Bartitsu, el arte marcial que practicaban Sherlock Holmes y los caballeros en la Inglaterra victoriana

“Cuando llegamos al final me dispuse a vender cara mi vida; sin embargo, Moriarty no sacó ningún arma sino que se abalanzó sobre mí rodeándome con sus largos brazos. También él sabía que su juego había terminado y sólo deseaba vengarse de mí. Así pues, forcejeamos durante un rato al mismo borde del precipicio. No obstante, yo poseo conocimientos de baritsu, el sistema japonés de lucha, que más de una vez me han resultado muy útiles. De pronto, me solté de su presa y Moriarty lanzó un grito horrible, pataleó como un loco durante unos instantes y trató de agarrarse al aire con las dos manos, pero, a pesar de todos sus esfuerzos, no logró mantener el equilibrio y se despeñó”.

Así es cómo Sherlock Holmes relata a Watson el enfrentamiento que mantuvo con su archienemigo en las cataratas Reichenbach y tras el que se hizo pasar por muerto para provocar un exceso de confianza en los aliados de Moriarty. Lo cierto es que Arthur Conan Doyle había decidido matar a su personaje porque estaba harto de él pero en 1901, ocho años después y ante la insistencia de sus lectores y editor, no tuvo más remedio que resucitarlo en La aventura de la casa deshabitada, cuento al que corresponde el fragmento anterior.

Holmes y Moriarty peleando en las cataratas Reichenback/Imagen: Gnostalgia

Ahí es dónde, por primera vez, Conan Doyle reseña de forma explícita qué técnica de defensa personal usaba el detective. No se trataba de un invento del escritor escocés sino de un arte marcial que se desarrolló en la Inglaterra victoriana y que tras un siglo en el olvido se está volviendo a practicar. El baritsu al que se refiere se llamaba en realidad bartitsu porque su nombre derivaba de una combinación del apellido del hombre que lo creó, Edward William Barton-Wright, con el jiu-jitsu.

Barton-Wright había vivido tres años en Japón, trabajando como ingeniero, y allí tuvo ocasión de conocer y practicar artes marciales. Se interesó especialmente por el judo, que le enseñaron prestigiosos maestros, y el jiu-jitsu o koryū budō, un tipo de lucha sin armas basada en la técnica que los guerreros clásicos bushi habían inventado para enfrentarse a samuráis con armadura: el uso de todas las habilidades posibles; en lugar de limitarse a golpes y patadas incorporaba también luxaciones, estrangulamientos y el recurso de usar cualquier objeto cotidiano si era necesario.

Edward William Barton-Wright/Imagen: Martial Tribes

De regreso en su patria en 1898, el inglés tuvo la idea de adaptar aquello al gusto occidental, de manera que a lo aprendido de los japoneses sumó otras cosas como boxeo, esgrima, lucha libre, schwingen (una versión suiza de la lucha tradicional), etc. Invitó a especialistas nipones de diversas escuelas a ir a Londres para hacer demostraciones de jiu-jitsu e impartir clases en la academia que había fundado en el Soho con el nombre de Bartitsu Academy of Arms and Physical Culture, a la que dio a conocer publicando una serie de artículos en prensa especializada en deportes.

Asimismo se unió a su equipo Pierre Vigny, el maestro francés de armas que había desarrollado el canne de combat (combate con bastón) y el savate (un antecedente del kickboxing conocido también como boxe française). Un colaborador más fue Armand Cherpillod, un suizo que era profesor de gimnasia y campeón de lucha libre y catch wrestling (un deporte de combate que se hizo muy popular en las Islas Británicas en el último cuarto del siglo XIX, combinando la lucha greco-romana con jiu-jitsu y pehlwani indio).

Pierre Vigny/Imagen: Read My List

En la academia, comúnmente llamada Bartitsu Club, se organizaban exhibiciones y se enseñaba el bartitsu a gente acomodada, de ahí que se lo conociera como the gentleman’s martial art (o sea, el arte marcial de los caballeros; éstos solían usar bastón como indicativo de su posición social). El local también sirvió de sede para un grupo de aficionados a la esgrima histórica que dirigía un capitán del ejército y cuyos alumnos eran fundamentalmente actores que necesitaban practicar para las funciones teatrales, aunque se fueron sumando numerosos militares. El éxito permitió completar las instalaciones con aparatos de electroterapia y se contrató a una profesora experta en logopedia para enseñar a modular la respiración.

La base del bartitsu era, según explicó su creador en 1899, desequilibrar al oponente, sorprenderle por rapidez y anularle incidiendo sobre sus articulaciones. Dependiendo de si estaba armado o no se daba prioridad a unas técnicas sobre otras, aunque era recomendable mantener la distancia, con lo que primaban el uso del bastón y el jiu-jitsu sobre los agarres tipo lucha libre. Las clases se impartían por rotación, pasando el alumno cada vez por una especialidad diferente, y progresivas, practicando la repetición de movimientos para automatizarlos.

Lámina de movimientos de barstitsu/Imagen: Krazy Enrique

Todo esto aseguraba la capacidad del alumno para poder enfrentarse con garantías a adversarios de mayor tamaño y fuerza. El propio Barton salió victorioso de combates en los que a priori parecía el potencial perdedor -y encima en pocos minutos- durante una serie de demostraciones que realizó en St. James’s Hall. Es más, el bartitsu se presentaba como especialmente recomendable para la autodefensa de mujeres, para las que se impartían clases específicas, algo inédito en la época.

Alguna de aquellas alumnas pioneras, como Edith Margaret Garrud, fundaría luego su propia escuela y enseñaría a las sufragistas, que en el primer cuarto del siglo XX tuvieron una creciente actividad en defensa del derecho al voto de la mujer. Para ellas creó un grupo de una treintena de guardaespaldas femeninas llamado WSPU (Women’s Social and Political Union) cuyo objetivo era impedir que la policía arrestase a las militantes que huían de las cargas en las manifestaciones. Se las llamaba vulgarmente con el apodo de suffrajitsu.

Viñeta de Punch sobre las suffrajitsu/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Sin embargo, aquella efervescencia del bartitsu fue efímera. Al parecer, Barton discutió con sus monitores y ello, junto con otros factores como las elevadas cuotas de la academia y el limitado interés que había en la época por el deporte más allá de lo clásico, hicieron que perdiera interés entre los aficionados, que optaban directamente por el jiu-jitsu o por la esgrima. Tras una gira de exhibiciones por Inglaterra, a finales de 1902, el Bartitsu Club tuvo que cerrar. Los profesores montaron sus propios gimnasios y Barton se recicló como fisioterapeuta.

Falleció en 1950, a la edad de noventa años, dejando como legado el haber introducido las artes marciales orientales en Europa y haberlas combinado con las autóctonas para originar una especialidad mixta que luego imitaron el francés Jean Joseph-Renaud con su Défense Dans la Rue (boxeo, savate y jiu-jitsu para defensa personal callejera) o el brasileño Mario Aleixo con su defesa pessoal, que aparte de lucha, boxeo y capoeira incluía combate con bastón. Durante la Segunda Guerra Mundial se enseñaban técnicas similares a los soldados aliados.

Lámina de explicación de defensa personal durante la Segunda Guerra Mundial/Imagen: Malodourus Thoughts

El bartitsu no resucitó de sus cenizas hasta los años noventa, cuando algunos exégetas de Sherlock Holmes identificaron la técnica inventada por Barton con la aludida por el detective en La aventura de la casa deshabitada. Para ser exactos, lo había hecho antes, en 1958, en un artículo del Baker Street Journal pero entonces pasó desapercibido porque aún hubo que esperar un par de décadas para que las artes marciales se popularizaran a lo grande, de la mano de Bruce Lee y la serie televisiva Kung Fu.

Se desconoce la razón por la que Conan Doyle lo llamó baritsu, comiéndose la t del medio; quizá para evitar que le reclamaran derechos de autor, quizá porque el artículo que tomó como referencia en el London Times tenía ese error tipográfico. En cualquier caso, hoy en día hay una Bartitsu Society que ha reeditado los ensayos de Barton y promocionado otros trabajos sobre el tema, tanto escritos como en vídeo, de manera que se vuelven a dar clases y se ha exportado la técnica a varios países.

Incluso ha saltado al cine de la mano de la película Kingsman: servicio secreto, en una versión que sustituye el bastón por un paraguas armado y, por supuesto, mucha fantasía.

Fuentes: Martial arts of the world. An encyclopedia of history and innovation (Thomas A. Green)/El regreso de Sherlock Holmes. La aventura de la casa deshabitada (Sir Arthur Conan Doyle)/The art of manliness. Classic skills and manners for the modern man (Brett McKay y Kate McKay)/Masculinity, crime and self-defence in victorian literature (Emelyne Godfrey)/Edith Garrud. The suffragette who knew jujutsu (Tony Wolf y Kathrynne Wolf)/The Bartitsu Society/Wikipedia