Las monumentales tumbas de los reyes aqueménidas en Naqsh-e Rostam: Dario, Jerjes, Artajerjes…

Las monumentales tumbas de los reyes aqueménidas en Naqsh-e Rostam: Dario, Jerjes, Artajerjes… 3 noviembre, 2017

Licenciado en Historia del Arte, ex-bibliotecario, en la blogosfera desde 2005 con La Brújula Verde. Escribo sobre historia, arte, cultura, viajes, geografía...Trabajando en tylium.es, contenidos y publicidad para blogs.

Las tumbas de Nash-e Rostam / foto Shutterstock

En la provincia iraní de Fars, a unos cinco kilómetros al noroeste de Persépolis, la antigua capital del imperio persa, hay una montaña rocosa en la cual están excavadas tumbas y relieves de época aqueménida y sasánida.

De todas ellas destacan por su tamaño cuatro, de aspecto cruciforme y con grandes relieves tallados en sus partes superior e inferior, excavadas siguiendo el modelo de los hipogeos egipcios.

La más antigua tiene inscripciones, de las que se deduce que se trata de la tumba de Darío I, el tercer rey de la dinastía aqueménida, que gobernó el imperio entre los años 521 y 486 a.C. y fue derrotado por los atenienses y sus aliados en la batalla de Maratón en 490 a.C. Uno de los fragmentos de la inscripción dice:

Soy Darío el Gran Rey, Rey de Reyes, Rey de las naciones, Rey sobre esta tierra grande, hijo de Histaspes, un aqueménida [traducción del elamita de Enrique Quintana]

Situación de las tumbas y los relieves / foto Dominio público en Wikimedia Commons

Las otras tres tumbas mayores son similares en forma y aspecto a la de Darío I, pero como ninguna presenta inscripciones los arqueólogos solo pueden especular sobre quienes habrían sido sus últimos moradores. La hipótesis más aceptada es que se trata de las tumbas de Jerjes I (el hijo de Darío), Artajerjes I y Darío II.

La entrada a cada una de las tumbas está situada a gran altura justo en el centro de la cruz. En el interior una cámara alberga el sarcófago con los restos del monarca.

Panorámica de los monumentos de Naqsh-e Rostam / foto Shutterstock

Hay una quinta tumba de la misma tipología que está inacabada, y que podría corresponder a Artajerjes III o a Darío III, el último de los aqueménidas, vencido por Alejandro Magno en la batalla de Gaugamela en 331 a.C. y asesinado días después por sus propios sátrapas.

Los relieves que adornan el exterior de las tumbas fueron realizados en época posterior por los sasánidas durante el segundo imperio persa (226–651 d.C.), y representan escenas bélicas destacadas de diferentes soberanos como Narsés, Sapor I, Ormuz II, Bahram II y Ardashir I.

La fachada de las tumbas presenta también decoración arquitectónica de columnas que forman una especie de pórtico similar a los de la propia Persépolis. Los arqueólogos opinan que las entradas debieron cerrarse tras cada enterramiento, siendo éstas destruidas y el interior saqueado en tiempos posteriores a Alejandro.

Relieve de la tumba de Artajerjes / foto Shutterstock

A unos 45 metros de las tumbas, justo enfrente de la que se supone de Dario II, está el Cubo de Zoroastro (Ka’ba-i Zartosht), una pequeña construcción del siglo V a.C. en forma de torre de 14 metros de altura que pudo tener una función ritual, manteniendo viva la llama del fuego eterno. Algunos expertos iraníes opinan que servía de almacén para libros religiosos y documentos reales.

En tres de sus lados exteriores hay inscripciones trilingües en persa sasánida, parto y griego, que constituyen el más importante documento histórico de la época sasánida.

El cubo de Zoroastro fotografiado desde lo alto de la montaña por el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago / foto dominio público en Wikimedia Commons

Numerosos viajeros europeos visitaron el lugar y realizaron dibujos de las tumbas y la torre desde el siglo XVIII. El primero de ellos fue Carsten Niebuhr en 1765. Pero las primeras excavaciones e investigaciones sistemáticas de todo el complejo fueron las del arqueólogo alemán Ernst Herzfeld en 1923. Herzfeld pasó 11 años en Irán excavando también las antiguas capitales de Pasargada y Persépolis. En 1934, mientras se encontraba en Londres, fue destituido de su puesto de profesor en Berlín por tener ascendencia judía, y ya nunca pudo regresar.

Posteriormente el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, bajo la dirección del arqueólogo Erich Schmidt, se encargaría de continuar su trabajo en Naqsh-e Rostam entre 1936 y 1939, publicando el primer estudio de las estructuras.

Fuentes: Livius / Encyclopaedia Iranica / Of Rocks and Water: An Archaeology of Place (Ömür Harmansah) / Wikipedia.

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