¿Cuando comenzaron los hombres a fabricar armas? Probablemente hace millones de años si incluimos a todas las especies consideradas humanas, desde el Homo sapiens hasta el Homo habilis, que se remonta a unos 2,5 millones de años. Durante toda nuestra prehistoria, pasando por la Antigüedad, la Edad Media y la Edad Moderna, hemos creado objetos capaces de hacer daño, de protegernos y de facilitarnos la consecución de alimento.

Los museos arqueológicos e históricos de todo el mundo están llenos de ejemplares hallados en excavaciones y yacimientos, con toda seguridad con más abundancia de armas de metal que de madera, por el carácter perecedero de ésta.

Imagen actual del yacimiento / foto Ice Age Europa

Sin embargo, son precisamente de madera las armas más antiguas conocidas que se han conservado prácticamente intactas fabricadas por el hombre, incluyendo en este término a todos los miembros del género Homo. Se trata de 8 lanzas que se encontraron entre 1995 y 1998 en una mina a cielo abierto de la localidad alemana de Schöningen.

Los expertos determinaron que tienen unos 400.000 años de antigüedad y, por tanto, no fueron obra del Homo sapiens sino más probablemente del Homo heidelbergensis durante el Paleolítico inferior, una especie que se extinguió hace unos 200.000 años evolucionando en dos poblaciones diferentes: los europeos dieron lugar a neandertales y denisovanos, y los africanos al Homo sapiens.

Extracción de la Lanza VI / foto P. Pfarr NLD en Wikimedia Commons

De los restos encontrados junto a las lanzas se las relaciona con la caza de mamíferos. Y es que en el lugar aparecieron unos 16.000 huesos de animales (un 90 por ciento de caballos y el resto de ciervos rojos y bisontes europeos), lo que refuerza la teoría de que el Homo heidelbergensis era ya un cazador intensivo.

El lugar en el que se encontraron es tan solo uno de los 13 yacimientos paleolíticos descubiertos en la mina, excavados entre 1992 y 2009. El que se hayan preservado en buenas condiciones se debe al rápido cubrimiento y sellado de las capas arqueológicas con lodo del lago adyacente, lo que permitió que los materiales orgánicos no se descompusieran.

Los huesos, principalmente de Equus mosbachensis y pertenecientes a unos 20 individuos, presentan marcas de corte realizadas con herramientas de piedra (algunas de las cuales también aparecieron en la excavación). Según los investigadores el probable escenario habría sido el siguiente: los cazadores acecharon a los animales escondidos en los juncos de la orilla del lago, atrapándolos entre ellos y el agua, siendo abatidos con las lanzas.

La Lanza VII en el yacimiento / foto P. Pfarr NLD en Wikimedia Commons

Es más, de la presencia de huesos de animales jóvenes, deducen que la cacería habría tenido lugar en otoño, tras el habitual nacimiento de las nuevas crías a comienzos de la estación cálida.

Las lanzas aparecieron deformadas por el peso de los sedimentos, y están hechas de tallos de abeto delgados y rectos, salvo la número IV, que es de pino. Su longitud varía entre los 1,82 y 2,25 metros, y su diámetro entre 29 y 47 milímetros.

El mayor diámetro corresponde al tercio delantero del arma, donde está su centro de gravedad, a semejanza de las actuales jabalinas de competición. Ello evidencia unas habilidades tecnológicas desarrolladas e incluso la posibilidad de una tradición artesanal entre los Homo heidelbergensis.

Hasta que se realizó este descubrimiento la tesis general era que tanto esta especie como sus descendientes los Neandertales carecían de lenguaje y vivían alimentándose de plantas y carroña. Las lanzas demostraron que el Homo heidelbergensis tenía estrategias de caza sofisticadas e incluso una desarrollada capacidad de comunicación, y por tanto habilidades intelectuales y cognitivas, entonces solo atribuídas a los humanos modernos.

Huesos encontrados junto a las lanzas / foto NLD + K. Cornelius en Wikimedia Commons

Pero por supuesto, hay interpretaciones diferentes. Expertos de la Universidad de Tubinga opinan que las lanzas nunca estuvieron en tierra firme, sino que habrían estado sumergidas en el lago. Los huesos tampoco serían el resultado de una gran cacería, sino que se habrían ido acumulando en muchos pequeños eventos de caza. Y sugieren que los caballos fueron cazados en aguas poco profundas y no en la orilla. Todo ello evidenciaría menor complejidad social de la inicialmente expresada.

El lugar se puede visitar y actualmente cuenta con un museo y centro de investigación que ofrecen información sobre esta etapa del Pleistoceno y los hallazgos realizados en Schöningen.

Fuentes: Hartmut Thieme, Lower Palaeolithic hunting spears from Germany (Nature doi:10.1038/385807a0) / The Subversive Archaeologist / Universiteit Leiden / Wikipedia.

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