Li Ching-Yuen, el hombre de quien se decía que había llegado a cumplir 256 años

Li Ching-Yuen/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Desde la muerte de la jamaicana Violet Brown, ocurrida en 2017, la persona más anciana del mundo es la japonesa Nabi Tajima, que tiene 117 años y es el quinto ser humano más longevo (documentado) que ha existido. Es curioso -y significativo- que la lista de supercentenarios, es decir, aquellos que superan los 100 años, está integrada casi totalmente por gente de los mismos países: Japón, EEUU e Italia sobre todo, más algunos pocos de Francia, Reino Unido y Canadá. Históricamente, el récord lo ostenta la francesa Jeanne Calment con 122 años pero en China siempre han reclamado ese primer puesto para Li Ching-Yuen, de quien se decía que había cumplido 256 primaveras.

La esperanza de vida del Hombre ha ido creciendo, con algún altibajo y diferencias regionales, desde los 33 años del Paleolítico Superior hasta los 71,4 de la media mundial actual. Una cifra algo engañosa porque en el mundo desarrollado es considerablemente más alta (80,6) e incluso hay países como Japón y España que la superan (en torno a 85 años, dependiendo del estudio). China nunca ha aparecido en esos ránkings, bien porque el nivel de vida era bajo, bien por falta de estudios en condiciones verificables.

En realidad, a todos los nombres citados hasta ahora podrían añadirse varios más que, sin embargo, generan dudas precisamente por eso, por la falta de garantías en cuanto a comprobación. Es el caso del galo Annibal Camoux, un soldado muerto en 1759 pero del que se desconoce su fecha de nacimiento, que en su tiempo situaron en 1638 haciéndole superar así la barrera centenaria en 21 años. También se puede citar a Shirali Muslimov, un pastor de Azerbaiyán que falleció en 1973 y aseguraba haber nacido en 1805, con lo que habría llegado a cumplir 168 años.

Jeanne Calment de joven y al cumplir 121 años/Fotos: Wikimedia Commons

Pero todos estos registros quedarían pulverizados si fuera cierta la historia del citado Li Ching-Yuen, a quien se atribuían edades diversas, una desmesurada, como la de 256 años, y otra más modesta de «sólo» 197, pero ambas abrumadoramente superiores a las reseñadas hasta ahora. La clave está en dilucidar con certeza cuándo nació, ya que él afirmaba que fue en 1736 pero un profesor universitario chino informó al North China Daily News y al Shanghai Declaration News, de los que luego se hizo eco mundial el New York Times, de que estaba en posesión de unos documentos que remontaban ese momento hasta 1677.

Si alguien está confuso al ver mezclado el siglo XVII con los periódicos modernos, sepa que es porque Li Ching-Yuen murió en Sichuán en pleno siglo XX, el 6 de mayo de 1933. Los papeles en cuestión eran unas felicitaciones del gobierno imperial chino al interfecto por sus 150º y 200º aniversarios, o sea, en 1827 y 1877. Un corresponsal del diario estadounidense se desplazó a China y preguntó a sus vecinos, que declararon que sus abuelos ya le habían conocido adulto cuando ellos eran niños.

Aquel personaje se convirtió en centro de atención para la prensa internacional durante un tiempo, evidentemente. Fue la revista Time la que se apuntó un tanto al contar un resumen de su vida por boca de uno de sus discípulos llamado Da Liu, que era maestro de Tai Chi Chuán como antes lo había sido el otro. Según Da Liu, la clave de su longevidad estaba en haber practicado todos los días sin falta el Wushu (las artes marciales típicas de China) que le enseñó un ermitaño al que Li Ching-Yuen había conocido en las montañas cuya edad era aún más increíble, rondando el medio millar de años. De ahí a la inmortalidad, un paso.

Monjes en una demostración de Wushu (artes marciales chinas)/Foto: Shi Deru en Wikimedia Commons

Esas artes no eran únicamente el Tai Chi (deporte masivamente practicado en China por sus beneficios físicos y mentales), sino también el Pa kua Chang (técnica de combate basada en moverse en círculo en torno al adversario) y el Chi Kun (ejercicios suaves que combinan meditación y respiración con la medicina china tradicional) y se resumían en un aforismo acuñado por el propio Li Ching-Yuen que decía: «Mantén un corazón tranquilo, siéntate como una tortuga, anda rápido como una paloma y duerme como un perro».

Lo que se contaba de aquel chino supracentenario, natural de Chongqing (en Sichuán, la misma provincia donde murió), era que había empezado el aprendizaje de Wushu ya en la infancia. Después, de adolescente, se hizo herborista, viajando por todo el sudeste asiático para recolectar y vender hierbas medicinales que él mismo probaba antes, ya que no podía estudiarlas en textos al ser analfabeto. Así fue cómo se convirtió en un experto en el tema y cómo, además, adoptó una dieta vegetariana en la que descansaba parte de su secreto vital; la completaba, eso sí, con vino de arroz.

Monumento en honor de Lao Tsé en Guanzhou (China)/Foto: Thanato en Wikimedia Commons

Li Ching-Yuen pasó casi un siglo dedicado a ese oficio, que alternó con un tiempo de estancia en el templo de Yu Qing, en la montaña Lao Shan. Allí aprendió el taoísmo y, se dice, sustituyó el sueño nocturno por la práctica del Bu Dao Dan, la llamada alquimia interna, una técnica recogida en el Tao Te Ching (el libro base taoísta atribuido a Lao Tsé) que los monjes utilizaban para canalizar la energía en vez de dormir. Esto le rejuveneció, otorgándole una envidiable forma física y renombre suficiente como para que el gobernador Yu Zhongqi lo contratara como asesor táctico militar y profesor de artes marciales.

Fue en 1749, si atendemos a la fecha de nacimiento más antigua, 1677. Ostentando ese cargo, gracias al cual recibió la primera felicitación gubernamental de cumpleaños al cumplir su primer centenario (más tarde vendrían las otras dos mencionadas antes), participó en la batalla del Río Dorado y después se retiró a las montañas dedicándose a las hierbas y la meditación.

Wu Peifu hacia 1925/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

En 1926 un señor de la guerra llamado Wu Peifu, alias el General de Jade, conservador y defensor del tradicionalismo confucianista, enfrentado tanto al Partido Comunista como al Kuomintang, se lo llevó consigo a Pekín para que impartiera unas conferencias en la Sociedad de Meditación de la universidad y, de paso, intentar averiguar el secreto de su longevidad; Peifu murió en 1939 a los 65 años, así que no debió sonsacarle gran cosa.

Al año siguiente fue el general Yang Sen, del Ejército Nacional Revolucionario, el que le invitó a su residencia en 1927, ansioso por conocer a alguien tan extraordinario. De aquel encuentro data la única fotografía conocida del maestro y, posteriormente, una biografía escrita por el militar, quien siguiendo sus consejos vivió hasta 1977. En ella contaba que su invitado medía unos dos metros de altura, tenía buena vista y uñas muy largas, de unos 15 centímetros, tal como se puede comprobar en el retrato.

La única foto que hay de Li Ching-Yuen/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Por lo visto, el mismísimo Chiang Kai-shek, presidente del gobierno nacionalista, se interesó por el personaje reclamando su presencia en la capital Nankín. Pero no hubo tiempo para ello; Li Ching-Yuen había expirado por fin el 6 de mayo de 1933, dejando una obra escrita en 1908 en colaboración con su alumno Yang Hexuan (Los secretos de la inmortalidad de Li Ching-Yuen) y dos centenares de descendientes engendrados con 24 esposas, la última de las cuales le sobrevivió.

¿Cuánto hay de verdad en todo esto? ¿Vivió Li Ching-Yuen 197 años, como decía, o fueron 256, como pretendían demostrar aquellas felicitaciones gubernamentales? Es imposible saberlo más allá de la lógica y por eso no figura en las listas de longevidad. Se da, además, el caso de que Wu Chung-chieh, el profesor que informó a la prensa, decía trabajar para el Departamento de Educación de la Universidad de Minkuo… que no existe.

Fuentes: Tortoise-Pigeon-Dog (artículo de la revista Time)/Li Ching-Yun dead (artículo de The New York Times)/Physical immortality. A history and how to guide (or how to live 150 years and beyond) (Martin K. Ettington)/Living to 100 and beyond (Timothy Harris)/International Database on Longevity/Wikipedia