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El general iroqués, ayudante de Ulysses Grant, que redactó el documento de rendición de los confederados

El general iroqués, ayudante de Ulysses Grant, que redactó el documento de rendición de los confederados 7 diciembre, 2017

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de viajes y turismo desde 2009 en Viajeros. Editor de La Brújula Verde. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

El 9 de abril de 1865 un viejo caserón de ladrillo rojo del estado de Virginia, llamado Appomatox Court House por su uso como palacio de justicia, acogió la firma de la rendición del general Robert E. Lee ante su homólogo Ulysses S. Grant, escenificando así el final de la Guerra de Secesión que sacudía EEUU desde hacía cuatro años. Cuando el célebre militar sudista se disponía a estampar su firma en el documento, se percató de la presencia de un curioso oficial que, pese a su evidente aspecto nativo, vestía el uniforme azul del adversario. Lee le tendió su mano diciendo estar contento de que hubiera allí un “verdadero estadounidense”, a lo que el otro respondió que todos lo eran. Se trataba de Ely Parker, originariamente llamado Hasanoanda.

En los EEUU del siglo XIX sólo había algo equiparable en negatividad a ser negro y era ser indio; posiblemente peor, dependiendo del contexto, porque a lo largo de varias décadas, especialmente en la segunda mitad de la centuria, las guerras que mantuvieron con los blancos en defensa de su tierra y su modo de vida originaron un odio mortal contra ellos, considerándoseles salvajes y un obstáculo para el desarrollo del país.

Ely era de origen seneca, un pueblo que formaba parte de la Confederación Iroquesa, lo que antes se conocía como Liga de las Cinco Naciones, formada también por los mohawk, oneida, onondaga y cayuga (más tarde, en 1722, se sumaron los tuscarora, rebautizándose la liga como de las Seis Naciones), todos los cuales se conocían a sí mismos como nadowa y vivían aproximadamente en lo que hoy es el estado de Nueva York y zonas adyacentes. Los seneca, cuyo nombre derivaba de su capital Asinikaa, eran los más numerosos pero experimentaron una evolución demográfica parecida a los demás, viendo reducida su población progresivamente desde la llegada de los blancos al mezclarse la confederación en sus guerras, aparte del efecto de las enfermedades.

La Liga de las Cinco Naciones en su momento de auge/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ahora bien, a partir de 1783 no sólo quedaba ya muy atrás la contienda entre británicos y franceses sino que un nuevo país trataba de abrirse paso desde la costa atlántica en dirección oeste, por lo que los seneca quedaban absorbidos y dejaban de ser de facto los Donehogawa, Guardianes de la Puerta Occidental de la Larga Casa de los Iroqueses, como se los conocía. Por el Tratado de Canandaigua de 1794 cedieron sus tierras y por el de Big Tree, firmado tres años más tarde, fueron trasladados a la Reserva de Tonawanda, situada en Indian Falls (Nueva York).

Hasanoanda nació allí en 1828, miembro de una acomodada familia encabezada por un religioso baptista seneca llamado William Parker y su esposa Elizabeth. En consecuencia y al igual que sus siete hermanos (cinco varones y una chica), de los que era el sexto, recibió una esmerada educación cristiana y además de su lengua aprendió inglés y francés, siendo la casa de los Parker un auténtico foco cultural al que acudían incluso académicos blancos para debatir e intercambiar conocimientos.

De ahí que en los años cuarenta Hasanoanda entrase a trabajar en un despacho jurídico de Ellicottville, donde permaneció tres años aprendiendo la profesión. Por entonces no se exigía haberse licenciado en la universidad para ejercer la abogacía y bastaba la experiencia acumulada para poder presentarse a un examen que habilitaba a quien lo aprobase. Fue lo que él intentó pero aunque había cambiado su nombre nativo por el de Ely Samuel Parker para integrarse plenamente, se topó con una dura realidad: al ser indio no se le consideraba ciudadano estadounidense y no podía hacer la prueba (la ciudadanía no se les concedió oficialmente a los indígenas hasta 1924).

Retrato de Ely anciano y su autógrafo/Imagen: New York State Museum en Wikimedia Commons

Ahora bien, la fría burocracia tenía enfrente a alguien muy testarudo y de voluntad de hierro. Acababa de entablar amistad con Lewis Henry Morgan, un joven abogado y etnólogo blanco que admiraba a los indios fundando la Gran Orden de los Iroqueses y con el que colaboró en un estudio antropológico sobre las tribus que componían la antigua confederación, asesorándole e invitándole a visitar Tonawanda. Morgan, considerado uno de los fundadores de la antropología moderna y defensor del evolucionismo, consideraba que los pueblos primitivos eran superiores a los desarrollados en algunos aspectos, como la propiedad comunal, el sentimiento de comunidad y la cooperación fraterna que aún no estaba estropeada por la deshumanización de la civilización.

Si Ely ayudó a su amigo en su trabajo, éste le correspondió dedicándole su libro League of the Iroquois y, lo que fue más importante, mediando para que pudiera ingresar en el Rensselaer Polytechnic Institute de Troy para estudiar ingeniería; no tenía nada que ver con las leyes pero le permitía seguir adelante en su determinación, de manera que EEUU perdió un abogado y ganó un ingeniero.

Con su título bajo el brazo, participó en los trabajos de mantenimiento del Canal de Erie (que conectaba el Océano Atlántico con los Grandes Lagos), pero además alternaba esa profesión con la de intérprete, que ejercía cuando los seneca tenían que negociar con el gobierno. Ello hizo que en 1852 le eligieran sachem, es decir, jefe supremo y le concedieran el nombre de Donehogawa, cuyo significado explicamos antes.

Lewis Henry Morgan/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Entonces estalló la Guerra de Secesión. Ely ofreció a la Unión organizar un regimiento de voluntarios iroqueses pero el gobernador de Nueva York desestimó la idea, así que intentó alistarse a título individual; también fue rechazado. Estaba claro que el ejército necesitaba ingenieros pero, por lo visto, no ingenieros indios. Sin embargo, Ely no era un indio cualquiera sino uno especialmente tozudo y además con buenos contactos. Entre ellos estaba un amigo tendero que había hecho tiempo atrás, cuando trabajaba en Galena (Illinois), y respondía al nombre de Ulysses S. Grant; un capitán graduado en West Point que había abandonado la vida militar en 1859 por falta de vocación para dedicarse a regentar una tienda pero que en 1861, dadas las extraordinarias circunstancias, se había reincorporado.

Él sí aceptó a Ely y lo destinó a la 7ª División del brigadier general John Eugene Smith, sirviendo a sus órdenes como ingeniero jefe y tomando parte en el asedio de Vicksburg. Pero cuando Grant fue nombrado comandante de la División militar del Mississippi e inició la campaña de Chattanooga, le reclamó a su lado, permaneciendo en lo sucesivo como secretario suyo con el grado de teniente coronel. Se sucedieron las batallas y, al imponerse finalmente el Norte, Ely fue quien se encargó de redactar de su puño y letra el documento de rendición que firmó Lee en la reunión de Appomatox mencionada al principio. Ese mismo día había sido ascendido a general de brigada.

Ulysses S. Grant (3º por la izquierda, sentado) con su cuartel general. Ely Parker es el 2º por la derecha/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En 1867 se casó con Minnie Orton Sackett, que era blanca y le dio una hija, Maud Therese. Pese a que la contienda había acabado, permaneció en el ejército al lado de su amigo siendo enviados a renegociar los tratados con los indios que habían apoyado a la Confederación. Luego puso fin a su etapa militar, licenciándose como brigadier general en la primavera de 1869. Pero la relación con Grant no sólo continuó sino que cuando éste fue elegido presidente, el primero en quien pensó para el cargo de Comisionado de Asuntos Indios fue Ely, un puesto que hasta entonces sólo habían desempeñado blancos.

Eso invirtió lo que era costumbre, pues habitualmente el comisionado era un mero portavoz de las exigencias del gobierno, mientras que Ely intentó de buena fe y con todas sus fuerzas armonizar las antagónicas posturas. Gracias a su labor, se garantizaron los suministros a las tribus, que de esta forma aceptaron el traslado a las reservas, pues uno de los principales problemas para que se resistieran a ir o para que las abandonaran era que esos suministros solían desaparecer por el camino o menguar tanto que al final resultaban insuficientes para sobrevivir. Él combatió aquella corrupción tan arraigada apoyado por voluntarios cuáqueros, arruinando así el negocio ilícito de muchos funcionarios y ganándose su enemistad. Asimismo, pudo reducir los enfrentamientos bélicos entre los indios y el ejército, y en los que había ordenaba una investigación.

Claro que el punto culminante de su gestión fue conseguir que los jefes sioux, entre ellos el brulé Cola Moteada y sobre todo el irreductible oglala Nube Roja, que había logrado mantener a los blancos alejados de su territorio del Powder (Nebraska y Dakota del Sur) asegurándose el control de lo que se llamó la Gran Reserva India por el Tratado de Laramie de 1868, aceptasen visitar Washington para entrevistarse personalmente con el presidente. Fue en el verano de 1870 y conocieron también otras ciudades como Omaha, Chicago y Nueva York; eso sí, vestidos a la para ellos incómoda usanza del hombre blanco, aunque a la Casa Blanca exigieron ir vestidos a su estilo. Cuentan que les gustaron las fresas con nata y quedaron impresionados por los cientos de bombillas de la araña del techo.

Nube Roja/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

No obstante, la cosa terminó con regusto amargo porque se les exigía un nuevo traslado a una reserva del Missouri que los brulé ya conocían y de la que abominaban. Gracias a Ely se alcanzó una solución de compromiso pero no era más que una dilación de dos años y el comisionado se sintió manipulado. Cuando logró que se cancelaran los planes de prospección minera en Bighorn se ganó un montón más de enemigos que no tardaron en pasarle factura acusándole de malversación. En realidad sólo se había saltado unas trabas burocráticas (eligiendo a dedo al proveedor) con el fin de pagar cuanto antes los suministros que necesitaban los indios para vivir y evitar así que desenterraran el hacha de guerra, pero le procesaron y, aunque fue absuelto, en 1871 presentó la dimisión para no perjudicar a Grant.

La delegación india que visitó Washington en 1870, con Nube Roja, Cola Moteada y Pequeño Gran Hombre, entre otros/Foto: True West Magazine

Por supuesto, todo el tiempo tuvo que aguantar manifestaciones de desprecio racista y hasta se dijo que había traicionado a su propia raza. En ese sentido, estaba acostumbrado desde niño y todo le resbalaba hasta el punto de que se instaló en Nueva York, invirtió en el mercado de valores y ganó una fortuna, si bien la perdería en 1873 cuando se produjo el Pánico de la Bolsa por la quiebra del banco Jay Cooke & Company. Luego colaboró con la Policía y el fotógrafo Jacob Riis en documentar la vida en los barrios marginales de la ciudad, falleciendo en Faifield, Connecticut, en 1895. En la pobreza, de ahí que no se pudiera trasladar el cuerpo a su tierra hasta dos años más tarde.

Fuentes: Enterrad mi corazón en Wounded Knee (Dee Brown)/Seneca chief, Army general. A story about Ely Parker (Elizabeth Van Steenwyk)/Warrior in two camps. Ely S. Parker, Union general and seneca chief (Wlliam H. Armstrong)/Wikipedia

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