Código Dorabella, la carta cifrada escrita por el compositor Edward Elgar y que nunca ha sido resuelta

Edward Elgar en 1900/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En ocasiones anteriores hablamos aquí de algunos de los misterios criptológicos más recalcitrantes, caso del Cifrado de D’Agapeyeff o, dentro del artículo dedicado al reloj matemático de Berlín, la escultura Kryptos que decora el exterior del cuartel general de la CIA en Langley (Virginia, EEUU). Pero hay más, claro, y uno de los que siguen sin ser resueltos es el Código Dorabella.

El Código Dorabella es una carta encriptada que Edward Elgar envió a su ex-alumna y amiga Dora Penny el 14 de julio de 1897. Seguramente a más de un lector le resultará familiar el nombre del remitente, sobre todo si es aficionado a la música. Se trata del famoso compositor inglés cuyas partituras fueron al Imperio Británico lo que la literatura de Rudyard Kipling; de hecho, Elgar musicalizó los poemas del escritor durante la Primera Guerra Mundial. Recordemos las marchas Oda a la coronación o Tierra de esperanza y gloria que integraban su Pompa y circunstancia, apoteósicamente cantadas por el público del Royal Albert Hall en la última noche de los Proms cada final de verano.

La carta codificada/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Por supuesto, el conjunto de su obra es mucho más amplio y rico. Y aunque paradójicamente él era un rara avis, solitario, introspectivo, con influencias artísticas que no procedían de la música británica sino de los maestros europeos (Berlioz, Brahms, Wagner y, especialmente, Dvorak), profesando encima la religión católica, en 1904 fue nombrado caballero y a lo largo de los años siguientes siguió recibiendo distinciones y honores de todo tipo. Pero en la última década del siglo XIX, si bien se había labrado ya un nombre, sobre todo por sus composiciones para festivales, aún no despertaba ningún entusiasmo y él mismo empezaba a dudar de su capacidad.

El éxito propiamente dicho no le llegaría hasta 1899 con su Variaciones sobre un tema original para orquesta Op. 36 «Enigma», aclamada por público y crítica, que refrendaría en 1900 con El sueño de Geronte y en 1901 con la citada Pompa y circunstancia. Todas ellas le convertirían, como dijo su biógrafo Basil Maine (que también era compositor) en el primer músico de Inglaterra, sucesor de Sir Arthur Sullivan. Elgar fue reconocido y alabado así por sus colegas europeos, saltando del pseudoanonimato a la fama.

Portada de Tierra de gloria y esperanza/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ahora bien, la cuestión de la carta cifrada tuvo lugar dos años antes, tras conocer a Dora Penny, hija de un reverendo de Wolverhampton llamado Alfred que había estado de misionero en Melanesia, donde perdió a su esposa. El religioso volvió a contraer matrimonio con una mujer que era amiga de la esposa de Elgar. Éste estaba casado con Caroline Alice Roberts, ocho años mayor que él, escritora e hija de un militar cuya familia se opuso a aquel enlace (¡un marido músico, desconocido, pobre y católico!). Oposición tan radical como inútil, pues fueron al altar en 1889 y trece meses después nació su primera y única hija, Carice Irene.

El caso es que en el verano de 1897 los Elgar fueron invitados a pasar unos días en la rectoría de Wolverhampton, aprovechando de paso para que el compositor diera algunas clases de música a Dora. Ella tenía veintitrés años y él cuarenta y dos pero la diferencia de edad no fue obstáculo para que conectaran estrechamente, iniciando una mistad que sería muy duradera. De hecho, la obra que le consagró, la citada Variaciones sobre un tema original para orquesta Op. 36 «Enigma», estaba dedicada a Dora.

Caroline Alice Roberts, esposa de Elgar/Imagen: Priya Ramesh en Wikimedia Commons

Tras aquella agradable estancia, el matrimonio Elgar regresó a su hogar y Caroline Alice escribió una carta de agradecimiento al reverendo y su hija por la hospitalidad que les dispensaron. Pero, antes de cerrar el sobre, su marido introdujo la nota encriptada dirigida a Dora -su nombre aparecía escrito al revés-, y, eso sí, firmada de forma convencional. Quizá por temor a que la leyesen los padres, la escritura no era normal: constaba de ochenta y siete caracteres repartidos en tres líneas. Como algunos de esos caracteres se repetían, se ha deducido que hay todo un alfabeto de veinticuatro símbolos.

No son letras que correspondan a un abecedario conocido; están formadas por semicírculos -entre uno y tres- dispuestos de distintas orientaciones -hasta ocho-, algunas no muy claras. Además, tras el quinto signo de la tercera línea aparece un punto del que se ignora si tiene alguna función o se puso involuntariamente. Por la frecuencia en que se repiten los caracteres, dicen los criptólogos que el Código Dorabella parece obedecer a un cifrado por sustitución, es decir, un método en el que cada unidad (ya sea ésta una letra, un conjunto de ellas, una palabra y demás combinaciones posibles) se reemplaza por un signo sin alterar el orden del texto.

Dora Penny/Imagen: Enigma Theme Unmasked

Es un sistema relativamente sencillo. Sin embargo, pese a alguna propuesta como la de Tim S. Roberts («P.S. Now droop beige weeds set in it – pure idiocy – one entire bed! Luigi Ccibunud luv’ngly tuned liuto studo two», cuya traducción exacta resulta casi imposible, algo así como «PD Ahora deja caer malezas color beige, pura idiotez, ¡una cama entera! Luigi Ccibunud sintonizó cuidadosamente el liuto studo dos»), la nota de Elgar nunca ha podido ser descifrada de forma indiscutible, lo que lleva a algunos expertos a sugerir que acaso sea un cifrado más complejo que lo anteriormente propuesto. Así, aunque son varios los intentos de transcribir el mensaje, ninguno se considera lo suficientemente convincente y cada versión difiere bastante de las otras.

En 1970, el ya fallecido musicólogo Eric Sams, que repartía su pasión por Shakespeare (era un erudito en el tema) con la criptología y que incluso trabajó en el servicio secreto británico durante la Segunda Guerra Mundial, propuso una solución al enigma. Según él, el texto decía: «STARTS: LARKS! IT’S CHAOTIC, BUT A CLOAK OBSCURES MY NEW LETTERS, A, B [alpha, beta, ie Greek letters or alphabet] BELOW: I OWN THE DARK MAKES E. E. SIGH WHEN YOU ARE TOO LONG GONE». Traducido sería: «COMIENZO: ¡ALONDRAS! ESTO ES CAÓTICO, PERO UNA CAPA OSCURECE MIS NUEVAS LETRAS, A, B [alfa, beta, letras del alfabeto griego] DEBAJO: POSEO LA OSCURIDAD QUE HACE A E. E. SUSPIRAR CUANDO TU TE HAS IDO DEMASIADO LEJOS». Un galimatías poco claro al que se criticó que añadía letras (ciento nueve en vez de las ochenta y siete originales, sin contar la aclaración sobre el griego), aunque Sams dijo que las sobrantes venían determinadas por taquigrafía fonética.

Ejemplo de cifrado por sustitución básico usando los caracteres de Elgar pero sin sentido/Imagen: The Cypher Foundation

En 2011 el criptógrafo canadiense Richard Henderson retomó el cifrado por sustitución consiguiendo un mensaje más lógico, bien es cierto que haciendo alguna pequeña trampa como eliminar dos de las letras: «whY AM I VERY SAD, BELLE. I SAG AS WE SEE ROSES DO. E.E. IS EVER FOND OF U, DORA. I kNOw I PeN ONE I LOVe. All Of My Affection». Como en casos anteriores, traducirlo al castellano, salvando la anormal alternancia de mayúscula-minúsculas y la inexistencia de géneros literarios del inglés, es bastante difícil: «¿POR QUÉ ESTOY MUY TRISTE, BELLE? ME HUNDO COMO VEMOS HACER A LAS ROSAS. A VECES E.E. ESTA SIEMPRE ENCARIÑADO CONTIGO, DORA. Sé que encontré a una que amo. Todo mi afecto».

Lo único que puede sacarse en claro, y eso dejando volar un poco la imaginación, es que E. E deben ser las iniciales del autor y que éste se enamoró de Dora, enviándole una nota en la que se declaraba; estaría encriptada para evitar que nadie más se enterase, sin que sepamos si ella le correspondía. No obstante, frente a lo que Elgar debió pensar, Dora tampoco fue capaz de descifrar el código que hoy lleva su nombre. Guardó la carta en un cajón y allí quedó olvidada durante cuatro décadas hasta que se perdió durante el Blitz (los bombardeos alemanes sobre Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial). Por suerte había sido fotografiada para las memorias que Dora escribió y que llevaban por título Edward Elgar. Memories of a Variation, que publicó en 1937 con el pesudónimo Mrs. Richard Powell.

Un cuadrado de Polibio/Imagen: Science Source Images

Otra interpretación vincula la carta con la estancia del reverendo en Oceanía y algunas piezas que se trajo de allí con inscripciones aborígenes y que habría mostrado a Elgar aquel verano. Sabemos que el músico era muy aficionado a los códigos y que practicó con algunos, tal como atestigua el Elgar Birthplace Museum, el Museo-Casa Natal de su localidad de origen en Broadheath,. Allí se exhibe algún que otro objeto en ese sentido, como una caja que él mismo decoró con un cifrado nihilista (una clave que usaban los terroristas nihilistas rusos en el último cuarto del siglo XIX para esquivar a la policía zarista y que se basa en el uso de un Cuadrado de Polibio, en el que cada letra se sustituye por una coordenada de su ubicación en un damero).

En fin, de todas las interpretaciones que hay acerca del Código Dorabella puede que la más curiosa sea la aportada por Javier Atance, quien planteó la posibilidad de que no se trate de un texto sino de una canción; al fin y al cabo, su autor era compositor y él mismo admitiría un par de años más tarde que Dora fue una de las varias identidades que plasmó ocultas en sus Variaciones sobre un tema original para orquesta Op. 36 «Enigma» (en concreto en la pieza X, titulada Dorabella; la IV estaba basada en su madrastra y las había también para su esposa y varios amigos). Ella no sólo era consciente de eso sino también cómplice. De hecho, esa obra, que dio nombre a la famosa máquina encriptadora alemana de la Segunda Guerra Mundial, tiene un significado oculto en la melodía que el autor reconoció sin desvelar.

El programa del concierto de Liszt con un código igual al margen/Imagen: The Cypher Foundation

Según esta teoría musical, las ocho posiciones diferentes de los semicírculos representado en el Código Dorabella equivaldrían a las notas musicales, si se las mira en el sentido de las agujas del reloj, mientras que cada semicírculo indicaría si la nota es natural, bemol (grave) o sostenida (aguda). Se da la circunstancia de que Elgar anotó algo en el margen del programa de mano correspondiente a un concierto de Liszt y para ello recurrió al mismo sistema de cifrado. Sea correcto o no, un rápido vistazo por Internet nos muestra docenas de propuestas de transcripción; si alguien se anima a probar…

Fuentes: Elgar Foundation / BBC / Ancient Cryptography / Unsolved Problems / Wikipedia.