Los caballeros del Dragón, la orden que originó el apodo de Drácula

El dragón urobórico con la cruz de San Jorge en el lomo, símbolo de la orden/Imagen: Allevents.in

Supongo que a estas alturas todo el mundo sabrá ya que el conde Drácula protagonista de la novela de Bram Stoker estaba inspirado en Vlad Tepes, es decir, Vlad el Empalador, el príncipe de Valaquia que usaba el empalamiento como método para aterrorizar al enemigo y que hoy es un héroe histórico nacional para los rumanos actuales por su empecinada defensa del país ante la amenaza otomana. También es sabido que Vlad era conocido como Draculea (Dragwlya en original); el sufijo a indicaba ser hijo de y en este caso hacía referencia al apodo que tenía su padre (también llamado Vlad): Dracul, que suele traducirse como diablo pero que en sentido estricto es dragón, ya que aquel príncipe valaco pertenecía a la Orden del Dragón.

Vlad Dracul gobernó Valaquia durante poco tiempo, entre los años 1436 y 1442. Valaquia era un principado medieval independiente cuyo control se solían disputar el Reino de Hungría y el Imperio Otomano y que gobernaba Transilvania como una especie de estado tapón. Aunque era bastardo, pues el voivoda Mircea cel Bătrân lo había engendrado con una concubina, Vlad Dracul heredó el trono al morir su hermanastro Alexandru I Aldea, quien a su vez había derrocado al anterior voivoda Dan II en 1431. Ese mismo año Vlad había ingresado en la citada orden de caballería jurando sus votos ante el monarca húngaro Segismundo de Luxemburgo, que dos años más tarde asumió la corona del Sacro Imperio Romano Germánico.

Vlad Dracul/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La Orden del Dragón había sido fundada por el propio Segismundo en 1408 a raíz de la unión entre Hungría y Croacia. Hijo del emperador germánico Carlos IV, estaba casado desde 1385 con la reina María I de Hungría, que fue derrocada durante algo más de un mes por el pretendiente Carlos III de Nápoles, quien pasó a ser conocido como Carlos II de Hungría. Un atentado perpetrado por el copero real para el partido de la reina le devolvió a ésta el trono, no sin antes pasar por un período de inestabilidad en el que tuvo que intervenir una flota veneciana para liberarla de la prisión en que la habían encarcelado sus enemigos. El carisma de Segismundo, que fue el que ejerció el poder real, solucionó la cuestión; más aún cuando María murió en 1395 durante un parto provocado por un accidente de equitación que levantó suspicacias.

El caso es que Segismundo tuvo que hacer frente a quienes no le veían con buenos ojos y, buscando ganar prestigio, se puso al frente de la cruzada contra los turcos que proclamó el papa Bonifacio IX ante el desastre sufrido por las fuerzas serbias en Kosovo ante el ejército otomano. No tuvo suerte en la contienda y fue derrotado en la Batalla de Nicópolis, pudiendo escapar pero a costa de una pérdida de imagen que se plasmó en una verdadera guerra civil húngara en 1401, que sin embargo pudo solventar poco a poco con ayuda de algunos nobles. Eso le permitiría iniciar una campaña contra bosnios y croatas que ganó con la Batalla de Dobor en 1408.

Segismundo de Luxemburgo, rey de Hungría,/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Como ese mismo año se volvió a casar con Bárbara de Celje, hija del poderoso conde Armando II, su mano derecha y heredero del trono de Bosnia, decidió celebrarlo creando la Societas Draconistrarum, una orden de caballería laica pero de inspiración católica que algunos estudiosos consideran una prolongación de la Orden de San Jorge (parece obvia la relación si se atiende a la famosa leyenda medieval). Fundada por Carlos Roberto de Hungría en 1326, la Societas militae Sancti Georgii fue la primera no religiosa, aunque los objetivos se parecían mucho a los de las que sí lo eran: servir a la Corona, defender el cristianismo ante paganos y herejes, luchar contra el secular enemigo otomano y proteger a los débiles.

Ambas órdenes tuvieron también en común la mencionada leyenda, en la que el caballero andante libraba a un pueblo de los sacrificios asesinos que exigía un dragón, aunque el escudo de la de San Jorge era una cruz ortodoxa blanca sobre fondo rojo y la inscripción I.V.I.S.H.F.S (IN VERITAE IUSTUS SUM HUIC FRATERNALI SOCIETATI, es decir, «Soy justo con la Verdad hacia esta sociedad fraternal») mientras que el de la nueva orden era un dragón urobórico (o sea, que se muerde la cola o ésta se enrolla alrededor de su cuello, formando un círculo que metaforiza la eternidad y el esfuerzo) con una cruz roja sobre su lomo y sobre un campo de plata.

Reconstrucción de una insignia de la orden

Es difícil establecer si otros elementos que aparecen en algunos documentos eran oficiales o se trata de añadidos posteriores, ya que apenas se conservan objetos de la época más allá de monedas o motivos artísticos y la copia completa más antigua de sus estatutos corresponde ya a 1707 (hay dos del siglo XV sobre pergamino pero incompletas). Es el caso de las divisas O Quam Misericors est Deus, Pius et Justus («Oh, qué misericordioso es Dios, pío y justo») o Justus et Paciens («Con justicia y paz») o del collar con sello que podían haber usado los miembros originales.

Los caballeros del Dragón, llamados draconianos o barones (a veces también socii) y a los que los estatutos no exigían pertenecer a la nobleza o a la realeza (aunque todos lo eran), asumieron también esos principios comentados, considerándose hermanos; cuando uno moría los otros debían asistir a su entierro, pagar treinta misas por su alma, otras cinco por las llagas de Cristo y vestir de luto los viernes. Originalmente eran veintiuno, todos fieles partidarios de Segismundo, si bien en 1418 se incrementó su número a veinticuatro y más tarde, entre 1431 y 1437, se amplió aún más. No obstante, los primeros tenían un estatus superior que mostraban en el uso del doble símbolo del dragón y la cruz, mientras que los siguientes únicamente lucían el dragón (Vlad Dracul estaba en este segundo grupo al ingresar, previa conversión al catolicismo, en Nuremberg el 8 de noviembre de 1431, el mismo año en que nació su famoso hijo quien, a su vez, también entraría en la orden).

Vlad Tepes/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

A pesar de las similitudes también había diferencias respecto a otras órdenes. Para empezar, su carácter mismo, que algunos prefieren describir como mera sociedad o incluso fraternidad (abundan en la documentación de la época las alusiones a la orden como fraternitatis draconem). Además y pese a la referencia de San Jorge, no tenía un santo patrón ni una sede fija, como tampoco reseñas concretas de los ideales caballerescos. Por contra, se sabe que Segismundo concedía prebendas, tierras y dignidades a los miembros, que le prestaban un juramento de lealtad feudal (el feudalismo decadente ya en Europa occidental, todavía perdudaría en la oriental).

Espada ceremonial de la orden/Foto: Sandstein en Wikimedia Commons

El área de influencia de la orden fue Europa Central (también Italia), pues no estaba concebida para ir a Tierra Santa al haberse acabado ya hacía siglos la fiebre de las cruzadas (la última, la IX, terminó en 1291 con la caída de San Juan de Acre). Además, en realidad, fue creada para proteger el trono húngaro y más concretamente la permanencia en él de Segismundo, al que se juraba lealtad feudal; una vez fallecido éste en 1437 la orden decayó, aunque algunas ilustres familias húngaras conservaron el dragón en su escudo heráldico.

Fuentes: The knights of the crown. The monarchical orders of knighthood in later Medieval Europe 1325-1520 (D’Arcy Jonathan Dacre Boulton)/ The late medieval Balkans. A critical survey from the Twelfth Century to the Ottoman conquest (John Van Antwerp Fine Jr)/Vlad el Empalador. En busca del auténtico Drácula (M.J. Trow)/Wikipedia