Las estrambóticas teorías históricas y cosmológicas de Velikovsky, autor de «Mundos en colisión»

Representación del impacto de un objeto celeste sobre la Tierra / foto Shutterstock

Seguro que más de un aficionado a la literatura de ciencia ficción se ha puesto a leer el libro Mundos en colisión pensando que se trataba de una novela y puede que lo siguiera creyendo página tras página, a tenor del argumento: según cuenta, diversos episodios de la Historia fueron directamente provocados por el paso de un cometa que primero causó una serie de cataclismos en el segundo milenio a.C. al alterar el plano axial de la Tierra y después repitió cincuenta y dos años más tarde; con la llamativa curiosidad de que ese cuerpo celeste salió de Júpiter y en su segunda visita se transformó en Venus, lo que dio lugar a que Marte también cambiara su órbita y originara nuevas catástrofes.

Pues bien, resulta que no, que no es una novela. O al menos no lo pretende. Su autor, Immanuel Velikovsky, fue un médico y psicólogo nacido en Vítebsk (Bielorrusia), la misma cuna de Marc Chagall, en 1895, casualmente el año en que H.G. Wells publicaba La máquina del tiempo. Hijo de familia judía acomodada, era un estudiante brillante que obtuvo algunas distinciones y viajó por Europa y Palestina antes de iniciar la carrera de Medicina en las universidades de Montpellier y Edimburgo. El inminente estallido de la Primera Guerra Mundial le impulsó a regresar a su país, licenciándose en Moscú en 1921.

Pero su vida estaba abocada a viajar. Al acabar la carrera se instaló en Berlín, donde publicó dos recopilaciones de artículos traducidos del hebreo bajo el título Scripta Universitatis atque Bibliothecae Hierosolymitanarum e incluso encargó la realización de un tercer volumen sobre matemáticas y física a un joven científico -también judío- que estaba dando mucho que hablar, Albert Einstein. Convencido sionista, al parecer tenía la idea de crear lo que en un futuro sería la Universidad Hebrea de Jerusalén. También en la capital germana conoció a una joven violinista de Hamburgo llamada Elisheva Kramer, con la que contrajo matrimonio en 1923.

Immanuel Velikovsky/Foto: Donna Foster Roizen en Wikimedia Commons

Al año siguiente se matriculó en Psicología en Zúrich, ampliando su formación en Viena en el ámbito del psicoanálisis teniendo como profesor a Wilhelm Stenkel, que había sido alumno aventajado de Sigmund Freud. Entretanto residió en Palestina, arrebatada al Imperio Otomano y administrada por los británicos tras la guerra por orden de la Sociedad de Naciones, hasta el año 1939; durante ese tiempo se dedicó a la cura de cuerpo y mente de sus pacientes a la par que seguía publicando trabajos en revistas científicas.

Al empezar la Segunda Guerra Mundial se trasladó a EEUU, estableciéndose en Nueva York para pasar un año sabático preparando un libro que tenía entre manos. Se titulaba Edipo y Akhenaton y era un estudio sobre mitología egipcia que se inspiraba en la obra de Freud Moisés y el monoteísmo: si el padre del psicoanálisis había planteado que los principios religiosos de Moisés se basaban en la religión impuesta por Akhenatón, que sólo rendía culto a Atón, Velikosvky analizó montones de documentos faraónicos para proponer la identificación entre dicho personaje y el mítico Edipo. Durante su investigación, se fijó especialmente en el Papiro Ipuur, un poema datado entre los años 1850 y 1600 a.C. aproximadamente, en el que se reseñaban una serie de catástrofes similares a las plagas bíblicas pero más de dos de siglos anteriores a la época en que presuntamente transcurre el relato del Éxodo.

Fragmento del Papiro Ipuur/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

La mente del médico empezó a hervir, ideando poco a poco una cronología alternativa a la aceptada por los historiadores que fue enriqueciendo con elementos cosmológicos de carácter catastrofista. Todo ello lo expuso en su Theses for the Reconstruction of Ancient History (Tesis para la reconstrucción de la Historia Antigua) y en Cosmos Without Gravitation (Cosmos sin gravitación), publicadas en 1945 y de las que envió copias a bibliotecas y foros de ciencia. El camino estaba allanado para la que sería su gran creación, Mundos en colisión, que presentó en 1950.

Inicialmente tuvo buena acogida en ciertos círculos por adscribirse al creacionismo. Sin embargo, fueron muchas las editoriales que la rechazaron, especialmente las que publicaban material científico, pues el mundo académico la descalificó completamente. A la cabeza de la campaña contra él estaba el prestigioso astrónomo Harlow Shapley, que describía aquel trabajo como «disparates que están al mismo nivel que la jerigonza astrológica». Velikovsky se autocomparó con Giordano Bruno, el sabio renacentista que rebatió el modelo heliocentrista copernicano y acabó condenado a la hoguera por la Inquisición romana acusado de panteísmo.

La ejecución de Bruno/Imagen: Soul Spelunker

Mundos en colisión planteaba un montón de cuestiones que solapaban unas ciencias con otras y atribuía a los mitos antiguos el carácter de recordatorios de catástrofes anteriores motivadas por cambios orbitales en el Sistema Solar, a su vez debidos a fuerzas electromagnéticas que alteraban la gravitación. Esto último mereció el repudio inmediato y para tratar de mantener una apariencia científica seria lo eliminó del libro posteriormente; pero no le sirvió de nada porque también lo desarrollaba en Cosmos sin gravitación.

Respecto a los mitos, que fue en lo que se centró porque al basarse sólo en fuentes literarias consideraba más difícil que le refutaran, decía que la Tierra era antes un satélite de Saturno, que el Diluvio Universal fue causado por una supernova, que ciertos episodios de la Biblia como el de la Torre de Babel o la destrucción de Sodoma y Gomorra se debieron a las acciones respectivas de Mercurio y Júpiter, etc.

La destrucción de Sodoma y Gomorra (John Martin)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Como suele ocurrir, el rechazo académico no impidió que Mundos en colisión se convirtiera en un best seller en todo el país cuando por fin el sello Doubleday aceptó hacer una tirada. Se trataba de una editorial especializada en literatura fantástica y eso confundió probablemente a muchos lectores que, como decía al principio, quizá no tenían muy claro a priori si se trataba de una novela (la ciencia ficción vivía entonces una edad dorada) o iba en serio (lo cual no era un obstáculo en el ámbito popular).

En 1952 y 1955 Velikovsky amplió ese libro escribiendo respectivamente Edades en el caos y Tierra en agitación, que partían del mismo planteamiento de la pseudociencia y en cierta forma ampliaban sus tesis dando lugar a una especie de trilogía. El primero, por ejemplo, retomaba lo expuesto levemente en Tesis para la reconstrucción de la Historia Antigua para afirmar que Manetón (sacerdote e historiador egipcio que dejó una lista de todas las dinastías y faraones con su cronología) estaba equivocado y el Éxodo debía enmarcarse en el Imperio Medio. Otras obras historicistas como Peoples of the Sea (Pueblos del Mar) y Rameses II and His Time (Ramsés II y su tiempo) insistieron en esa línea.

La trilogía de los mundos

Con todo ello continuó siendo un exitoso autor pero vetado en las universidades, tanto por parte de historiadores y arqueólogos como por astrónomos, geólogos y físicos; incluso los expertos en mitologías antiguas y estudios bíblicos señalaron numerosos y graves errores en sus libros. No obstante, en la década de los sesenta, tan diferente a la anterior, se le abrieron algunos campus para dar conferencias. Su popularidad no hizo sino aumentar con la llegada de la televisión y la moda del New age, los ovnis, el milenarismo y el esoterismo en general.

Para entonces Velikosvky ya era un anciano diabético y con ataques depresivos ocasionales, en parte debido al rechazo que seguía provocando su trabajo en el entorno científico, que además había experimentado grandes avances que ponían en evidencia sus propuestas. Su canto del cisne tuvo lugar en 1974, cuando recibió una invitación para tomar parte en un simposium de la American Association for the Advancement of Science (en el que también participó Carl Sagan que, posteriormente, le refutó con dureza en su obra El cerebro de Broca y en la famosa serie televisiva Cosmos).

A partir de ahí Velikovsky fue incapaz de terminar las obras que tenía empezadas y el 17 de noviembre de 1979 falleció en Princeton, donde se había establecido años atrás. Sus dos hijas se encargaron de gestionar su estrambótico legado.

Fuentes: Worlds in collision (Immanuel Velikovsky)/Beyond Velikovsky. The history of a public controversy (Henry H. Bauer)/The Velikovki affair (Henry H. Bauer)/Fads and fallacies un the name of Science (Martin Gardner)/The pseudoscience wars. Immanuel Velikovsky and the birth of the modern fringe (Michael D. Gordin)/Velikovsky. Cultures in collision on the fringes of the Science (David Morrison en The Skeptic Encyclopedia of Pseudoscience) /Wikipedia