Cacería Salvaje, la espeluznante leyenda medieval de los cazadores infernales

Cacería Salvaje, la espeluznante leyenda medieval de los cazadores infernales 31 enero, 2018

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de viajes y turismo desde 2009 en Viajeros. Editor de La Brújula Verde. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

En León se llama Huéspeda, en Castilla Estantigua, en las Hurdes Genti de Muerti, en Asturias Güestia, en Galicia Santa Compaña… Las procesiones de ánimas que se aparecen a medianoche como presagio de una defunción inminente son leyendas folklóricas que se extienden por toda la geografía española, a menudo como herencia de la tradición céltica que, por ejemplo, en Irlanda tienen su versión en las banshees, unos espíritus femeninos que anuncian la muerte. Pero parece ser que, en general, esas figuras son deudoras de un mito común en casi toda Europa: el de la Cacería Salvaje.

En él, un grupo de cazadores fantasmales de negra apariencia, a menudo a caballo y acompañados de una jauría de fieros perros, se manifestaban ante algún incauto paseante realizando una espeluznante montería celeste que auguraba su fallecimiento o algo malo para toda la comunidad, ya se tratara de una guerra, una epidemia, una plaga, una inundación, etc. De hecho, las apariciones solían ser en invierno, estación especialmente temida en otros tiempos. El testigo podía morir durante la visión si no se tapaba los ojos, en cuyo caso pasaba a incorporarse a la comitiva.

La Santa Compaña (Pedro)/Imagen: Camino de Santiago

Fue el mayor de los hermanos Grimm, Jacob, el que desarrolló la imagen que tenemos de esa infernal partida de caza en su obra Deutsche Mythologie, publicada en 1835. A Jacob le tocó vivir en pleno romanticismo y creía que el folklore de su época tenía sus raíces en un mito ancestral pagano, procedente de latitudes germanas, que se habría ido desvirtuando por la influencia del cristianismo al transformar el concepto de cacería y la parafernalia guerrera (los hérulos, por ejemplo, se tiznaban de negro para combatir en nombre de Wotan) en algo maligno para desacreditar la antigua religión.

Jacob era fundamentalmente un literato, no un antropólogo, así que se equivocaba porque, entre otras cosas, mezclaba fuentes de períodos distintos. Los investigadores del siglo XX corrigieron su visión situando el inicio de esa historia en una fecha más reciente, la Edad Media, desde la que se difundiría, como dijimos antes, por todo el continente con evoluciones y adaptaciones locales desarrolladas a lo largo del paso de los siglos. Sí es justo reconocerle al mayor de los Grimm que, al menos, fue él quien le puso nombre: Wilde Jagd.

Jacob Grimm/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Decía el famoso escritor que originalmente la cacería estaba liderada por una derivación de Wotan, la versión teutona del Odín escandinavo, que habría perdido sus características auténticas para ser transformado en un ser oscuro y terrible, a menudo contrarrestado o complementado por una entidad femenina. No obstante, en cada sitio se adjudicaba el liderazgo de la Cacería Salvaje a alguna figura local similar, normalmente de mala fama o relacionada con algún episodio grave de la Historia.

Es el caso de personajes auténticos como Teodorico, el rey ostrogodo, o el monarca danés Valdemar IV, bajo cuyo reinado llegó la Peste Negra, sumándoseles más tarde Carlomagno, el rey Arturo, Federico Barbarroja y varios más. Pero también de otros fantásticos como el galés Gwyn ap Nudd (el encargado de guiar a los espíritus al otro mundo, tipo Caronte) o el cazador inglés Herne (un jinete fantasma del que ya escribió Shakespeare).

La Cacería Salvaje de Wotan (Friedrich Wilhelm Heine)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Hay más, desde Caín hasta el Krampus austríaco, la Frau Holda germana o el rey britano Herla, pasando por Herodes o el mismo Satanás en persona. Es interesante añadir que en Cataluña tienen al Comte Arnau, un noble maldito por su licenciosa vida, condenado a vagar eternamente sobre un caballo envuelto en fuego y acompañado de perros demoníacos.

No hay unanimidad al explicar el sentido de la Cacería Salvaje, dada la ausencia de fuentes concretas al respecto. Así, mientras unos atienden especialmente el contexto medieval y la relacionan con la creencia en la celebración de aquelarres brujeriles, otros apuntan a una forma popular de interpretar las tormentas y otros fenómenos meteorológicos, no faltando quien simplemente alude a manifestaciones supersticiosas de la fe, continuando la tradición de los augurios.

Hellequin y otros demonios extrayendo almas de la charca para Dante y Virgilio (Giovanni di Paolo)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La Cacería Salvaje aparece documentada en algunas obras como la Historia Ecclesiastica de Orderico Vital, un monje benedictino de ascendencia francesa que vivió a caballo entre los siglos XI y XII, reseñando muchos aspectos comunes de la Inglaterra normanda. Vital cita que en el año 1091 el cura de Bonneval contempló una de esas apariciones, denominándola tropa de Arlequín; el religioso, sin duda, se hacía eco de la tradición gala de Mesnée d’Hellequin, enviado del Infierno que lideraba una partida de demonios en busca de almas que llevarse consigo y que posteriormente sería incorporado a las comedias francesas e italianas con una imagen más burlesca, ataviado con un traje de rombos.

También se cita la cacería en el llamado Manuscrito Laud o Crónica de Peterborough, uno de los textos que integran la Crónica anglosajona y narran la historia de la Britania desde la conquista normanda hasta finales del siglo XIV. Escrito en prosa anglosajona (inglés antiguo) en su mayor parte, un pasaje datado en el siglo XII menciona una Cacería Salvaje formada por infernales personajes de piel negra montados sobre caballos y ciervos también negros y rodeados por perros del mismo color, como signo de mal agüero cuando Enrique I nombró abad de Peterborough a un pariente suyo.

Boceto para la Chasse-gallerie (Henri Julen)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La aparición de canes es especialmente importante en Gran Bretaña. Algunos condados ingleses incluso les han dado nombres genéricos como Yeth Hounds (Devon), Devil Dandy Dogs (Cornualles), Gabriel Hounds (zona norte) o Gabriel Ratchets (Somerset). En Gales se los llama Cŵn Annwn (los Sabuesos de Annwn, es decir, del Más Allá). Ahora bien, si algo caracteriza la leyenda de la Cacería Salvaje es su gran difusión, ya que se han identificado versiones por buena parte del mundo occidental.

Así, la Wilde Jagd bautizada por Jacob Grimm tenía su reflejo en la Herlaþing inglesa, la Odens jakt sueca, la Asgårdsreia noruega, la Divoký hon o štvaní checa, la Dziki Gon o Dziki Łów polaca, la Divja Jaga eslovena o la Caccia selvaggia italiana. Ya vimos al principio las españolas pero, además, se encuentran también leyendas similares en América del Norte, obviamente exportadas por colonos, como la Chasse-galerie canadiense (en este caso la troupe diabólica va en una canoa volante) o los Ghost Riders estadounidenses de los que el caso más famoso es el jinete hessiano decapitado glosado por Washington Irving en La leyenda de Sleepy Hollow, derivado de historias irlandesas, escocesas y alemanas.

Cacería Salvaje: Asgårdsreien (Peter Nicolai Arbo)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Fuentes: The living and the dead in medieval society (Jean-Claude Schmitt)/Christian mythology. Revelations of pagan origins (Philippe Walte)/Phantom armies of the night. The Wild Hunt and the ghostly processions of the undead (Claude Lecouteux)/Hunting in middle english literature (Anne Rooney)/Wikipedia

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