Phoebus, el cártel de fabricantes de bombillas que pactaba su obsolescencia programada

Phoebus, el cártel de fabricantes de bombillas que pactaba su obsolescencia programada 11 enero, 2018

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de viajes y turismo desde 2009 en Viajeros. Editor de La Brújula Verde. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

Bombillas / foto Shutterstock

¿Existe o existió un acuerdo entre grandes empresas para fabricar siguiendo el principio de obsolescencia programada, de manera que los productos tuvieran una caducidad no estrictamente necesaria más que para obligar a desecharlos al cabo de un tiempo y fomentar así las ventas? ¿Se trata de una simple leyenda? Es una idea que suele saltar de boca en boca sin concretar pero hubo al menos un caso a gran escala entre 1924 y 1939: el de los principales fabricantes de bombillas integrados en el llamado cártel Phoebus.

El escritor estadounidense Thomas Pynchon es un autor de prestigio que ha alcanzado fama extra por su negativa a salir en los medios, al más puro estilo Salinger (no concede entrevistas y apenas hay fotos suyas). En 1973 publicó su tercera novela con el título Gravity’s Rainbow (El arco iris de gravedad). Es su obra más aplaudida, un denso puzzle multitemático que retrata la Europa de finales de la Segunda Guerra Mundial y la posguerra inmediata tomando como punto de partida la fabricación por los alemanes de la V2 pero tratando asuntos como el racismo, el colonialismo o la entropía, entre otros, que Pynchon también revisa en otras novelas suyas.

Reconstrucción hipotética del aspecto actual de Pynchon a partir de una foto suya a los 16 años/Imágenes: Vulture

El arco iris de gravedad combina realidad y ficción originando un estilo que se ha dado en llamar Postmodernidad y, pese a que ganó el National Book Award de Estados Unidos, fue nominada al Premio Nébula de fantasía/ciencia ficción y considerada por la revista Time uno de los mejores libros del siglo XX en lengua inglesa, la rechazaron para el Premio Pulitzer porque el consejo de éste la tildó de “ilegible, sobreescrita y obscena” (fundamentalmente por pasajes escabrosos sobre drogas, pederastia y coprofilia).

Lo interesante de esta obra, para lo que nos ocupa, es que entre la maraña de asuntos que desfilan por sus páginas figura, en una trama secundaria, el de la obsolescencia programada, en alusión a ese cártel que mencionábamos antes. Esto ha llevado a dificultades para dilucidar dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción, pues Pynchon citaba como fuente a un misterioso industrial germano apellidado Levy. El caso es que gigantes del ramo como Philips, Osram y General Electric parecen haber pactado, en efecto, el control de la producción de bombillas incandescentes durante los quince años anteriores al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Un ejemplar de Gravity’s rainbow

De hecho, esa asociación incluía a otras compañías menores como Associated Electrical Industries, Tungsram, Compagnie des Lampes,GE Overseas Group, International General Electric e incluso la española Lámparas Z. En economía un cártel, por si alguien lo ignora, es un convenio entre empresas de un mismo sector para evitar la mutua competencia, regulando la producción, las ventas y los precios en un determinado campo industrial.

Todo vino de una guerra comercial que comenzó en 1921, cuando la holandesa Osram fundó la Internationale Glühlampen Preisvereinigung y junto a alguna otra compañía europea importante, como su compatriota Philips, trató de entrar en el mercado norteamericano. General Electric, estadounidense, respondió con la misma estrategia, creando en París la International General Electric Company. Aquellas incursiones en territorio rival sólo podían solventarse por dos vías: la libre competencia o mediante un arreglo; se escogió lo segundo.

Publicidad de Osram de la primera década del siglo XX/Imagen: Pinterest

El cártel se acordó el 23 de diciembre de 1924 bajo el nombre de una empresa suiza registrada en Ginebra, Phoebus S.A. Compagnie Industrielle pour le Developpement de l’Eclairage, de la que todas las anteriormente reseñadas tenían acciones en cantidad proporcional a sus respectivas ventas. Una de sus principales actuaciones fue frenar la investigación y el desarrollo tecnológico para impedir que se inventasen bombillas mejores y de más duración. También se repartieron las patentes y las cuotas de mercado, además de comprometerse a no interferir unas empresas con otras.

Así reducían costes y estandarizaban la edad media de las bombillas, que quedó fijada en torno al millar de horas, con multas para los fabricantes cuyos productos rebasaran en exceso esa cantidad (se conservan tablas indicadoras de las sanciones, según las horas de más, a pagar en francos suizos). Cierto es también que los ingenieros decían que mil horas era una duración considerable y que por encima de eso las bombillas tenderían a generar más calor que luz, desperdiciando electricidad.

Antigua publicidad de Phillips/Imagen: The Phillips Company Archives

En cualquier caso, gracias al establecimiento del cártel, los precios pudieron aumentarse sin miedo a que la competencia ofreciera otros más atractivos. Además, cada fabricante tenía garantizado en exclusiva su territorio, el nacional, quedando las colonias británicas como mercado más amplio para Associated Electrical Industries, Osram, Philips y Tungsram. Por último, el resto del mundo tenía consideración de mercado abierto a todos. El resultado fue que Phoebus controlaba el noventa por ciento de la producción y venta de bombillas de todo el mundo.

Por supuesto, la existencia del cártel Phoebus como tal se mantuvo en secreto a pesar de que hubo algunas compañías que rechazaron someterse a esas limitaciones. Fue lo que hizo la North European Luma Co-op Society, una agrupación de empresas nórdicas (de Suecia, Noruega y Dinamarca) que decidió ir por libre desde finales de la década de los veinte, comercializando sus bombillas a precios notablemente más bajos a partir de 1931 sin que sirvieran de nada las presiones y hasta amenazas recibidas de Phoebus.

Antigua publicidad de Tungsgram/Imagen: Pinterest

Ahora bien, no fueron los escandinavos los que acabaron con el cártel -al fin y al cabo era algo limitado a la zona-, sino el contexto global. Aunque en principio el pacto estaba previsto hasta 1955, la invasión de Polonia por la Alemania hitleriana en 1939 desató la contienda mundial y los parámetros de la economía cambiaron radicalmente. Phoebus ya no pudo operar a su aire, las ventas se redujeron de forma considerable y el stock acumulado de bombillas no se pudo sacar hasta varios años después de finalizar el conflicto.

Fuentes: Gravity’s rainbow (Thomas Pynchon)/Money for power (John P. Hunter III)/Antitrust and the formation of the postwar world (Wyatt Wells)/Structural inefficiency in the early twentieth century. Studies in the aluminum and incadescent lamp markets (Patrick Gaughen)/Wikipedia

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