El Juego Real de Ur, uno de los más antiguos juegos de tablero de la historia

El Juego Real de Ur encontrado en la tumba real PG513/Imagen: BabelStone en Wikimedia Commons

Visitar el British Museum es algo parecido a entrar en una máquina del tiempo que te traslada cronológica y geográficamente a esas épocas y lugares de la Historia del mundo con los que sueñas desde que los estudiaste o viste en algún libro. El recorrido por el museo puede llevar días enteros si se quiere ver con calma y al completo, por eso muchos suelen optar por centrarse en algunas piezas escogidas como los frisos y metopas del Partenón, la Piedra Rosetta, las momias egipcias, los bajorelieves de Nínive y Nimrud, la serpiente azteca de turquesa o el moai de la Isla de Pascua, entre otras. Para mí, en esa selección tampoco debería faltar el Juego Real de Ur.

De hecho, no sólo el juego sino también el llamado Estandarte, una especie de caja de madera cuyos paneles están elaborados con esa bella técnica que es la taracea (similar a la del mosaico pero en vez de usar sólo teselas se utilizan también marfil, maderas y metales diversos, conchas marinas, nácar, coral…) y muestran escenas militares y domésticas. Su interés especial radica en que, como indica su nombre, es de época sumeria y está datado en torno al siglo XXVI a.C.

El Estandarte Real de Ur/Imagen: Udimu en Wikimedia Commons

Lo encontró en 1927 el famoso arqueólogo británico Sir Charles Leonard Wooley, cuando dirigía una campaña de excavaciones en la Necrópolis de Ur, al sur de la actual Bagdad (Irak). En ese lugar desenterró dieciséis sepulturas (aunque el total de las localizadas superaba los dos millares y medio) que bautizó con el nombre de Tumbas Reales de Ur, construidas en ladrillo y de techo abovedado, todas correspondientes al período Dinástico Arcaico y con sus difuntos ocupantes acompañados de servidumbre sacrificada ad hoc, además de los correspondientes ajuares funerarios.

El de la reina acadia Puabi (a la que algunos no consideran soberana sino sacerdotisa) era magnífico. Junto a ella murieron o fueron matados cinco guardias armados y diez sirvientas, así como una pareja de bueyes con el carro del que tiraban, lo que demuestra la opulencia de aquel personaje. Fue en su sepulcro donde aparecieron preciosidades como un espectacular tocado, una copa de oro que aún estaba en su mano, varias joyas espléndidas y, sobre todo, dos preciosas liras (una de las cuales está en el British) y un arpa.

Leonard Wooley, a la derecha, acompañado de Lawrence de Arabia, que colaboró con él en alguna excavación/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La de Puabi no fue la única tumba con ocupante identificado; también la de Meskalamdug, del que no está claro si era lugal (rey) o únicamente ensi (gobernante, mitad administrador, mitad sacerdote, sin sangre azul) o la de A-kala-dug. En cualquier caso, las demás también proporcionaron una buena colección de objetos, como el casco de oro del primero. Ya vimos el caso del Estandarte, hallado en una donde yacían setenta y cuatro cuerpos, pero hubo otras y de dos de ellas se extrajeron sendos tableros con fichas del Juego Real de Ur, a los que se calcula una antigüedad de unos cuatro mil quinientos años.

Pese a ello, no se trata del juego de mesa más añejo conocido porque el senet egipcio es casi un milenio anterior y el oware, un tipo de mancala (juego de tablero con fichas) originario del África occidental, también es anterior. Sin embargo, los tres presentan similitudes en su desarrollo, guardando parecido con el parchís: el objetivo es sacar las fichas del tablero antes que el rival siguiendo unas casillas, por eso se parece también al backgammon, aunque se cree que éste deriva más bien de la tábula romana.

Un oware de Costa de Marfil/Imagen: Zubro en Wikimedia Commons

Algunos opinan que el senet, pese a ser más antiguo que el asseb, que es como los egipcios llamaban al juego de Ur, sería en realidad una versión de éste; mientras no se encuentre más información al respecto es imposible saberlo. Lo que sí resulta obvio es el parecido, que conocemos pese a que no se conservan las reglas de ninguno de los dos.

En el caso del senet ha sido necesario hacer una labor de reconstrucción bastante ardua porque debía ser tan popular que nadie se tomó la molestia de dejar una explicación, siquiera elemental. El tablero se dividía en tres filas paralelas de diez casillas cada una que había que recorrer con un número de fichas (entre diez y veinte, probablemente había variantes) según lo que saliera en unas tablillas, pudiéndose formar barreras y comer las del adversario, en una curiosa combinación del parchís y la oca.

El senet del faraón Amenhotep III/Imagen: Keith Schengili-Roberts en Wikimedia Commons

Del sumerio tampoco tenemos un reglamento pero sí figura una descripción básica en una tablilla con escritura cuneiforme babilonia, bastante tardía, firmada por un escriba llamado Itti-Marduk-Balāṭu entre los años 177 y 176 a.C. De ella se deduce que, como en el caso egipcio, se basaba en la persecución mutua de las fichas de dos jugadores: cada uno tenía siete, uno negras y otro blancas, que debían completar un recorrido por las veinte casillas del tablero (repartidas en dos grupos de doce y seis respectivamente unidas por otras dos) siguiendo lo que indicasen tres dados piramidales. Como en el senet, se podían comer las fichas del adversario y mandarlas a la salida según lo que indicase el dibujo de cada casilla; y, al igual que en el otro, ganaba quien primero sacase sus fichas del tablero.

La tablilla con la descripción/Imagen: Fae en Wikimedia Commons

Eso sí, había una importante diferencia entre el juego egipcio y el Juego Real de Ur: el primero era muy popular, decíamos antes, practicado por todos los estratos sociales, mientras que el sumerio parece ser que lo jugaban exclusivamente las clases acomodadas y únicamente se ha encontrado asociado a ellas, bien en las citadas tumbas, bien esgrafiado en los muros del palacio del rey asirio Sargón II en Dur Sharrukin (actual Khorsabad, Irak), bien en el ajuar del mismísimo Tutankhamón.

Hoy en día cualquier entusiasta de la cultura mesopotámica o de la Historia a secas puede encontrar reproducciones y practicar, aunque lo más divertido es que incluso hay disponibles versiones para echar una partida online y apps para el móvil.

Desarrollo hipotético de una partida/Imagen: Arte e Iconografía

Fuentes: Historia antigua de Egipto y del Próximo Oriente (Antonio Pérez Largacha)/Breve historia de los sumerios (Ana Martos Rubio)/Breve historia de la arqueología (Jorge García Sánchez)/Ur, la ciudad de los caldeos (Leonard Wooley)/It’s all a game. The history of board games from Monopoly to Settlers of Catan (Tristan Donovan)/Past times. Ancient Board Games (Jeffrey S. Johnston)/Mesopotamia (Julian Reade)