornejo, con la que hizo varios nudos tan apretados e intrincados en la vara del carro que resultaba imposible soltarlos.

Busto de bronce representando a Sabacio/Imagen: Jebulon en Wikimedia Commons

El vehículo, con su atadura, seguía allí cuando llegó Alejandro cuatro siglos más tarde dispuesto a soltarlo para cumplir la leyenda citada sobre el dominio de Asia. Son varias las fuentes que cuentan el incidente: el griego Lucio Flavio Arriano lo hace en su obra Anabasis Alexandri (siglo II d.C) mientras que el romano Quinto Curcio Rufo inicia con esa anécdota su Historiae Alexandri Magni Macedonis (siglo I d.C), el también latino Marco Juniano Justino la reseña en Epitoma Historiarum Philippicarum Pompeii Trogi (siglos II-III d.C) y un tercer historiador romano, Claudio Eliano, lo cita en De Natura Animalium (siglo III d.C). También aparece en la Vida de Alejandro, correspondiente a las Vidas paralelas del griego romanizado Plutarco, quien se hace eco de una cita del focense Aristóbulo de Casandrea, uno de los oficiales del macedonio, cuyo texto al respecto se ha perdido.

Alejandro cortando el nudo (Radu Oltean)/Imagen: Art Historia

Estas fuentes presentan algunas diferencias entre sí. Una dice que Alejandro intentó primero desatar el nudo pero no encontró cabos de los que tirar. Otras cuentan que consiguió solventar la cuestión separando el nudo de la vara y logrando así chicotes de los que tirar. No obstante, la versión que más caló y ha trascendido fue la popular: el macedonio analizó la situación y finalmente, exclamando “¡Tanto monta cortar como desatar!”, lo seccionó de un tajo de espada.

La frase sería recogida en el siglo XV por Fernando el Católico, rey de Aragón, que la incorporó a su escudo de armas, seguramente por sugerencia del humanista Elio Antonio de Nebrija. Aparte de la cita adoptó también, como elemento iconográfico, el yugo; al fin y al cabo la Y era la inicial de Isabel, quien en correspondencia hizo lo propio en su divisa con un haz de flechas (por la F de Fernando). El vulgo convertiría luego el Tanto monta en una frase reversible añadiendo “monta tanto” e incluso se remató con la rima “…Isabel como Fernando”.

Escudos de los Reyes Católicos en la Iglesia Arciprestal de Santiago de Villena (restaurados)/Imagen: Qoan en Wikimedia Commons

En cuanto a si el nudo existió físicamente o no, deciamos que no hay forma de saberlo. Hay quien cree que sí, que pudo ser un objeto religioso simbólico de la monarquía frigia envuelto en su correspondiente halo mitológico. Incluso se apunta la posibilidad de que fuera una forma de representar el indescifrable nombre de Dionisos (recordemos, la mistérica divinidad asimilada a Sabacio que había distinguido a Midas), transmitida de generación en generación entre la clase sacerdotal local. Sin embargo, otros opinan que se trataba únicamente de una metáfora para legitimar a la nueva dinastía, acaso porque entroncase con una leyenda macedonia por el estilo; hay más ejemplos de esto en la Historia, siendo uno de los más conocidos el de la espada Excalibur.

El caso es que el oráculo demostró tener razón y la profecía se cumplió: aquella noche Zeus dio su aprobación a la insólita iniciativa de Alejandro desatando una tormenta de rayos y el macedonio continuó su imparable campaña conquistando Asia hasta el Indo.

Fuentes: Anábasis de Alejandro Magno (Lucio Flavio Arriano)/Historia de los animales (Claudio Eliano)/Vidas paralelas. Alejandro y Julio César (Plutarco)/Alejandro Magno (Marco S. De Veri)/El poder de la imagen-La imagen del poder (Margarita Ruiz Maldonado, Antonio Casaseca Casaseca y F. Javier Panera Cuevas, eds)/Los mitos griegos (Robert Graves)/Wikipedia