Georg Konrad Morgen, el juez de las SS que perseguía a los SS

Georg Konrad Morgen / foto Facebook

El título parece un oxímoron pero ocurrió tal cual. El 15 de mayo de 1961, durante la trigésimonovena sesión del juicio al que fue sometido en Israel y como parte de su defensa ante los cargos de genocidio que se le imputaban, Adolf Eichmann cimentó parte de su argumentación en que obedecía órdenes sin estar necesariamente de acuerdo con ellas y que una prueba de ello era que incluso un juez de las SS había presentado una orden de procesamiento contra él. En esto último decía la verdad, aunque ese auto no era más que por malversación. El magistrado que lo dictó se llamaba Georg Konrad Morgen y se había convertido en el azote de los SS corruptos.

Morgen nació en Frankfurt a mediados de 1909, hijo de un maquinista de locomotoras. Se inició en el mundo laboral trabajando en un banco pero lo dejó para estudiar Derecho en la universidad de su ciudad natal, ampliando luego el currículum en la Academia Internacional de La Haya, aparte de otras localidades como Berlín, Roma y Kiel. Mientras hacía la carrera ingresó en la sección universitaria del DVP (Deutsche Volkspartei, Partido Popular Alemán), heredero del NLP (Partido Liberal Alemán), cuyos postulados eran de tipo monárquico, conservador y nacionalista.

En 1933, con la subida al poder de Adolf Hitler, el nuevo gobierno disolvió esa formación y muchos de sus miembros se pasaron al NSDAP (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán). Morgen fue uno de ellos, entrando poco después en las SS (Schutzstaffel, Escuadras de Protección), la organización paramilitar de los nazis que se encargaba de todo lo relativo a su seguridad en sedes, reuniones y mítines.

Carnet del Partido Nazi de Morgen en 1936/Imagen: Fritz Bauer Institut

Todo ello no desvió a Morgen de su orientación profesional y en abril de 1939 conseguía el nombramiento de juez de la localidad de Szczecin, en Pomerania Occidental. No duró mucho en el cargo porque un oscuro incidente provocó su destitución; al parecer absolvió a un maestro que se había excedido en la aplicación de un castigo corporal a un alumno que, dicen, pertenecía a las Juventudes Hitlerianas y éste se las arregló para vengarse. El caso es que pocos meses después estallaba la Segunda Guerra Mundial y el ocioso juez sirvió en las filas de las Waffen SS, tomando parte en la invasión de Francia en 1940.

Fue prácticamente su último servicio de armas porque una vez ocupado el país, y con los británicos expulsados del continente, llegaba el momento de administrar. Así pues, le desmovilizaron para nombrarle juez de la Corte Judicial de las SS. Este organismo tenía su sede en Múnich pero Morgen obtuvo un destino más lejano, el tribunal de Cracovia, a donde fue enviado a principios de 1941. Allí inició su actividad persiguiendo la corrupción que se había instalado en el seno de las SS; procesó a varios oficiales, entre los que se encontraba Hermann Fegelein, sin que le sirviera ser ayudante personal de Himmler (y futuro cuñado de Eva Braun, pues en 1944 se casaría con su hermana Gretl). Morgen acusaba a Fegelein de quedarse joyas incautadas a judíos y de apropiarse de una empresa con ayuda de una amante de la que además se sospechaba que trabajaba para la inteligencia polaca; pronto se sumó un cargo más grave, el de violación.

Hermann Fegelein/Foto: Bundesarchiv, Bild, en Wikimedia Commons

La intervención de Himmler puso fin a la instrucción del proceso y a la estancia del juez en Polonia, ya que el celo en su trabajo, persiguiendo irregularidades como apropiaciones indebidas o relaciones con gente de otra raza, había provocado malestar entre muchos SS. Morgen, degradado a teniente, fue adscrito a la 5ª División Panzergrenadier SS Wiking, originalmente llamada Germana pero que cambió su nombre por los numerosos escandinavos que había en sus filas. La Wiking combatió en el Frente Oriental, fundamentalmente en la Unión Soviética y, más concretamente, en el Cáucaso.

A mediados de 1943 se hallaba en Ucrania, donde acababa de empezar la Batalla de Jarlov, pero por esas fechas Morgen recibió la orden directa de Himmler de viajar a Berlín para incorporarse a la RKPA (Reichskriminalpolizeiamt, Oficina de la Policía Criminal del Reich), creada en 1937 por Arthur Nebe (que, paradójicamente, en 1944 formaría parte de la Operación Valquiria y estaría a punto de escapar simulando su suicidio, aunque a final le apresaron y ahorcaron). Las funciones de este organismo policial eran perseguir la delincuencia común, desde falsificación a tráfico de drogas, pasando por carterismo, el juego ilegal, pornografía, estafa, etc.

Soldados de la Wiking/Foto: Bundesarchiv, Bild, en Wikimedia Commons

La misión de Morgen, una vez más, era ocuparse de la corrupción detectada en los mandos de las SS de servicio en los campos de concentración, que se había vuelto endémica. Su primera actuación fue en Buchenwald, investigando al comandante Karl-Otto Koch y a su esposa Ilsa, junto con Martin Sommer y al doctor Waldemar Hoven. Al matrimonio lo acusó de corrupción, fraude, malversación de fondos, embriaguez, delitos sexuales y asesinato, nada menos, provocando su traslado al campo de Majdanek. Koch desviaba dinero de las SS a varias cuentas a su nombre, robaba propiedades de los presos y había ordenado varios crímenes, entre ellos el de su propio médico para que no desvelase que padecía sífilis, por lo que le fusilaron apenas unos días antes de que los estadounidenses liberasen el campo.

Ilse, alias la Bruja de Buchenwald, tenía fama de implicarse en los experimentos con seres humanos y en las torturas, aunque la acusación más famosa contra ella fue la de usar la piel de los presos para hacer pantallas de lámparas. A esto último no se le daría verosimilitud en su juicio, en el que fue fundamental el sumario de Morgen, tanto para acusarla de unas cosas como para exonerarla de lo de las lámparas, pero aún así los otros cargos le hicieron ganarse la cadena perpetua; no la cumplió del todo porque en 1967 se ahorcó a la edad de sesenta y un años.

El matrimonio Koch con su hijo en Buchenwald

En cuanto a Sommer y Hoven, el primero era un sádico que disfrutaba torturando a los presos incluso más allá de lo que hacían los propios guardias. Le perdió el asesinato de dos sacerdotes, uno protestante al que dejó congelarse al aire libre y desnudo en pleno invierno alemán tras arrojarle un cubo de agua, y otro católico, al que golpeó hasta matarlo. Degradado y enviado a un batallón de castigo, resultó mutilado en combate y fue capturado por el Ejército Rojo, que lo devolvió a Alemania en 1955. Allí se le abrió juicio dos años después y fue encarcelado a perpetuidad.

Por último al doctor Hoven, médico de Buchenwald, Morgen le procesó por el asesinato de un oficial de las SS que podía testificar contra él durante la investigación de Ilse Koch, porque, al parecer, tenía una aventura amorosa con ella. Le condenaron a muerte pero se libró debido a la necesidad de médicos a esas alturas de la guerra, aunque sólo hasta 1948, en que los ejecutores fueron los aliados.

Martin Sommer y Waldem Hoven/ Fotos: Wikimedia Commons (1 y 2)

El trabajo de Morgen no se limitó a Buchenwald. A continuación revisó los informes contra Christian Wirth, supervisor de los campos de exterminio donde se llevaba a cabo la Operación Reinhard, es decir la matanza sistemática de más de millón y medio de judíos y gitanos polacos que se puede considerar el prólogo del Holocausto y que llevaba ese nombre por su diseñador, Reinhard Heydrich. Los tres campos en cuestión eran Treblinka, Sobibor y Belzec.

En principio Wirth, apodado Christian el Salvaje por razones obvias, habría permitido a sus oficiales participar en una boda judía durante una borrachera; pero tirando de la cuerda el juez descubrió cosas mucho más graves sobre él, como la apropiación de objetos de valor de sus víctimas y las ejecuciones masivas de presos al descubrírseles algunas armas. Cuarenta y tres mil personas fueron fusiladas por aquello, agotando tanto a los SS que fue una de las causas que llevaron a introducir el uso de gas en lo sucesivo.

Christian Wirth/Foto: Wikimedia Commons

El otro campo de exterminio donde actuó fue Auschwitz-Birkenau, a raiz de que la inspección postal interceptara un paquete lleno de dientes de oro de presos enviado ilegalmente por uno de los encargados del servicio sanitario. El propio magistrado se personó allí y, como en los casos anteriores, al investigar aparecieron más cosas, decidiendo procesar al comandante del campo, Rudolf Höss, y al jefe de la Gestapo local, Maximilian Grabner, acusándolos de asesinar a los reclusos para lucrarse con sus pertenencias. Como cabe imaginar, su presencia no fue bien recibida; un incendio proverbialmente casual quemó los archivos y nunca se volvió a ver a uno de sus ayudantes, el SS-Stabsscharführer Gerhard Putsch.

Höss y Graben se libraron al suspenderse sus juicios sine die (aunque fueron ahorcados después de la guerra) pero Morgen todavía siguió incordiando en otros campos. Abrió cerca de ochocientos procesos, de los que unos doscientos lograron llegar hasta el final. Los comandantes de Dachau, Flössenburg, Herzogenbusch, Sachsenhausen y Lublin fueron acusados por delitos diversos que iban de lo más leve (embriaguez, vida escandalosa, malos tratos) a lo grave (corrupción, asesinato). Todos recibieron condenas y degradación excepto Hermann Florstedt, comandante de Lublin, que acabó en el cadalso.

La ejecución de Rudolf Höss/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

A pesar de todo esto, Georg Konrad Morgen era un nazi convencido que, simplemente, anteponía la ley a su ideología. De hecho, tras la guerra fue uno de los testigos de la defensa en los juicios de Nuremberg y aunque dijo haber recibido palizas por parte de sus captores para que refrendara las exageraciones sobre Ilse Koch, él se negó. Además se empeñó en pintar una imagen casi idílica de los campos de concentración, donde sólo las desviaciones de algunos mandos eran punibles; incluso destacó que en Buchenwald los reclusos contaban con cine, biblioteca y hasta un burdel.

Morgen declarando como testigo en 1947/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

En ese sentido, aseguró que el exterminio de presos le horrorizó -sobre todo el desatado por Wirth porque era totalmente inesperado-, pues aunque detestaba genéricamente a los judíos no tenía nada personal contra ellos ni había -hasta la Solución final– ninguna ley que permitiera matarlos; esto, dijo, fue legalizado por Hitler una vez que ya había empezado. Asimismo, explicó que los procesos que él abrió contra los comandantes pretendían frenar las matanzas, acción comprometida por la que optó en vez de escapar a Suiza, como había pensado en un principio. Algo que generó controversia porque otros opinaban que sus acciones sólo se iniciaron debido a que a muchos les habían matado por ser testigos de la corrupción. Más aún, se dijo que en realidad Morgen no se oponía a los campos sino al efecto corruptor que tenían sobre sus mandos.

En cualquier caso, él pudo continuar su carrera jurídica en Fráncfort. Se jubiló en 1979 y falleció tres años más tarde.

Fuentes: Konrad Morgen. The conscience of a nazi judge (Herlinde Pauer-Studer y J. Velleman)/Beyond Justice (Rebecca Wittmann)/Auschwitz. Los nazis y la «solución final» (Lawrence Rees)/Wikipedia